Enrique de Villena (1394-1434)

2388044334_7756f07c50.jpgEnrique de Villena nació en 1384. Estaba emparentado por parte de padre con la casa real de Aragón y por parte de madre, con la de Castilla. No fue conde de Villena, aunque persiguió sin descanso el título, que había sido de su abuelo.  Fue conde de Cangas de Tineo y posteriormente, maestre de Calatrava. Este último cargo se vio dificultado porque el maestre de Calatrava debía ser soltero y él se había casado con doña María de Albornoz. Tuvo que anular su matrimonio alegando falsamente que era impotente. Su afición a las letras le hizo descuidar su carrera politica. Pasó sus últimos años retirado en su señorío de Iniesta donde escribió la mayor parte de sus obras. Su afición desmedida a la comida le hizo sufrir gota, enfermedad que puso fin a su vida en 1434, cuando se hallaba casualmente en Madrid.

Enrique de Villena pasa por ser una de las figuras más curiosas de su tiempo. El rasgo que mejor define su personalidad desde sus primeros años en Aragón es su pasión por las letras. Su avidez de conocimientos es insaciable. No se detiene ante los misterios del mundo sobrenatural y se interesa por las ciencias ocultas, lo que le vale la fama de brujo que es pieza esencial en la forja de la leyenda que lo ha rodeado y que a menudo se confunde con la realidad.

Villena gozó de la amistad de hombres tan ilustres como Mena y Santillana. Poseía un notable arsenal de conocimientos, no siempre bien ordenados, de los que se mostraba muy orgulloso. Dominaba además varias lenguas.

Los doce trabajos de Hércules (1417)

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Originariamente compuesta en catalán y traducida al castellano por él mismo, es su obra más ambiciosa y compleja. Se trata de un intento de novela alegórico-mitológica, en la que los trabajos de Hércules son presentados como símbolo del triunfo de la virtud sobre el vicio. Es patente el influjo de Boecio, Dante y Petrarca.

El libro se compone de una Carta (en la que cuenta el origen del tratado), un Prohemio (en el que da la estructura e intencionalidad del libro) y doce capítulos, cada uno de ellos dividido en cuatro partes: Hystoria nuda (cuenta el trabajo de Hércules tal y como lo narran los antiguos), Declaraçión (interpreta moralmente la historia), Verdad (explica la narración desde un punto de vista histórico o, al menos, lógico) y Aplicaçión (adjudica el trabajo a un estado social y deduce unos modelos de comportamiento).

Arte de trovar (1433)

Solo se conservan los fragmentos que recogió Gregorio Mayáns y Siscar en el segundo volumen de sus Orígenes de la lengua española (1717). Es una preceptiva con fuerte influjo provenzal y catalán. Villena considera que la poesía es una “doctrina” que puede ser enseñada y aprendida. Por eso se preocupa de facilitar los instrumentos técnicos necesarios. Es una inclinación natural, no un don divino, como opina Santillana. Resulta, además, de gran provecho para la vida civil. En esta obra encontramos el primer ensayo de una prosodia y ortografía castellanas.

Tratado del arte del cortar del cuchillo o Arte cisoria 

Manual de etiqueta cortesana en el que se dan recetas de cocina y abundantes noticias sobre las costumbres que en el comer y el beber regían en su tiempo. Lo menos meritorio es el estilo.

Enrique de Villena, brujo

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Su fama de brujo hizo que, a su muerte, el obispo Lope de Barrientos, por orden de Juan II, expurgó los libros de Villena; quemó algunos y otros los guardó bajo custodia.

Solo se conserva el Libro de aojamiento o fascinología (1422-1425). Es un estudio del “mal de ojo” y de los medios para combatirlo, en el que se mezclan la ciencia y la superstición.

Se le atribuye un Tratado de astrología, Menéndez Pelayo afirma que la redacción que conservamos es obra de Andrés Rodríguez, que dice haber trabajado sobre los manuscritos que don Enrique envió a Alfonso de Cartagena. El libro se divide en dos partes. La primera trata de los cuatro elementos y la segunda del sol, la luna y los planetas. Pese al título, casi todo su contenido versa sobre astronomía.

Enrique de Villena tuvo, como hemos dicho, muy mala fama entre sus contemporáneas. Su casa de Madrid, cerca de la plaza de Callao, era conocida coloquialmente como “la casa del perro” porque don Enrique tenía un enorme mastín negro que custodiaba la casa y los vecinos creían que en esa casa estaba la entrada del infierno. Se decía que en esa casa se practicaban ciencias ocultas y el animal aseguraba el acceso. Por otra parte, una leyenda afirmaba que Villena había sido instruido por el mismo Diablo en una cueva de Salamanca para practicar nigromancia,y adivinación.

 

 

 

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