Libro de las Maravillas de Marco Polo (1300)

 

Los libros medievales que relatan viajes a tierras alejadas y exóticas para el hombre occidental europeo tienen un gran interés geográfico y a veces etnográfico, contienen descripciones de cosas sorprendentes y de usos y costumbres raros y por lo común se ganaron muy fieles lectores, ávidos de enterarse de cosas poco comunes y sorprendentes y en muchos casos dispuestos a aceptar y creer ciegamente todo lo que leían. Mercaderes, diplomáticos y peregrinos escribieron libros de este tipo, algunos de ellos fieles y respetuosos con lo que vieron y explicaron, y otros en los que abundan las fantasías o mentiras.

El libro de las maravillas de Marco Polo

Marco Polo era hijo de Niccolò Polo, mercader que en sus viajes llegó hasta el Imperio mongol. Cuando tenía unos dieciséis años, se incorporó a un nuevo viaje de su padre y de su tío Matteo, que los llevó a atravesar el Asia hasta China. Marco, que fácilmente aprendió la lengua mongola, se ganó el afecto de Qubilay, el Gran Kan, quien lo retuvo en importantes cargos administrativos, hasta que en 1292 le encargó que acompañara a una princesa de su familia que había sido prometida al rey de Persia; y ya desde allí, cumplido su cometido, regresó a Venecia en 1295, con su padre y su tío y grandes riquezas.

En 1298 Marco Polo armó una nave contra Génova y luchando en ella cayó prisionero de los genoveses, que lo encerraron en el palacio del Capitano del Popolo, donde tuvo ocasión de encontrar a otro preso, llamado Rustichelo de Pisa. Era este, afortunadamente, hombre de fácil pluma, que había escrito una compilación de novelas artúricas, más o menos descendientes del Tristán en prosa, que se dividen en dos partes, el Meliadus y el Guiron le Courtois, y que alcanzaron mucho éxito. En la cárcel Marco Polo narró a Rustichello su extraordinario viaje, y este, tan afecto a todo lo insólito y maravilloso, fue escribiendo lo que su compañero le contaba, en un francés lleno de italianismos, forma lingüística entonces usada por algunos escritores italianos. El título original del libro es La descripción del mundo (Le divisement dou monde), pero muy pronto se conoció como el de Milione, que es aféresis de Emilione (derivado de Emilio), mote con que eran conocidos los Polo en Venecia; pero que la gente interpretó como “millón” en atención a las grandes riquezas de las que se habla a menudo en la obra.

La obra se divide en cuatro libros. El primero describe las tierras de Oriente Medio y Asia Central que Marco Polo atravesó en su viaje hacia China. El libro segundo habla de China y la corte de Kublai Kan. En el tercero se describen varias regiones costeras de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el sudeste de Asia, así como la costa oriental de África. El cuarto libro trata de las guerras que mantuvieron poco antes entre sí los mongoles, y describe también algunas regiones bastante más al norte, como Rusia.

Como el libro está escrito por Rustichello, Marco Polo es citado en él en tercera persona como el  protagonista de los sucesos; y así se abre con esta tan generalizada dedicatoria:

“Señores emperadores, reyes y duques, y todo aquel que quiera saber las diferentes generaciones de las gentes y la diversidad de las regiones del mundo: leed este libro, en el que encontraréis todas las grandísimas maravillas y gran variedad de los pueblos de Armenia, de Persia y de Tartaria, de India y de muchas otras provincias. Y esto os contará ordenadamente el libro, tal como messer Marco Polo,  sabio y noble ciudadano de Venecia, lo cuenta aquí y él mismo lo vio. Pero hay también cosas que él no vio, pero las ha oído, a fin de que nuestro libro sea verdadero y sin mentira alguna.”

Y entra en materia afirmando que, desde que Dios creó a Adán no ha habido hombre cristiano, pagano, sarraceno o tártaro, que haya visto cosas tan maravillosas como Marco Polo. El veneciano, si bien se interesa por aspectos de su oficio, como son los productos y los sistemas industriales y comerciales de tan lejanas tierras, también se sintió llevado por su curiosidad a horizontes amplísimos, como la civilización, las costumbres, la forma de gobierno y del guerrear, las creencias religiosas o la legislación, además de la flora y la fauna. Le admira el orden urbanístico de aquellas lejanas ciudades, con calles bien empedradas, así como la celeridad del sistema de correos, y, como buen mercader, se interesa por el papel moneda usado en China, cuando este sistema de transacción era desconocido en Europa. Hace también historia, principalmente de la pugna y guerras entre chinos y mongoles, y recoge noticias del pasado de aquellos países, así como de los corsarios indios.

