Ramon Llull (c. 1232-1316)

Ramon Llull fue esencialmente un misionero y un filósofo. Su ardiente apostolado lo llevó a recorrer gran parte del Mediterráneo predicando la fe de Cristo y su originalísimo sistema filosófico aún mantiene cierta validez cuando lo recoge Leibniz. Pero este apóstol y pensador, hombre de una inteligencia prodigiosa, fue un escritor prolijo e infatigable, en muchas de cuyas obras se encierran extraordinarios valores literarios que lo hicieron el más importante escritor que ha habido en lengua catalana, a la que dio, en su expresión en prosa, una gran dignidad y una universalidad notable.

Hijo de padres barceloneses, Llull nació en Ciutat de Mallorca (Palma) entre 1232 y 1235. De joven fue senescal en la corte del infante don Jaime, después Jaime II de Mallorca; y en 1257 se casó con una dama llamada Blanca Picany, con quien tuvo dos hijos. En esta etapa cortesana de su vida, cultivó la poesía amorosa dentro de la tradición trovadoresca con toda seguridad en lengua provenzal. Llull hizo desaparecer posteriormente cualquier muestra de esta parte de su obra.

Cuando contaba más de treinta años, mientras componía una canción amorosa, tuvo cinco apariciones de Cristo crucificado, que lo convencieron de que debía abandonar la vida mundana y entregarse a una empresa espiritual centrada en tres aspectos: su labor de misionero de Cristo en tierra de infieles; todo un plan de redacción de libros para la conversión de aquellos, y la creación de escuelas de lenguas orientales para formar un ejército de misioneros idóneos.

 

Convencido de que estaba destinado por Dios a esta tarea, vendió sus posesiones para asegurar  el mantenimiento de su familia, se desvinculó de esta y emprendió una peregrinación que lo llevó a Santiago de Compostela y a Rocamadour en Francia. Quiso ir a estudiar a la Universidad en París, pero san Ramón de Penyafort le aconsejó que estudiara en Mallorca y así lo hizo. Durante nueve años, Llull se formó intelectualmente y aprendió árabe y latín.

 

Acabada su formación se retiró al cerro de Randa, donde tuvo una “ilustración divina” que le inspiró su “arte”, gracias al cual suponía que la conversión de los infieles era infalible. A partir de esta experiencia, Llull se consideró enviado por Dios para la conversión de infieles y se mostró absolutamente convencido de que con sus libros se podría conseguir.

Desde ese momento la vida de Llull será un afanoso viajar, disputar y escribir, obsesionado por su misión y firmemente decidido a cumplirla. Antes del año 1275 ya había escrito diecisiete libros, entre ellos el extensísimo Libro de contemplación.  Los rechazos papales a sus propuestas de creación de colegios políglotos para la predicación entre los infieles, le llevan a hondas crisis espirituales. En 1288 había obtenido el grado de maestro en artes en la Universidad de París. Sigue escribiendo en Montpellier, y luego en Roma expone al papa Nicolás IV su proyectos. Al no ser atendido por el pontífice, se fue a Génova, presa de honda crisis espiritual, y allí a Túnez, donde se entregó a la predicación y a la controversia con sabios mahometanos, lo que le valió ser encarcelado y hasta condenado a muerte, pena que fue conmutada por el destierro. Llegó a Nápoles a fines de 1293, y allí se dedicó a enseñar y escribir. Ni el papa Celestino V ni su sucesor, Bonifacio VII, atendieron sus demandas, lo que produjo en Llull una nueva crisis de desánimo, de la que salió cuando Jaime II de Mallorca, lo recomendó a su sobrino el rey de Francia y así volvió a París, donde expuso de nuevo su arte en La Sorbona; luchó contra el averroísmo, que se había difundido por el ambiente universitario parisiense, y constituyó un grupo de discípulos. También salió desilusionado de París, a mediados de 1299, estado de ánimo que se refleja en su poema Canto de Ramon (Cant de Ramon).

En Barcelona, a fines de aquel año, obtuvo de Jaime II de Aragón (sobrino de Jaime II de Mallorca) autorización para predicar en las sinagogas de sus dominios. De Mallorca, donde pasó el año 1300 escribiendo, se trasladó a Chipre, con sus esperanzas cifradas en la reconquista del Santo Sepulcro y dispuesto a evangelizar Egipto y Siria; pero sus proyectos no fueron secundados, enfermó gravemente, se salvó de una tentativa de asesinato y convaleció en Famagusta, bien acogido por el gran maestre de los Templarios, Jacques de Molay (el que será quemado en París en 1314 al disolverse la orden). Pasa después a Mallorca, a Génova, a Montpellier, a París, a Barcelona y a Lyon, donde sus proyectos son escuchados con frialdad por el Papa.

