Leopoldos Alas, “Clarín”

Leopoldo Alas, que utilizó el nombre literario de “Clarín”,  nació en Zamora, pero casi toda su vida transcurrió en Oviedo, de cuya Universidad fue catedrático, primero de derecho humano y después de derecho natural. Clarín fue un hombre enfermizo y de carácter retraído, llevó una vida gris y monótona, dedicado exclusivamente al estudio, a su actividad de escritor y a la docencia. Sin embargo, tuvo la extraordinaria personalidad de un intelectual nato, lúcido e inteligente, inquieto e independiente y agudamente crítico.

El programa de TVE  El arte de vivir dedicó uno de sus capítulos a la vida y la obra de Leopoldo Alas, Clarín. Pinchad en la imagen y lo podréis ver:

La obra de Clarín

desconciertos3.blogspot.com

Clarín cultivó la crítica, el ensayo, la novela y el cuento. Fue uno de los críticos más influyentes y temidos de finales del siglo XIX. Escribió cientos de artículos sobre las tendencias literarias, los autores y las obras del momento, con los que pretendía formar estética y moralmente al lector. Era un hombre extraordinariamente culto y gran conocedor de la literatura y de la filosofía europeas de la época.  Sus artículos, publicados en periódicos y revistas, fueron recogidos en varios libros: Solos de Clarín (1881), Ensayos y revistas (1892) o Palique (1893).

En cuanto a su obra narrativa, confluyen en ella diversas influencias: ciertos elementos del naturalismo, como la observación y la interdependencia entre fisiología y psicología, y la religiosidad de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX, con un cristianismo que propugna la tolerancia.

Su obra narrativa abarca unos sesenta cuentos, algunas novelas cortas y dos novelas extensas. Clarín es uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XIX español. Dos líneas fundamentales caracterizan su producción cuentística: una cordial, de ternura para con los seres humildes y débiles, víctimas de la vida, y otra satírica y crítica. Más que cuentos de intriga, lo son de personajes.


Buscad en la biblioteca del centro (o en cualquier otra) los cuentos de Clarín. Valen la pena. Los que los prefieran en edición digital, no tienen más que clicar sobre los enlaces:

La producción novelística de Clarín está constituida solo por dos obras La Regenta (1884-1885) y Su único hijo (1891)

La Regenta, tedio y lujuria

La obra magna de Leopoldo Alas, Clarín, es La Regenta que, con Fortunata y Jacinta, constituyen las mejores novelas del XIX español. La Regenta relata la vida de Vetusta (Oviedo), una ciudad provinciana, moralmente opresiva e indiferente a la modernidad. Teniendo como fondo la sociedad de la Restauración, la novela une dos grandes temas abordados  por la novela decimonónica: el del adulterio femenino (tratado en Madame Bovary, de Flaubert o en Ana Kareninna, de León Tolstoi) y el del sacerdote enamorado (tratado en Pepita Jiménez y Doña Luz de Juan Valera o en Tormento de Galdós).

La novela narra la insatisfacción y la destrucción de su protagonista, Ana Ozores, una hermosa joven que, casada con el anciano regente Víctor Quintana, se encuentra en el centro del deseo de don Álvaro Mesía —donjuán oficial, decadente y provinciano— y del ambicioso Magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Ana cede ante el primero, esto hará que el inofensivo don Víctor se bata en duelo con Mesía y muera. El adulterio de Ana y la muerte de su esposo  provocan el escándalo y la sorda repulsa de la hipócrita sociedad de Vetusta.

La innovación formal, el lenguaje irónico, el detallismo naturalista y una gran profundidad en el análisis psicológico de los personajes constituyen algunos de los aspectos más logrados de La Regenta.

