El nacimiento de un mito: Don Juan Tenorio de José Zorrilla

Zorrilla comenzó a escribir cuando triunfaban en el teatro García Gutiérrez, Hartzenbusch y Rodríguez Rubí. El éxito de Juan Dándolo (1839), escrito en colaboración con García Gutiérrez, le animó a estrenar ese mismo año Cada cual con su razón, que fue bien recibido, y Ganar perdiendo. El zapatero y el rey (1842) lo consagró definitivamente como autor teatral  y en sus Recuerdos del tiempo viejo escribía que “Desde aquella noche  quedé como un mal médico, con título y facultades para matar, por el dramaturgo más flamante de la romántica escuela, capaz de asesinar y de volver locos en la escena a cuantos reyes cayeran al alcance de mi pluma”(II, 1943:1755).

 Su producción teatral incluye un poco de todo:  alegorías circunstanciales, dramas bíblicos, dramas de enredo semejantes a veces a comedias de capa y espada, y dramas de asunto propiamente histórico.  En sus obras destacaba su capacidad verbal, que le permitía dar brillantez, movilidad y colorido a la escena. A esto se suma la creación de unos personajes leales, heroicos y nobles con los que el público se sentía identificado y que representaban además el ideal español.

Probablemente, el mayor logro de Zorrilla podría decirse que fue prolongar el teatro romántico hasta bien entrado el siglo. Publicó unas treinta obras teatrales, entre las que destacan  El zapatero y el rey (1840-1), El puñal del godo (1842), Sancho García (1846) y Traidor, inconfeso y mártir (1849), su obra más destacada después de Don Juan Tenorio. Para leerlas, pinchad en la imagen:

El zapatero y el rey

El puñal del godo

Traidor, inconfeso y mártir

Don Juan Tenorio (1844)

Don Juan Tenorio (1844), recreación de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, le condujo a la cima de la popularidad. La acción transcurre en Sevilla, hacia 1545, en los últimos años del reinado del emperador Carlos V. Don Juan lleva una vida disipada de duelos y amoríos. Con el fin de ganar una apuesta a don Luis Mejía, un contrincante de su calaña, rapta a doña Inés, de la que finalmente se enamora, pero mata al padre de la joven porque no lo acepta como yerno y debe huir. Cuando regresa, doña Inés ha muerto de amor.

En el panteón familiar de los Tenorio, don Juan se encuentra con el fantasma de su amada, que le pide que se arrepienta en un plazo que Dios le ha concedido para que ambos se salven. Don Juan se arrepiente, en una escena cargada de elementos fantásticos y sepulcrales.

El amor es, pues, el gran tema de Don Juan Tenorio, obra que en opinión de Julián Marías, “tanto contribuyó a crear el lenguaje y la retórica del amor”. Zorrilla ha sido muy leído en España y en Hispanoamérica hasta bien entrado el siglo XX, y su obra Don Juan Tenorio, representada desde 1844 hasta hoy. La tradición de representar este drama cada año el 1 de noviembre da idea de su popularidad. “En esta poesía, lírica o dramática —añade Marías—, han aprendido el lenguaje y las variedades del amor millones de personas”.

El programa de TVE ¿Te acuerdas? nos recuerda que antes de que Halloween pusiera de moda a fantasmas y zombies, aquí en España  había una representación teatral que nos abría las puertas del más allá cada víspera de ‘Todos los Santos’. Era el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, con una segunda parte repleta de apariciones y muertos vivientes.

Nieves Concostrina, en el programa Un día cualquiera de RNE, nos explica por qué la festividad de Todos los Santos no es lo mismo sin Don Juan Tenorio. Escuchadlo, el podcast está lleno datos curiosos. Ya sabéis, para oírlo, pinchad en el logo de Radio Nacional:

La obra se divide en dos partes: la primera de cuatro actos y la segunda de tres, separadas por cinco años. La acción de cada parte se desarrolla en una sola noche. Sin embargo, el aspecto más importante del tiempo dramático del Tenorio es el plazo del desenlace final.

