Cervantes, novelista: Los trabajos de Persiles y Sigismunda

¿Os atrevéis a viajar del norte al sur de Europa junto a dos enamorados haciendo frente a piratas, monstruos marinos, frío e inanición? No temáis, os espera un final feliz.  Como diría Virgilio: “Omnia vincit Amor”, o sea, el amor todo lo vence.

Aventuraos y  viajad junto al príncipe Persiles y la princesa Sigismunda. Seguidme:

Este vídeo pertenece al gabinete bibliográfico  “Viaje alrededor del Persiles”, que el  Instituto Cervantes exhibió en su sede central de Madrid, con motivo del cuarto centenario del libro que cierra la producción cervantina. Miguel de Cervantes terminó de escribir Los trabajos de Persiles y Sigismunda unos días antes de morir y no pudo ver publicada la que consideraba la mejor de todas sus obras.

220px-Los_trabajos_de_Persiles_y_Sigismunda_(1617).png

Los trabajos de Persiles y Sigismunda se publicó en 1617. Cervantes había fallecido en 1616, unos días después de terminarla, sin haber tenido tiempo para revisarla. En este momento final de su vida Cervantes se encuentra en una situación de pobreza y descrédito entre los cenáculos literarios de la época, aunque el autor era muy conocido por su Quijote. Como nos recuerda Francisco Rico, uno de los mayores especialistas en la vida y la obra de Cervantes: “En la sociedad literaria madrileña es visto como un viejo chocho, como un hombre de otro tiempo que ha sobrevivido a sí mismo. Cuenta Lope que, estando en una reunión de la llamada academia de entonces, él leyó unos versos con unos lentes que le prestó Cervantes, y estos lentes le parecen a Lope como huevos rotos, estrellados.” Pese a todo, Cervantes muere trabajando; sigue entregado a la literatura, ilusionado por acabar Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

La novela tuvo el éxito que cabía esperar viniendo de un autor que podía permitirse bromear en el prólogo de su libro con su condición de “el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre y finalmente el regocijo de las Musas”. En el primer año de la aparición del Persiles se hicieron hasta seis reimpresiones; este éxito llevó a Lope de Vega a promover una segunda edición de su novela El peregrino en su patria (1618).

viaje_persiles_recortado.jpgLa novela es un relato de aventuras enmarcado en la corriente de la novela bizantina. Cuenta las peripecias del príncipe Persiles y la princesa Sigismunda, dos enamorados que emprenden un viaje de norte a sur de la geografía europea con identidades falsas (Periandro y Auristela) fingiéndose hermanos para ocultar su amor y huir del príncipe Magsimino. En el transcurso del viaje, atravesando lugares utópicos como Golandia, la isla de Policarpo o la isla de las Ermitas, los protagonistas deberán sortear múltiples peligros hasta su unión definitiva en Roma: a Auristela la raptan unos piratas, Periandro ha de enfrentarse al temible monstruo marino Fisíter… Pero al llegar al mundo meridional descubren que tampoco está libre de peligros y lo que prometía ser tierra de promisión, está sembrado de casos peregrinos que denuncian un mundo en el que nada es lo que parece.

Cervantes construyó la novela sobre tres conceptos:

  • El bizantinismo de la forma. La novela bizantina permitía desplazar a los personajes por territorios geográficos muy diversos y atractivos. Esta novela tiene un subtítulo: Historia septentrional. De este modo se refiere al espacio en el que se desarrolla buena parte del relato: las tierras y mares nórdicos, que para los escritores de la época estaban asociadas a un mundo fantástico y exótico.
  • La estructura de la cadena del ser. La novela sigue una estructura según la cual todo lo creado constituye un eslabón de una cadena, en la que cada elemento es más grande que su antecedente, pero más pequeño que su sucesor. En la novela la aparición de los personajes está sujeta a esta estructura en cuanto a la calidad moral de cada uno de ellos.
  • La peregrinación como símbolo de la transitoriedad de la vida. El peregrino se convierte en un personaje literario. En él confluyen las virtudes cristianas del caballero medieval, los ideales católicos de la Contrarreforma y los ideales platónicos del cortesano renacentista. Cervantes, al hacer a sus protagonistas peregrinos y engarzar también en ellos una peregrinación de amor construye en la novela una alegoría de la vida humana. Este concepto de la peregrinación se percibe en la etimología de los nombres que adoptan los protagonistas para iniciar su aventura. Persiles se hace llamar Periandro, que significa ‘el hombre peregrino’, es decir, el homo viator por antonomasia y Sigismunda adopta el nombre de Auristela, que significa ‘estrella de oro’, que es la luz y guía de Persiles en su peregrinación.