Se vuelve a tener noticias de Ramon Llull en 1307, predicando en Bugía (norte de África) donde su labor misional provoca disturbios, y es apaleado y lapidado por el populacho. Encarcelado de nuevo, recobra la libertad gracias  a mercaderes catalanes que allí residían pero al regresar, su nave naufraga frente a Pisa, y Llull llega a la costa nadando. En Pisa se puso a reescribir los libros cuyos originales había perdido en el naufragio. En 1309, en Aviñón, el papa clemente V dio una nueva negativa a sus proyectos; y desde la primavera de este año residió de nuevo en París luchando contra los averroístas y escribiendo más libros. Pero cuando en 1311 Clemente V convocó el concilio de Vienne, Llull vio en ello la ocasión de su vida, y acudió con una petición en la que exponía sus constantes anhelos: fundación de colegios políglotas en Roma, París y Toledo; la unificación de las órdenes de caballería para crear un gran ejército que conquistara los Santos Lugares, y todo un plan filosófico y moral de acuerdo con su arte.

Regresó luego a Mallorca, desengañado, pues comprendía que su proposición no se llevaría a efecto; enfermó otra vez, y temiendo que le quedaban pocos años de vida, escribió libros incansablemente. En abril de 1311 redactó su testamento, y el mes siguiente se trasladó a Sicilia, escribiendo durante la navegación para aprovechar todo el tiempo posible. De regreso a Mallorca, en agosto de 1314 se embarcó de nuevo para el norte de África. En Túnez tuvo correspondencia con Jaime II de Aragón, quien lo animaba y le ofrecía su ayuda. La última noticia que tenemos de Ramon Llull con vida se encuentra en un libro suyo en latín, firmado en Túnez en diciembre en 1315. Es posible que muriera allí en 1316.

Libro de contemplación (c.1272)

Ramon Llull irrumpe en la literatura de un modo torrencial, pero al propio tiempo con total madurez, a partir de una fecha que unos fijan en 1272 y otros en 1275. Por entonces llevó a término en Mallorca su obra más extensa, el Libro de contemplación, que primero redactó en árabe. Está estructurado en 366 capítulos, como los días del año solar, y cada capítulo da materia de contemplación para una jornada. Emocionan aquellos momentos en que Llull, en plena redacción de tan vasta obra, exulta de alegría por la perfección con que va saliendo de sus manos y da gracias a Dios, porque le conserva el aliento para poder seguir escribiendo. Su riquísimo y variado contenido hace del Libro de contemplación una obra que hoy llamaríamos enciclopédica; pero en él lo que atrae más es, sin duda, el reflejo del mundo del último tercio del siglo XIII.

 Libre del gentil e los tres savis  (c.1272) (Libro del gentil y de los tres sabios) 

Obra de polémica religiosa enmarcada en un hermoso prado, donde la doncella Inteligencia expone a tres sabios,  un judío, un cristiano y un mahometano, el significado que se puede extraer de cinco árboles, símbolo muy querido a Llull. El debate no es posible “por autoridades”, pues ni el judío puede aceptar el Nuevo Testamento, ni el cristiano el Corán; y como van guiados por la Inteligencia hay que demostrar las verdades por “razones necesarias”. Cuando se iba a iniciar el debate llega a aquel paraje un gentil, que se sorprende cuando advierte que aquellos tres sabios creen en un solo Dios creador, en la resurrección de la carne y en un premio o castigo para los hombres, en una eternidad. Los tres sabios lo ilustran sobre estas verdades comunes a las tres creencias, sin que el lector sepa cuál de ellos lo adoctrina, ya que los tres, hasta este punto, profesan los mismos dogmas. Pero el gentil se asombra cuando se entera de que cada uno de ellos tiene una creencia distinta; y entonces los tres sabios le exponen (por orden histórico: primero el judío ; luego, el cristiano, y finalmente, el mahometano) los dogmas de cada una de sus tres religiones. Cuando terminan las tres exposiciones, y el gentil se dispone a manifestar cuál de ellos lo ha convencido, y, por tanto, qué religión ha decidido abrazar, los tres sabios se despiden de él sin querer saber su decisión, a fin de tener tema para debatir en adelante cuál de las tres creencias tenía que aceptar forzosamente “según fuerza de razón y natura de entendimiento”.

