Issotta Nogarola (1418-1466)

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Isotta Nogarola fue una humanista, intelectual y autora de un vasto conjunto de trabajos, que comprenden los cuatro géneros literarios populares entre el universo humanista del Quattrocento – la epístola, el diálogo, el discurso y la consolatio – y que reflejan su pasión por la educación y por los derechos femeninos.

Educada como un hombre renacentista

220px-Isotta_nogarola_XV_c..jpgIsotta procedía de una noble familia de Verona que siempre estuvo vinculada con la cultura y que mostraba especial interés en la educación de las mujeres, como demuestra la tía de Isotta, Ángela Nogarola que fue una notable poeta. Siguiendo esta tradición, la madre de Isotta, Blanca Borromeo, se cuidó de proporcionar a sus hijas Isotta, Ginevra y Laura una excelente educación humanística , los studia humanitatis, bajo la orientación de Mateo Bosso y, más tarde, de Guarino de Verona, un respetado poeta, humanista y pensador veronés.

De esta forma, Isotta y sus hermanas recibieron la misma educación que hubieran recibido si hubieran sido hombres, con la excepción de que no se formaron en retórica, ya que se consideraba que una mujer nunca tendría la ocasión de hablar en público.

Isotta manifestó desde muy joven su intención de unirse al grupo de los humanistas, escribiendo y contestando cartas sabiamente formuladas que constituían la contraseña de estos nuevos intelectuales. A través de sus escritos Isotta divulgaba el fruto de sus estudios y de su ingenio entre personajes famosos y poderosos de su época.  Los eruditos italianos elogiaban su sabiduría a través de cartas llenas de admiración, que también fueron muy difundidas.

En sus escritos Isotta defendió con firmeza su deseo inagotable de saber como algo connatural a todos los seres humanos. De los hombres que atacaban este derecho, y mostraban su desprecio por la cultura femenina, escribiría:

A menudo quería enviarte mis cartas rudas y míseras, pero me contenía el pensar cuántos hombres existen —si es que merecen ser llamados hombres— que definen la cultura de la mujer como un veneno y una peste pública.”

Sus escritos tuvieron una recepción compleja, como queda de manifiesto en algunas de sus cartas, donde se confirman las dificultades prácticas con que se encontraron algunos miembros de la comunidad masculina contemporánea a la hora de ensalzar inseparablemente la virtud y la elocuencia de una mujer. La antigua duda seguía vigente: ¿puede una mujer elocuente puede ser virtuosa, es decir, casta u honesta?

Una carta problemática

5-Guarino-Veronese.jpgLas reacciones ante la erudición de Isotta fueron, como hemos dicho antes, bastante complejas. Valga como ejemplo un episodio relativo a la relación entre Isotta Nogarola y Guarino Veronese.

En 1436, Giacomo Foscari envió a Guarino algunas composiciones de las hermanas Nogarola. Guarino respondió con un escrito elogiando su sabiduría, la calidad de su creación y su manifiesta virtud. El entusiasmo mostrado públicamente por Guarino animó a Isotta a escribirle directamente en 1437. Cuando meses después Guarino seguía sin responderle, mujeres y hombres de Verona ridiculizaron a la joven humanista por su atrevimiento. La precariedad social de su posición quedaba en evidencia.

En abril de ese mismo año, Isotta dirigió una segunda carta —de tono íntimo y desesperado— al maestro solicitándole una respuesta, ya que la carta había sido enviada públicamente, siguiendo la costumbre de los humanistas y, por tanto, públicamente silenciada, lo que constituía una gran ofensa. El silencio de Guarino la ponía en evidencia:

“Toda la ciudad me ridiculiza, y se ríen de mí las de mi propia condición, no encuentro en parte alguna un establo donde refugiarme: los asnos me hieren a mordiscos y los bueyes me persiguen con sus cuernos. (Plauto, Aulularia, 226, 235).

Esta carta dolida recibiría una respuesta inmediata de Guarino quien valoraba su maravillosa cultura, pero la veía “tan humilde, tan abatida, tan realmente femenina” que llegaba a no reconocerle “ninguna de las cualidades que creía que poseía”.  En este contexto, el humanista Guarino la invita a renunciar a su identidad y “convertirse en hombre”, a cultivar su espíritu viril y poder alcanzar sus propios fines. Únicamente “creando a un hombre dentro de la mujer” conseguiría Isotta lograr sus objetivos.

Las lenguas pérfidas (scelestae linguae)

Isotta Nogarola tuvo que soportar numerosos insultos y difamaciones. La mayor parte de los insultos estaban relacionados con la supuesta promiscuidad de Isotta, pero el más grave fue la acusación de mantener relaciones sexuales con su propio hermano. El calumniador anónimo vinculaba la erudición, para él antinatural, con una sexualidad también antinatural.

Cuando en 1441 regresó a Verona, tras una estancia en Venecia y Padua, Isotta dejó de mantener correspondencia con otros intelectuales. Como mujer, no encontraba espacio público donde desarrollar su formación humanística sin correr el riesgo de ser juzgada “indecorosa”.

A esta joven mujer de veinte años, la sociedad le ofrecía dos únicas opciones vitales: el matrimonio o el claustro,  pero ninguna de ellas convencía a Isotta, quien optó por distanciarse del mundo en un espacio propio: una habitación de la casa familiar, repetidamente descrita como “una celda llena de libros”.

Encerrada en su casa, Isotta continuará su formación. A partir de este encierro, sus corresponsales masculinos la consideraron más sabia y más religiosa, ensalzaron su cristiana piedad y celebraron su celibato y su virginidad. La sociedad de su época estaba perfectamente preparada para alabar a una mujer dedicada al estudio, si seguía un modelo de vida inspirado en el monacato.

Constanza Varano (1426-1447), educada también en la tradición de los studia humanitatis, dirige a Isotta una carta para elogiar su sabiduría y animarla en su empresa.  Constanza alaba la decisión de retirarse del mundo como la mejor vía —quizá la única posible— para perseguir la libertad de la mente.

En el refugio-fortaleza

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Isotta no abandona, pues, sus intereses intelectuales como demuestra  la carta que le envía el maestro veneciano Lauro Quirini donde, atendiendo a la petición de Isotta a través de su hermano, traza un detallado programa de estudios, que ya no excluye ni la retórica ni la fiosofía. En su refugio-fortaleza, según testimonia su epistolario, rodeada de libros y —algo muy importante, dueña de su tiempo—, Isotta continuó con sus estudios, mantuvo contacto con sus amigos, se entrevistó con personalidades de su época y escribió, entre otros uno de sus textos más significativos: De pari aut impari Evae atque Adae Peccato. En esta obra, afrontando la temática de la mayor o menor responsabilidad de Adán y Eva en el pecado original, Isotta nos ofrece su propia mirada sobre Eva. Desviándose de la tradición, su imagen de la primera mujer no coincidirá con la versión transmitida a través de los siglos por los comentarios de los teólogos, que atribuía la mayor responsabilidad de Eva en la caída de la humanidad.

Isotta construyó su tratado sobre Adán y Eva en forma de diálogo, tomando como base un intercambio epistolar con su amigo Ludovico Foscarini, derivado a su vez de una discusión personal. Isotta y Ludovico había leído en san Agustín que el pecado de Adán y Eva tenía su origen tanto en la desigualdad del sexo como en la soberbia de ambos. A partir de esta afirmación, Isotta y Ludovico asumen, respectivamente, la defensa de Eva y Adán.