Con su última novela, Cervantes quiso hacer un ejercicio formal que lo librara de la sombra irregular del Quijote. Fue un propósito largamente meditado y motivo de frecuentes anuncios de obras anteriores.. En la dedicatoria al conde de Lemos que precede a la Segunda Parte del Quijote dice que su libro ha de ser “o el más malo o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero decir de los de entretenimiento”. También lo había prometido en el prólogo de las Novelas Ejemplares diciendo que era “libro que se atreve a competir con Heliodoro”, es decir, con el modelo de la ficción “bizantina” según la sensibilidad estética del siglo XVI;  en la dedicatoria de las Ocho comedias y en el capítulo IV del Viaje del Parnaso.  No solo lo anunció en los prólogos de sus diversos libros, sino que en el capítulo 47 de la primera parte del Quijote hace exponer al canónigo toledano sus ideas sobre cómo debía escribirse un libro de caballerías ideal: una novela sin las exageraciones y extravagancias que él tanto detestaba, pero que conservara los atractivos de las novelas de amor y aventuras manteniendo los principios de verosimilitud, unidad dentro de la variedad, decoro y ejemplaridad:

y dijo que, con todo cuanto mal había dicho de tales libros, hallaba en ellos una cosa buena, que era el sujeto que ofrecían para que un buen entendimiento pudiese mostrarse en ellos, porque daban largo y espacioso campo por donde sin empacho alguno pudiese correr la pluma, describiendo naufragios, tormentas, rencuentros y batallas, pintando un capitán valeroso con todas las partes que para ser tal se requieren, mostrándose prudente previniendo las astucias de sus enemigos y elocuente orador persuadiendo o disuadiendo a sus soldados, maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer; pintando ora un lamentable y trágico suceso, ahora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una hermosísima dama, honesta, discreta y recatada; aquí un caballero cristiano, valiente y comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón; acá un príncipe cortés, valeroso y bien mirado; representando bondad y lealtad de vasallos, grandezas y mercedes de señores. Ya puede mostrarse astrólogo, ya cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente en las materias de estado, y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse nigromante, si quisiere. […] Porque la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria: que la épica tan bien puede escrebirse en prosa como en verso.

 

 

La novela se estructura en cuatro libros: los dos primeros ocurren, como hemos señalado antes, en las exóticas y bárbaras tierras del norte, donde apenas brilla la luz del cristianismo; los dos últimos sitúan a los personajes en escenarios conocidos de Portugal, España, Francia e Italia, hasta acabar en Roma, “el cielo de la tierra”.

Algunos textos de Los trabajos de Persiles y Sigismunda

Uno de los elementos clave de las novelas bizantinas son las tormentas. Lee esta descripción de una de ellas:

La tormenta creció de manera que agotó la ciencia de los marineros, la solicitud del capitán y finalmente la esperanza de remedio en todos. Ya no se oían voces que mandaban hágase esto o aquello, sino gritos de plegarias y votos que se hacían y a los cielos se enviaban. Y llegó a tanto esta miseria y estrecheza que Transila no se acordaba de Ladislao, Auristela de Periandro: que uno de los efectos poderosos de la muerte es borrar de la memoria todas las cosas de la vida y pues llega a hacer que no se sienta la pasión celosa, téngase por dicho que puede lo imposible. No había allí reloj de arena que distinguiese las horas, ni aguja que señalase el viento, ni buen tino que atinase el lugar donde estaban. Todo era confusión, todo era grita, todo suspiros y todo plegarias. Desmayó el capitán, abandonáronse los marineros, rindiéronse las humanas fuerzas, y poco a poco el desmayo llamó al silencio, que ocupó las voces de los más míseros que se quejaban.
Atrevióse el mar insolente a pasearse por cima de la cubierta del navío, y aun visitar las más altas gavías, las cuales también ellas, casi como en venganza de su agravio, besaron las arenas de su profundidad. Finalmente, al parecer del día —si puede llamarse día el que no trae consigo claridad alguna—, la nave se estuvo queda y estancó, sin moverse a parte alguna, que es uno de los peligros, fuera del de anegarse, que le puede suceder a un bajel; finalmente, combatida de un huracán furioso, como si la volvieran con algún artificio, puso la gavia mayor en la hondura de las aguas y la quilla descubrió los cielos, quedado hecha sepultura de cuantos en ella estaba. 