Libre de l’ orde de cavallería (1275) (Libro de la orden de caballería)

Es una de las obras que más se leyeron y tradujeron en la Edad Media, pues constituye un doctrinal de caballeros compuesto por quien, por su vida cortesana durante su juventud, podía dar normas al estamento militar, en el que Llull ve un auténtico defensor de los débiles y perseguidor de los malos, pero fiel al señor terrenal, al que ha de defender en caso de que el pueblo se subleve. El prólogo de este libro (la conversación entre un escudero joven y un anciano caballero que se había recluido en una ermita) parece un episodio de la Tabla Redonda, y fue imitado por don Juan Manuel y por Joanot Martorell. Existen evidentes similitudes entre el Libro de la orden de la caballería y la segunda de las Partidas de Alfonso, el Sabio.

Libre d’ Evast e Aloma e de Blanquerna (Libro de Evast y Aloma y de su hijo Blanquerna)

Pretende ofrecer la visión de los diferentes estados del hombre en la tierra desde el punto de vista cristiano, y más concretamente luliano. Evast y Aloma, padres del protagonista sirven para Llull para dar el modelo de matrimonio perfecto, con su afectuosa vida en común, sus obras de caridad y la educación del hijo, tanto desde el punto de vista físico como moral. El joven Blanquerna es destinado a casarse con una doncella, hija de unos vecinos, Natana; pero como el muchacho decide abrazar la vida religiosa, ella se hace monja, gracias a lo cual el escritor da una clara visión del ideal de las comunidades religiosas femeninas,  pues Natana  llega a ser abadesa y ordena lulianamente el convento.

Blanquerna, deseoso de entregarse a la contemplación divina en la soledad de la vida ermitaña, deja a sus padres (el planto de despedida de Aloma es una página inolvidable) y emprende un largo viaje en el que abundan los episodios de carácter simbólico, y se ve constreñido a entrar en religión. Es monje, abad (y entonces escribe el Libro de Ave María que aquí se inserta). obispo y finalmente es elegido papa. En cada estado realiza su cometido a la perfección y con grandes dotes de organizador y reformador. Finalmente renuncia al pontificado, y ve realizado su anhelo de siempre al retirarse a una ermita para la vida contemplativa y allí escribe el Libro de Amigo y de Amado.

Libre de les meraveilles (c. 1288) (Libro de las maravillas) 

Llamado también Félix, fue escrito en París en 1288 o 1289. Se trata de una novela utópica,  de acción menos movida y que, en vez de seguir la biografía del protagonista, como ocurre en el Blanquerna, narra el viaje del joven Félix, que va por el mundo para aprender sus maravillas de boca de sabios y de ermitaños que va encontrando en lugares apartados y ermitas. Aprende así, y gradualmente, sobre los ángeles, el hombre, las plantas, los metales y los fenómenos de la naturaleza, en forma de lecciones dialogadas, en las cuales la doctrina es expuesta casi siempre a base de apólogos y comparaciones, que se caracterizan por una sutileza tal que a veces son de difícil aplicación y para ello exigen el esfuerzo de la inteligencia.

Hay al principio del libro los episodios de la pastora y de la “folla hembra”, que, aparte de valor simbólico y moral, son dos relatos de acertado y penetrante sentido literario. En el Félix, obra tan sistemática y tan bien estructurada, hay, felizmente, una gran incongruencia: cuando después de las enseñanzas referentes a la mineralogía y a botánica esperamos un tratado de zoología, al estilo de los tan divulgados bestiarios medievales, Llull inserta aquí el Libro de los animales, que es un maravilloso e intencionado apólogo animalístico de clara intención didáctica, al estilo del Calila e Dimna y con influencias del Roman de Renart.

Libre d’ Amic e Amat (Libro de Amigo y Amado)

Es un conjunto de 366 breves metáforas morales o jaculatorias, cada una de las cuales, según su autor, contiene la materia suficiente para la meditación durante un día, lo que supone una obligada concentración que por fuerza ha de expresarse en lenguaje metafórico, ya que el lenguaje directo no permitiría tanta brevedad. En el libro dominan tres elementos esenciales: el Amigo (el hombre); el Amado (Dios) y el Amor , a menudo personalizado y con función de intermediario entre los otros dos. Las constantes abstracciones, las referencias a los pájaros y otros elementos de la naturaleza, de gran eficacia lírica; la paradoja ingeniosa y los diálogos rápidos entre los seres contribuyen a que esta elevada sucesión de trances místicos alcance un gran valor poético y que aúne y personalice sus evidentes fuentes, como las bíblicas, las procedentes de los sufíes musulmanes y el traslado a lo divino de terminología y rasgos de la canción trovadoresca.

