Dhuoda (siglo IX)

Bases.JPG

Fuente: BIESES

“Tú tienes libros y siempre los tendrás, hojéalos, medita sobre ellos, trata de comprenderlos y busca doctores que puedan instruirte; ellos te proporcionarán los modelos que te ayudarán para hacer lo mejor posible la tarea que te impongas.”                                                                                                               Dhuoda, Liber Manualis

 

Este magnifico consejo procede del Liber Manualis, escrito entre 841 y 843 por la noble carolingia Dhuoda de Gascuña.

Dhuoda de Gascuña pertenecía a la alta nobleza. Sus padres fueron el duque de Gascuña, Sancho I López y Aznárez de Aragón, hija del conde de Aragón, Aznar I. Recibió una esmerada educación que le permitió leer y escribir en latín, así como tener amplios conocimientos del griego y el hebreo.

Cuando contaba poco más de 14 años se casó con Bernardo de Gothia, duque de Septimania. Bernardo era primo de Carlomagno y su vida estuvo muy ligada a las empresas militares del rey. Del matrimonio nacerían dos hijos: Guillermo y Bernardo. Cuando su hijo mayor contaba con 15 años y el menor todavía era un bebé, su marido la obligó a  trasladarse a vivir a Uzés, lejos de la corte imperial. Ya no volvería a ver a su marido excepto en contadas ocasiones.

Su esposo, además, la separó de sus hijos: el primogénito, Guillermo fue entregado al rey Carlos como rehén en señal de fidelidad a su señor y el segundo, Bernardo, quedó con su padre, quien se hizo cargo de su manutención y educación. La vida no fue fácil para Guillermo, el primer hijo, ya que murió decapitado con poco más de 24 años por haber intentado apoderarse de Barcelona. No se sabe muy bien qué fue de Bernardo, el pequeño, pero parece que llevó una vida más tranquila y es probable que fuera el padre de Guillermo el Piadoso, fundador de la abadía de Cluny.

Liber Manualis (841-843)

En la soledad de sus dominios, donde había sido retirada contra su voluntad, Dhuoda  sintió la necesidad de mantener el vínculo emocional con los hijos que su esposo le había arrebatado y quiso proporcionarles la educación que le hubiera gustado que recibieran. Escribió para ello el Liber Manualis, primer tratado pedagógico de la Edad Media, publicado en Francia y escrito en versos latinos, dedicado a su hijo mayor.  El libro contenía, a su juicio, la sabiduría necesaria para ser útil en el mundo y lograr la felicidad espiritual. Contra el dolor, conocimiento.

Dhuoda comenzó su libro en el año 841 y lo finalizó dos años después de la separación. Una vez concluido, se lo envió a Guillermo, le invitó a leerlo siempre que pudiera y también lo animó a compartirlo con su hermano pequeño cuando este aprendiera a leer.

Liber Manualis: Paris, BnF, ms. 12293, XI, 2, 3-12 (Creative Commons Licence)

En el Liber Manualis no solo quiso proporcionar  a su hijo normas de conducta ética y moral, sino que también reflexionó sobre la vida, sobre su sentido y cómo vivirla. El libro de Dhuoda se engloba en el género del speculum, un tipo de tratado moral, como ella misma explica en el prólogo, en el que anima al primogénito a mirarse en él como quien reconoce sus defectos en el reflejo que arroja el espejo. La escritora no olvida que se dirige a un adolescente y adapta las fuentes en las que se basa a los ojos y el entendimiento de su hijo. Para ello utiliza un tono sencillo y familiar, marcado, como era de esperar, por una profunda religiosidad, un estricto sentido del deber y la prudencia como actitud vital ante los asuntos mundanos.

El manual de Dhuoda no deja lugar a dudas en cuanto a su excelente formación; pero sobre todo es un reflejo fiel del pensamiento medieval occidental. Por esta razón muchos de los ejemplos e historias están extraídos de la Biblia, otros provienen de sus lecturas de Agustín de Hipona, Gregorio Magno, Alcuino de York, Isidoro de Sevilla, etc.

Un fragmento del Liber Manualis

A la mayor parte de las madres de este mundo les es dado gozar de la proximidad de sus criaturas, mientras yo, Dhuoda, me veo tan lejos de ti, hijo mío Guillermo, y por ello llena de ansiedad y de deseo de serte útil; por ello te envío esta obrita escrita con mi nombre, para que la leas y te formes; me alegraré si, aunque yo esté corporalmente ausente, precisamente este librito te hace pensar, cuando lo leas, en lo que, por amor de mí, debes hacer.

[…]

A muchos les son evidentes muchas cosas que a mí se me esconden; de mis semejantes, de percepción turbada, que carecen de inteligencia, si digo de ellas que están escasas, más todavía yo. Pero está siempre presente el que abre la boca de los mudos y hace elocuentes las lenguas de las niñas y de los niños (Sb. 10, 21). Yo, Dhuoda, aunque de delicado sentido, viviendo indigna entre mujeres dignas, soy, no obstante, tu madre, hijo mío Guillermo, y a ti te dirijo ahora las palabras de mi manual, para que, como el juego de los dados les resulta por cierto tiempo a los jóvenes el más conveniente y adecuado entre todas las artes mundanas, o, también, como algunas mujeres tienen por costumbre examinarse el rostro en el espejo para eliminar las imperfecciones, sacando a relucir su nitidez, pues se esmeran en agradar a sus maridos en el mundo, así yo te pido que, cuando estés apesadumbrado por hordas de actividades mundanas y temporales, leas con frecuencia este librito que yo te dirijo, y, en memoria de mí, como si fuera cosa de espejos y de juegos de dados, no lo descuides.

Aunque tengas cada vez más libros, date el gusto de leer a menudo esta obrita mía, y sé capaz, con la ayuda de Dios omnipotente, de entenderlo para tu propio provecho. Encontrarás en él, en breve, todo lo que desearás conocer; encontrarás también un espejo en el que podrás contemplar sin vacilación el estado de salud de tu alma, de manera que no solo le gustes al mundo sino que puedas gustarle en todo a quien te ha formado del polvo de la tierra (Gn. 1,7): porque es del todo necesario para ti, hijo mío Guillermo, que en los dos negocios te muestres de manera que puedas ser útil en el mundo y tengas el valor de agradarle siempre a Dios en todo.

Lo que más me preocupa, oh hijo Guillermo, es dirigirte palabras de salvación, entre las que mi corazón ardiente y atento se alza en llamas para que tú tengas, en este librito en códice, por deseo mío, testimonio de tu nacimiento, con ayuda de Dios, como está más útilmente ordenado en lo que sigue.

Como suele ser habitual, ha habido quien consideró que una mujer era incapaz de escribir un libro como este y supuso que Dhuoda de Gascuña encargó el Liber manualis a un pedagogo eclesiástico, pero el carácter emocional del texto y las enseñanzas sobre el linaje y familia parecen descartar esa hipótesis como argumenta la profesora Ana Belén Sánchez Prieto en su artículo titulado artículo La educación del mujer antes del año 1000.

Fuentes:

Anuncios