Don Juan Tenorio de José Zorrilla

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Retrato de José Zorilla por Antonio María Esquivel. Fuente: Biblioteca Nacional de España.

Nuestra última lectura del curso es Don Juan Tenorio (1844), recreación de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, realizada por José Zorrilla. Zorrilla ha sido muy leído en España y en Hispanoamérica hasta bien entrado el siglo XX, y su obra Don Juan Tenorio, representada desde 1844 hasta hoy.

Si os interesan las historias de protagonistas rebeldes y desafiantes (y un poco “chulos”, todo hay que decirlo), apuestas desvergonzadas, amores casi imposibles, raptos, muertes y fantasmas, estoy segura de que os encantará.

Tenéis la ocasión de leer una de las obras de teatro más famosas de España, muy, muy conocida por representarse durante mucho tiempo para Todos los Santos y disfrutar de las aventuras de un mito que la literatura española ha legado al mundo: el mito de Don Juan.

El programa de TVE ¿Te acuerdas? nos recuerda que antes de que Halloween pusiera de moda a fantasmas y zombies, aquí en España  había una representación teatral que nos abría las puertas del más allá cada víspera de ‘Todos los Santos’. Era el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, con una segunda parte repleta de apariciones y muertos vivientes.

Nieves Concostrina, en el programa Un día cualquiera de RNE, nos explica por qué la festividad de Todos los Santos no es lo mismo sin Don Juan Tenorio. Escuchadlo, el podcast está lleno datos curiosos. Ya sabéis, para oírlo, pinchad en el logo de Radio Nacional:

Antes de empezar a leer, podéis echar un vistazo a este material que os he preparado, pero ¡atención! hay “spoilers”; por tanto, si no os gusta que os adelanten acontecimientos, dejad de leer esto ahora mismo y lanzaos de lleno al libro.

LEER DON JUAN TENORIO

En la biblioteca disponemos de bastantes ejemplares de Don Juan Tenorio de Zorrilla; seguro que en casa tenéis algún ejemplar también y, si habéis llegado tarde al préstamo de nuestra biblioteca, podéis acudir a cualquier otra de las Bibliotecas municipales o bien leer el texto online:

VER DON JUAN TENORIO

Ver Don Juan Tenorio en lugar de leerlo no es hacer trampa, aunque debéis tener en cuenta que yo os voy a preguntar sobre el texto, tanto en su forma como en su contenido. En todo caso, aquí os dejo la versión que realizó RTVE en 1966 con Francisco Rabal como don Juan Tenorio y Concha Velasco como doña Inés:

Aunque el don Juan de Francisco Rabal es casi inmejorable, quizá os guste más esta versión más moderna, representada en Alcalá de Henares en 2005:

GUÍA DE LECTURA (ojo, spoilers)

José Zorrilla (1817-1893)

José Zorrilla, poeta y, a la vez, profundo observador de la historia de España y del carácter de sus gentes, es el más genial dramaturgo de la escena española en el siglo XIX por su poderosa capacidad de teatralización y por la musicalidad y la elocuencia de su verso, fácil, brillante y desigual, pero siempre muy cerca del sentir español.

En palabras de Ricardo Navas, “este poeta nacional y sin dinero, famoso por sus recitales públicos, reacio a un ordenamiento, encarna con orgullo un espíritu independiente, crítico, libre y liberal”.

José Zorrilla nació en Valladolid en 1817, pero se instaló con su familia en Madrid a raíz del nombramiento de su padre como superintendente de policía del ministro Calomarde. Estudió en el Seminario de Nobles, un colegio dirigido por los jesuitas, donde debió de recibir una sólida formación literaria, a juzgar por las habilidades que mostró luego en su obra.

Una carrera inacabada…

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Posteriormente, Zorrilla cursó, por deseo expreso de su padre, la carrera de Derecho, primero en la Universidad de Toledo y después en la de Valladolid, aunque no llegó a obtener la licenciatura al no aprobar todas las asignaturas del último curso. Para no enfrentarse con su padre, Zorrilla decidió huir a Madrid, donde sobrevivió gracias al apoyo económico de sus amigos.

