Tristán e Iseo (siglo XII)

«Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte?», así comienza la triste y desgarradora historia de los amores de Tristán e Iseo  que ha recorrido la literatura occidental desde hace nueve siglos.

Hoy día conocemos el antiguo Tristán, tan divulgado hacia 1150, como una especie de obra de colaboración hecha por varios poetas cultos e inteligentes, que han contribuido a legar a la posteridad una de las más bellas y obsesionantes fábulas, llena de emoción, de misterio y de desazonado sentimentalismo.

Se centra en los amores adúlteros de Tristán y de la hermosa Iseo, la de cabellos de oro, esposa del rey Marc de Cornualles, tío de Tristán. Estos dos jóvenes se han enamorado involuntariamente porque ambos bebieron un filtro mágico que unía en amor irrompible a quienes lo bebían juntos.

Tristán es presentado como un artista, pues es un habilísimo tañedor de arpa, y como un caballero muy valeroso, pues vence al temible gigante irlandés Morholt, que exigía un tributo humano al reino de Cornualles. Iseo, joven experta en medicina y magia, situada en el conflicto entre ser fiel a su marido y la atracción amorosa hacia Tristán, es mujer apasionada, que, al saber que Tristán está a punto de morir en la Pequeña Bretaña, acude a su lado para expirar al lado de su cadáver. Sutil es el tema de las bodas blancas de Tristán con otra mujer también llamada Iseo, la de las blancas manos, la cual, presa de los celos, afirma mintiendo que la nave que lleva la la Pequeña Bretaña a la rubia Iseo trae velas negras, lo que supone que esta no navega en ella, lo que ocasiona la muerte de Tristán.

El Tristán no es una novela de aventuras y de maravillas  más o menos inverosímiles ni de complicada peripecia, como son las de Chrétien de Troyes, sino una humanísima y torturada historia de amor, tan sencilla como intensa en la pasión, y en la que los variados episodios no hacen más que acrecentar el dramatismo.

No se trata de una novela de análisis sutiles ni de discreteo cortesano, sino de la evolución de una pasión avasalladora, que no es fruto de la libre elección de los enamorados, sino de la virtud mágica y sobrenatural de un filtro; y que no nace gradualmente ni entra por los ojos ante la contemplación de la belleza, ni por el atractivo de cualidades o dones espirituales, sino que surge súbitamente y con toda intensidad en el momento en que obra el poder del bebedizo, que está por encima de la voluntad, de los deberes y de la razón.

Tristán e Iseo no pueden luchar contra la fuerza maléfica que los mantiene estrechamente enamorados frente a toda suerte de desventuras y frente al auténtico respeto y amor que ambos siente por el rey Marc, personaje que no cae en el ridículo, que se destaca por su noble bondad, pero juguete de sus propias dudas e incertidumbres y de la maledicencia e intrigas de su corte. Algunos sostienen que en el tema del maleficio se ha querido esconder algún símbolo, y cada cual puede hallarlo, si le place, pero el carácter mágico de la fábula da a estos trágicos y desmesurados amores una grandeza mitológica.

Tristán e Iseo, cuyas primeras versiones incompletas -del siglo XII- se deben al francés Béroul y al inglés Thomas (también Chrétien de Troyes escribió una obra sobre el tema, hoy perdido), es en realidad una enigmática y sorprendente mezcla de mundos. Está el mundo cortés de Provenza -aunque ese loco amor no sea exactamente courtois-; está el eco mítico de la materia de Bretaña, con sus paladines y sus magias; está la vieja leyenda gaélica o céltica, con bosques húmedos y sortilegios, y están también -quizá- los cuentos orientales, tan activos en su difusión medieval. Todo ello, sutil y hábilmente combinado en una historia que toca todos los encantos de lo erótico, la leyenda y el misterio. Tristán e Iseo es, sin duda, un símbolo de amor, y tiene mucho que ver -más allá del bello relato- con nuestro concepto de esa enfermedad.

Persistencia del Tristán

El Tristán se extendió rápidamente por todo el mundo occidental. Del siglo XIII es la versión alemana  de Gottfried von Strassburg, refundida luego en prosa, difundida desde los primeros tiempos de la invención de la imprenta y reeditada hasta el siglo XIX. En el siglo XIII aparecen versiones escandinavas, inglesas e italianas, y en el siguiente, las castellanas y las catalanas. El Romancero castellano acoge la figura de don Tristán, y uno de los romances sobre este personaje era una de las canciones más apreciadas por las damas de Isabel la Católica.

En el siglo XIX los amores de Tristán e Iseo consiguen una nueva y ferviente popularidad. En 1804 sir Walter Scott, el gran novelista romántico, realiza labor de filólogo al publicar una edición del Sir Tristrem, poema inglés de fines del siglo XII.

En 1865 Richard Wagner estrena en Munich su ópera Tristan und Isolde recogiendo la constante y peculiar tradición alemana de la leyenda, y hace que estos amores emocionen al hombre de nuestro tiempo del mismo modo que hicieron vibrar a los lectores de la Edad Media. Podéis oír aquí el Preludio del primer acto:

En 1900 el filólogo francés Joseph Bédier, a base de los fragmentos medievales conservados, reelaboraba y reconstruía la fábula en prosa moderna francesa, con auténtico sentido artístico y delicada inspiración poética.

Versiones cinematográficas

En 1979, y dirigida por Tom Donovan,   se estrenó una poco conocida versión de la famosa leyenda de Tristán e Isolda, protagonizada por Nicholas Clay, Kate Mulgrew, y Richard Burton, en uno de sus últimos trabajos.  Posteriormente se realizó otra versión en 2006, dirigida por Kevin Reynolds y protagonizada por James Franco y Sophia Myles. Aquí podéis ver el trailer:

 

 

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