El caballero Zifar (1300)

 

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El caballero Zifar es la primera novela de caballerías originalmente española y que se ha conservado en su integridad. Aparece alrededor del año 1300. Su autor es probablemente el arcediano de Madrid Ferrand Martínez.

La originalidad de esta novela no estriba en la invención de la trama ni en la de los asuntos  de las varias narraciones que se enlazan en ella, sino en el arte de combinar elementos dispares, procedentes de muy diversos orígenes, y hacer de todo ello un libro que responde a una estructura y una intención. El asunto, por otra parte, sufre numerosas digresiones didácticas que responden a un criterio educativo y moralista.

Solo en Castilla y en los albores del siglo XIV se explica El caballero Zifar, libro en el que convergen una serie de elementos que difícilmente podrían reunirse en otro sitio y en otra época como son el asunto de ciertas gestas francesas y detalles tomados de la  materia de Bretaña, leyendas cristianas y relatos procedentes de literatura orientales, además del acervo de ejemplos moralizadores y de consejos didácticos de carácter político.

En Castilla, a la que habían llegado las creaciones literarias de Francia, y que servía de puente para que la literatura oriental pasara al resto de Europa, el nacimiento de una obra como el Zifar parece un fenómeno natural y muy significativo. Y es más natural todavía junto a la adaptación de las gestas históricas provenzales y francesas que se daban contemporáneamente en la Gran conquista de Ultramar y tras las versiones de obras orientales que se iniciaron un poco antes de reinar Alfonso X, como el Calila e Dimna y el Sendebar. La prosa castellana, después de haber salido airosa de la dura prueba a que la sometió Alfonso X el Sabio, es ya un vehículo permanente apto en la pluma del autor de El caballero Zifar

El caballero Zifar es una novela en la que se acusa mucho el espíritu religioso y moral: el protagonista tiene tanto de militar como de santo, y entre sus muchas virtudes destaca la paciente resignación.

El asunto está situado en la lejana India, donde vive el virtuoso caballero Zifar y su esposa Grima. Fugitivos de su tierra y errando por el mundo con sus dos hijos pequeños, la familia es disgregada por la adversidad, y Zifar, a cuya compañía se une un pícaro que le sirve como escudero,  liberta al rey de Mentón de los enemigos que lo tenían situado y se ve obligado a casarse con su hija. El matrimonio no se consuma gracias a un ardid de Zifar, y al morir el padre de la nueva esposa hereda la corona de Mentón. Grima, tras muchos años de aventuras, llega a Mentón, así como los dos hijos, ya mayores y valientes caballeros, y la oportuna muerte de la hija del rey hace que la familia de Zifar se reúna de nuevo y que él siga reinando sobre sus vasallos. La parte final del libro narra las aventuras de Roboán, hijo menor de Zifar y de Grima, que llega a ser emperador de Tigrida y se casa con la reina de Pandulfa.

Las fuentes de El caballero Zifar

Las fuentes son una amalgama de elementos variados y de muy diversas procedencias, que constituyen un índice para medir la cultura del autor y abarcar la complejidad del libro. La leyenda de san Eustaquio, ya aprovechada por Chrétien de Troyes en la novela de atribución dudosa titulada Guillermo de Inglaterra, inspiró evidentemente la primera parte de la novela. Pero al lado de este relato hagiográfico en las aventuras de Zifar, Grima y sus dos hijos influye también, y tal vez de modo más intenso, otro tema literario de origen francés, que se desarrolla en los cantares de gesta Octavián y Florent a través de versiones intermedias desconocidas. La parte didáctica que constituyen los largos consejos que Zifar da a sus hijos está tomada en gran parte del texto de las Flores de filosofía y de la segunda de las Partidas de Alfonso X y de otras fuentes.