A Larra… con unas violetas

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Cuando llevaba unos meses en Madrid, el 14 de febrero de 1837, compuso unos versos para recitarlos en el entierro del periodista Mariano José de Larra, que acababa de suicidarse por amor a los veintisiete años. Con aquella declamación ante los escritores más importantes de Madrid no pretendía rendir homenaje al difunto, por quien no sentía demasiada admiración, sino llamar la atención de la novia que tenía por entonces y, sobre todo, de su propio padre, con quien anhelaba reconciliarse.

Debido a su brillante actuación ante el cadáver de Larra, Zorrilla adquirió una notoriedad que le abrió las puertas de periódicos y editoriales para publicar sus primeras recopilaciones de versos.

Larra, escritor de fama

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Retrato de José Zorilla por Federico de Madrazo y Kuntz.
Fuente: Biblioteca Digital Hispánica.

Entre 1840 y 1841 dio a la imprenta las leyendas poéticas El capitán Montoya y Margarita la tornera, en las que ya trataba el tema de la monja secuestrada por un libertino.

Por estas fechas también comenzó a trabajar como dramaturgo componiendo la obra Juan Dándolo (1839) en colaboración con su amigo Antonio García Gutiérrez. Al año siguiente estrenó dos dramas históricos sobre reyes y príncipes medievales en el Teatro del Príncipe (Lealtad de una mujer y El zapatero y el rey), y en 1841 decidió que, a partir de entonces, llevaría a escena sus nuevas comedias en el Teatro de la Cruz, cuyo empresario Juan Lombía, le había ofrecido 1500 reales mensuales y un palco gratuito por la entrega de dos obras por temporada, una en septiembre y otra en enero.  En diciembre de 1845 Zorrilla rompió su vínculo profesional con Juan Lombía después de haber estrenado en su teatro veinte dramas, entre ellos la segunda parte de El zapatero y el rey (1842), El puñal del godo (1843), El caballo del rey don Sancho (1843) y Don Juan Tenorio (1844).

Viaje a París

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En junio de 1846, no pudiendo soportar los celos enfermizos de su esposa Florencia Matilde de O’Reilly, con quien se había casado en agosto de 1839, Zorrilla se marchó a Francia, donde conoció a escritores de la talla de Dumas, Musset y Gautier. Tras recibir la noticia de la muerte de su madre, regresó a España a principios del año siguiente, y al llegar a Torquemada se fundió en un emotivo abrazo con su padre.

Regreso a la escena teatral

En 1847 Zorrilla estrenó en los dos grandes teatros de Madrid nuevos dramas, tanto históricos como religiosos, y en febrero de 1849 llevó a escena una de sus mejores obras, Traidor, inconfeso y mártir, basada en la falsa muerte del rey portugués don Sebastián. En el otoño de este año, Zorrilla perdió a su padre, que murió solo en su casa de Torquemada, pues no quiso llamar a su hijo para que lo asistiera en sus últimos momentos.

Amores, poemas e ideas de suicidio en París

El poeta vendió las heredades del difunto para liquidar sus deudas y regresó de nuevo a París donde sintió la tentación de suicidarse. En la capital francesa, publicó su poema Granada (1852) y se enamoró de la joven Emilia Serrano, futura baronesa de Wilson, a quien dio el nombre de Leila en sus poemas.

Zorrilla en Méjico

Desde Francia, el 8 de diciembre de 1854, Zorrilla se embarcó muy desalentado hacia Méjico con la intención de que el vómito negro o alguna otra enfermedad tropical acabaran con su vida. En Méjico pasó doce años, durante los cuales no compuso más que unos pocos poemas, recogidos en su libro misceláneo La flor de los recuerdos (1855 y 1857). Su fama de buen poeta, que había llegado a ultramar, le permitió obtener la ayuda económica de terratenientes y banqueros, que lo alojaron en sus extensas y ostentosas casas de campo. En mayo de 1864, el emperador Maximiliano, que reinó fugazmente en México, nombró a Zorrilla director del futuro Teatro Nacional, cargo retribuido con un generoso salario.

Nuevo regreso a España.

En 1865, Zorrilla recibió la noticia del fallecimiento de su esposa, con la que ya había iniciado los trámites de separación y decidió viajar a España por un año. Llevaba ya dieciocho años en el extranjero, pero sus compatriotas no lo habían olvidado, en gran medida por el éxito continuado de su Tenorio, tal y como reconoció en unos versos:

Al volver de tierra extraña,
me hallé que había en España,
vivido por mí Don Juan.

Aprovechándose de su fama, Zorrilla emprendió un peregrinaje por diferentes ciudades españolas, donde fue recibido con grandes honores por las autoridades.

