Proyecto “Mujeres escritoras”: Josefa Amar y Borbón (1749-1833)

JOSEFA AMAR Y BORBÓN

Autora: Laura Rodríguez (1º Bachillerato E)

 

Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza el 4 de febrero de 1749 en el seno de una familia hidalga con una larga tradición en el campo de la medicina. Primera hija y quinta descendiente del prestigioso médico de cámara de Fernando VI y médico catedrático de anatomía, Don José Amar y Arguedas, y de Doña Ignacia Borbón y Vallejo, hermana del virrey de Nueva Granada, Antonio José Amar y Borbón; emparentada con ilustres familias de la región e incluso con el Conde de Aranda. Su padre, nacido en Borja en 1715, se doctoró en esa facultad por la Universidad de Zaragoza en 1739 y fue admitido en el Colegio de San Cosme y San Damián. En 1743 obtuvo la cátedra de Anatomía y después la de Aforismos  que desempeñó hasta 1754 en que se trasladó a la corte con toda su familia. Allí fue médico real, académico y vicepresidente de la Real Academia Médica Matritense, socio correspondiente de la Real Sociedad de las Ciencias de Sevilla y de la de Oporto y hombre de buena reputación. Fernando VI le nombró médico de la Real Cámara y Carlos III le mantuvo en el puesto. De esta manera conoció  el éxito y fue un hombre inquieto por los temas de su tiempo, poseía una culta biblioteca  donde escribió más de media docena de obras, todas sobre su especialidad y en concreto sobre el sarampión y las viruelas. Era un buen cristiano influido por las nuevas ideas, ya que dedicó bastante parte de su patrimonio al hospital de su ciudad natal de Borja y pidió que se le enterrase en el Oratorio de San Felipe de Neri  a su muerte en 1799, a los 64 años. A la muerte del padre, quedó como tutora y viuda doña Ignacia que, a pesar de la situación de las mujeres en la época, era una mujer alfabetizada. Y es que doña Ignacia provenía de una familia con una tradición médica mucho más arraigada. Don Felipe Borbón, su bisabuelo, don Miguel Borbón y Berné, su abuelo, y don Antonio de Borbón e Izquierdo, casado con una hermana de don Miguel, fueron algunos de los nombres más destacados en la familia. Muchos de ellos formaron parte de las élites ilustradas. El hallazgo del proceso de presentación de su hermano Francisco para un beneficio de la iglesia parroquial de San Miguel de los Navarros de Zaragoza en 1779, en el que consta su genealogía ha ayudado a remontar sus orígenes familiares a principios del siglo XVI. También se constata que el apellido materno original era Busiñac, lo que la relaciona con importantes artistas zaragozanos de fines del siglo XVII que eran de origen francés, en concreto del Rosellón, aunque la forma Borbón aparece también con anterioridad en la parroquia de San Miguel. Asimismo, se aportan los datos extraídos de su partida de defunción, que confirma la fecha del 21 de febrero de 1833, hasta entonces incorrecta.

Vivió la mayor parte de su vida en Aragón, alternando entre Zaragoza, Tarazona y Borja, pero debido al ascenso de su padre como médico de la realeza, trasladan su residencia a la Corte. Del tiempo que vivieron en Madrid no se sabe mucho, excepto que su domicilio se situaba en la calle Caballero de Gracia y que su padre asistía regularmente a Palacio donde trataba con la nobleza cortesana.  A pesar de la larga tradición familiar de profesiones liberales de médico o abogado, los descendientes tomaron caminos diferentes. Tres de ellos, Antonio, Rafael y José, se decidieron por la milicia y el cuarto, Francisco, se hizo eclesiástico. Antonio, el mayor, fue el que más éxito tuvo, aunque el resto también desarrollaron una magnífica carrera,  ya que incluso fue nombrado virrey. Sin embargo, ella no se queda atrás, es conocida por ser pedagoga, traductora y una de las escritoras más importantes de la Ilustración aragonesa y española. Además de la educación que sus padres le aportaron, los principales responsables de sus conocimientos son sus preceptores eruditos: don Rafael Casalbón y don Antonio Berdejo. El primero fue un helenista reconocido cuya obra más importante fue la publicación en latín de los textos griegos inéditos existentes en las Biblioteca Real. El segundo era un gran conocedor de las lenguas clásicas, fue miembro activo de la Sociedad Económica en Zaragoza y mantuvo una relación muy estrecha con su discípula. Gracias a ellos no sólo recibió un excelente conocimiento humanístico sino que fue una lectora apasionada. Leía a  Bacon, Locke, Rousseau, Fénelon, Diderot, Riballier, Thomas, Rollin, Boudier de Villemert, Mesdames du Bocage, de Lambert, Le Prince de Beaumont, y Genlis, Caraccioli, Bandiera, y los ilustrados españoles Hervás y Panduro, Iriarte, Jovellanos, Cabarrús, Cubié, el Duque de Almodóvar… Pero, como buena erudita aragonesa, recomendaba las obras de Zurita, Gracián y Quevedo.

