Curial y Güelfa (c. 1456)

Curial y Güelfa es una interesante novela plagada de misterios. Se desconoce la fecha exacta de su composición: unos autores consideran que se escribió en las cortes  de Milán y Nápoles entre 1445 y 1448, pero otros plantean que la obra no pudo escribirse antes de 1456.

Conservamos de la obra un único manuscrito, al parecer copiado en el siglo XV, que fue descubierto en la Biblioteca Nacional de España en el siglo XIX, por el erudito Milà i Fontanals.

Tampoco se sabe a ciencia cierta quién fue su autor, lo que ha provocado la aparición de numerosas hipótesis.

Algunos estudiosos creen que el autor fue Íñigo de Ávalos (1414-1484), un caballero de armas y letras educado en la corte de Alfonso V el Magnánimo y, posteriormente, embajador de la Corona de Aragón en Milán y gran camarlengo en Nápoles.   

En 2013, se planteó la posibilidad de que la obra se deba a Joan Olzina, secretario personal de Alfonso el Magnánimo, por su perfil cultural e intelectual, y su papel como promotor del Humanismo en la corte del rey.

Más tarde, en 2016, Rosa Navarro afirmó que Curial y Güelfa no es una novela de caballerías de la primera mitad del siglo XV, sino una novel “gótica”, escrita en el siglo XIX por su descubridor, Manuel Milà i Fontanals. El texto dibuja nítidamente el perfil de su autor: un erudito que ha leído desde la Crònica de Muntaner al Novellino, Paris e Viana y Petit Jehan de Saintré, que conoce a los trovadores Rigaut de Berbezilh y Raimbaut de Vaqueiras; que ha leído las Mitologiae de Fulgencio, las Glosas de la Eneida de Enrique de Villena, la Visión deleitable de Alfonso de la Torre, las Coplas de Manrique y El cortesano de Luis Milán, entre otras muchas obras. Según esta autora, son las concordancias con dichas creaciones las que evidencian la imitación compuesta que lleva a cabo el cultísimo escritor catalán y al mismo tiempo son las pruebas de que no puede ser de ninguna manera una obra escrita en el siglo XV; ningún escritor podía tener a su alcance todas las obras indicadas y, por supuesto, sería imposible que pudiera haber leído las posteriores a la fecha que se da para su creación.

Otro de los problemas que suscita la obra es la lengua en la que está escrita. Algunos autores defienden que está escrita en catalán y otros, sin embargo, consideran que la obra está escrita, sin duda, en valenciano.

En todo caso, nos encontramos ante una novela extraña, mezcla de libro de caballerías y novela sentimental.  La novela es una historia de amor, pero también de formación de un guapo adolescente, Curial, que se convertirá en un valiente y famoso caballero andante. La educación caballeresca de Curial es posible gracias a a Güelfa, una bella y rica joven, viuda del señor de Milà –Milán–, hermana del marqués de Monferrat, que se enamora de él  se convierte en protectora del joven.

La acción se sitúa unos ciento cincuenta años antes, en el reinado de Pedro el Grande, monarca que interviene gallardamente en la acción , pero a pesar de ello ningún episodio de la narración ocurre en sus reinos. Los personajes son monferrateses, y Curial realiza sus hazañas caballerescas en Alemania, Francia, Grecia y Túnez, y no se acerca en absoluto a Aragón, Cataluña o Valencia.

En sus páginas iniciales la novela nos presenta al joven Curial, que, como hemos dicho, recibe la protección de Güelfa en la corte de Monferrato. Esta, decidida a amar secretamente al joven, se propone hacerlo un caballero, proporcionándole una educación e incluso dinero. Frente a las doncellas de los libros de caballerías, encontramos aquí a una viuda enamorada, noble y poderosa, que pone todo su empeño en hacer un perfecto caballero del joven del que se ha prendado. El planteamiento es el mismo que se da en la novela de Antoine de La Sale, el Jean de Saintré, y no hay que descartar que este escritor conociera el Curial y Güelfa.