Tras la gira, decidió regresar a México, pero entonces le llegó la noticia de que su protector, el emperador Maximiliano, había sido fusilado. En homenaje al amigo y en protesta contra su asesinato, escribió El drama del alma, un libro misceláneo de poesía y prosa.

Descartada la idea de volver a América, Zorrilla decidió instalarse en Barcelona, donde conoció a una joven aragonesa de solo veinte años, Juana Pacheco, con la que contrajo matrimonio en agosto de 1869. En tierras catalanas volvió a estrenar piezas teatrales, compuso el libro de leyendas Ecos de la montaña y entabló amistad con importantes escritores catalanes, quienes lo invitaron a participar en los juegos florales de 1868. En este periodo refundió, por motivos puramente económicos, su Don Juan Tenorio para la zarzuela.

Viajes por Europa

En abril de 1871, tras recibir un sueldo fijo del gobierno, viajó a Roma acompañado por su esposa con el encargo de estudiar en uno de los archivos de la ciudad, pero se dedicó en exclusiva a la creación literaria. A principios de 1874, pasó de Italia a Burdeos, donde debió de componer la novela Tenorio bordelés (1909), una reinterpretación de su Don Juan Tenorio con un protagonista de apellidos franceses que deja embarazada a una joven de dieciséis años y mata en un duelo a su prometido.

Regreso final a España

Unos años más tarde, en 1879, instalado de nuevo en España, Zorrilla publicó por entregas sus memorias, tituladas Recuerdos del tiempo viejo. Cuando las recogió en forma de libro en 1880, aprovechó la circunstancia para solicitarle al gobierno de Alfonso XII, que acababa de aprobar una ley sobre la propiedad intelectual, una paga simbólica por los derechos de autor de su Don Juan Tenorio, obra que a Zorrila, según dejó escrito, no le proporcionaba “un solo real”, pero que generaba “miles de duros anuales” a los editores que se la habían comprado y sustentaba con su representación “en la primera quincena de noviembre a todas las compañías de verso en España”. Y es que, efectivamente, el Tenorio se representaba el Día de Difuntos en todas las ciudades importantes de España. El gobierno le concedió a Zorrilla una pensión, con la que compensaba una actividad literaria que enriquecía al país.

A instancias de sus editores barceloneses, y tras el éxito de su poema La leyenda del Cid, el vallisoletano empezó a escribir otra obra sobre la familia del Cid que acababa centrándose en uno de sus descendientes, César Tenorio, quien muere al ver el espectro de su cuñada Beatriz, hija de don Luis Mejía, de la que se había enamorado.

El 31 de mayo de 1885, leyó el discurso de ingreso en la Real Academia Española, cuyos miembros lo habían elegido en 1848 para ocupar el sillón del escritor ilustrado Alberto Lista.

En 1886, se instaló en Valladolid, su ciudad natal, donde logró que el estado le asignase una pensión de 7500 pesetas anuales, y en 1889 regresó a Madrid, ya con la salud bastante deteriorada.

Muerte de Zorrilla

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El escritor falleció el 23 de enero de 1893 después de sufrir varias enfermedades graves y diversas intervenciones quirúrgicas. Doscientos mil ciudadanos acompañaron el recorrido de su féretro por las calles de Madrid, una prueba de la admiración y cariño que le profesaban sus paisanos, en gran parte por la facilidad que mostró para el verso lírico, a menudo ampuloso y rayano en la cursilería, pero siempre profundamente emotivo.

 

Don Juan Tenorio (1844)

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El cantante Francisco de Andrade como Don Giovanni, la ópera de Mozart (Max Slevogt) Fuente. Wikipedia

La génesis de la obra

Como hemos visto, Don Juan Tenorio (1844) condujo a la cima de la popularidad a José Zorrilla. La historia de la génesis de la obra es, cuando menos, curiosa: a principios de 1844, el actor Carlos Latorre pedía insistentemente a Zorrilla una obra para estrenarla en el Teatro de la Cruz. Bastaba con que refundiese alguna comedia del Siglo de Oro y Zorrilla se dispuso a realizarlo, para lo cual retomó parte de un texto que había redactado en 1840 y en veinte días remató la obra. Se trataba de la refundición de El burlador de Sevilla y convidado de piedra, una pieza dramática atribuida a Tirso de Molina.