Pese a que La Regenta se considera hoy en día una de las novelas más importantes del siglo XIX y una de las más destacadas de todos los tiempos, leed lo que en 1884, en una carta a Galdós, “Clarín”, refiriéndose a La Regenta, escribe el propio escritor:

No me reconozco más condiciones que un poco de juicio y alguna observación para cierta clase de fenómenos sociales y psicológicos, algún que otro rasgo pasable en lo cómico, un poco de escrúpulo en la gramática… y nada más. Me creo pesado, frío, desabrido… y en fin, ha sido una tontería meterme a escribir novelas.

El realismo y el naturalismo en La Regenta

En el prólogo a la segunda edición de la obra, Galdós escribió este texto:

Escribió Alas su obra en tiempos no lejanos, cuando andábamos en aquella procesión del Naturalismo, marchando hacia el templo del arte con menos pompa retórica de la que antes se usaba, abandonadas las vestiduras caballerescas, y haciendo gala de la ropa usada en los actos comunes de la vida…

Son los primeros años de la década de 1880 a los que Galdós se refiere. En 1881, tras la publicación de La desheredada, Alas escribe un ensayo en el que aporta ciertas teorías sobre  el Naturalismo. En escritos posteriores —Del Naturalismo y prólogo a La cuestión palpitante— insiste en las mismas ideas y en la defensa del movimiento naturalista. “Clarín” es crítico profundo y con conocimientos consistentes sobre lo que debe ser una novela realista; su gran narración, La Regenta, está respaldada por esa base teórica. Tema, ambiente, documentación, estudio de caracteres, descripciones detalladas… responden a una concepción naturalista.

En 1883, Leopoldo Alas es trasladado a la cátedra de Oviedo. Este entorno provinciano, que “Clarín” tan bien conocía, supone el segundo apoyo a la creación de la novela. La ciudad asturiana le proporciona los puntos de observación que conforman el reflejo que la narración requiere. El último  paso, la confección de la obra, lo da el genio creador de “Clarín”, su sentimiento personal y su sensibilidad. Pese al naturalismo básico de la obra, el autor deja a un lado las teorías restrictivas del positivismo, que sabe trascender, e incorpora a la obra el mundo de lo  anímico y simbólico, llevando el contenido de la novela hacia el aspecto que la crítica ha denominado “naturalismo espiritualista”. Pese a los arquetipos concebidos según unas leyes científicas y deterministas, los personajes creados por “Clarín” viven la complejidad psicológica de la realidad humana.

Clarín fundamenta la composición de la novela en tres aspectos: la documentación, la composición y la experimentación.  En 1882, “Clarín” escribe:

Una vez reunidos los datos, terminado el trabajo de observación, comienza el de la composición y comienza lo que se llama ahora experimentación, tomando la palabra del método analítico de físicos y fisiólogos. La experimentación es la observación preparada en el observador coloca los hechos, los datos adquiridos, en tal disposición, que les hace dar alguna enseñanza acerca del punto que él pretende dilucidar. Para obtener el resultado apetecido, que es el conocimiento de las leyes, el experimentador viene a ser el creador del objeto que observa en cuanto artificialmente  hace que concurran las circunstancias necesarias en los hechos para que estos arrojen, de la observación preparada a que se los sujeta, la ley ya probada, o bien otra no prevista, o la negación pero al final siempre un resultado, una enseñanza, o bien “A” o bien “-A”, que decía Fichte.

En el Arte, la experimentación es ya la obra del artista, que coloca en la disposición conveniente los datos recogidos; así el novelista que ha observado los hechos que necesita para observar un carácter, comienza el trabajo propio en que ya no es espectador pasivo, cuando hace que el carácter aquel se mueva en las circunstancias, en el medio, en la acción que el autor crea, no arbitrariamente tampoco, sino con arreglo a la observación anterior, hecha en el medio natural en que ha de vivir su creación, el personaje figurado. ¿Cómo obraría un carácter supuesto en determinadas circunstancias? La observación nos dirá cómo es natural que obre, y el artista, al presentárnolos en el caso que busca para la experimentación, hace que se mueva conforme exigen la naturaleza del medio y la del carácter.

