Renaut de Beaujeu ( 1165-1230)

Renaut de Beaujeu (1165-1230), señor de Saint Trivier, fue un escritor francés de novelas de tema artúrico entre las que destaca la excelente novela  El hermoso desconocido (Li biaus desconeüs), compuesta por 6.265 versos octosílabos agrupados en pareados consonánticos.

El protagonista de esta novela es Guinglain, hijo de Gauvein, que emprende la aventura de desencantar a  Blonde Esmerée, reina de Gales, que se halla convertida en un feroz dragón. El caballero, a fin de que la doncella recobre la forma humana, se ve obligado al besar al monstruo ( es el fier baiser, el “beso feroz”) tema que reaparece en un episodio marginal del Tirante el Blanco. Guinglain se debate entre dos amores, el de la Blonde Esmerée y el del Hada de las Blancas Manos de la Ínsula de Oro, y  acaba casándose con la primera. No obstante, Renaud de Beaujeru advierte que, si su dama le muestra rostro agradable, está dispuesto a cambiar el final de la novela y hacer que Guinglain se case con ella.

Beaujeu comenta al principio de su obra que la historia de Guinglain posiblemente proceda de un “conte d’ aventure” hoy perdido y probablemente oral. Con el mismo argumento se puede encontrar una novela  en verso alemán de Wirnt von Gravenberg que se titula Wigalois, un relato inglés titulado  Li Beaus Desconus y un poema italiano titulado Carduino.

Si os apetece leer la novela, podéis hacerlo pinchando en este enlace:


El Lai d’Ignaure o del prisionero

 

Se atribuye también  a Renaut de Beaujeu una de las narraciones más curiosas de la antigua novelística francesa: el Lai d’Igaure o del prisionero, relato que equidista entre el espíritu elegante y sentimental de la novela cortés y la picardía del fabliau.

Ignaure es un auténtico donjuán local que disfruta del amor de doce damas casadas, vecinas suyas. Durante un año todo se desarrolla sin sobresaltos y en secreto, hasta que un día las doce damas, reunidas en un jardín, deciden divertirse jugando al juego del “confesor”, que consiste en que una de ellas finge ser un confesor y las otras once se le acercan una a una con la obligación de manifestarle el nombre de su amante. Todas confiesan el nombre de Ignaure, con gran sorpresa de la dama que hace el papel de confesor, que se halla en el mismo caso. Las damas se escandalizan y deciden vengarse del traidor seductor.

En efecto, una de ellas cita a Ignaure en aquel mismo jardín, donde se encuentra con las doce damas que, en actitud muy hostil y armadas de sendos afilados cuchillos, han resuelto quitarle la vida. Y aquí viene el gran acierto del novelista: Ignaure se defiende y justifica demostrando que ama a cada una de las damas por distintas gracias peculiares de cada una de ellas, con lo que  todas las damas quedan halagadas y satisfechas. Pero los doce maridos se enteran de su común infortunio, sorprenden a Ignaure y lo encarcelan, lo que provoca una singular huelga de hambre de las doce esposas, que deciden no probar bocado hasta que el seductor recobre la libertad.

Los maridos, que fingen acceder, matan a Ignaure y lo descuartizan en doce pedazos, que, bien condimentados, son servidos a cada una de las doce esposas. Una vez que los esposos comunican a sus esposas el origen del manjar que acaban de comer, las doce damas se dejan morir de hambre.

Dos temas fundamentales convergen en esta divertida y curiosa historia, llena de malicia y crueldad:  la leyenda del corazón devorado y, sin duda , un relato provenzal más antiguo del que  solo quedan leves referencias y el testimonio del pseudónimo “Inhaure” usado por el trovador Raimbaut  d’ Aurenga, que parece que fue un donjuán de carne y hueso. Lai d’Ignaure es, por encima de todo, una pieza con una estructura tan bien organizada que acredita a su autor como un notabilísimo narrador.