La comedia de Tirso fue imitada y recreada por autores de toda Europa, algunas de cuyas obras tuvo en cuenta Zorrilla para introducir cambios en su Tenorio respecto al modelo principal. El arrepentimiento final de don Juan, por ejemplo, lo tomó de la comedia dieciochesca No hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague, y convidado de piedra (1714), de Antonio de Zamora; el episodio de la monja o la novicia que sale a su encuentro para salvarlo está inspirado en la tragicomedia Don Juan o el Festín de Pierre (1665) de Molière.

Zorrilla también había leído otras dos obras francesas que influyeron en la suya: la novela Las almas del purgatorio (1834) de Prosper Mérimée, y la comedia Juan de Mañara o La caída de un ángel (1836), de Alexandre Dumas. Ambos se habían inspirado en el personaje de don Miguel de Mañara, como Tirso de Molina se había inspirado en un personaje histórico real en su comedia.

En la segunda parte de Don Juan Tenorio, que está dominada por el tema de la muerte, se pone de manifiesto la influencia de tres obras: Hamlet (1603), de William Shakespeare; Anochecer en San Antonio de la Florida (1838), de Enrique Gil y Carrasco, y El estudiante de Salamanca (1840), de José de Espronceda.

Los personajes 

Don Juan

El origen del personaje

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Ilustraciones de Don Juan Tenorio (1892) Fuente: http://www.cervantesvirtual.com

El personaje de don Juan recrea en sus inicios una leyenda protagonizada  por un personaje histórico de la segunda mitad del siglo XIV: el caballero sevillano don Juan Tenorio. Don Juan perteneció a la orden de la Banda y sirvió como camarero al rey Pedro I de Castilla, a quien acompañó en todas sus aventuras amorosas. Sabemos también que mantuvo un litigio con algunos miembros de la familia Ulloa por la propiedad de un palacio (un antiguo caserón adosado a un convento) que el rey le había donado para que lo usase como lugar de encuentro con sus amantes.  Este personaje histórico acabó por convertirse en protagonista de una leyenda en la que era condenado por menospreciar a las mujeres y arrebatarles su honra. La leyenda fue recreada ya a finales del siglo XVI por predicadores que la utilizaban para condenar la lujuria, y Tirso la fundió en su obra con otra leyenda en la que un galán invitaba a cenar a una calavera que se había encontrado en la calle.

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Ilustr. de Don Juan Tenorio (1892)

Zorrilla se inspiró también en otro personaje histórico —que había sido el origen de la novela Las almas del purgatorio (1842), de Prosper Mérimée, y la comedia Juan de Mañara o La caída de un ángel (1836), de Alexandre Dumas— : el caballero del siglo XVII don Miguel de Mañara. Nacido, como don Juan Tenorio, en Sevilla, Mañara llevó una vida muy activa y ejemplar hasta que, a raíz del fallecimiento de su mujer, sufrió una honda crisis que lo sumió en la desolación y lo indujo a donar su fortuna para obras pías y para la fundación del Hospital de la Caridad sevillano. Sus biógrafos atribuyeron esa “conversión” a dos sucesos legendarios: la visión de sus propias exequias y el encuentro con una dama tapada que, al descubrirse, mostró bajo sus ropas el esqueleto de la Muerte.

Los rasgos del libertino

Don Juan1Don Juan, el protagonista del Tenorio, no es precisamente un galán joven, porque al final de la obra duda de conseguir su redención tras “treinta años” de crímenes y pecados. El protagonista, pues, es un hombre maduro que debe de rondar los cuarenta y cinco años cuando llega a la hostería del Laurel para alardear de sus hazañas.

Desde las primeras escenas, es retratado como un hombre fanfarrón, libertino, audaz, valeroso e inmoral que solo piensa en batirse en duelo y seducir mujeres y que viola por igual las leyes de los hombres y las leyes de Dios.

La suerte lo acompaña en todas sus tropelías, circunstancia que sus conocidos atribuyen a la ayuda del Diablo, si bien en ningún momento de la obra vemos a don Juan pactar con el Demonio ni pedirle ayuda o protección. En todo caso, el personaje es asociado de continuo con Satanás, Lucifer, Belcebú y el Demonio.

