Comentario de un texto barroco: Quevedo

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DEFINIENDO EL AMOR

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado,
es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente
un amar solamente ser amado,
es una libertad encarcelada
que dura hasta el postrero paroxismo,
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, este es su abismo:
¡mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Contextualización

Se trata de un poema de Francisco de Quevedo uno de los poetas más importantes del siglo XVII, cuya obra poética, extensísima, trata los más diversos temas. Este, en concreto, pertenece a la temática amorosa y, por tanto, se ciñe a la tradición petrarquista del amor que caracteriza las composiciones amorosas de Quevedo. Sin embargo, hay que recordar que Quevedo es un poeta barroco y que él va a darnos una visión del amor más apasionada e intensa que la de otros poetas que han tratado el mismo tema.

No es raro, en este sentido, que los poetas escriban poemas donde se define el amor, ya en el siglo XIV, Jorge Manrique había tratado el tema en su composición “Diciendo qué cosa es el amor” y en el mismo siglo XVII, Lope de Vega había hecho su propia definición del amor en un excelente soneto.

El poema, además, es una excelente muestra de la corriente conceptista del Barroco, de la que formó parte su autor, Francisco de Quevedo. El conceptismo se propone ahondar en las posibilidades del idioma, llegar a una expresión depurada de las ideas (los conceptos) a través del ingenio, estimulando la reflexión del lector en poemas como este, y su sentido del humor en otros.

Tema

Como el propio título indica, el poema nos presenta una definición del amor que se centra en los comportamientos y emociones contradictorias que este sentimiento produce. En el desarrollo del tema vemos cómo Quevedo se ciñe a las metáforas clásicas del amor:

  • El amor como fuego.
  • El amor como una herida que produce dolor y placer al mismo tiempo.
  • El amor como una enfermedad de la que el amante no se quiere curar.
  • El amor como una prisión.
  • El amor como una experiencia ambivalente de placer y dolor donde el amante busca lograr su deseo sin importarle el daño que esto le cause.

Estructura

En cuanto a la estructura externa, el poema se ajusta a la métrica del soneto (catorce versos endecasílabos, agrupados en dos cuartetos y dos tercetos con rima ABBA, ABBA, CDC,DCD. Los tercetos, como puede apreciarse con encadenados.

La estructura externa del soneto determina con frecuencia la estructura interna del poema, es decir, la distribución de las ideas se organizan tomando como base las distintas estrofas. En este soneto, por ejemplo, los dos cuartetos y el primer terceto constituyen un único periodo sintáctico que expone la descripción del sentimiento. En el segundo terceto, el poeta resume todo lo anterior y expone una conclusión: ¿qué se puede esperar de un sentimiento, que se define precisamente por su naturaleza contradictoria?

Estilo

45ff933f5a516f803da39e52f5da1db8El soneto de Quevedo pretende ser una definición del amor, pero en lugar de utilizar un tono expositivo, objetivo y concreto, opta —como corresponde a una poema lírico— por expresar sus propios sentimientos  volcados en la estructura de oraciones copulativas yuxtapuestas propias de la definición (“es hielo… es fuego… es herida… es un soñado bien… es un breve descanso… es un descuido…) Todas estas oraciones están estructuradas en paralelismos sintácticos, de modo que la repetición de la estructura produzca un efecto intensificador. A ello contribuye la anáfora de los cinco primeros versos, encabezados por el verbo “es”.

Quevedo está definiendo un sentimiento que, por esencia, se caracteriza por sus contradicciones. Por ello los recursos basados en la oposición serán los más frecuentes; encontramos, en este sentido, un buen número de antítesis (hielo/fuego; bien/mal; descanso/cansado; descuido/ cuidado; cobarde/valiente; solitario/gente. Esta antítesis de refuerza con la presencia del quiasmo en algunas ocasiones (“un soñado bien, un mal presente”), pero sobre todo con la paradoja (“andar solitario entre la gente”, “enfermedad que crece si es curada”) y el oxímoron (“hielo abrasador”, “fuego helado”, “libertad encarcelada”).

La expresión del sentimiento amoroso encuentra, pues, su cauce perfecto en la acumulación de estos recursos de oposición que persiguen transmitir la dolorosa contradicción que produce el amor en quien lo padece. El texto, además, está dispuesto en una estructura reiterativa que intensifica un dinamismo que transmite el apasionamiento y la hondura del sentimiento. Este dinamismo solo cesa en la pausa que se produce entre los dos tercetos (el primer punto del poema), donde la lectura acelerada que las anáforas y los paralelismo encuentran un respiro antes de que el último terceto nos aclare que está hablando del amor, personificado en el dios Cupido (el niño Amor), y en la que el poeta en una exclamación apasionada interpela al lector para conducirle a la conclusión fina: el amor es una experiencia contradictoria que, sin embargo, se desea tener.

Valoración

El amor, en Quevedo, se presenta de una forma contradictoria: por un lado vence la angustia del tiempo que transcurre inexorablemente, pues perdura más allá de la muerte. Pero, por otra parte, este sentimiento está dirigido a un ideal inalcanzable y, por tanto, es una frustración más. Este poema, con su disposición anafórica reiterativa, sus recursos basados en la contradicción y su perfecta estructuración es un excelente ejemplo de la poesía conceptista de Quevedo.