La prosa narrativa renacentista

En la época que corresponde al reinado de Carlos V, España no solo constituye el imperio mayor hasta entonces conocido, sino un hervidero de debates y polémicas sobre todo lo humano y lo divino.

El castellano ya ha llegado a su mayoría de edad y se convierte en un idioma estudiado en todas las universidades importantes de la época y en el vehículo adecuado para transmitir cualquier clase de conocimientos, fantasías y opiniones, sea en forma descriptiva, narrativa o dialogada.

La prosa narrativa adquiere gran importancia en este siglo debido al incremento de lectores. Se mantienen y modifican diversas formas de relato del siglo XV (los libros de caballerías, de ficción sentimental y de aventuras), pero nacen también diversos géneros y obras de entretenimiento.

A lo largo del Renacimiento se desarrollan dos tendencias narrativas: una de ellas, de carácter idealista, abarca relatos aventureros y narraciones fantásticas; la otra, de carácter realista, llama la atención por la forma en que describe personajes y ambientes.

La novela idealista

La novela se desarrolló plenamente durante el Renacimiento. La nueva mentalidad burguesa y cambiante propició la evolución de los relatos, generalmente breves y cuyo asunto solían ser los amores desgraciados de una pareja de amantes.

El modelo lo había proporcionado Boccaccio en su Elegía de Madonna Fiammetta. Estos relatos medievales se caracterizaban por su composición a base de formas no propiamente narrativas, como la poesía trovadoresca, el sermón o la epístola.

Fue precisamente esta última la que con el paso del tiempo llegó a ser el núcleo inicial del género novelesco, en el que se plantea la tensión entre el mundo cortés, ya en plena decadencia, y la nueva mentalidad burguesa.

La palabra novela procede del italiano “novella”, que significaba relato corto. La narración larga se designaba con términos como tratado, libro, historia…

Las novelas idealistas que más triunfan en el siglo XVI son:

La novela es el género burgués por antonomasia. Es lógico que alcance su mayoría de edad en el Renacimiento. No es, en cambio, tan lógico que el género de mayor éxito en los arranques de la Edad Moderna, los libros de caballerías, sostenga los ideales aristocráticos de tiempos anteriores. Sabemos por mil referencias el favor de que gozaron estos textos. Como ha apuntado Blecua, con ellos “se inicia el negocio editorial de la novela moderna y su posible repercusión en la sociedad”. El éxito de esta literatura quizá se debiera a que se reflejaba los deseos e ideales de las clases lectoras, en especial la aristocracia.

damaLos libros de caballerías: eran la lectura preferida en la corte; luego, la moda se extendió a estamentos inferiores. Se presentaban como relatos verídicos que habían sido escritos en alguna lengua extraña, y el autor se declaraba mero traductor de la novela (una ficción que repetiría Cervantes en el Quijote). El éxito de los relatos caballerescos pudo deberse a que presentaban un modelo de caballero heredero del héroe épico: ejemplar guerrero, fiel enamorado y aventurero idealista, y a la tajante división entre personajes positivos y negativos. Los libros de caballerías, que situaban la acción en la Edad Media y en países lejanos, y que narraban sucesos fantásticos, reflejaban una cierta nostalgia de la estética medieval, ya que empleaban un lenguaje arcaizante y estaban escritas en letra gótica; estos rasgos les daban un aire antiguo y aristocratizante. Los erasmistas y humanistas criticaron las novelas de caballerías por su inverosimilitud y sensualidad.

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Tarde llega a España la novela pastoril, producto típico del Renacimiento por su neoplatonismo, su amor a la naturaleza idealizada y su gusto por la introspección psicológica. Pese al éxito de La Arcadia de Jacopo Sannazaro (1481-1486), el género tarda más de medio siglo en entrar en España. La publicación de La Diana de Jorge de Montemayor (1558-1559) inicia entre nosotros la novela pastoril, cuya vida se extiende a lo largo del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII.

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La novela bizantina o novela griega imita un relato de Heliodoro descubierto en 1534 y cuenta las aventuras de una pareja de enamorados, siempre de alto linaje. Combina la historia amorosa con innumerables peripecias: viajes, raptos, naufragios, separaciones y encuentros fortuitos. Suele tener un final feliz, muchas veces termina con la boda de los protagonistas, que han superado muchas pruebas antes del encuentro final. Este tipo de novela fue valorado por los erasmistas por su visión moralizadora y su exaltación del amor casto.

El escaso desarrollo de la novela bizantina pertenece también a la segunda mitad del siglo XVI, aunque las obras más famosas (El peregrino en su patria de Lope de Vega y Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Cervantes) se escriben y publican en el siglo XVII.

La novela morisca es producto de la maurofilia que refleja también el Romancero nuevo. No deja de ser sorprendente que este fenómeno se dé inmediatamente después de la sublevación de as Alpujaras.

arabkar99La novela morisca triunfó a raíz de la publicación de la historia de El Abencerraje, también conocida como Abindarraez y la hermosa Jarifa. El relato apareció intercalado dentro de una novela, como una historia que narra una pastora dentro de La Diana  de Montemayor, quien probablemente fue el autor de este primer relato morisco. El protagonista es un joven moro, valiente y galante, tipo que ya había aparecido en los romances moriscos. El gusto por el exotismo, el refinamiento y el colorido de un idealizado mundo musulmán pervivirá en muchos escritores posteriores, como Cervantes, en el Quijote, y Lope de Vega, autor de romances moriscos.

En los primeros años del siglo asistimos también al desarrollo de la novela sentimental, que se había fraguado igualmente en la Edad Media.

Producto más novedoso son los intentos de imitación de las novelas italianas, en especial las colecciones de Timoneda. La aclimatación definitiva no se conseguirá hasta Cervantes con sus Novelas ejemplares.

Las novelas realistas

La concepción burguesa de la realidad aflora en el Lazarillo de Tormes, obra cumbre de la narrativa de la época, con la que se abre un nuevo género: la novela picaresca. Este libro aparece justamente en el momento en que se va a poner en marcha la contrarreforma tridentina de espíritu claramente antiburgués.  El género no reaparecerá hasta la publicación en 1599 del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán; pero esta obra presenta una concepción del mundo pesimista y desengañada propia del Barroco.

La obra cuenta las peripecias de Lázaro de Tormes, un criado de muchos amos. Esta narrada en forma de epístola autobiográfica: es una extensa carta del protagonista en la que cuenta toda su vida. En ella, Lázaro va recordando y comentando sus experiencias desde que era un niño; retrata a sus diferentes amos y explica las ingeniosas tretas que ideaba para sobrevivir.

 

La Celestina y sus continuaciones pueden considerarse dentro de la novela, del teatro o del diálogo. La vida del género celestinesco se extiende desde 1499 (aparición de la Comedia de Calisto y Melibea) hasta mediados de siglo con la Comedia Florinea de Juan Rodríguez Florián y la Comedia selvagia de Alonso de Villegas (ambas de 1554). Sin embargo, la muestra del género más justamente célebre es La Dorotea de Lope de Vega. Dentro de este género destaca La lozana andaluza de Francisco Delicado.

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