El destino es otro de los elementos fundamentales de la obra: el violento seductor se siente siempre víctima del destino, algo muy típico de los héroes románticos, pero en realidad sus desgracias son responsabilidad solo suya, puesto que ha obrado de forma inmoral. El destino de don Juan es arder en el infierno, pero Zorrilla nos da a entender que nunca es tarde para salvar el alma.

Doña Inés

Doña Inés

María Guerrero ataviada con el hábito de la novicia (1891) Raimundo Madrazo. Fuente: Wikipedia

Es la joven que propicia la transformación y la salvación del protagonista. Tiene diecisiete años cuando empieza el drama, y encarna en todo momento la inocencia y la virtud. Como ha vivido encerrada en un convento desde niña, es muy probable que no haya visto a ningún hombre en su vida, a excepción de su padre, lo que facilita que en la primera ocasión en que ve a don Juan, a través de las celosías de una ventana, quede completamente fascinada.

El amor de doña Inés por don Juan es obsesivo, y se manifiesta con rasgos propios de lo que tradicionalmente se ha llamado enfermedad del amor. Cuando la joven lee en voz alta la carta de don Juan, por ejemplo, experimenta una sensación de ahogo y desmayo que es propia de la histeria. Doña Inés justifica su estado alegando que es víctima de un hechizo ideado por el Demonio para hacerla caer en la tentación. Ahora bien, tiene la fortaleza suficiente para no sucumbir al pecado y conservar su castidad hasta el final, cuando acaba convirtiéndose en una mártir, si bien no de la religión sino del amor.

La amada de don Juan es, ante todo, una instancia de salvación para el protagonista. Cuando, al final de la primera parte, la justicia trata de prender al agresivo seductor por haber matado a don Gonzalo, doña Inés suplica que don Juan no sea castigado. Y, posteriormente, le ruega lo mismo a Dios.

Laura, Beatriz, Eurídice… los modelos de doña Inés

foto-doc3b1a-ines-e1414151866539.jpgParece claro que, al crear al personaje de doña Inés, Zorrilla tenía en mente a Laura, la amada de Francesco Petrarca, poeta italiano al que Zorrilla imita directamente cuando describe el cadáver de doña Inés.

También le sirvió de modelo Beatriz, la niña que inspiró la virtud en el poeta Dante y que lo salvó de sufrir eternamente las penas del infierno en castigo por su vida lujuriosa. Doña Inés hace lo mismo que hizo Beatriz para salvar a Dante: primero intercede por su amado ante Dios y luego abandona momentáneamente el Paraíso y desciende hasta el purgatorio para rescatarlo.

Este viaje al infierno recuerda al mito de Orfeo y Eurídice, que fue muy apreciado por los románticos. Orfeo, magnífico cantor de Tracia, se casó con la ninfa Eurídice, quien murió nada más contraer matrimonio. Orfeo descendió entonces a los infiernos para pedirle al dios Plutón que dejase a Eurídice vivir de nuevo. Plutón, conmovido por la valentía y la firmeza de Orfeo, aceptó, pero con una condición: en el viaje de regreso al mundo, Orfeo iría delante y Eurídice detrás, y él no podría girarse nunca para mirar a su esposa. Orfeo prometió que así lo haría, pero incumplió la condición, por lo que Eurídice regresó a los infiernos, de los que ya nunca volvió a salir.  Las similitudes entre el mito de Orfeo y los hechos que dramatiza el Tenorio son numerosas. De hecho, cuando don Gonzalo prohíbe a don Juan que se case con doña Inés, el audaz seductor proclama que estaría dispuesto a bajar a los infiernos para rescatarla de allí. Orfeo pierde a su amada por una imprudencia, y lo mismo le pasa a don Juan, pues, tras sacar a doña Inés del convento, una “triste cárcel sombría”, ha de huir y abandonarla a causa de un acto impulsivo, el asesinato a sangre fría del padre de la joven.

Después de perder a su esposa por segunda vez, Orfeo se aleja de su patria y vive aislado del mundo por espacio de tres años, y algo parecido hará don Juan tras matar al padre de su amada, pues se exilia durante cinco años. Finalmente, así como Orfeo, convertido en sombra, vaga por los infiernos hasta encontrar a su esposa en los Campos Elíseos, don Juan, también como sombra, recorre el mundo de los muertos para reunirse con doña Inés en el purgatorio, desde donde los dos viajarán al Paraíso. De hecho, en el Tenorio hay una huella textual muy clara que revela que Zorrilla tiene en mente el mito de Orfeo: en la última acotación de la obra, al referir la tercera muerte de don Juan y la segunda de doña Inés, emplea la misma imagen de la que se vale Ovidio en las Metamorfosis al narrar el fallecimiento de Orfeo: la del alma que escapa a través de la boca para dirigirse al cielo.