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Destaca  su ansia de saber, aprendió latín, griego, italiano, inglés, francés, portugués, catalán y un poco de alemán. También le interesaron las cuestiones bibliográficas. Conocía toda la obra de los ilustrados e ideólogos franceses y la de John Locke, y su pensamiento pasó de una Ilustración avanzada a un liberalismo convencido. Aborreció la extrema religiosidad de la cultura de la época y se mostró en todo como una laica convencida; nunca citó a escritoras religiosas. Josefa se oponía rotundamente a que las niñas se educaran  en conventos de monjas y que incluso existieran dichos lugares. Para terminar de reseñar sus conocimientos, destacan también sus carencias en conocimientos científicos y el mínimo gusto por la música o el teatro. A pesar de ello, cuenta con una excelente formación, que fue una gran vía directa a la tradición cultural.

Como condición de mujer, su principal preocupación establecida en la época era contraer matrimonio. Así que se casó en 1772 a los 23 años con Joaquín Fuentes Piquer, un abogado viudo de 47 años de procedencia aragonesa y muy buena reputación al que apenas conocía. Nada más casarse tuvieron que trasladarse a Zaragoza, ya que  su marido fue nombrado oidor de la Audiencia de Aragón, lo que supuso su vuelta a su ciudad natal.

En 1782 fue nombrada socia de mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, al igual que ingresa en carácter de excepción a la Real Sociedad Económica Matritense. La entrada en la Matritense es una cuestión de gran relevancia, ya que fue el primer espacio público femenino desde el que numerosas mujeres se dejaron oír y desde el que actuaron por vez primera  de modo conjunto en el ámbito social.En 1787 pasa a formar parte de la Junta de Damas de Honor y Mérito y por ello escribe una Oración Gratulatoria, vinculada a la Real Sociedad de Madrid, y posteriormente de la Real Sociedad Médica de Barcelona

En 1786 Don Joaquín sufre una apoplejía que le hace vivir retirado durante doce años hasta que muere un 3 de septiembre de 1798, a los 72 años. Durante la larga enfermedad de su esposo, nuestra protagonista escribió sus mejores obras y mantuvo sus conexiones con la Sociedad Económica Aragonesa hasta poco antes del fallecimiento de su marido. Todavía en la década de los noventa mantenía la relación con las Damas de la Matritense y se dedicaba a sus menesteres intelectuales, domésticos y en obras de caridad.

Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia (Zaragoza)
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De su matrimonio nació Felipe, quien siguió la carrera de su padre y  que en 1802 ya tenía una plaza como oidor en la Audiencia de Quito. Pero Felipe fallece a manos de los insurgentes poco después de la muerte de su padre. Josefa,  desolada por ambas muertes, poco a poco  se fue retirando de las letras y de manera definitiva con la Guerra de la Independencia. A partir de aquí Josefa pasa al anonimato, tal es así que parece desconocerse la fecha exacta de su muerte, se data  en 21 de febrero de 1833 y se conserva una lápida no muy clara en el cementerio del Hospital de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza donde estuvo trabajando.

Su  fama de mujer de letras, gracias a sus traducciones y a alguna obra original que se ha perdido, y años más tarde incrementada por el prestigio de su  tratado de educación, le permitía ser escuchada y respetada. Se dedicó principalmente a la traducción de obras extranjeras, mayoritariamente científicas, y en su juventud de Jenofonte, Plutarco, Ovidio, Cicerón y Terencio. Entre 1782 y 1784 tradujo los seis tomos del Ensayo histórico-apologético de la literatura española contra las opiniones de algunos escritores modernos italianos del abate Francisco Javier Lampillas contra Girolamo Tiraboschi (1786). A éste añade una segunda edición ampliada con un Índice de autores y materias en 1789. Esta traducción le dio la oportunidad de ser conocida en La Sociedad de Amigos del País de Zaragoza  que le invita a forma parte como socia honorífica. Además de encargarle en 1790  la traducción del Discurso sobre el problema de si corresponde a los párrocos y curas de aldea instruir a los labradores en los elementos de la economía campestre, acompañado del plan de Francesco Griselini de 1783 que le aporta mayor renombre. En ese mismo año estaba escribiendo una Aritmética española que no se conserva. En 1790 tradujo el Diario de Mequinez, residencia del emperador de Fez y Marruecos con motivo de la embajada del caballero Stewart en el año 1721, para tratar del rescate de los cautivos ingleses y la Educación liberal de Vicésimo Knox, de 1781. También destaca la traducción del  Apéndice a la Literatura Española del siglo XVI con inusuales referencias religiosas.

