Calila e Dimna (1251)

A lo largo del siglo XIII, el castellano servirá ya también de vehículo a la prosa de ficción. Son numerosas las colecciones de cuentos o exemplos también de origen oriental, como el Calila e Dimna y el Sendebar.

El exemplo o apólogo es un breve relato cuya intención es transmitir la enseñanza de forma agradable y amena a través de la narración de un caso ejemplificador. Las primeras recopilaciones de estos relatos, los ejemplarios, iban dirigidas a reyes y nobles con el objeto de proporcionarles una guía de conducta. En el siglo XIII los predicadores, sobre todo los dominicos, se sirvieron de ellos como vehículo de difusión de la moral cristiana.

El origen de estos cuentos es, en muchos casos, remoto. Algunos proceden de la India y llegan a través de versiones persas, árabes y latinas. En este largo viaje en el espacio y en el tiempo los relatos sufren transformaciones, que en el caso peninsular persiguen adaptarlos a la visión cristiana del mundo.

Las colecciones de exemplos suelen recurrir a la utilización de un marco narrativo para insertar los cuentos dentro de una narración general. Es habitual que el personaje relate cuentos para retrasar el cumplimiento de una sentencia (como en Las mil y una noches), que diferentes personajes ejemplifiquen con sus relatos sus opiniones con vistas a un juicio (Sendebar) o que un sabio ilustre sus consejos a un rey con ejemplos.

Como hemos indicado antes, las primeras colecciones traducidas al castellano datan del siglo XIII y son Calila e Dimna y Sendebar

Calila e Dimna

Calila y Dimna (es.wikipedia.com)

Calila e Dimna es una colección de cuentos de origen oriental, que se ciñen al modelo de preguntas y respuestas propio de los manuales de educación de príncipes. En este caso, el diálogo se produce entre un rey y un filósofo.  Las preguntas dan paso a fábulas protagonizadas por animales entre los que dos chacales, Calila y Dimna, son los que más relatos protagonizan. Don Juan Manuel copiará la estructura de este libro para su Libro del conde Lucanor.

Para leer el texto completo, pulsa aquí.

 

 

Aquí os incluyo uno de los cuentos del libro, se titula Los ratones que comían hierro:

Dijo Calila:
—Dicen que en una tierra había un mercader pobre y se quiso marchar; y tenía cien quintales de hierro, y se los encomendó a un hombre que conocía. Y se fue a buscar lo que necesitaba y, cuando volvió, lo reclamó. Y aquel hombre lo había vendido y había gastado el dinero y le dijo:
— Lo tenía en un rincón de mi casa y se lo comieron los ratones.
Dijo el mercader:
— Ya oí decir muchas veces que no hay nada que más roa el hierro que ellos, y yo no me preocuparía, pues te libraste bien de ellos.
Y el otro se alegró de lo que oyó decir, y le dijo:
—Come y bebe hoy conmigo.
Y le prometió que volvería, y se marchó de allí y planeó cómo cogerle un niño pequeño que tenía; y lo llevó a su casa y lo escondió. Después volvió a él, y el otro le preguntó:
— ¿Viste a mi hijo?
Le dijo:
— Cuando estuve cerca de allí, vi un azor que arrebató a un niño, quizá era tu hijo.
Y el otro dio grandes voces y se lamentó, y dijo:
— ¿Viste nunca algo igual? ¿Un azor arrebatar a un niño?
Dijo el mercader:
— En la tierra donde los ratones comen cien quintales de hierro no es extraño que sus azores arrebaten a los niños.
Y entonces dijo el buen hombre:
— Yo comí tu hierro, y veneno comí y metí en mi vientre.
Dijo el mercader:
— Pues yo robé a tu hijo.
Y le dijo el hombre:
— Pues dame a mi hijo y yo te daré lo que dejaste en préstamo.
Y así fue hecho. 
 
Anónimo, Calilla e Dimna

Puedes ver también este cuento titulado Cuento de la niña que se convirtió en rata:

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