La localización de la historia varía y se alternan espacios cerrados y abiertos. Entre los primeros se cuenta la hostería donde se inicia el drama, el convento, donde profesa Inés o la casa adonde la conduce don Juan. Entre los segundos, las calles y, sobre todo, el cementerio, donde se produce el desenlace.

El personaje de don Juan constituye un mito que ha sido recreado, en diversas formas artísticas, a lo largo de los siglos.

El don Juan creado por Tirso de Molina en plena época contrarreformista es el burlador de las mujeres que desafía al cielo mientras atropella las leyes divinas y humanas con el gesto altivo del: “¡Qué largo me lo fiáis!”. El Burlador se condena porque confía en que tendrá tiempo de arrepentirse de sus pecados antes de morir, lo que no sucede.

Cicognini (1606-1660), en Il convitato di pietra, y Molière, en su Don Juan, van transformando el personaje, iniciando el mito literario. Del libertino original, Molière hace un librepensador que rechaza las creencias y los miedos absurdos. El impío simula convertirse y este pecado le lleva al castigo eterno.

Mozart, en Don Giovanni, (1787), lleva a don Juan a la música, mezclando lo alegre con lo patético del personaje, en un contraste de vida y muerte en el que se funda la esencia misma del mito. Podéis ver la ópera íntegra, en una grabación de Joseph Losey:

El Don Juan romántico inglés, que el poeta Byron no llegó a terminar, exalta la libertad de la pasión. Pinchando en la imagen podéis leer la obra, en inglés, claro:

El Don Juan Tenorio de Zorrilla (1844), queriendo burlar a una novicia, encuentra en ella a la mujer angelical cuyo amor transforma su vida por completo, enamorándose él mismo. El impío romántico, arrepentido (como quiso y no pudo el Burlador barroco), se salva por el amor de doña Inés.

Podéis leer los ejemplares que se encuentran en la biblioteca del centro, o en cualquier otra biblioteca pública, o bien leer la versión digital del Centro Virtual Cervantes:

O bien podéis ver la representación teatral emitida por TVE, con la interpretación de Francisco Rabal y Concha Velasco:

A partir del Romanticismo, la figura de don Juan sigue transformándose en todas las literaturas, persistiendo la tradición del don Juan salvado. Son famosos el de Edmond Rostand, de La última noche de don Juan (1913), y el marqués de Bradomín de las Sonatas de Valle-Inclán, un don Juan “feo, católico y sentimental”. Talante de superhombre tiene el de Hombre y Superman (1901) de Bernard Shaw, un don Juan misógino y socialista, frente al “hombre absurdo” de Albert Camus, en El mito de Sísifo.

Os incluyo, para terminar, tres versiones de don Juan. La primera es una versión cinematográfica de 1922. Está hecha en serio, pero el doblaje con una dicción vertiginosa (¿respiran los actores?) hace de ella una versión cómica:

La siguiente es la película Amar y morir en Sevilla de Víctor Barrera, una de las últimas versiones cinematográficas de la obra. Está en español, con subtítulos en inglés, para que repaséis:

La última es para que os riáis: se trata del sketch de Les Luthiers titulado: Don Juan Tenorio o el convidado de piedra, una de dos. Disfrutadlo:

Pero no termina aquí la lista de donjuanes. Don Juan es un mito y los mitos no mueren.

[Fuentes: La mayor parte de este post procede del excelente libro Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza, Edelvives, 2008; Lengua castellana y Literatura, 2º Bachillerato, Madrid, Oxford, 2009. Las imágenes por orden de aparición: Francisco d’Andrade como Don Giovanni (es.m,wikipedia.com; las portadas de los libros proceden de la Biblioteca Virtual Cervantes y las páginas web de las editoriales.]

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