Arnaut Daniel (c.1150-1200)

Arnaut Daniel: el poeta del “trobar ric”

Arnaut Daniel fue un trovador provenzal que nació en Ribérac (Dordoña) en una fecha en torno a 1150.

Es uno de los más genuinos representantes de lo que se llamó el “trobar ric”, una variente del trobar clus, una forma de componer creada por poetas elitistas, que creían que había demasiados poetas y añadían trabas a la composición.  Por ello creaban poemas difíciles de entender, retorcidos de conceptos, metáforas, alegorías y demás recursos literarios de pensamiento. Si, además, usaban palabras sonoras o sugerentes, y rimas especialmente trabajadas, se llama trobar ric. En el caso de Arnaut tenía un especial interés por la novedad y la singularización de la métrica, las rimas, los conceptos y el uso de palabras no empleadas anteriormente por otros trovadores.

Il miglior fabbro

Arnaut Daniel fue admirado por Dante (quien llegó a romper la unidad idiomática de la Divina comedia para hacer hablar a Daniel en provenzal en su encuentro en el Purgatorio). En un verso que ha sido objeto de mucha bibliografía, dio una exacta definición de un aspecto saliente del arte de Arnaut Daniel cuando lo denominó “mejor artesano del hablar materno” (“miglior fabbro del parlar materno”, Purgatorio XXVI,117). El propio trovador corrobora la acertada calificación de su admirador italiano cuando dice que para competir con los pájaros “forjó y limó palabras de valor con arte de amor”, donde para expresar la creación poética, emplea términos tomados del lenguaje de los “artesanos” (en italiano fabbri), ya que tanto “forjar” como “limar” designan, en su acepción inmediata, dos actividades del trabajo del herrero y del joyero. La materia poética pues, debe ser trabajada cuidadosamente, embellecida con maestría y repasada a conciencia. Toda irregularidad o aspereza debe ser limada, y apartado todo defecto que pueda bastardear el trabajo. Siguiendo un modo de expresión que ya utilizó antes el trovador Guillem de Berguedá, Arnaut Daniel tomó el ejemplo de la carpintería para explicar su labor poética:

En cest sonet coind’e leri
fauc motz e capuig e doli,
e serant verai e cert
quan n’aurai passat la lima…
En esta melodía graciosa y alegre
hago palabras y las cepillo y desbasto,
y serán verdaderas y ciertas
cuando haya pasado la lima.

De acuerdo con ello, el poeta-artesano, al escoger las palabras para sus versos, las somete primero a una labor de carpintería, pues son cepilladas y desbastadas, y luego son cuidadosamente limadas de cuantas asperezas puedan presentar. Esta tan especial terminología es una exageración del tipo verba polita, inventio perpolita que tan a menudo se encuentran en las artes poéticas medievales, que derivan de la retórica clásica de los latinos y tienen precedentes claros y literales en la lírica griega. Giraut de Borneth ya había recurrido a estas imágenes artesanales, que le llevaron a decir cosas a primera vista tan sorprendentes como “la garlopa y el cepillo con que suelo cantar…”

El resultado de este trabajo de pulimento y de cuidado de la palabra se advierte en cualquier poema de Arnaut Daniel. En primer lugar, el trovador se impone el uso de lo que llamaban rima cara, o sea la consonancia de difícil hallazgo y de pomposa sonoridad. Por otra parte, hay en Arnaut Daniel una clara tendencia al uso de palabras monosilábicas, y muchos son sus versos que contienen únicamente voces de una sola sílaba. Estas duras exigencias a las que el poeta somete voluntariamente a su poesía tienen la intención de encauzar su pensamiento por un camino a la vez difícil y bello,  para transitar por el cual son necesarios gran ingenio y maestría idiomática.

Muchas veces parece que algunas de las tan singulares expresiones de Arnaut Daniel se deben precisamente a la sugestión de la rima difícil, que arrastra la necesidad de que, para consonar con ella, el poeta inserte una palabra sorprendente e inesperada o que tradicionalmente no se consideraba poética. El trovador se deja llevar por la palabra, y con ella, en vez de incidir en el ripio, como le ocurriría a otro poeta, alcanza felices hallazgos y crea un ambiente profundamente irreal y lleno de las más singulares resonancias.

La sextina

Con estos recursos, a los que a veces agrega la aliteración, Arnaut Daniel da a la estrofa una pomposa y solemne sonoridad, acrecentada por la sabia alternancia de rimas agudas y llanas, y todo ello en un estrofismo sabiamente construido, donde las rimas, por lo general, solo aparecen una vez en cada unidad y que le llevó a su descubrimiento más duradero en la poesía universal, o sea, la sextina.

La sextina es una composición poética integrada por 39 versos de arte mayor, normalmente endecasílabos, estructurados en seis estrofas de seis versos y una contera final, de tres versos. La estructura métrica de la sextina es bastante compleja: las seis estrofas carecen de rima, pero cada uno de sus seis versos acaba en una palabra-rima con el siguiente esquema: ABCDEF – FAEBDC – CFDABE – ECBFAD – DEACFB – BDFECA.

Con la creación de la sextina, Arnaut Daniel introdujo en la lírica un género de una complicación estructural suma y que da la impresión de ser un pueril rompecabezas, pero cuyo valor poético estriba en la ordenada aparición de las mismas palabras al final de los versos de cada una de las seis estrofas, y que en rigor es un auténtico desafío. Dante y Petrarca, tan entusiastas los dos de Arnaut Daniel, siguiendo su ejemplo, escribieron sextinas en italiano, lo que supuso una gran difusión de esta curiosa composición en la lírica renacentista, que naturalmente alcanzó a los poetas castellanos (Herrera, Gutierre de Cetina, etc) y mucho más tarde al poeta Ezra Pound.