JOSEFA AMAR Y BORBÓN DEFENSORA DE LA MUJER

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Josefa Amar destaca en la reiterada defensa de la aptitud de las mujeres y desempeño de funciones políticas y sociales. Así lo demuestra el Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno (Madrid, 1786) que suscita cierta polémica, al insertarse en el Memorial Literario, uno de los periódicos de mayor prestigio. Finalmente, es en 1790 cuando publica su obra de madurez, el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres, que la sitúan como adelantada en la historia del feminismo español.

Dice María Victoria López-Cordón , la editora del Discurso, que Josefa Amar tenía lo que en su época se llamaba una ‘mente varonil’. Además, por pertenecer a una familia de médicos, poseía una gran erudición también en ese ámbito y es así como inicia su Discurso refiriéndose al cuidado físico. En el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres se lee que éste es «el móvil de mayor impulso para que se logren (…) los beneficios que el Estado puede esperar de esta noble y considerable parte de sus individuos».

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Defendió en la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País de que formaba parte la independencia y dignidad de la mujer, por medio de su traducción de uno de los libros europeos más famosos sobre el tema, el de Knox, Essay moral and literary, y de varios discursos citados que escribió y pronunció entre 1786 y 1790.  En todos ellos defiende el feminismo de la igualdad. Hizo lo que pudo en función del logro de sus objetivos de igualdad y derechos, pero sin sobrepasar los límites impuestos por la sociedad, los cuales aceptó para no alterar el orden social, aunque siempre convencida de que esos límites eran convencionales, siendo la educación la que podía cambiarlos cuando fuese el momento.  Josefa con su Discurso pretendía mejorar la sociedad, buscando que la mujer se acercase cada vez más a ser una ilustrada.

JOSEFA AMAR Y BORBÓN,  MUJER ILUSTRADA

Josefa Amar señala la contradicción en la que viven las mujeres de su época: las que antes permanecían recluidas en sus casas ahora gozan de la vida de la corte. Esta situación suscitó en algunos la necesidad de reformar la situación de las mujeres por medio de la educación.

Cabe destacar la importancia que adquiere la educación en la época ilustrada. “El siglo XVIII, es el siglo de la pedagogía, ya que la educación ocupa el primer plano de las preocupaciones de los reyes, de los pensadores y de los políticos”  quienes la apoyarán, creando escuelas, revisando sus estatutos, dictando leyes educacionales. “Existirá un proceso de desarrollo hacia un nuevo enfoque de la teoría educativa que formará parte del fenómeno general de la Ilustración, el cual tendrá su raíz en el pensamiento de John Locke y de Jean Jacques Rousseau, planteándose el que el hombre puede alcanzar el progreso social mediante la educación.”

Junta de Damas de honor y mérito (juntadedamas.org)

La minoría que esta a favor de la educación de las mujeres tiene gran influencia en los asuntos públicos del país, especialmente durante el reinado de Carlos III, monarca que la apoya como Jovellanos o Campomanes. La opinión favorable de estos contribuyó enormemente a que aquellas adquirieran lugares desde donde expresarse y trabajar para el país, por ejemplo, al crearse en 1787 la Junta de Damas de Honor y Mérito.

El gran cambio, entonces, en cuanto a la situación social de las mujeres en el siglo XVIII es que, por primera vez, los hombres preocupados por la educación de las mujeres y por el trabajo más adecuado a su constitución serán los hombres que gobiernan el país. En España, el ascenso social de la mujer se manifestará en la autonomía que poco a poco ésta va logrando. En las clases más humildes se evidenciará en los trabajos de producción, mujeres pasan a realizar la cosecha. Las señoras de las clases altas, por otra parte, se dedicaron a las tareas de beneficencia y de educación.