Luis Mejía

1580hofherr1A la hora de perfilar la figura de don Juan, a Zorrilla le fue muy útil la contraposición del personaje con su antagonista, don Luis Mejía. Don Juan y don Luis son rivales, precisamente porque comparten su condición de galanes sin escrúpulos. Ambos se dedican a seducir mujeres y a batirse en duelo con los maridos o amantes de las damas a las que seducen. Ahora bien, don Luis no tiene la buena suerte de don Juan, porque, al contrario que su rival, no cuenta con la protección del Diablo. Don Luis es un personaje trágico al modo de los protagonistas de la tragedia griega, porque provoca un mal cuando quiere obtener un bien. Como apuesta la vida con don Juan a que no será capaz de seducir a su prometida antes de que él se case con ella y consume el matrimonio, don Luis convence a doña Ana para que esa noche le entregue su virginidad y le permita ganar la apuesta. Con esa precaución le facilita las cosas a don Juan, quien no tiene más que hacerse pasar por su rival para conseguir su propósito.

Al contrario que don Juan, don Luis no se arrepiente de sus pecados, ni de no haber amado sinceramente a su prima doña Ana, con la que pensaba casarse tan solo para remediar su desastrosa situación económica: su sentido tradicional del honor no le permite cumplir con su palabra de matrimonio y redimirse salvando de la infamia a su prometida.

En definitiva, el arco dramático que describe don Luis es el opuesto al que describe don Juan, pues don Luis se va demonizando progresivamente mientras don Juan se libera del influjo diabólico. Y, al final de la obra, don Luis aparece entre los fantasmas que esperan la muerte de don Juan para llevárselo al infierno.

Don Diego Tenorio

El padre de don Juan aparece brevemente en el primer acto para desheredar a su hijo por su conducta inmoral; en la segunda parte, sabemos por boca del escultor que don Diego, avergonzado por los crímenes de su hijo y en un acto de generosidad, ha ordenado que su palacio sea convertido en un suntuoso cementerio donde se honre a las víctimas de don Juan.

Don Gonzalo

El padre de doña Inés es un hombre obsesionado por el honor y muy intransigente al que parece  imposible persuadir. Este padre, severo y decepcionado, parece ser un trasunto del padre de Zorrilla, quien nunca hizo el más mínimo esfuerzo por entender a su hijo. Zorrilla confiaba en que su padre, que no lo había perdonado en vida, lo hiciera desde la eternidad.

Un drama romántico

En España, el Romanticismo tardó en arraigar, dada la propensión clasicista de nuestra tradición literaria. Los primeros dramaturgos españoles afines a dicho movimiento decidieron apartarse del Neoclasicismo tomando como modelo el teatro nacional del Siglo de Oro, en especial, Calderón de la Barca.

No es de extrañar, por tanto, que en su drama conserve elementos de al menos tres géneros de nuestro teatro barroco. Su primera parte, de hecho, imita los procedimientos de la comedia de capa y espada, donde abundaban los duelos y equívocos y era tópico el tema de la rivalidad de dos caballeros por una misma dama. La segunda parte del Tenorio, en cambio, tiene el aire de un auto sacramental, subgénero teatral que abordaba verdades relacionadas con la fe por medio de tramas alegóricas, y trasluce la influencia de la comedia de magia, de gran éxito en España durante el siglo XVIII.

El Tenorio se considera una obra romántica y, por tanto, no respeta la regla de las tres unidades:

  • Unidad de tiempo: los neoclásicos insistían en que los hechos recreados en un drama no debían sobrepasar el plazo máximo de un día, y aunque Zorrilla no se ajustó a esa regla, se esforzó en comprimir el tiempo. Su obra abarca sucesos acaecidos en cinco años, pero dentro de cada una de sus dos partes respeta la unidad de tiempo, pues tanto la primera como la segunda suceden en una sola noche, y en la transición entre una y otra se suponen transcurridos los cinco años que no se representan en escena.
  • Unidad de espacio: toda la acción del Tenorio sucede en una única ciudad, Sevilla, si bien en cinco escenarios diferentes: una hostería, una calle, un monasterio, una quinta y un cementerio.
  • Unidad de acción: los neoclásicos y los románticos franceses pensaban que el drama debía tener una única línea argumental, precepto al que Zorrilla se ajustó al suprimir las acciones secundarias de El burlador de Sevilla.

