Teresa de Cartagena (c. 1420 – ?)

 

La mayor parte de los datos biográficos de Teresa de Cartagena están sumidos en la oscuridad. No se sabe a ciencia cierta la fecha su nacimiento,  sí sabemos que nació en Burgos y que pertenecía a la ilustre familia judeo-conversa de los García de Santa María. Aunque también carecemos de documentos que lo prueben, parece ser que Teresa recibió una esmerada educación. Tampoco tenemos datos de que se casara o tuviera hijos.

En su juventud Teresa de Cartagena se quedó sorda y este hecho determinó su vida y su obra. La escritora nos deja ver en sus textos la sensación de soledad física y mental que su pérdida de audición le había provocado. Algunos autores creen que fue su sordera lo que la condujo a ingresar en un convento, pero otros piensan que tenía intención de hacerse religiosa antes de perder el oído y este hecho solo sirvió para incrementar su fe. Inicialmente ingresó en la orden de los franciscanos, pero en 1449 su tío solicitó que Teresa ingresara en un centro cisterciense en Burgos. Allí conocería a la mujer que confió en su talento de escritora y a la que dedicó sus obras, Juana de Mendoza, esposa del poeta Gómez Manrique, corregidor en Burgos entre 1464 y 1465.

La Arboleda de los Enfermos 

Es una obra que forma parte del género de las “consolaciones”, muy de moda en la literatura de  la época. Teresa de Cartagena definió esta obra como un tratado de consuelo espiritual cuyo objetivo era ayudar y acompañar, mediante la escritura, a aquellas personas enfermas que, como ella, ya no podían ser tratadas por la ciencia. En este sentido, la autora ofrece una propuesta de saneamiento espiritual que encuentra en la imagen de la arboleda, como espacio curativo, su manifestación: “Poblaré mi soledat de arboleda graçiosa, so la sombra de la qual pueda descansar mi persona y reçiba mi espíritu ayre de salud”.

Teresa considera su enfermedad un don divino: “la mano de Dios me hizo señal que callase y cesase las hablas mundanas” y su primer paso es aceptarlo y reconocer su propia dolencia para  encontrar en ella “la verdadera salud”. La autora quiere emprender el camino de Dios para convertir su dolor físico en un proceso que la acerca a la salvación. En este sentido, Teresa de Cartagena lleva a cabo un proceso de autoconocimiento y autosignificación en el que el cuerpo femenino se convierte en el eje central. Por esto, invita al lector a que “venga a la escuela de Dios de las paçiençias” la única manera a través de la cual puede conocerse uno mismo.

A nivel formal, el relato se construye a través de numerosas imágenes​ y citas bíblicas y en él, la autora, recurre a la amplificatio como recurso retórico en el intento de adornar el texto.

Los escritos de Teresa de Cartagena demuestran que fue una mujer instruida que conocía perfectamente los fundamentos teológicos de la Cristiandad y los empleaba para enriquecer su obra de forma que esta no resultase ser solo un relato de una experiencia personal del dolor, sino la reflexión y la práctica que sigue ante el mismo a través de los principios espirituales de la Iglesia. Por esta razón en sus tratados hay constantes referencias a autores cristianos y citas de los Padres de la Iglesia: San Jerónimo, San Ambrosio, San Agustín, San Bernardo, San Gregorio Magno y Boecio. También cita a poetas del cancionero del momento como Gómez Manrique, el marido de su amiga Juana. Otra de las influencias que se pueden observar en este tratado es la obra del filósofo judío Salomó ben Jehuda, cuyo principal interés fueron los sentidos del ser humano.

La Arboleda de los Enfermos provocó en su época un auténtico escándalo. Nadie podía creer que una mujer, que además era sorda, hubiera podido escribir una obra de tal calidad literaria. Por esta razón acusaron a Teresa de Cartagena de plagio y dudaron de que ella fuera la verdadera autora de la obra. Teresa, lejos de amedrentarse, contestó a sus detractores con otra obra: la Admiración de las obras de Dios, que puede considerarse el primer alegato feminista escrito en castellano.

Admiración de las obras de Dios

En esta obra, Teresa de Cartagena defiende la capacidad intelectual de la mujer para leer, escribir y pensar igual que pueden hacerlo los hombres, pero aludiendo siempre a la omnipotencia de Dios como base. En este tratado la autora se defiende de la acusación de plagio por Arboleda de los enfermos y de la acusación derivada de su condición de autora, sugiriendo que todos aquellos críticos que rechazan su tratado niegan a la vez el poder de Dios:

Muchas vezes me es hecho entender, virtuosa señora, que algunos de los prudentes varones e asý mesmo henbras discretas se maravillan o han maravilado de vn tratado que, la graçia divina administrando mi flaco mugeril entendimiento, mi mano escriuió [..] ca manifiesto no se faze esta admiraçión por meritoria de la escritura, mas por defecto de la abtora o conponedora della […] E porque me dizen, virtuosa señora, que el ya dicho bolumen de papeles bo[r]ados aya venido a la notiçia del señor Gómez Manrique e vuestra, no sé sy la dubda, a bueltas del tractado se presentó a vuestra discreçión […]

Teresa utiliza el mismo argumento que Hildegarda de Bingen cuando dice que sus palabras escritas le son inspiradas por Dios; alega, por tanto, la omnipotencia de Dios que es quien le otorga el don de la gracia para poder expresarse y defenderse. Negar que ella es capaz de escribir es negar que Dios es capaz de hacer que ella escriba.  En Arboleda de los enfermos, Teresa de Cartagena se dirigía a los enfermos de cuerpo y en Admiración de las obras de Dios se dirige a los enfermos del alma: aquellos que no padecen males corporales y que, debido a su inmersión en el mundo sensible, se niegan a ver la potencia de Dios que actúa a través de esta delicada y débil mujer.

 A su vez, la autora deja claro que las diferencias entre hombres y mujeres responden única y esencialmente a cuestiones sociales porque ante Dios Creador tienen los mismos méritos y estima:

Mas porque estos argumentos e quistiones hazen a la arrogancia mundana e vanas e no aprovechan cosa a la devoçión e huyen mucho del propósito e final entençión mía, la qual no es, ni plega a Dios que sea, de ofender al estado superrior e onorable de los prudentes varones, ni tanpoco favor<r>esçer al fimineo, mas solamente loar la onipotençia e magnifiçençia de Dios, <e> que asy en las henbras como en los varones puede yspirar e fazer obras de grande admiraçión e magnificençia a loor y gloria del santo Nonbre […].

SABER MÁS…

Si os interesa, podéis ver la conferencia pronunciada por Juan Carlos Conde, Profesor de. Literatura Española Medieval e Historia Lengua Española en la Universidad Oxford, Magdalen College, titulada “Escritura femenina en el siglo XV: el escandaloso caso de Teresa de Cartagena”

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