Flores y Blancaflor (c. 1150)

Contemporáneamente a la producción de Chrétien de Troyes, un autor anónimo escribió una novela idílica que gozó de un extraordinario éxito, el Flores y Blancaflor.

La novela idílica está normalmente enmarcada en ambientes lejanos y exóticos, y cuyos héroes suelen ser una joven pareja de enamorados cuyo tierno afecto es sometido a toda suerte de pruebas, contratiempos y forzosas separaciones.

Narra la historia de Flores, hijo de un rey sarraceno de España, enamorado de Blancaflor, hija de una cristiana cautiva del padre de aquel. Los dos niños, nacidos el mismo día e iguales en hermosura, no pueden vivir el uno sin el otro, de lo que nace un amor que no conoce diferencias de clase y de religión. Los niños se educan juntos; y un pasaje de la novela, escrita en versos pareados de ocho sílabas, nos da una clara visión de cómo manejaban las tabletas de cera los muchachos de la escuela:

E quant a l’escole venoient
leur tables d’ivoire prenoient,
adonc lor veïssiez escrire
letres et vers d’amours en cire;
lor grefe sont d’or et d’argent
dont el escrivent soutilment.
Lettres et saluz font d’amours,
du chant des oissiaus et de flours,
d’autre chose n’ont il envie…
Y cuando llegaban a la escuela
tomaban sus tabletas de marfil.
Entonces los veríais escribir
cartas y versos de amor en la cera
sus estiletes son de oro y plata
con los que escriben sutilmente.
Hacen cartas y saludos de amor,
del canto de los pájaros y las flores,
no desean nada más…

Ambos crecen juntos hasta que, viendo el padre de Flores el amor de ambos y considerándolo inadecuado, los separa. Flores marcha en busca de la joven y la encuentra en el harén del rey de Babilonia. Aunque consigue llegar hasta ella, es descubierto. El rey decide matarlos, pero finalmente les concede el perdón. Felices y casados, vuelven al reino de Flores, quien se convierte junto a todos sus súbditos al cristianismo.

El autor anónimo ha sabido dar a esta novela una perfecta estructura y dotar a sus protagonistas de una pasión irresistible, que constituye la única razón de su existencia. La ingenuidad, que salva episodios que podrían rondar lo escabroso, es característica de esta narración, a la que la mezcla del ambiente árabe español y bizantino dan un curioso exotismo.

El éxito de la novela fue grande: los nombres de los dos jóvenes aparecen citados con gran frecuencia en la Edad Media, y se hizo proverbial la expresión “estar tan enamorado como Flores y Blancaflor”. Se tradujo a todas las lenguas y merece recordarse que en el siglo XIV fue traducida al griego bizantino, al propio tiempo que Boccaccio tomaba su asunto para el Filócolo, versión renacentista, llena de alusiones clásicas y mitológicas, de esta deliciosa novela medieval.

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