Lo maravilloso en El caballero Zifar

En El caballero Zifar hay dos bellísimos episodios de mágico y maravilloso ambiente, que constituyen dos de las narraciones más inquietantes de la literatura castellana medieval. El uno es la historia de la  Señora del Lago, tema folclórico  que el autor debió de conocer por tradición oral; y el otro es el de las ínsolas Doradas o del Emperador que jamás se reía, en el cual se ha querido ver cierto influjo del cuento de Lanval de María de Francia , o bien, negando esta influencia, se ha relacionado con un cuento oriental del que se conocen varias versiones.

Algunos textos de El caballero Zifar

Este fragmento de El caballero Zifar refiere un episodio de la infancia del Caballero en el que oye contar a su abuelo que su linaje procedía de reyes y le pregunta cómo habían ido a parar a la pobreza en la que se hallaban. La ingenuidad del niño hace reír al abuelo, que muere feliz.

Dice el cuento que este Caballero Zifar fue buen caballero de armas y de muy sabio consejo a quien se lo demandaba, y de gran justicia cuando le acomendaban alguna cosa do la hubiese de hacer, y de gran esfuerzo, no se mudando ni orgulleciendo por las buenas andanzas de armas cuando le acaecían, ni desesperando por las desventuras fuertes cuando le sobrevenían. Y siempre decía verdad y no mentira cuando alguna demanda le hacían, y esto hacía con buen seso natural que Dios pusiera en él. Y por todas estas buenas condiciones que en él había amábale el rey de aquella tierra, cuyo vasallo era y de quien tenía gran soldada y bienfecho de cada día. Mas atan gran desaventura era la suya que nunca le duraba un caballo ni otra bestia ninguna de diez días arriba, que se le no muriese, y aunque la dejase o la diese antes de los diez días. Y por esta razón y esta desventura era él siempre e su buena dueña y sus fijos en gran pobreza. […]
“Amiga señora”, dijo el Caballero Zifar “yo siendo mozo pequeño en casa de mi abuelo, oí decir que oyera a su padre que venía de linaje de reyes y yo como atrevido pregunté que cómo se perdiera aquel linaje, y díjome que por maldad y por malas obras de un rey del su linaje […] “Y si nos de tan gran lugar venimos”, dije, “¿cómo fineamos pobres?” Respondió mi abuelo y dijo que por maldad de aquel rey de donde descendimos, ca por la su maldad nos abajaron así como tú ves.[…]
“Y si yo fuere de buenas costumbres”, dije yo, “¿podría llegar a tan alto lugar?” Y él me respondió riéndose mucho, y díjome así: “Amigo pequeño de días y de buen entendimiento, dígote que sí, con la merced de Dios, si bien te esforzares a ello y no te enojares de hacer bien; ca por bien hacer puede hombre subir a alto lugar”. Y esto diciendo, tomando gran placer en su corazón, santiguó a sí y a mí, y dejose luego morir, riéndose ante aquellos que y eran.

 

En este otro fragmento se habla de Roboán, el hijo del rey Zifar:

Y el que mejor hacía esto entre todos ellos era el infante Roboán, cuando lo comenzaba: que este era el mejor acostumbrado caballero mancebo que nadie en el mundo supiese; porque era muy apuesto, generoso, cordial, buen anfitrión, jugador de tablar y de ajedrez, muy buen cazador de toda clase de aves, mejor que ningún otro, buen contador de anécdotas, de forma que cuando viajaba a todos les gustaba acompañarle para oír lo que decía; generoso en repartir de lo suyo donde hacía falta, sincero en su palabra, sabe dar buenos consejos cuando se lo piden y no fiando solo de su inteligencia, pide consejo de otros cuando lo necesita; buen caballero en el ejercicio de las armas, valiente y no presuntuoso; honra a damas y doncellas.
[…] Y bien parece que las hadas que le protegieron no fueron mezquinas, sino de las más generosas y proveedoras de buenas costumbres.

 

En este vídeo podéis ver un reportaje del programa La mandrágora de RTVE sobre la edición facsimilar que del Libro del caballero Zifar realizó Manuel Moleiro: