Unidad 2: El sustantivo y el adjetivo

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Antes de empezar la unidad 2, dedicado al estudio morfológico del sustantivo y el adjetivo, podéis leer este poema de Isidoro Blaisten sobre los sustantivos. Bonito, ¿no? Seguro que muchos estáis de acuerdo en que antes de que existieran los verbos era mejor.

Los sustantivos y los adjetivos son viejos conocidos nuestros, llevamos estudiándolos toda la vida, pero, cuidado, ahora lo hacemos con un poco más de profundidad y no olvidamos que a nosotros no nos interesa solo aprender a analizar la forma y la función de un sustantivo: queremos aprender a hacer una valoración estilística de los sustantivos y los adjetivos en textos narrativos, descriptivos y dialogados.

Al terminar la unidad 2, tendréis que haber logrado los siguientes objetivos:

  • Caracterizar morfológicamente el sustantivo.
  • Conocer los diversos modos de expresar el género en los sustantivos y la variación semántica que puedan conllevar.
  • Conocer la forma en que se realiza la variación de número en los sustantivos.
  • Clasificar los sustantivos atendiendo a su significado.
  • Identificar las funciones del sustantivo, así como los procesos de sustantivación de otras clases de palabras.
  • Utilizar correctamente artículos y determinativos con los sustantivos.
  • Conocer la morfología del adjetivo.
  • Conocer la forma de graduar la cualidad en los adjetivos.
  • Distinguir diferentes tipos de adjetivos según su significado.
  • Determinar las posibles funciones de los adjetivos y el valor de su posición junto al sustantivo.
  • Corregir usos equivocados en la cuantificación del adjetivo.
  • Analizar el valor estilístico de los adjetivos de un texto.
  • Aplicar los conocimientos gramaticales de la norma lingüística en la comprensión de textos ajenos y en la composición correcta de los propios.

Materiales con los que contamos:

  • Apuntes: podéis descargar los apuntes del tema en este enlace. También dispondréis de una copia física en vuestra aula.

Unidad 2 El sustantivo y el adjetivo (2017-2018)

  • Presentación PPT: en el aula trabajamos con una presentación de Powepoint. Suele ser útil para aquellos de vosotros que sois más visuales. Podéis descargarla aquí:

Unidad 2. El sustantivo y el adjetivo (2017-2018)

Si no os apetece descargar el ppt. lo podéis ver aquí para repasar:

  • Actividades: estas son las actividades que vamos a trabajar en el aula.

Actividades Unidad 2

 

RESUMEN DE MATERIALES DISPONIBLES

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Actividades de análisis morfológico


[Fuente de la imagen: fotolog.com]

Vamos a realizar las actividades que os he propuesto en la entrada anterior sobre Morfología, pero por si necesitáis trabajar un poquillo más, os incluyo estas actividades interactivas que os pueden resultar útiles para practicar. Tienen la ventaja de que nos permiten hacernos con un corpus interesante de prefijos y sufijos.

  • La profesora María Dolores Villalba Madrid ha preparado estos ejercicios para trabajar los prefijos de negación, oposición, situación e intensidad. Son muy sencillos.
  • El profesor Alfonso Sancho Rodríguez nos ofrece una serie de ejercicios sobre prefijación y sobre sufijación. Estos no son interactivos, por tanto, no se autocorrigen y hay que imprimirlos. Echadles un vistazo.
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Unidad 1: El análisis morfológico y las clases de palabras

[Imagen: Diario Sur]

Comenzamos el curso con el bloque de Conocimiento de la Lengua, en concreto con la Morfología. Este primer tema constituye una profundización en el estudio de las unidades de la lengua en los diferentes niveles gramaticales y un análisis detallado de la morfología de la palabra: tipos de morfemas, clases de palabras y formación de las palabras.

Cuando estudiemos el tema y realicemos las actividades tendréis que ser capaces de:

  • Identificar las diferentes unidades lingüísticas: fonemas, morfemas, palabras, grupos sintácticos y oraciones con la terminología precisa.
  • Conocer las partes de la gramática a partir de la identificación de las diversas unidades de la lengua.
  • Distinguir clara y fundamentadamente los tipos de morfemas.
  • Explicar la estructura de la palabra y determinar su clasificación atendiendo a dicha estructura.
  • Distinguir entre forma y función de los elementos lingüísticos.
  • Comprender los múltiples procedimientos de creación de palabras en castellano: derivación, composición, parasíntesis, abreviaturas, siglas, acrónimos y acortamientos.
  • Ser capaz de construir palabras derivadas, compuestas y parasintéticas.

Materiales con los que trabajamos

  • Apuntes: podéis descargar los apuntes del tema en este enlace. También dispondréis de una copia física en vuestra aula.

Unidad 1. El análisis morfológico y las clases de palabras (2017-2018)

  • Presentación ppt.: en el aula trabajamos con una presentación de Powerpoint. Suele ser útil para aquellos de vosotros que sois más visuales. Podéis descargarla aquí:

Unidad 1. El análisis morfológico y las clases de palabras (2017-2018)

Si no queréis descargar la presentación, podéis echarle un vistazo aquí:

Actividades: aquí están las actividades del tema que vamos a trabajar en clase.

UNIDAD 1. Actividades

 

RESUMEN DE MATERIALES DISPONIBLES

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¡Allá vamos!

 

[Imagen: corre, juega, baila blogger]

Esta semana he tenido el placer de conoceros (y a algunos de vosotros de reencontraros) y hemos empezado explicando las cuestiones básicas del curso: contenidos mínimos, criterios de calificación, plan de recuperación, lecturas, etc.  Os he dado una copia a cada uno con toda esta información, pero es importante que la tengáis presente porque esas son las “reglas del juego”, así que, por si las pérdidas, los olvidos o las misteriosas desapariciones, aquí tenéis una copia digital de la hoja de información inicial. Ya sabéis,  haced clic sobre la imagen y es vuestra:

Como os he dicho en clase este año, además, no vamos a llevar libro de texto; por eso os dejo aquí el temario del curso dividido, como sabéis, en tres secciones:

GRAMÁTICA (CONOCIMIENTO DE LA LENGUA)

  • El análisis morfológico y las clases de palabras. Unidades de la lengua. Partes de la gramática. Morfología: clases de morfemas y clases de palabras. Formación de palabras.
  • El sustantivo. Forma: el género y el número. Significado: clasificación de sustantivos. Función. La sustantivación.
  • El adjetivo. Forma: el género y el número; gradación del adjetivo. Significado. Función. Posición del adjetivo.
  • Los artículos. Determinativos y pronombres. Problemas de diferenciación. El significado: deixis, anáfora y cuantificación. Clasificación: artículos; pronombres personales; demostrativos; posesivos; indefinidos; numerales; relativos, interrogativos y exclamativos.
  • El verbo. Significado y función. La forma del verbo: constituyentes morfológicos. El sistema verbal castellano: la conjugación regular. Estilística de las formas verbales. Las formas no personales. La conjugación irregular. Perífrasis y locuciones verbales.
  • El adverbio y los elementos relacionantes. El adverbio: forma, función y significado. Locuciones adverbiales. Preposiciones y locuciones preposicionales. Conjunciones y locuciones conjuntivas. Interjecciones.
  • Grupos y oraciones. Unidades sintácticas y unidades de comunicación. El análisis sintáctico: unidades sintácticas y funciones. La estructura de los grupos sintácticos: núcleo y modificadores. Clases de grupos sintácticos: nominal, adjetival, adverbial, verbal y preposicional.
  • La estructura oracional. La oración como unidad estructural. Sujeto y predicado: la concordancia. Oraciones impersonales. Los modificadores periféricos. La modalidad oracional: clases de oraciones según su modalidad.
  • El grupo verbal. Análisis del predicado. El núcleo del grupo verbal. Predicado nominal y predicado verbal: el atributo. Los complementos del grupo verbal: complemento directo, de régimen, indirecto, circunstancial, predicativo y agente.
  • Clases de oraciones simples. Oraciones copulativas y semicopulativas. Las oraciones predicativas: transitividad e intransitividad. Oraciones activas y pasivas. Las construcciones pronominales. Los valores de los pronombres átonos.
  • Introducción a la oración compuesta: coordinación y subordinación.

COMUNICACIÓN (COMUNICACIÓN ORAL Y ESCRITA: ESCUCHAR, HABLAR, LEER Y ESCRIBIR)

  • La comunicación. El concepto de comunicación. El proceso comunicativo: elementos. Los signos: clases de signos. Los sistemas de signos. El signo lingüístico: características. Las funciones del lenguaje.
  • El texto y sus propiedades. La adecuación. La coherencia. El concepto de texto. Las propiedades textuales. El texto como estructura comunicativa: adecuación. El texto como estructura semántica: la coherencia textual. Coherencia global: la unidad temática. Coherencia lineal: estructura de ideas y progresión temática. Coherencia local. La cohesión textual. Procedimientos de cohesión: recurrencia, sustitución, elipsis, orden de los constituyentes oracionales. Los conectores discursivos.
  • La tipología textual. Las variedades o formas del discurso
  • Los textos argumentativos. El discurso argumentativo. Aspectos pragmáticos, estructurales y lingüísticos. Tipos de argumento y formas de argumentación.
  • Los textos narrativos. La narración como variedad del discurso. Aspectos pragmáticos y estructurales: los elementos de la narración y las técnicas narrativas. Aspectos lingüísticos de la narración
  • Los textos descriptivos. Aspectos pragmáticos, estructurales y lingüísticos. La expresión en los textos descriptivos.
  • Las variedades de la lengua. Concepto de variedad lingüística. Factores de diversificación lingüística. La variación geográfica o diatópica: lenguas, dialectos y hablas locales. Realidad plurilingüe de España. La situación lingüística de Aragón. La variación social o diastrática. La variación funcional o diafásica. Lengua oral y lengua escrita.
  • La comunicación oral. Técnicas de argumentación oral. Producción de textos orales del medio de comunicación social y del académico.
  • Búsqueda y tratamiento de la información en textos del ámbito académico y de medios de comunicación.

LITERATURA (LA EDUCACIÓN LITERARIA)

  • Características de la lengua literaria: los géneros literarios. Figuras literarias y tropos. La métrica castellana.
  • Breve introducción a la literatura medieval: la poesía oral y la épica. El mester de clerecía. La prosa medieval y el teatro. La lírica tradicional y la poesía cortesana.
  • La literatura del siglo XVI: el pensamiento y la cultura en el Renacimiento. La poesía en el siglo XVI: Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León y Juan de la Cruz. La prosa renacentista. El Lazarillo de Tormes. Miguel de Cervantes. El teatro renacentista.
  • La literatura del siglo XVII: el pensamiento y la cultura en el Barroco. La narrativa barroca: la novela picaresca. El Buscón. La prosa didáctica. La poesía barroca: conceptismo y culteranismo. Baltasar Gracián, Quevedo, Góngora y Lope de Vega. El teatro del XVII: la Comedia Nueva. Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina.
  • La literatura del siglo XVIII. El siglo XVIII. Pensamiento y cultura en el siglo XVIII: la Ilustración. España en el siglo XVIII. La prosa española del siglo XVIII. La poesía y el teatro.
  • La literatura de la primera mitad del siglo XIX. El Romanticismo. Orígenes y desarrollo del Romanticismo español. La poesía romántica. La prosa y el teatro románticos.
  • La literatura de la segunda mitad del siglo XIX. Contexto histórico, social y cultural. El posromanticismo, el realismo y el naturalismo. El realismo y el naturalismo en España. La poesía, la prosa y el teatro realistas.

En fin, chicos, ya sé que el temario asusta y encima lo tenemos que preparar en solo tres horas semanales, pero aquí estoy yo para ayudaros y sé que cuento con todo vuestro esfuerzo e interés. Así que, 1º de Bachillerato ¡allá vamos!

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¡Hola de nuevo!

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Este año me ha vuelto a corresponder impartir clases en 1º de Bachillerato, así que el blog despierta de su letargo y vuelve de nuevo a la vida académica.  Como en otras ocasiones, nuestro blog de aula servirá para complementar a las clases; sobre todo este curso en el que he decidido prescindir de libro de texto y trabajar los contenidos de la materia a través de mis propios materiales.  En fin, el curso está a punto de comenzar; dentro de nada nos veremos las caras en las aulas e iniciaremos el recorrido por 1º de Bachillerato todos juntos. ¡Os espero!

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¡Hasta pronto!

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Durante el curso 2016- 2017 este blog permanecerá en “hibernación”, a la espera de que en otros cursos me vuelva a corresponder la docencia de grupos de 1º de Bachillerato. El blog permanecerá abierto para todos aquellos que deseen consultarlo para estudiar o preparar sus clases (citando siempre la fuente, claro). Aquellos que quieran saber qué estoy haciendo ahora con los alumnos del IES Miguel Catalán sólo tienen que pinchar en los enlaces del blog de los chicos y chicas de 3º de ESO. También puede interesaros consultar el blog de la biblioteca del IES Miguel Catalán, cuyo proyecto coordino. Hasta pronto

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¡Felices vacaciones!

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¡Otro curso más que se acaba! Vosotros, los alumnos, habéis acabado el día 24, los profes nos quedamos un poco más. Como otros años, este curso ha sido para mí estupendo; he disfrutado muchísimo trabajando y estudiando con vosotros. Tengo la suerte de tener uno de los mejores trabajos del mundo y la doble suerte de que este trabajo me guste tanto. Me encanta ayudaros a aprender, a mejorar, ver cómo poco a poco os vais convirtiendo en personas estupendas… Lo dicho: el mejor trabajo del mundo.

Yo seguiré por aquí (también descansaré, claro) preparando algunas cosillas para el curso que viene (ya me conocéis, siempre ando metida en miles de planes y proyectos) y haciéndoos algunas sugerencias de lectura (también podéis consultar las que hago desde el blog de la biblioteca). Os deseo a todos unas muy felices vacaciones, llenas de aventuras y lecturas. Os espero a todos en septiembre. No faltéis ni uno.

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Comentario de un texto de Leopoldo Alas, Clarín: La Regenta

Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y garrulo de las despedidas y los preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince al frisar con los treinta.

No tenía valor, ni aun deseo de mandar a don Álvaro que se callase, que se reportase, que mirase quién era ella. “Bastante lo miraba, bastante se contenía para lo mucho que aseguraba sentir y sentiría de fijo”.

“No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. Y Ana, encendida la mejilla, cerca de la cual hablaba el presidente del Casino, no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística, ni siquiera en que había maridos y magistrales en el mundo. Se sentía caer en un abismo de flotres. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo.

Para lo único que le quedaba un poco de conciencia, fuera de lo presente, era para comparar las delicias que estaba gozando con las que había encontrado en la meditación religiosa. En esta última había un esfuerzo doloroso, una frialdad abstracta, y en rigor, algo enfermizo, una exaltación malsana; y en lo que estaba pasando ahora ella era pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer, salud, fuerza, nada de abstracción, nada de tener que figurarse algo ausente, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva, sin trascender a nada más que la esperanza de que durase eternamente. “No, por allí no se iba a la locura”.

Don Álvaro estaba elocuente; no pedía nada, ni siquiera una respuesta; es más, lloraba, sin llorar, por supuesto, “de pura gratitud, sólo porque le oían”. “¡Había callado tanto tiempo! ¿Que había mil preocupaciones, millones de obstáculos que se oponían a su felicidad? Ya lo sabía él; pero él no pedía más que lástima, y la dicha de que le dejaran hablar, de hacerse oír y de no ser tenido por un libertino vulgar,  necio, que era lo que el vulgo estúpido había querido hacer de él.”

INTRODUCCIÓN
El fragmento pertenece al capítulo 28 de La Regenta de Clarín. Mientras que en los primeros se nos describe la situación y los personajes, a partir del capítulo 15 se desarrollan los acontecimientos en un periodo de tres años. Esta escena se produce en “El Vivero”, la casa de campo de los marqueses de Vegallana, adonde había ido a pasar el día lo más granado de la aristocracia de Vetusta y en donde les había sorprendido una tormenta. Entre los invitados están Ana Ozores (la Regenta) y don Álvaro Mesía. Éste último aprovecha la ocasión para declararle su amor decididamente.
ANÁLISIS
El tema del fragmento es la declaración de amor de don Álvaro a la Regenta, la emoción contenida de ésta y el miedo a los propios sentimientos.
En cuanto a la estructura podemos señalar tres partes:
a) En el primer párrafo, el narrador describe una escena, el ruido, los preparativos de un viaje y una secreta conversación entre dos personas, que no es otra cosa que una declaración de amor de don Álvaro a la Regenta.
b) Los tres párrafos siguientes describen los sentimientos que esa declaración despiertan en la Regenta.
c) El último párrafo refleja las palabras y la actitud de don Álvaro al declararse.
Se trata de un fragmento escrito en una prosa llena de matices y estilos narrativos. No falta la ternura, la emoción ni la ironía. El fragmento es una reproducción de un monólogo interior de Ana Ozores, la Regenta, ella no le contesta con palabras a don Álvaro, todo lo que sabemos nos lo cuenta el narrador. El autor describe una escena emotiva desde el punto de vista de un narrador omnisciente que lo sabe todo acerca de los personajes; realiza una introspección en el alma de la protagonista, reproduciendo sus pensamientos en estilo directo: “No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. En estilo indirecto: “…Ana no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística…”. Y en estilo indirecto libre: “No, por allí no se iba a la locura”.
Reproduce asimismo las palabras de don Álvaro en distintos estilos narrativos y con un matiz irónico que hacen dudar al lector de su sinceridad.
Dentro del realismo, la escena aporta todos los ingredientes de observación y verosimilitud de una narración: descripción de una situación (preparativos de una marcha, confusión, ruido, rapidez..), una tormenta de verano (gotas de lluvia, truenos…) y la conversación íntima al margen de la realidad de dos personajes (la Regenta y Álvaro Mesía).
Esta separación entre lo que sucede fuera y dentro de los personajes está resaltada con maestría por el autor: frente al ruido exterior, el murmullo del amor, frente a la confusión externa, la emoción interna y contenida de la Regenta que le hace sentir por primera vez algo que se parece al placer, a la felicidad.
Lo que sucede en este fragmento es de importancia capital para el desarrollo de la obra; hasta el momento, don Álvaro había extendido las redes para la conquista de la Regenta, pero ella, por miedo, refugiándose en un misticismo agobiante y no del todo sincero, había podido resistirse a unos sentimientos que cada vez se parecían más al amor. En esta escena reconoce internamente el placer que le produce la proximidad de don Álvaro. A partir de este momento, todo va a cambiar. El adulterio se va a consumar y con él el desenlace trágico de la obra.
La maestría de Clarín se demuestra en la introspección que hace del alma de los personajes, sobre todo de la Regenta. Aparece como una mujer cercana a los treinta que nunca había sido amada con pasión, que quería olvidarse de todo lo que la había tenido atada: un matrimonio sin amor, unas relaciones místicas con su confesor que ejercía una clara influencia sobre su alma, que reconoce por primera vez la dicha y el placer de ese momento. Don Álvaro se nos muestra respetuoso y apasionado, y ante todo humilde, sereno, pero hay algo en sus palabras que nos hacen dudar de su sinceridad, de la verdad de su amor hacia la Regenta. Clarín jugará con esa ambigüedad a lo largo de toda la obra. No se parece en nada al conquistador audaz que se nos ha presentado en los primeros capítulos.
En cuanto a la forma lingüística sobresalen las frases cortas y la enumeración de elementos en aquellos momentos en los que el narrador quiere transmitir emoción: “En lo que estaba pasando ahora ella pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer…”
Al mismo tiempo resalta la repetición de formas verbales u otros elementos en forma de anáfora: “bastante lo miraba, bastante se contenía…” Aparecen también oraciones yuxtapuestas con la misma estructura para transmitir esa sensación de emoción, de desasosiego interno.
El léxico es culto y elaborado; cada adjetivo y sustantivo tiene un sentido preciso: “esfuerzo doloroso, frialdad abstracta, exaltación malsana, rigor enfermizo…” referido a la meditación religiosa, frente al amor que es “salud, placer, fuerza, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva”. Aparecen cultismos como “eufemismos, mística, tangible, trascender, elocuente, libertino, vulgo…”, junto con algunas palabras propias de un registro más cotidiano: “garrulo, estrépito, estúpido…”
Destaca, por otra parte, la aparición de expresiones connotativas de un lenguaje poético, figurado y literario para describir el temor de Ana, lo más destacado es: “se sentía caer en un abismo de flores. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo”. Se trata de un juego de palabras centrado en la palabra “caer” que tiene connotaciones negativas: “caer en pecado”, “caer en un abismo”. Pero el juego literario se establece cuando el abismo es de flores; es decir, lo negativo del abismo desaparece ante la fragancia y el placer de las flores: un abismo maravilloso, es una paradoja en el sentido o una sinestesia en la forma, dos palabras que no pueden utilizarse juntas porque sus significados se oponen.
Lo mismo ocurre con “caer el cielo”, es igualmente una paradoja, un sinsentido lleno de connotaciones poéticas: caer presupone un vacío, un hundimiento, pero al cielo se sube, no se cae. Ana es consciente de que su amor por don Álvaro es una caída en el vacío, un pecado, pero para ella esa caída es el paraíso, es la felicidad.
Hay que destacar también la ironía del autor al narrar las palabras de don Álvaro, lo que, como hemos visto ya, nos hace dudar de su sinceridad: “lloraba, sin llorar por supuesto”, “de pura gratitud sólo porque le oían”. Esa actitud humilde y considerada del mayor conquistador de Vetusta provoca ciertas reticencias un tanto sarcásticas; el lector dudará hasta el último momento de verdadero sentimiento de Mesía hacia la Regenta.
CONCLUSIÓN
El texto, en cuanto a su contenido, constituye una escena clave para el desarrollo de la obra: la caída de la Regenta en los brazos del conquistador. En cuanto a la forma es una muestra ejemplar de la utilización de las más variadas técnicas narrativas y de la exploración del alma de los personajes: sus contradicciones, sus emociones y sentimientos. En este sentido es un reflejo de la técnica realista de observación y descripción de ambientes y profundización de los personajes. Por último, la riqueza de léxico, la habilidad en la construcción de oraciones y la fina ironía hacen de Clarín uno de los mejores prosistas del siglo XIX.
[Fuentes:  Texto adaptado de: Alonso Fernández Santos et al., Literatura 2º, Vitoria: Magisterio Casals, 1992; Imagen: http://www.lacomunidad.elpais.com]
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Leopoldo Alas, “Clarín” (1852-1901)

