El libro de la almohada de Sei Shonagon (c. 1000)

En la tradición japonesa, un libro de almohada  (枕草子 Makura no Sōshi) era una colección de reflexiones personales, supuestamente escritas en el dormitorio.  El ejemplo más conocido es el de Sei Shonagon, dama de compañía de la corte de la emperatriz Sanako durante la era Heian.

Posiblemente sea el nikki o diario íntimo más famoso de la literatura japonesa. También ha sido calificado como “tratado” porque, a lo largo de sus trescientos breves capítulos, además de descripciones de la vida de la corte, incluye partes enteras de aforismos y reflexiones muy cercanas al ensayo en las que la agudeza de la observación y el refinamiento estilístico se conjugan con la ironía y la libertad de juzgar.

Las entradas, que los escribas organizaron en orden temático, no cronológico, para su circulación entre la corte japonesa, incluyen también observaciones sobre la gente y la naturaleza, y van desde el juicio cáustico a la apreciación de los placeres de la vida. Leer esta obra supone atisbar las pequeñeces de la vida cortesana desde un observatorio privado y privilegiado.

Anochece

Anochece y apenas puedo seguir escribiendo. Sin embargo, me gustaría dejar terminadas mis notas por completo, haciendo un último esfuerzo.

Escribí estos apuntes sobre todo lo que vi y sentí, en mi habitación, pensando que no iban a ser conocidas por nadie. Aunque mis anotaciones son triviales y sin importancia, podían parecer malintencionadas e incluso peligrosas a otros; por eso he tenido cuidado en no divulgarlas. Pero ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme.

Un día, el ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz me preguntó:”¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de Historia”. Entonces yo le contesté: “Si fueran míos, los usaría como almohada”. La Emperatriz me dijo: “Entonces, quédatelos”, y me los dio.

Comencé a llenarlos con el relato de rarezas sobre hechos del pasado y toda clase de asuntos. Llené una enorme cantidad de hojas. En mis notas hay muchas cosas incomprensibles. Si hubiera elegido temas que las demás personas consideran interesantes o espléndidos, o si hubiera escrito poemas sobre árboles, plantas, pájaros o insectos, los otros podrían juzgar mis escritos, tendrían derecho a afirmar “conocemos sus sentimientos”. En otras palabras, la crítica sería admisible.

Pero mis notas no son de esta clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía. Nunca esperé recibir, sobre estos escritos casuales, comentarios tan importantes como los que se dedican a notables libros de nuestro tiempo. Me sorprendo cuando escucho cómo los lectores aseguran que se sienten apabullados ante mi trabajo. Pero es natural que actúen así: conozco la mentalidad de aquéllos que hablan bien de lo que detestan, y critican lo que les gusta. Por eso todavía lamento que hayan leído mi libro.

Por otro lado, hay secciones que son verdaderos catálogos de nombres de plantas, de pájaros, de flores, que dan lugar también a listas de cosas que dan pena, cosas que dan vergüenza, cosas tranquilizadoras…

Cosas que emocionan

Pichones de gorrión.
Pasar por un lugar donde juegan niños de pecho.
Ver un espejo extranjero con su luna manchada.
Una persona de alta condición detiene su carroza frente a mi casa, y ordena a su sirviente que solicite una cita.
Encender un incienso muy bueno, y acostarme sola.
Lavarme el cabello, maquillarme y vestir un kimono perfumado. En este caso me siento feliz y noble, aun cuando nadie me observe.
Una noche que espero a mi amante, al escuchar el ruido de la lluvia en mi puerta y el golpeteo del viento, sin motivo y de repente me sobresalto.

Podéis escuchar este kamishibai de  El libro de la almohada. El texto es  de Liliana Lukin (versión libre sobre la obra de Sei Shonagon en traducción de Amalia Sato). Imágenes y banda Gustavo Schwartz.

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