No ha de intervenir la voluntad del autor para determinar la acción del carácter en tal o cual sentido, porque esto sería volver al idealismo, sino que intencionalmente ha de ir provocando circunstancias que le obliguen a moverse conforme indica la lógica de los antecedentes, como determinan los datos hallados.

 

 

Las reacciones contra La Regenta

Azorín, en su libro Andando y pensando, nos cuenta cómo se recibió La Regenta cuando se publicó el primer volumen en 1885:

En 1885 apareció el primer volumen de La Regenta. Y fechada el 25 de abril del indicado año de 1885, el obispo de Oviedo publicó una pastoral en que se decía, entre otras cosas lo siguiente: “No hace muchos días en que recibieron todos los alumnos de una cátedra de Oviedo como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas, sin que las autoridades académicas ni los compañeros del profesorado —tan puntillosos en otras cosas— tuvieran una palabra de protesta contra ese salteador de honras ajenas.”

Las palabras citadas —especialmente las postreras —eran un poco fuertes. Con fecha 11 de mayo del indicado año, los alumnos de Derecho Romano, la cátedra de Clarín, publicaron espontáneamente una rectificación. No era cierto que Alas hubiera repartido en clase, ni fuera de clase, ejemplares de su novela a los alumnos. No hubo tal reparto —decían los discípulos de Clarín—, “ni aun escuchando de sus labios frase alguna que pudiera referirse al contenido de dicha obra”.

La contestación de Clarín

Leopoldo Alas escribió una larga carta al obispo de Oviedo. “Si no fuera tal vez falta de respeto —dice Alas—, entraría yo aquí ahora en pasmarme de que una personalidad tan ilustrada como el obispo de Oviedo, que tan bien debe de conocer el corazón humano y el comercio de libros en España, haya podido creer que un autor de novelas, que de venderlas vive (y si no come de eso, por menos cena), había de volverse loco hasta el punto de regalar ejemplares de su obra a todos los estudiantes de un cátedra.

Por lo demás —dice—, yo creo que mi novela es moral, porque es sátira de malas costumbres, sin necesidad de aludir a nadie directamente. Ni para bien ni para mal aludo a nadie. Así, por ejemplo, entre mi obispo don Fortunato Camoirán y el actual obispo de Oviedo nadie podrá ver ni el más lejano parecido. Usía, ilustrísimo, usa coche; mi don Fortunato no lo tiene; Camoirán gasta los zapatos remendados, y usía ilustrísima calza bien… Pues si bajamos algo más en jerarquía, encuentro que mi don Fermín de Pas, canónigo y provisor, no se parece a ningún señor canónigo de Oviedo, pues yo atribuyo a mi héroe imaginario unos vicios que aquí nadie tiene y un talento que tendrán muchos prebendos de aquí, pero no en el grado superior, casi genio, que yo me complazco en atribuir al hijo de mi fantasía.”

¿Qué pensáis? ¿Tenía razón el obispo de Oviedo y Clarín era un “salteador de honras ajenas”? ¿La Regenta es un libro “saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas”? Me temo que no os queda más remedio que leerla.

Leer, oír, ver La Regenta.

 Como siempre, os recomiendo que visitéis la biblioteca y localicéis los ejemplares de La Regenta para echarle un vistazo y, si os convence, leerla. Los que deseen una lectura digital pueden hacer clic en la imagen:

Si lo vuestro es escuchar, pinchando en el dibujo podéis oír algunos fragmentos de la novela. 

En 1995 RTVE realizó una serie basada en La Regenta, dirigida por Fernando Méndez-Leite y protagonizada por Aitana Sánchez Gijón, Carmelo Gómez, Juan Luis Galiardo y Héctor Alterio. La serie se puede ver íntegramente online en la página web de RTVE. Pinchad en la imagen y estaréis dentro:

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]
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