Leopoldo Alas, que utilizó el nombre literario de “Clarín”,  nació en Zamora, pero casi toda su vida transcurrió en Oviedo, de cuya Universidad fue catedrático, primero de derecho humano y después de derecho natural. Clarín fue un hombre enfermizo y de carácter retraído, llevó una vida gris y monótona, dedicado exclusivamente al estudio, a su actividad de escritor y a la docencia. Sin embargo, tuvo la extraordinaria personalidad de un intelectual nato, lúcido e inteligente, inquieto e independiente y agudamente crítico.

El programa de TVE  El arte de vivir dedicó uno de sus capítulos a la vida y la obra de Leopoldo Alas, Clarín. Pinchad en la imagen y lo podréis ver:

La obra de Clarín

desconciertos3.blogspot.com

Clarín cultivó la crítica, el ensayo, la novela y el cuento. Fue uno de los críticos más influyentes y temidos de finales del siglo XIX. Escribió cientos de artículos sobre las tendencias literarias, los autores y las obras del momento, con los que pretendía formar estética y moralmente al lector. Era un hombre extraordinariamente culto y gran conocedor de la literatura y de la filosofía europeas de la época.  Sus artículos, publicados en periódicos y revistas, fueron recogidos en varios libros: Solos de Clarín (1881), Ensayos y revistas (1892) o Palique (1893).

En cuanto a su obra narrativa, confluyen en ella diversas influencias: ciertos elementos del naturalismo, como la observación y la interdependencia entre fisiología y psicología, y la religiosidad de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX, con un cristianismo que propugna la tolerancia.

Su obra narrativa abarca unos sesenta cuentos, algunas novelas cortas y dos novelas extensas. Clarín es uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XIX español. Dos líneas fundamentales caracterizan su producción cuentística: una cordial, de ternura para con los seres humildes y débiles, víctimas de la vida, y otra satírica y crítica. Más que cuentos de intriga, lo son de personajes.


