Interpretación y sentido de la obra

INTERPRETACIÓN Y SENTIDO DE LA OBRA

Esta novela permite, al menos, tres lecturas distintas, pero perfectamente  compatibles:

  1. El Lazarillo como novela de aprendizaje.
  2. El Lazarillo como crítica social e incluso política.
  3. El Lazarillo como crítica religiosa.

El Lazarillo como novela de aprendizaje

Según el prólogo de la obra, no solo se pretende hacer reír, sino servir de ejemplaridad. El Lazarillo de Tormes es una novela de transgresión: es la justificación de la indignidad y la delincuencia para sobrevivir que acepta la sociedad imperante.

La novela, como hemos visto, narra la evolución del protagonista desde su infancia hasta la edad adulta. Lázaro pierde la inocencia infantil ya al principio de la obra, cuando el ciego lo golpea la cabeza contra el toro de piedra del puente de Salamanca. El propio muchacho es consciente del cambio que va a experimentar su vida.

“Paresciome que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño, dormido estaba. Dije entre mí: “Verdad dice este, que me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer.”

Lazarillo de Tormes es la historia de una corrupción: la miserable vida del muchacho va justificando su progresiva degradación. Sin embargo, cuando el escudero lo trata con amabilidad, Lázaro es my generoso con él, lo que demuestra que su malicia no reside en su temperamento, sino que proviene del maltrato sufrido con los otros amos.  El protagonista va aceptando paulatinamente el esquema de valores de una sociedad en su proceso de integración en el sistema. Al principio, Lázaro se expresa con comentarios y pensamientos: “dije entre mí”; conforme avanza su inserción, hay menos, porque ya no necesita aprender la lección: ya la ha aprendido.

El final de la obra es demoledor: la prosperidad de Lázaro se identifica con su deshonra, con el hundimiento de su dignidad personal  y su aceptación total de la hipocresía y la falsedad como formas de vida.

El Lazarillo como crítica social e incluso política

Desgraciadamente, en el siglo XVI el hambre que obsesiona a Lázaro era un problema muy real. El desprecio por los oficios manuales, así como las sucesivas crisis alimentarias y económicas, habían causado una oleada de pobres que, como el ciego, iban mendigando de un sitio a otro.

Por otra parte, el Lazarillo parodia los nuevos valores humanistas que se habían iniciado en el siglo XVI:

La mentalidad medieval consideraba las clases sociales tan inmutables como el orden cósmico y condenaba enérgicamente la pretensión de ascender en la escala jerárquica; los humanistas, en cambio, a finales del siglo XV, empezaron a introducir nuevos planteamientos, afirmando que la herencia y la fortuna carecían de valor sin la virtud (virtus) y el esfuerzo individual (strenuitas y sapientia). El Lazarillo parece ilustrar ambas posturas.

Nuestro protagonista narra su vida no solo para explicar el “caso”, sino como ejemplo de los principios humanistas: “y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto”.

Lázaro habría conseguido, en efecto, ascender algún grado en la escala social: de hijo de un molinero ladrón y de una prostituta ha alcanzado, superando numerosas dificultades, un cargo en la administración pública y la amistad de un personaje de cierto poder; pero, por otro, no parece haber mejorado el estatus de sus padres: la “cumbre de toda buena fortuna” consiste en la boda con una barragana de un cura y el nombramiento de pregonero. La primera lectura concuerda con las ideas humanistas, mientras la segunda se hace eco de la actitud medieval. Pero aún puede pensarse en otra tercera lectura planteada desde las perspectiva del humanismo: Lázaro no asciende porque no ha practicado la virtud.

La causa del deshonor del protagonista encierra una clara alusión a la conducta poco cristiana de su señor y a la connivencia de la ley para con los poderosos: si la justicia se abate sobre el miserable Zaide, nada, en cambio, amenaza al rico eclesiástico.

El concepto de honra también es objeto de la ironía del autor del Lazarillo. No olvidemos que la proporción de hidalgos, nobles de menor rango que tenían a veces gran prestigio, pero escasas posesiones, era casi del diez por ciento en el conjunto de la población española.

La obsesión por la honra es lo que condena al escudero a vivir en la miseria. Por eso Lázaro dice:

“Dios es testigo que hoy día, cuanto topo con alguno de su hábito con aquel paso y pompa, le he lástima con pensar si padece lo que aquél le vi sufrir.”

El Lazarillo como crítica religiosa

El libro critica la  hipocresía, la avaricia, la miseria material y moral y la lujuria de la sociedad, en general, pero especialmente del estamento eclesiástico (cinco de los nueve amos de Lázaro son clérigos).

Hay en el libro una dura crítica a los representantes de la Iglesia que comparten dos rasgos: la avaricia y la lujuria. Esta imagen tan dura de los religiosos entronca con la tradición medieval y, por tanto, carece de cualquier vinculación con un pensamiento reformista, cuyos defensores no reprochaban a los sacerdotes vivir mal, sino “creer mal”. como demostró Bataillon. Tampoco es erasmista el uso paródico y cómico de expresiones y fórmulas religiosas.

Sí se vincula con el erasmismo, en concreto con el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam, la conducta del marido complaciente con el engaño de su mujer que, por otra parte, era un ejercicio retórico frecuente entre escritores tanto castellanos como italianos.

 

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