Estructura, ritmo y recursos dramáticos

Zorrilla estructuró su obra en siete actos, distribuidos en dos partes: una primera de cuatro actos y una segunda de tres. Es una división rara en el teatro de la época, inspirada probablemente en el Fausto (1808 y 1832) de Goethe.

Una estructura simétrica

Entre los hechos representados en la primera parte de Don Juan Tenorio y los escenificados en la segunda hay numerosas simetrías, tanto en las situaciones como en el uso de los recursos dramáticos:

  • La primera parte empieza cuando don Juan acaba de regresar a Sevilla y se encuentra en la hostería del Laurel con dos amigos, el capitán Centellas y don Rafael de Avellaneda, con quienes comparte mesa y bebida; en la segunda parte, don Juan vuelve a ser un recién llegado a su ciudad natal y halla en el panteón de su familia a esos dos mismos amigos, a los que invita a cenar en su casa.
  • En la primera parte, don Juan es visitado en su casa de campo por el Comendador, a quien acaba matando de un tiro, y en la segunda recibe en su casa a la estatua del Comendador, contra quien pretende disparar para comprobar si es un fantasma.

El tempo dramático

Entre las dos partes del Tenorio se percibe, sin embargo, una clara diferencia de tempo. El ritmo es vertiginoso en la primera parte y pausado en la segunda, en correspondencia con la transformación que experimenta el protagonista, alocado al principio del drama y calmado al final.

En ambas partes hay un plazo que debe cumplirse y que mantiene en suspense al espectador. En la primera, la trama se articula en cuatro horas en torno al cumplimiento de dos plazos sobre las apuestas de don Juan y don Luis en relación con sus conquistas amorosas y sus asesinatos en duelos: el plazo de las ocho y el de las doce de la misma noche. Entre una y otra hora, Zorrilla representa muchas acciones repartidas en cuatro escenarios distintos. Como reconoció el mismo Zorrilla, el temo de este primer plazo es inverosímil. El tempo del segundo plazo es menos precipitado, pero también muy rápido; a diferencia del primero, las referencias temporales no son ahora explícitas, por lo que es difícil precisar a qué hora ocurre cada suceso.

Los monólogos

Una diferencia entre la primera y la segunda parte es que, en esta última, hay muchos más monólogos. En la primera parte, don Juan solo monologa una vez, pero en la segunda lo hace cinco. A Zorrilla, los soliloquios le sirven al mismo tiempo para desacelerar la acción y para dejar al descubierto los sentimientos de don Juan. En la segunda parte, desempeñan una clara función lírica, similar a la que tienen en las óperas las arias. Idéntica función poseen las famosas décimas que el protagonista recita a doña Inés en el balcón de su casa de campo en uno de los pasajes más tensos de la obra. En ese momento, don Juan acaba de seducir a doña Ana y está esperando a don Luis para enfrentarse a vida o muerte con él. El recitado, inverosímil en una situación así, refuerza la idea del paraíso perdido y, desde el punto de vista estructural, constituye un perfecto contrapunto al aceleramiento de la acción.

Un drama religioso

En la parte final de su drama, recordando la tradición literaria del auto sacramental, Zorrilla se vale de la pareja protagonista para plantear dos problemas teológicos: la salvación a última hora de don Juan y la posibilidad de condena de doña Inés en el purgatorio.

Algunos críticos creen que Zorrilla plantea un error teológico, ya que don Juan se arrepiente, pero tras su muerte. Don Juan no hace caso al consejo de doña Inés y, por su arrogancia, muere en un duelo sin arrepentimiento ni confesión; gracias a la intervención de su amada y por la devoción que le profesa, conserva el alma junto al cuerpo para poder arrepentirse y salvarse. Obrado este primer milagro, don Juan realiza el acto de contrición en el instante en que cae en el reloj el último grano de arena de su segunda vida y, al dar ese paso, se acerca a doña Inés, quien, desde el purgatorio de su sepulcro, le ha tendido la mano para llevárselo con ella y salvarlo definitivamente del infierno. Una vez en el sepulcro, don Juan y doña Inés celebran sus bodas, y ya como esposos deben morir otra vez para poder abandonar el purgatorio y emprender juntos el vuelo al paraíso.