Buscad en la biblioteca del centro (o en cualquier otra) los cuentos de Clarín. Valen la pena. Los que los prefieran en edición digital, no tienen más que clicar sobre los enlaces:

La producción novelística de Clarín está constituida solo por dos obras La Regenta (1884-1885) y Su único hijo (1891)

La Regenta, tedio y lujuria

La obra magna de Leopoldo Alas, Clarín, es La Regenta que, con Fortunata y Jacinta, constituyen las mejores novelas del XIX español. La Regenta relata la vida de Vetusta (Oviedo), una ciudad provinciana, moralmente opresiva e indiferente a la modernidad. Teniendo como fondo la sociedad de la Restauración, la novela une dos grandes temas abordados  por la novela decimonónica: el del adulterio femenino (tratado en Madame Bovary, de Flaubert o en Ana Kareninna, de León Tolstoi) y el del sacerdote enamorado (tratado en Pepita Jiménez y Doña Luz de Juan Valera o en Tormento de Galdós).

La novela narra la insatisfacción y la destrucción de su protagonista, Ana Ozores, una hermosa joven que, casada con el anciano regente Víctor Quintana, se encuentra en el centro del deseo de don Álvaro Mesía —donjuán oficial, decadente y provinciano— y del ambicioso Magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Ana cede ante el primero, y el adulterio provoca el escándalo y la sorda repulsa de la hipócrita sociedad de Vetusta.

La innovación formal, el lenguaje irónico, el detallismo naturalista y una gran profundidad en el análisis psicológico de los personajes constituyen algunos de los aspectos más logrados de La Regenta.

Las reacciones contra La Regenta

Azorín, en su libro Andando y pensando, nos cuenta cómo se recibió La Regenta cuando se publicó el primer volumen en 1885:

En 1885 apareció el primer volumen de La Regenta. Y fechada el 25 de abril del indicado año de 1885, el obispo de Oviedo publicó una pastoral en que se decía, entre otras cosas lo siguiente: “No hace muchos días en que recibieron todos los alumnos de una cátedra de Oviedo como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas, sin que las autoridades académicas ni los compañeros del profesorado —tan puntillosos en otras cosas— tuvieran una palabra de protesta contra ese salteador de honras ajenas.”

Las palabras citadas —especialmente las postreras —eran un poco fuertes. Con fecha 11 de mayo del indicado año, los alumnos de Derecho Romano, la cátedra de Clarín, publicaron espontáneamente una rectificación. No era cierto que Alas hubiera repartido en clase, ni fuera de clase, ejemplares de su novela a los alumnos. No hubo tal reparto —decían los discípulos de Clarín—, “ni aun escuchando de sus labios frase alguna que pudiera referirse al contenido de dicha obra”.

La contestación de Clarín

Leopoldo Alas escribió una larga carta al obispo de Oviedo. “Si no fuera tal vez falta de respeto —dice Alas—, entraría yo aquí ahora en pasmarme de que una personalidad tan ilustrada como el obispo de Oviedo, que tan bien debe de conocer el corazón humano y el comercio de libros en España, haya podido creer que un autor de novelas, que de venderlas vive (y si no come de eso, por menos cena), había de volverse loco hasta el punto de regalar ejemplares de su obra a todos los estudiantes de un cátedra.

Por lo demás —dice—, yo creo que mi novela es moral, porque es sátira de malas costumbres, sin necesidad de aludir a nadie directamente. Ni para bien ni para mal aludo a nadie. Así, por ejemplo, entre mi obispo don Fortunato Camoirán y el actual obispo de Oviedo nadie podrá ver ni el más lejano parecido. Usía, ilustrísimo, usa coche; mi don Fortunato no lo tiene; Camoirán gasta los zapatos remendados, y usía ilustrísima calza bien… Pues si bajamos algo más en jerarquía, encuentro que mi don Fermín de Pas, canónigo y provisor, no se parece a ningún señor canónigo de Oviedo, pues yo atribuyo a mi héroe imaginario unos vicios que aquí nadie tiene y un talento que tendrán muchos prebendos de aquí, pero no en el grado superior, casi genio, que yo me complazco en atribuir al hijo de mi fantasía.”

¿Qué pensáis? ¿Tenía razón el obispo de Oviedo y Clarín era un “salteador de honras ajenas”? ¿La Regenta es un libro “saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas”? Me temo que no os queda más remedio que leerla.

Leer, oír, ver La Regenta.

 Como siempre, os recomiendo que visitéis la biblioteca y localicéis los ejemplares de La Regenta para echarle un vistazo y, si os convence, leerla. Los que deseen una lectura digital pueden hacer clic en la imagen:

Si lo vuestro es escuchar, pinchando en el dibujo podéis oír algunos fragmentos de la novela. 