Una dicción extraña y bella

Petrarca, un gran admirador e imitador de Arnaut Daniel, advirtió en él su “dir strano e bello” (“dicción extraña y bella”). Su vocabulario es rebuscado y original, y con frecuencia usa palabras que normalmente tienen un sentido distinto del que él les da al extorsionarlas semánticamente, o que no aparecen nunca en la obra de los demás trovadores.

No deja de ser sorprendente que afirme que el amor de la dama le hace bostezar y desperezarse; que la alegría huella o pisotea la indignación, que su corazón arde o se agrieta, o que brinca y salta; que su amor no se esparce, ni se bifurca, ni se ramifica; que la alegría lo abrocha de esperanza, y que para decir que está callado escriba “permanezco cerrado”, o para afirmar que el frío arrecia diga “el frío se enorgullece”.

La dislocación de conceptos en demanda de una expresión rara y bella, da felices hallazgos a Arnaut Daniel. Uno de los mayores aciertos de nuestro trovador se encuentra en aquellos versos en que afirma:

l’amors qu’inz el cor mi plou
mi ten chaut on plus iverna
el amor que me llueve dentro del corazón
me tiene caliente cuanto más me invierna

La fastuosa sonoridad y la más inesperada inversión de una palabra, a fin de suscitar una rara sugerencia de reino empíreo, se encuentra en los versos en los que para ponderar la excelencia de su dama, Arnaut Daniel escribe:

q’en liei amar agr’ondra-l reis de Dobra
o celh cui es l’Estel e Luna-pampa
porque amarla honraría al rey de Douvres
o aquel de quien son Estella y Pamplona

En el primero de los versos, la sucesión de los sonidos gro, dro y bra producen una solemne aliteración y designa al rey de Inglaterra, a quien pertenecía la ciudad de Dover (en francés Douvres); y en el segundo al rey de Navarra, aludido poéticamente como el señor de Estella y Pamplona, convertida esta última en la retumbante Luna-pampa a fin de asociar los conceptos de estrella y luna.

“Yo soy Arnaut que acumula el aura”

La sugestión de seres o cosas no escritos ni expresados mediante la combinación de sonidos es una de las características más personales de la dicción “extraña y bella” de Arnaut Daniel. Se explica el entusiasmo que Petrarca sintió por Daniel cuando, escondida entre sus versos, varias veces emerge una dama llamada Laura. Se hizo muy famosa una tornada, o estrofa final de un poema, en la que, para ponderar que el amor le hace capaz de realizar cosas imposibles, el trovador proclama: “Ieu sui Arnautz qu’ amas l’aura”. El que oye cantar este verso cree oír: “Yo soy Arnaut, que ama a Laura”, cuando en realidad está diciendo “Yo soy Arnaut que acumula el aura”, o sea que se considera capaz de hacer algo tan imposible como retener el viento.

Una de las más conocidas y celebradas canciones de Arnaut Daniel se inicia con el mismo equívoco, situado en un auténtico laberinto de rimas internas:

L’aur’amara fal.s bruels brancutz
clarzir, que.l dous’espeys’ab fuelhs,
e.ls letz becx dels auzels ramencx
te balbs e mutz, pars e non-pars
El aura amarga hace aclarar los bosquecillos
ramosos, que la dulce espesó con hojas,
y mantiene a los pájaros de las ramas,
balbucientes y mudos,aparejados y no aparejados.

De nuevo el oyente de la canción parece escuchar que el trovador “amaría a Laura”, sino que se refiere al aura amarga, o sea, el viento frío del otoño. En los cuatro versos que hemos leído, Arnaut  Daniel expone una idea clara y sencilla: ha llegado el otoño. Pero queda expresado del siguiente modo: “el viento del otoño hace que los árboles queden despojados de aquellas hojas que el viento de la primavera (el aura dulce) hizo tan espesas, y aquel mismo viento hace enmudecer a los pájaros, tanto los que tienen compañera como los que no.

Es cierto que Arnaut  Daniel  nunca dijo nada nuevo, pero todo lo que dijo lo hizo de un modo nuevo. Para él no habría tenido sentido cultivar el trobar leu, o la dicción directa y clara, porque no le interesaba exponer ideas, sino hacer maravillas con el lenguaje y las rimas.

Tal vez su obra maestra es aquella canción a la que antes nos hemos referido, la que habla del rey de Estella y de Luna-pampa, en la que aparece una sensual y elegante evocación de una escena amorosa en que el cuerpo de una mujer es iluminado por la luz de una lámpara.  Quiera Dios, dice el poeta:

q’ieu e midonz jassam
en la chambra on amdui nos mandem
uns rics convens don tan gran joi atendi,
qe.l seu bel cors baisan rizen descobra
e qe.l remir contra.l lum de la lampa.
que yo y mi señora yazcamos
en la cámara en la que ambos fijemos
una preciosa cita de la que espero tanto placer
que descubra su bello cuerpo besando y riendo
y que lo contemple contra la luz de la lámpara.

En el fondo, Arnaut Daniel considera la forma, en su más exagerada elaboración intelectual,  como un instrumento expresivo de su mundo, en que el poder máximo se halla en la palabra poética escogida y modelada con el mayor de los cuidados. En él la poesía  ha alcanzado un límite de intelectualismo y de filigrana que impide ir más allá; y la poesía amorosa provenzal, rodeada de un mundo irreal y convertida en pura resonancia gracias al arte de Arnaut Daniel, no evolucionará y encontrará muy pocos trovadores que puedan emularlo.

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