Herrade de Landsberg (1125-1195)

Herrade de Landsberg fue una abadesa de la abadía de Hohenburg en los montes Vosgos. Fue la autora de la primera enciclopedia escrita por una mujer, el Hortus deliciarum (Jardín de las delicias en latín).

Herrade de Landsberg nació en el año 1125 en el seno de una noble familia alsaciana. Siendo muy niña tomó los hábitos en la abadía de Hohenburg en los montes Vosgos. Esta abadía, conocida como Mont St. Odile, era especialmente rica y poderosa a causa del apoyo del emperador Federico I Barbarroja. Constituía además un centro de reformas eclesiásticas en el que Herrade recibió la mejor educación accesible a una mujer en el siglo. Más adelante, la propia Herrade se convertiría en la hermana encargada de gobernar y educar a sus compañeras monjas. En 1167 fue elegida abadesa.

Hacia el año 1165 Herrade había comenzado entre los muros de su convento la obra por la que sería conocida, el Hortus deliciarum, un compendio de todas las ciencias estudiadas en su época, incluyendo la teología que servía como libro de texto para las jóvenes novicias del convento.

Herrade terminó su obra en 1185 y el manuscrito se convirtió en uno de los manuscritos ilustrados más celebrados de la época. Tras ser preservado durante siglos en la abadía de Hohenburg, el manuscrito del Hortus deliciarum pasó a la biblioteca municipal de Estrasburgo durante la Revolución Francesa. En 1870 el manuscrito fue destruido en el incendio de la biblioteca que sucedió durante el asedio de la ciudad  en la guerra franco-prusiana.

Afortunadamente,  tanto las ilustraciones como el texto habían sido copiados en 1818 por lo que se pudo conservar.

El Hortus deliciarum es más que un compendio de todo el conocimiento del siglo XII, contenía poemas, música e ilustraciones. La mayor parte de este se halla en latín, con glosas en alemán.

Entre los poemas se encuentran algunos escritos por la propia Herrade dirigidos a las monjas.  Aunque la obra presenta algunos defectos gramaticales, su sentimiento es sincero, las líneas poéticas son musicales y admirablemente adaptadas a su propósito, el servicio a la divinidad. La mayoría de ellos están acompañados de la música con que debían interpretarse. En este sentido, el Hortus deliciarum es una de las primeras fuentes del origen de polifonía de un convento.

Las ilustraciones eran, sin duda, su parte más famosa y apreciadas. Se trata de 336 ilustraciones que simbolizaban diversos temas, desde teológicos y filosóficos hasta literarios; algunas son históricas, otras representan escenas relacionadas con la experiencia personal de la artista y una ilustración es una serie de retratos de sus hermanas religiosas.

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