En 1995 RTVE realizó una serie basada en La Regenta, dirigida por Fernando Méndez-Leite y protagonizada por Aitana Sánchez Gijón, Carmelo Gómez, Juan Luis Galiardo y Héctor Alterio. La serie se puede ver íntegramente online en la página web de RTVE. Pinchad en la imagen y estaréis dentro:

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]
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Comentario de texto de Benito Pérez Galdós: La desheredada

Galdós lee su obra en el salón del doctor Tolosa Latour

Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la Prensa; eran también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tal alta posición para dar gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos investigadores le decían: “Somos la envidia que te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”.
Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra, es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras faraónicas.
Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer, despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales, arzobispos, archipámpanos, y después… ¡ah!, después tenía que echar miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre las manos, y así pasaba algunas horas, oyendo el sordo incesante resbalar del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil, sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se escapaban las cifras huyendo y desapareciendo en menudas partículas del metal líquido por los intersticios de tul del pensamiento? Era preciso pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, con sus graciosas crías, los 75 céntimos.
INTRODUCCIÓN
El fragmento que vamos a comentar pertenece a La desheredada, una novela de Benito Pérez Galdós perteneciente al grupo de novelas que él mismo denominó “Novelas españolas contemporáneas”. Estas obras reflejan fielmente la sociedad del momento, y son continuas las referencias a los hechos políticos contemporáneos a la vez que va creando un universo novelesco que reaparecerá en casi todos los títulos.
ANÁLISIS
El tema que subyace en el fragmento es la crítica a la clase política y a la burocracia, por medio de un loco al que observamos en el manicomio. Tras recibir, imaginariamente, a varias personalidades, se dispone a contar una importante suma de dinero; pero al llegar a millares de pesetas, cree que éstas se han convertido en partículas que se filtran por su cerebro.
Este texto se puede dividir en tres partes, que coinciden con cada párrafo: la primera parte introduce al personaje y tenemos así conocimiento de su locura. La segunda es un inciso del narrador para reflexionar sobre las actitudes de los locos, al tiempo que conocemos el espacio vital de Rufete. La tercera parte narra la febril actividad del loco.
En la primera parte la  introducción de Rufete en el discurso es brusca. De inmediato sabemos que está loco y que vive en el manicomio; también suponemos que cree pertenecer al gobierno. El narrador introduce en tercera persona al personaje en el inicio del discurso, pero poco a po va a cambiar esa forma narrativa por el estilo indirecto libre. Para ello se sirve de la sinonimia parcial: los loqueros son funcionarios, y éstos son odiados por el protagonista, quien acto seguido los identifica con otros elementos políticos (oposición, minoría, prensa) por medio del narrador. Esto permite al narrador —tras una enumeración paralelística de los problemas del país: “eran también el país que le vigilaba, le preguntaba por el comercio… por el crédito muerto…”— dar la palabra al personaje, pero no de forma directa, sino a través del ya aludido estilo indirecto libre (“Pero ya le pondría él… ). El cambio de un agente a otro no es brusco sino paulatino. En cierta medida también ha cambiado el léxico: Rufete, en su locura, utiliza formas coloquiales para referirse a los graves problemas que le afectan como jefe de gobierno; al cambiar de hablante —aunque sea siempre por medio del narrador— varía la expresión (formas coloquiales: “las peras a cuarto…”; personificaciones “señor país” o expresiones familiares: “señores tiesos”) para que sea evidente que el autor ya no narra lo que ve el personaje sino que recoge sus pensamientos. La siguiente enumeración, también paralelística (“que en todo querían meterse, que todo lo querían saber”) muestra la indignación del loco, el pensamiento fluido de Rufete ante la actitud de los loqueros, lo que culmina con la expresión “eminentísimo”, resumen de la fiebre por los tratamientos que sufren los poderosos. Galdós sigue reflejando el pensamiento de Rufete, pero a la vez imprime en las palabras de Galdós un sello de ironía: “espantajos” denomina el loco a sus cuidadores, a sus funcionarios; “espantajos” son, por aquella igualdad que antes se comentaba, los poderes públicos.
El narrador ha asumido plenamente al personaje, conoce perfectamente lo que piensa y lo que le ocurre: es un autor omnisciente que presenta como objetivo el pensamiento subjetivo de Rufete, y por medio de la paradoja “te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”  eleva la condición individual de Rufete a idea general: el poder, por medio de las más sucias artimañas, encumbra a sus criaturas.