Auristela (el nombre fingido de Sigismunda), la bellísima y virtuosa princesa protagonista de la novela, atraviesa un gran número de aventuras: naufragios, raptos, cautiverios, separaciones, encuentros…

—Escuche, que en cifra te diré mis males. El capitán y señor de este navío se llama Arnaldo; es hijo heredero del rey de Dinamarca, a cuyo poder vino, por diferentes y extraños acontecimientos, una principal doncella, a quien yo tuve por señora, a mi parecer de tanta hermosura que, entre las que hoy viven en el mundo, y entre aquellas que puede pintar en la imaginación el más agudo entendimiento, puede llevar la ventaja. Su discreción iguala a su belleza y, sus desdichas, a su discreción y a su hermosura; su nombre es Auristela; sus padres, de linaje de reyes y de riquísimo estado. Esta, pues, a quien todas estas alabanzas vienen cortas, se vio vendida y comprada de Arnaldo, y con tanto ahínco y con tanta veras la amó y la ama, que mil veces de esclava la quiso hacer su señora, admitiéndola por su legítima esposa, y esto con voluntad del rey, padre de Arnaldo, que juzgó que las raras virtudes y gentileza de Auristela mucho más que ser reina merecían; pero ella se defendía, diciendo no ser posible romper un voto que tenía hecho de guardar virginidad toda su vida, y que no pensaba quebrarle en ninguna manera, si bien la solicitasen promesas o la amenazasen muertes. Pero no por esto ha dejado Arnaldo de entretener sus esperanzas con dudosas imaginaciones, arrimándolas a la variación de los tiempos y a la mudable condición de las mujeres, hasta que sucedió  que, andando mi señora Auristela por la ribera del mar, solazándose no como esclava, sino como reina, llegaron unos bajeles de corsarios y la robaron y llevaron no se sabe  adónde.

En el libro segundo del Persiles, Auristela (Sigismunda) se encuentra en una contradictoria situación: la bella Sinforosa, enamorada de Periando (Persiles), le ha pedido que interceda en su favor para que él la acepte como esposa. Puesto que Auristela se hace pasar por la hermana de Periando, se ve dolorosamente convertida en casamentera de su propio amante. Aquí tienes la respuesta que da a Sinforosa, cuando esta le pregunta por el estado de la cuestión:

Mi hermano Periandro es agradecido como principal caballero, y es discreto como andante peregrino: que el ver mucho y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres. Mis trabajos y los de mi hermano nos van leyendo en cuánto debemos estimar el sosiego, y pues que el que nos ofrece es tal, sin duda imagino que le habremos de admitir; pero hasta ahora no me ha respondido nada Periandor, ni sé de su voluntad cosa que pueda alentar tu esperanza ni desmayarla. Da, ¡oh bella Sinforosa! algún tiempo al tiempo, y déjanos considerar el bien de tus promesas porque, puestas en obra, sepamos estimarlas. Las obras que no se han de hacer más de una vez, si se yerran, no se pueden enmendar en la segunda, pues no la tienen, y el casamiento es una de estas acciones, y así, es menester que se considere bien antes que se haga puesto que los términos de esta consideración los doy por pasados, y hallo que tú alcanzarás tus deseos, y yo admitiré tus promesas y consejos.

La afirmación de Auristela: “El mucho ver y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres” es una arraigada convicción de Cervantes.  que encontramos en otros momentos de su obra. Por ejemplo, en El licenciado Vidriera (“Las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos” o en El coloquio de los perros “El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos”.

Lo que pasa por no atender en clase: ¿Sigismunda o Segismunda?

errata-cervantes--644x362

Esta es la placa que el Ayuntamiento de Madrid  instaló en la tumba de Cervantes. ¿Veis algo raro? Leed la última línea: según el Ayuntamiento de Madrid la última novela de Cervantes se tituló Los trabajos de Persiles y Segismunda…  Se ve que alguien en el Ayuntamiento no atendió cuando su profesor o profesora de Literatura le explicó que la última novela de Cervantes, publicada póstumamente por su mujer, se titulaba Los trabajos de Persiles y Sigismunda, sí, con i.  Lo dicho, que hay que atender en clase.

ornament-1332804_960_720.png

[Fuentes: PEDRAZA, Felipe B. y RODRÍGUEZ, Milagros (1981), Manual de literatura española. IV. Barroco: Teatro, Pamplona: Editorial CENLIT; BLECUA, José Manuel [et al.] (2008), Lengua castellana y Literatura 1º, Madrid: Editorial SM; FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO, Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana; ESCRIBANO, Elena [et al.](2008), Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, VALENCIA: ECIR; MARTÍ, S. [et al.] (2002), Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Barcelona: Teide; MARTÍ, S. [et al.] (2015) Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Barcelona: Teide; MATEOS DONAIRE, E. [et al.] (2015), Lengua castellana y literatura 1º Bachillerato, Madrid: McGrawHill; RIQUELME, J. [et al.] (2015), Lengua castellana y literatura 1º Bachillerato, Valencia: Micomicona; GARCÍA GUTIÉRREZ, M. [et al.] (2015), Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato. Serie Comenta, Madrid: Santillana; GUTIÉRREZ, S. [et al.] (2015) Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Madrid: Anaya.]