Es, pues el libro de Marco Polo una magnífica descripción del entonces desconocido Lejano Oriente, por lo general fiel, pues en gran parte su veracidad ha sido confirmada, y escrita con entusiasmo y admiración. De ahí su inmediato éxito y sus traducciones al latín y a las principales lenguas europeas. En una época en que lo exótico y lo rodeado por la neblina del misterio constituían uno de los motivos predilectos de la narración novelesca, los viajes de Marco Polo, cimentados y autorizados por una experiencia personal, maravillaron a una gran masa de lectores, que los recibieron como se leyeron siglos más tarde los relatos de los primeros historiadores venidos de las Indias.

ALGUNOS FRAGMENTOS DEL LIBRO

LXIX
DE LA HECHURA DEL GRAN KAN

El Gran Señor de los señores, que se llama Kubilai Kan, es de hermosa talla: ni pequeño ni grande, sino de hechura mediana. Es de carnes bien puestas; sus miembros están bien proporcionados. Tiene la faz blanca y bermeja como rosa, los ojos negros y hermosos, la nariz bien hecha y bien le cuadra. Tiene siempre cuatro mujeres, a las que considera sus legítimas esposas. Y el hijo primogénito que de estas hubo ha de ser, por derecho, señor del imperio después de la muerte de su padre. Se las llama emperatriz y a cada una por su nombre. Y cada una de estas damas tiene su propia corte, sin que en ninguna haya menos de trescientas doncellas, tiene muchos criados y escuderos y muchos otros hombres y mujeres; de tal guisa que cada una de estas damas tiene holgadamente mil personas en su corte. Y cuando quiere yacer con alguna de ellas la manda acudir a sus aposentos y a veces él va a los suyos. […]

LXXI
DEL PALACIO DEL GRAN KAN

Tened por cierto que el Gran Kan permanece tres meses del año, es decir, diciembre, enero y febrero, en la ciudad principal llamada Cambaluc². En esta ciudad es donde tiene su gran palacio y os contaré cómo es:
El palacio tiene una muralla cuadrada, de una milla de largo por cada costado. Y en cada una de las esquinas de este palacio hay otro de gran belleza en el que se guardan los arneses del Gran Kan, es decir, los arcos, las aljabas, las sillas, los bocados, las cuerdas y las tiendas y todo lo que es menester para los ejércitos y la guerra. Y, aún más, entre estos palacios hay otros cuatro palacios en este recinto: así pues, a lo largo de esta muralla hay ocho palacios, todos ellos llenos de arneses, y en cada uno hay una sola clase de cosas.
Y en esta muralla, por el costado que da al Mediodía, hay cinco puertas y en medio una puerta grandísima que no se abre ni se cierra, salvo cuando pasa el Gran Kan, es decir, cuando entra y sale. Y a ambos lados de esa puerta hay dos pequeñas, por las que entra toda la demás gente. Por el otro lado hay otra grande, por la que entran habitualmente las demás personas, es decir, cualquier hombre. Y dentro de esta muralla hay otra muralla y a lo largo de ella hay ocho palacios, como en la primera, en los que también se guardan los arneses del Gran Kan. En el costado que da al Mediodía hay cinco puertas; por el otro lado, una. Y en el centro de esta muralla se halla el palacio del Gran Kan, que es como yo os contaré.
Es el mayor que jamás se haya visto; sólo tiene un alto, mas el pavimento se eleva diez pasos holgados por encima del suelo, el techo es muy altísimo. Los muros de las salas y de las estancias están enteramente cubiertos de oro y de plata y en ellos hay labradas historias de damas y caballeros, de pájaros y animales y de muchas otras cosas bellas y el techo es de tal guisa que sólo se puede ver en él oro y plata. La sala es tan larga y tan vasta que pueden comer en ella más de seis mil personas, y son tantos los aposentos que su número maravilla. La cubierta de arriba, es decir, la exterior, es bermeja y azul y verde y de muchos otros colores y está tan bien barnizada que brilla como oro o cristal, de suerte que el palacio resplandece desde muy lejos. La cubierta es muy resistente.
Entre esta muralla y la otra interior de la que os he hablado anteriormente hay praderas y árboles y muchas especies de salvajina, es decir, ciervos blancos, corzos y gamos, animales que producen almizcle, ardillas y armiños y otros hermosos animales. Las tierras que componen este jardín están llenas por entero de estos animales, menos el camino por el que entran las personas, y por la parte del Mistral hay un lago muy grande en el que hay muchas clases de peces. Y yo os digo que en él entra y de él sale un gran río³ y está dispuesto de tal forma que de él no puede hallar salida pez alguno: en este lago ha mandado echar muchas especies de peces.
[…]
También os digo que junto a este palacio hay otro similar a aquél en todo, donde habita el nieto del Gran Kan, que ha de reinar después de él. Es éste Temur, hijo de Chinchim, que era el primogénito del Gran Kan, y este Temur, que ha de reinar, se comporta de modo similar a su abuelo, y tiene ya bula de oro y el sello del imperio, pero no ha de ejercer el poder mientras su abuelo esté vivo.