Vida de Santa María Egipciaca (S.XIII )

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El manuscrito de la Vida de Santa María Egipciaca se encontró en el mismo códice que el Libro de Apolonio y el Libre dels tres reys d’Orient. La obra suele fecharse en la primera mitad del siglo XIII.

La leyenda de la pecadora arrepentida, comparable a María Magdalena, tuvo extraordinaria difusión. El poema español, tras su llamamiento del juglar al público para que aproveche la ejemplaridad del relato, nos cuenta la historia de la bellísima María Egipciaca que, movida por la lascivia, abandona su familia y se marcha a Alejandría. En esta ciudad ejerce como prostituta y se hace muy famosa. Embarca para Tierra Santa; tanto en el viaje como a su llegada, se dedica a tentar a los peregrinos.

Un día de la Ascensión va al templo, pero unas figuras misteriosas le impiden la entrada. Comprende entonces su culpa y se arrepiente. Tras purificarse en el Jordán, pasa el resto de sus días en el desierto, haciendo una rigurosa vida de sacrificio y penitencia. Pronto aquella muchacha seductora se convierte en una mujer ajada a la que solo le interesa la belleza de su alma; estas dos imágenes aparecen fuertemente contrastadas. Muere en olor de santidad. Un león ayuda a cavar su tumba.

Santa Mª Egipciaca en Flos Sanctorum, 1558_Rec..jpg

Al parecer este poema es una traducción de un poema francés llamado Vie de Sainte Marie l’Egyptienne de Robert Grosseteste, obispo de Lincoln. Si bien hay algunas variantes,  no se puede dudar de la estrecha relación que media entre ambas obras. No siempre la traducción es correcta y se deslizan muchos galicismos.

Todo ello está expuesto en 1451 versos de métrica irregular en su conjunto, aunque dominan los decasílabos regulares y en algunos pasajes, como en el relativo a la descripción de su vida en Alejandría, usa la modalidad paralelística, tan típica de las cantigas de amigo y elemento original, a su vez, de nuestra versión.

LHEIV-548713aaff639-560-308.jpgLa obra, pues, pese a ser de carácter hagiográfico, no está escrita en cuaderna vía, lo que llevó a Manuel Alvar a ver en ella una mezcla de formas de clerecía y juglaría. Según el mismo autor, el original sería obra de Sofronio, arzobispo de Jerusalén hacia el año 638 d.C., quien lo elaboraría en griego, sobreviniendo de él las versiones. Como característica importante, resalta el ser la primera obra de la literatura peninsular en la que aparece el personaje de la meretriz como protagonista, arquetipo que culminará con la plástica barroca. Lingüísticamente, se destaca por el uso del apócope y los cultismos. Los aragonesismos son tenues y escasos.

No se trata de una obra maestra, pero su autor o autora enriquece el texto con algunos detalles  como el retrato que hace de la belleza juvenil de la santa.

 

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