El Corbacho de Alfonso Martínez de Toledo (1438)

Alfonso Martínez de Toledo (1398-1468)

No tenemos demasiados datos biográficos sobre este personaje. En el único códice que se conserva del Corbacho dice que acabó de escribir el libro en 1438 a los cuarenta años, por lo que se puede deducir que nació en 1398. En otro manuscrito se dice que era oriundo de Toledo. Sin duda pertenecía a una familia distinguida.

Se cree que hizo estudios universitarios, ya que se llama a sí mismo “bachiller en decretos”. Además, sus conocimientos jurídicos avalan esta hipótesis.

A los 17 años obtuvo un beneficio eclesiástico en la capilla de los Reyes viejos de la catedral de Toledo; se le privó de este cargo por razones no del todo clara, pero fue rehabilitado y aun obtuvo otros de mayor relieve.

En 1420 se marchó al reino de Aragón, pero cuatro años más tarde ya estaba de nuevo en Castilla litigando para conseguir el arciprestazgo de Talavera que consiguió en 1427. Viaja a Cataluña y a Roma donde permanece hasta 1433. Con toda seguridad debió de entrar en contacto con los círculos humanísticos. Las andanzas de su protector, el cardenal San Sixto, le obligan a abandonar Italia.

Ya en Castilla, Juan II le dispensa su protección y llega a ser su capellán y el de Enrique IV. Existen pruebas documentales de que vivía en 1466. Se sabe que en 1468 se nombró un nuevo arcipreste de Talavera en 1468 por lo que se deduce que para esa fecha había muerto.

El Corbacho (1438)

descarga.jpgSe divide en cuatro partes. La primera, la más extensa, está toda ella dedicada a la reprobación del “loco amor”. Pasa revista a los males físicos y espirituales que general la lujuria. Con ella se ofende a Dios y se provocan “muertes, omezillos e guerras”. Siguiendo los procedimientos retóricos del ars predicandi, el Arcipreste explica cómo se quebrantan cada uno de los diez mandamientos y se cae en todos los pecados capitales. Ejemplifica sus amonestaciones con el recuerdo de algunos lances conocidos por él. La conclusión es que el hombre no debe buscar más que el amor divino.

medieval-adultery.jpgLa segunda parte es la más interesante desde el punto de vista literario y a ella debe la obra su celebridad. Trata de “los vicios, tachas e malas condiciones de las malas e viciosas mujeres”. A lo largo de 13 capítulos, pasa revista a las avariciosas, murmuradoras, codiciosas, envidiosas, inconstantes, falsas, desobedientes, soberbias, fatuas, perjuras, borrachas, criticonas y lujuriosas. El último capítulo enlaza con la primera parte para concluir que “amar a Dios es sabieza e lo ál locura”.

Aunque antes de comenzar sus vituperios, declara que aprueba a las mujeres virtuosas, parece ser que estas no existen, a juzgar por los modelos que presenta.

tumblr_mfbynaJ91p1rqxd5ko1_1280.jpgEs interesantísimo el reflejo de la vida cotidiana, especialmente de las costumbres femeninas que se descubren hasta en sus más íntimos entresijos. Es célebre el fragmento en que se da cumplida cuenta de todo lo que las mujeres guardan en sus cofres y de los innumerables afeites y ungüentos que usan a diario.

Es un ameno retablo cuajado de anécdotas, refranes, dichos maliciosos y recuerdos personales, con toda la expresividad de la lengua popular.

La tercera parte, mucho menos atractiva, pasa a ocuparse de los varones. Sus ataques son más suaves y, a la postre, se concluye que de todos los desvíos masculinos la culpable es la mujer. Estudia los distintos temperamentos: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico y sus respectivas disposiciones para el amor.

250px-Anatomical_Man.jpgLa cuarta parte es una disquisición teológica en la que argumenta con los más hábiles recursos escolásticos en favor del libre albedrío, que no está reñido con una cierta afición por la ciencia astrológica, y de la suprema sabiduría divina. Decae aún más el interés de la obra al convertirse en un auténtico sermón, cuajado de citas bíblicas y sin la vitalidad estilística de otras páginas.

A partir de la edición de 1498 se añade un prólogo llamado Demanda donde el autor cuenta cómo en sueños se vio atacado por un batallón de mujeres que le reprochaban su misoginia y le agredían brutalmente. Por ese motivo, se retracta de sus palabras y pide perdón por las ofensas que en ellas hacía. Aconseja que se tire su libro al fuego.

Como se ha podido comprobar, estamos ante una obra de tono moralizante cuyo sentido último es  la reprobación del amor mundano y la exaltación del divino.

El mérito de la obra hay que buscarlo en una lengua exuberante, en la tremenda gracia de la sátira y en los animados tipos humanos, no en la rígida moralidad de que hace gala el autor.

Con su sátira Martínez de Toledo desacredita el amor cortés, tan de moda en círculos aristocráticos que él frecuentaba, al destruir la figura idealizada de la mujer.

Fuentes del Corbacho

La fuente básica es De amore de Andreas Capellanus, en especial la tercera parte, cuya exaltación del amor cortés echa por tierra.

Tiene muy presente, claro está, el Libro de buen amor con el que coincide en la exuberancia verbal y en la vívida plasmación del mundo circundante.

Pueden citarse otras muchas obras conocidas casi todas por el autor de forma directa: De casibus virorum illustrium de Boccaccio, el seudoaristotélico Secreta secretorum, Dictorum factorumque Romanorum de Valerio Máximo, Compendium Theologicae veritatis, atribuido a Alberto Magno, las Decretales de Gregorio IX, la Biblia, en especial los Salmos, los escritos de san Agustín y san Isidoro, la Vita Christi del catalán Francesc Eiximenis y quizá su Libre de les dones, etc.

Dámaso Alonso negó de forma contundente el influjo del Corbaccio italiano, al que injustificadamente se asoció. El Corbaccio es superior en su planificación y la precisión intelectual, pero nuestro Corbacho es más intuitivo a la hora de desentrañar el alma humana por medio del lenguaje directo.

El Corbacho influyó, por su parte, en La Celestina. Rojas supo recoger los materiales que le brindaba Martínez de Toledo y darles una forma perfectamente estructurada.