Lloraba y cantaba el amigo cantos de su Amado, y decía que es cosa más veloz amor en corazón de amada que rayo en resplandor y trueno en el oído; y más viva es agua en llanto que en olas de mar; y más cerca está el suspiro del amor que la nieve de la blancura.

Preguntaron al amigo por qué era su Amado glorioso. Respondió: “Porque es gloria”. Preguntáronle por qué es poderoso. Respondió: “Porque es poder”. Y por qué es sabio: “Porque es sabiduría”. Y por qué es amable: “Porque es amor”.

Levantose de mañana el amigo, y buscaba a su Amado, encontró gente que iba por el camino, y les preguntó si habían visto a su Amado. Respondiéronle preguntando en qué hora su Amado se ausentó de sus ojos mentales. Contestó el amigo, y dijo: “Desde que hube visto a mi amado en mis pensamientos, nunca estuvo ausente de mis ojos corporales, pues todo lo visible me representa a mi Amado”.

Árbol de filosofía de amor  (1298)

Se inicia con una notable escena introductoria, en la que el propio Ramon, en el bosque de la cartuja parisiense de Vauvert se encuentra una hermosa dama, la Filosofía de Amor, que llora porque su hermana Ciencia tiene más servidores que ella, y Ramon la consuela diciéndolo que escribirá un libro que le proporcionará los servidores que merece, que es un tratado que sigue a continuación, todo él una alegoría magníficamente montada y de una lógica perfecta, que hace de estas páginas uno de los momentos más impresionantes de la prosa de Ramon Llull.

Libre de Sancta María (Libro de Santa María) (c.1290)

Es un diálogo entre Oración, Alabanza, Intención y un ermitaño culto, que departen sobre los diferentes atributos de la Virgen con vagos e intemporales ejemplos que parecen paradigmas de anécdotas, pero de gran belleza y originalidad. Llama la atención que, antes de encontrar al ermitaño sabio, van a la ermita de otro que es simple e ignorante y que en María solo sabe ver la belleza y una vulgar milagrería que indigna a las tres damas que no toleran a quien confiesa no ser letrado ni docto, lo que supone en Llull una decidida repulsa de la ingenuidad mariana y de la simpatía hacia clérigos ignorantes, pero fervorosos, tan típica de algunos ejemplos medievales (recordemos a Gonzalo de Berceo)

El verso de Ramon Llull

Ramon Llull emplea el verso por razones didácticas, con la exclusiva finalidad de que su doctrina pueda ser aprendida fácilmente de memoria, viejo procedimiento pedagógico y mnemotécnico.

No obstante, Llull fue trovador en su juventud, conocía bien los secretos de la técnica del verso y disponía de una brillante imaginación. En momentos de abatimiento espiritual Llull encontraba en la poesía en verso un alivio y alientos para seguir con su empresa. Hombre deseoso de la paz en soledad y de la contemplación divina, sus ideales y su misión lo empujaban a la acción y al movimiento, y esta pugna interior queda perfectamente reflejada en su poema El desconsuelo (Lo desconhort), en el que da, además, interesantes notas biográficas. Desanimado en París, en 1299, al advertir que no es escuchado y que nadie se interesa por sus ideas, escribe el breve y magnífico poema Canto de Ramon (Cant de Ramon). Su gran fervor mariano queda plasmado en el Planto de la Virgen (Plan de la Verge), poema extenso sobre la Pasión y de gran dramatismo.  Son notables también los poemas insertos en sus libros.

Contrariamente a lo que ocurre en la prosa de Llull, que es de un catalán purísimo, culto y sin extranjerismos, en sus obras en verso aparecen frecuentemente formas provenzales lo que es debido, por un lado, a la tradición que pesaba sobre la lírica culta catalana, y, por el otro, a que, residiendo tan a menudo él mismo y la corte del reino de Mallorca en la ciudad de Montpellier, la langue d’oc no era para él ni para sus más inmediatos lectores una lengua extraña.

 

 

 

 

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