La primera hazaña de Curial, aunque de riguroso verismo, es la amplificación de un conocido tema catalán: la liberación en un combate judicial de la duquesa de Austria, falsamente acusada de adulterio, adaptación con acrecentamiento de elementos novelescos de la leyenda del conde de Barcelona y la emperatriz de Alemania. Desde el punto de vista caballeresco, lo más interesante del Curial se encuentra en su libro segundo, en el que el protagonista acude a un torneo que se celebra en la ciudad francesa de Melun. Como auténtico caballero andante emprende el viaje acompañado de dos escuderos y de la joven Arta (que toma el nombre de Festa), impuesta por Güelfa para vigilar la fidelidad amorosa de Curial. Casi todos los caballeros que acuden al torneo llevan en su compañía a hermosas doncellas, tópico de los viejos romans de la Tabla Redonda que se restaurará en el XV en algunos pasos de armas.

En el camino Curial y su doncella son amablemente alojados en un convento de monjas, que admiran la gallardía del caballero y la belleza de Festa, lo que les da pie a lanzarles elegantes y picantes pullas, y ello constituye uno de los fragmentos más acertados de la novela. Estas monjas están interesadas por todo lo que afecta a la caballería, ya que son todas de familias nobles en las que abundan los caballeros.

En el torneo de Melun Curial combate en el grupo mandado por el rey don Pedro de Aragón, que se presenta de incógnito, y cuatro caballeros aragoneses, y vencen a grandes señores franceses. El autor describe con gran propiedad y detallismo las batallas y luchas individuales y toda la escenografía de estas brillantes competiciones.

El problema sentimental que se plantea ente Curial y Güelfa no es olvidado en ningún episodio de la novela, y de hecho, es fundamental en la estructura y evolución del relato. Curial, que involuntariamente es objeto del enamoramiento de damas que lo tratan, y que alguna vez se deja querer sin oponer la resistencia exigida a un enamorado fiel, da motivos a Güelfa para sentir celos justificados. Estos matices son muy importantes y se fundamentan en trazos psicológicos bien observados, y diferencian básicamente al protagonista de la novela de la férrea fidelidad amorosa de los héroes de los romans artúricos y de los libros de caballerías. Los celos de Güelfa y la posterior entereza amorosa de Curial llevan a una evolución y unos altibajos perfectamente aceptables y explicables dado el carácter de los personajes; pero lo curioso es que, en el libro tercero, este conflicto sentimental tan natural es enmarcado en el asunto de la razó que ilustra el más famoso de los poemas del trovador Rigaut de Berbezilh, la canción del elefante, cuyo asunto repitió el Novellino italiano, y que en la novela se presenta como una composición de Curial.

Los episodios del Curial que suceden en Túnez son de alto valor novelístico. Su cautiverio en poder de Fáraig y el amor de la hija de este, Cánar, por Curial, con los dramáticos sucesos que los rodean, crean una especie de novela de tipo morisco, como las que tanto gustarán en el siglo XVI, en la que el momento culminante es cuando la joven mora, que solo tiene quince años y era una estudiosa de la Eneida, se deja caer desde una ventana después de pronunciar un largo y culto parlamento, como hará tiempo después Melibea y tal vez había hecho Oriana en la primitiva redacción del Amadís.

Sea quien fuere el autor del Curial  es un hábil escritor y un elegante prosista, que sabe mantener la atención del lector o la lectora, da viveza y propiedad al diálogo y es  original en las descripciones, hasta el punto de rehuir deliberadamente los tópicos descriptivos tan frecuentes en la época. Así, cuando introduce en la novela a la bella Laquesis explica con evidente ironía: “No quiero perder el tiempo en describir pormenorizadamente todas las circunstancias de su belleza, pero quien las quiera saber que lea a Guido delle Colonne, allí donde describe la belleza de Helena, y que se contente con ello”. Sabe el autor que la descriptio puellae la  es tan familiar a sus lectores y lectoras que es inútil repetirlo.

En la novela se advierten algunas audacias de narrador, como aquella especie de caso de telepatía que se da cuando Curial, después de vencer a los acusadores de la duquesa de Austria, ve un retablo de San Marcos y se acuerda de Güelfa, y  a esta, en el mismo momento, pero en Monferrato, se le aparece San Marcos y le anuncia la victoria del caballero en tan lejanas tierras.

También es curiosa el momento en que Melchior del Pando, viejo consejero del Curial, se dirige a este diciendo: “Y llego a la conclusión de que mejor partido tomarás si no dejas a Güelfa, según te dije en otro libro.”

 

 

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