En ese sentido, Zorrilla postula toda una teología del matrimonio, al supeditar la salvación de los protagonistas a su boda en el sepulcro. Los primeros patriarcas y también los padres de la Iglesia dieron al matrimonio un sentido redentor al asociar la unión de los esposos “en una sola carne”, con la venida de Cristo también en una sola carne para redimir una humanidad condenada por el pecado de Adán y Eva.

El otro gran error teológico que la crítica advierte en el Tenorio tiene que ver con el descenso desde el purgatorio al infierno. En sentido estricto, ese descenso es imposible porque el alma que llega al purgatorio no puede degradarse con nuevos pecados que le acarreen la condena eterna. Lo que sucede es que doña Inés, de alguna manera, vende su alma a Dios (igual que Fausto la vende al Diablo) para recibir a cambio del alma impura de don Juan: su condena es absolutamente posible porque ha intercambiado su alma y porque ha vuelto de algún modo a la vida, como le reconoce a don Juan. Con el alma pecadora de su amante, doña Inés podría acabar en el infierno en virtud del pacto que ha hecho con Dios, idéntico al que se describe en la comedia teológica de Tirso de Molina El condenado por desconfiado. En dicha obra, un personaje de vida virtuosa se salvará o se condenará en función de si el peor hombre del mundo se salva o se condena. De la misma manera, Dios le ha ofrecido a doña Inés la posibilidad de salvarse o condenarse en compañía de don Juan.

Guía de lectura

Apoyándome en la excelente guía realizada por Bienvenido Morros para la edición de Don Juan Tenorio de la editorial Vicens-Vives os he preparado este material:

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EL MITO DE DON JUAN

El personaje de don Juan constituye un mito que ha sido recreado, en diversas formas artísticas, a lo largo de los siglos.

El don Juan creado por Tirso de Molina en plena época contrarreformista es el burlador de las mujeres que desafía al cielo mientras atropella las leyes divinas y humanas con el gesto altivo del: “¡Qué largo me lo fiáis!”. El Burlador se condena porque confía en que tendrá tiempo de arrepentirse de sus pecados antes de morir, lo que no sucede.

Cicognini (1606-1660), en Il convitato di pietra, y Molière, en su Don Juan, van transformando el personaje, iniciando el mito literario. Del libertino original, Molière hace un librepensador que rechaza las creencias y los miedos absurdos. El impío simula convertirse y este pecado le lleva al castigo eterno.

Mozart, en Don Giovanni, (1787), lleva a don Juan a la música, mezclando lo alegre con lo patético del personaje, en un contraste de vida y muerte en el que se funda la esencia misma del mito. Podéis ver la ópera íntegra, con subtítulos. Fantástica, creedme:

El Don Juan romántico inglés, que el poeta Byron no llegó a terminar, exalta la libertad de la pasión. Pinchando en la imagen podéis leer la obra, en inglés, claro:

A partir del Romanticismo, la figura de don Juan sigue transformándose en todas las literaturas, persistiendo la tradición del don Juan salvado. Son famosos el de Edmond Rostand, de La última noche de don Juan (1913), y el marqués de Bradomín de las Sonatas de Valle-Inclán, un don Juan “feo, católico y sentimental”. Talante de superhombre tiene el de Hombre y Superman (1901) de Bernard Shaw, un don Juan misógino y socialista, frente al “hombre absurdo” de Albert Camus, en El mito de Sísifo.

Os incluyo, para terminar, tres versiones de don Juan. La primera es una versión cinematográfica de 1922. Está hecha en serio, pero el doblaje con una dicción vertiginosa (¿respiran los actores?) hace de ella una versión cómica:

La siguiente es la película Amar y morir en Sevilla de Víctor Barrera, una de las últimas versiones cinematográficas de la obra:

La última es para que os riáis: se trata del sketch de Les Luthiers titulado: Don Juan Tenorio o el convidado de piedra, una de dos. Disfrutadlo:

También podéis reír un rato con esta parodia que hicieron Cruz y Raya:

José Mota mezcla Don Juan Tenorio con La Guerra de las Galaxias:

Pero no termina aquí la lista de donjuanes. Don Juan es un mito y los mitos no mueren.