En la segunda parte, el narrador omnisciente interviene expresando sus opiniones, para lo que utiliza las formas verbales de presente. A modo de inciso, y por medio de una metáfora (“los habitantes del corral”), expresa la manía de los locos por poseer un lugar. Enumera, mediante el asíndeton y el paralelismo sintáctico (“de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra”), los sitios preferidos, todos ellos humildes y poco atractivos. La estructura nominal, identificativa, da pie  a la introducción de un juicio de valor del novelista: el vocablo “simpatía”, con el sentido de ‘acto agradable’, expresa el reflejo de la realidad desvirtuada a la que el loco intenta asirse en su desorden mental, en la “región de tinieblas en que vive su espíritu”. Con estas palabras Galdós inunda de ternura hacia estos seres desvalidos la caricatura despiadada de la sociedad que era hasta entonces el fragmento.
Después de la idea general sobre los locos, el narrador vuelve a repetir los conceptos “pared, ángulo, mancha de sombra” para comentar cuáles corresponden a Rufete. Mediante la dispersión de los términos, Galdós ejemplifica en su protagonista la aseveración antes realizada.
El “ángulo del patio” se transforma gracias a una simbolización: la metáfora aposicional evita el verbo copulativo y se añaden las imágenes paralelísticas: “tribuna de sus discursos, trono de su poder…” al término real “ángulo del patio”. Mediante este procedimiento, la identificacion entre realidad e imagen se produce gradual pero inequívocamente. En cierta medida la elección del lugar tendría su lógica, pues la pared imitaba una muralla egipcia, majestuosa, poderosa. El uso de los gerundios (“cayéndose, manchando”) da a la acción un tono de continuidad que aclara la idea de cotidianeidad del proceso de degradación de la pared y, con ella, de Rufete.
La tercera parte, la más extensa, hace hincapié en el estado mental del enfermo. La acción externa da paso a la acción interna. Para la acción externa el novelista se sirve de la descripción, para la interna recobra el estilo indirecto libre. Rufete comienza con sus audiencias y desfilan elevados personajes (“secretarios, generales…”) que representan los principales estamentos de la sociedad decimonónica. La enumeración finaliza con los “archipámpanos”, los personajes de más alta dignidad para Rufete porque son los únicos imaginarios, con lo cual Galdós recalca nuevamente su locura.
La exclamación (“¡ah!”) indica que Rufete se siente satisfecho porque, tras las obligaciones menores, se dispone a firmar los documentos. Para incidir en lo pesado del esfuerzo se utiliza la fórmula gradual de elevar la cantidad del numeral (“miles… millones, billones, cuatrillones…”) repitiendo el complemento partitivo “de firmas” en el primero y el último de lo miembros.
El narrador se sitúa de nuevo en la posición de espectador y describe los movimientos de Rufete (“se sentaba, cruzaba, hundía, pasaba”. La última frase añade la referencia a una de las locuras de Rufete: cree que tiene una gota de mercurio en la cabeza. De contar firmas, el loco pasa a contar dinero y de nuevo el narrador comenta los sentimientos que Rufete le produce al referirse a él como “el infeliz”. Siente piedad hacia su personaje porque es un marginado, y porque la locura ha surgido en él a causa de su celo en el trabajo. Ésta es la razón por la que cuenta incansablemente la cantidad exacta.
Galdós recurre otra vez al estilo indirecto libre porque vuelve a entrar en los pensamientos del protagonista, ahora de manera más firme que en los casos anteriores, pues esta última utilización se acerca considerablemente a la técnica del monólogo interior tan utilizada en la novela del siglo XX. Ahora el discurrir es más lógico porque nos hallamos inmersos en la cabeza de Rufete; de ahí la identificación de las pesetas con las partículas de mercurio (“metal líquido”), a través del cerebro (“intersticios del tul del pensamiento”). El proceso lingüístico de identificación es complejo, pues el autor se basa en el uso de metáforas encadenadas: las cifras se convierten en partículas gracias a los gerundios que hacen subordinar esta segunda afirmación a la primera, más lógica. El contenido semántico de estas formas verbales (“huyendo, desapareciendo”) indica la transformación de algo abstracto (“cifras”) en algo concreto y físico (“partículas”). Para la identificación entre “el pensamiento =cerebro” y “una tela por donde se filtra un líquido= mercurio”, se sirve de otro tipo de metáforas: “tul del pensamiento”. El último paso del proceso de Rufete es sencillo: si el pensamiento es el tul, con “pensar fuerte” se conseguirá “espesar la tela” y por tanto, no se filtrarán las pesetas, que además se desarrollan y multiplican teniendo descendencia. Rufete identifica los céntimos con las “graciosas crías” de las pesetas.
CONCLUSIÓN
Procediendo de lo general a lo particular, Galdós inicia su parlamento con una crítica a los poderes de su tiempo encarnados en los habitantes de un manicomio para, finalmente, fijar su atención sobre el personaje de Rufete. Este encarna la figura del jefe de gobierno, por una parte, dentro de esa sociedad alegórica que el novelista nos pretende mostrar; y, por otra, el producto real de la misma: un loco que sueña con la contabilidad. Además de presentarnos como espectador al protagonista, el escritor se sirve del estilo indirecto libre para dar paso a los pensamientos de aquel, pero —como suele ocurrir con el narrador omnisciente— no resiste la tentación de opinar él mismo sobre el asunto. El fragmento es, por tanto, un excelente ejemplo de las técnicas narrativas más modernas, utilizadas por un cuidadoso escritor realista.
[Fuente: Gala Blasco Aparicio, Comentario de texto 18: Benito Pérez Galdós, La desheredada, Estella, Cénlit, 1992]
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