Josefa Amar sostiene que hay tareas que son propias de las mujeres, aunque no las atribuye a la naturaleza femenina sino más bien a la situación social en que la mujer se encuentra “hay ciertas labores que corresponden peculiarmente a las mujeres, como, por ejemplo, el coser, el hilar, etc., y que no podrían hacer los hombres sin descuidarse de sus obligaciones. También les toca el saber el manejo y gobierno doméstico, porque están más horas en casa, y pueden conocer mejor los criados, y arreglarlos.”

Josefa Amar es propulsora por una educación completa para las mujeres, pero insiste en que las labores de manos y el gobierno doméstico, serán las actividades prioritarias.

CAMBIO EN LAS ESCUELAS

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En 1776 los matritenses crean las escuelas patrióticas, y en 1783 Carlos III establece las escuelas gratuitas para niñas en el país.  Anteriormente, “mientras a los primeros se les enseñaba a leer, escribir y contar y Gramática… además de los rezos y el catecismo, a las niñas se las enseñaba tan sólo rezos y labores”. A fines de siglo, en las pocas escuelas para niñas se empezaría a enseñarles a leer y escribir, pero sólo a las que lo hubieran pedido.  Además, Josefa tuvo una intervención destacada en la Aragonesa, poniéndose  al frente de la Escuela de Hilados para niñas, como parte de la “educación popular” impulsada por los ilustrados.Las pocas mujeres que pudieron acceder a una mejor educación lo hicieron mayormente por sí mismas o mediante clases particulares.

CAMBIO EN LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS

En su Discurso, Josefa Amar remarca la igualdad que existe entre hombres y mujeres en cuanto a las capacidades intelectuales, ética, etc… reiterando que era de gran beneficio para el país contar con el elemento femenino en sus sociedades: “Concluyamos, pues, de todo lo dicho que si las mujeres tienen la misma aptitud que los hombres para instruirse; si en todos tiempos han mostrado ser capaces de las ciencias, de la prudencia, y del sigilo, si han tenido y tienen las virtudes Sociales; si su aplicación puede ser conveniente a ellas mismas y al estado; si puede ser un remedio a los desórdenes que tanto se gritan, el aplicarlas a los asuntos que comprende la Sociedad; si el peligro, que amenaza a ésta de su concurrencia es remoto; y aun éste puede precaberse, no admitiendo sino a las que sean verdaderamente dignas de ello; si no es nuevo en el mundo que intervengan a las deliberaciones; si actualmente ocupa una muger la Presidencia de las ciencias en una Corte de Europa, que es más que sentarse como individuo en un cuerpo, las materias que trata nunca son tan abstractas; y si en fin se trata de hacerlas amigas del país, lo qual sería en mucha utilidad éste, con tales hipótesis, lejos de ser perjudicial la admisión de las mugeres, puede y debe ser conveniente.”

JOSEFA AMAR Y BORBÓN Y LA EDUCACIÓN PARA LAS MUJERES

 Josefa Amar inicia su Discurso haciendo alusión a la necesidad de la educación para lograr la felicidad “si se consiguiese ordenar de manera los individuos, que todos fuesen prudentes, instruidos, juiciosos y moderados; si cada familia fuese arreglada, unida y económica, resultaría necesariamente el bien general del Estado… Así, cuanto mejor fuere la educación, será mayor el número de las personas felices, y más grandes… las ventajas de aquella República.”

Propone que para alcanzar la felicidad, primero debe obtenerse la salud que explica en su Discurso sobre La Educación física. Además Josefa insiste en una buena educación, tanto del padre como de la madre para que entre otras cosas, puedan realizar con éxito la crianza de sus hijos, y los estimula a realizar un cuidado sobre sí mismos, incluso antes de la concepción. A las madres, durante el embarazo, les señala desde la mejor dieta hasta el tipo de vestimenta adecuada.

La educación es un derecho del niño y por lo tanto un deber de los padres. Señala que los padres son los más interesados en que sus hijos sean “obedientes, juiciosos, arreglados y puntuales en el cumplimiento de sus obligaciones, porque… podrán contar con que los respetarán siempre y socorrerán si fuere preciso.”

Necesidad de la educación femenina

En cuanto a la necesidad específica de la educación de las mujeres, se refiere por un lado a la relación del matrimonio en la cual debe haber armonía, por el otro al papel social de la mujer y finalmente a la satisfacción y crecimiento personal de quien aprende. Josefa Amar demuestra con ejemplos, que las mujeres están tan capacitadas para comprender como los hombres. Pero la falta de educación, y por causa de ello el carecer de buenos ejemplos, las vuelve insensatas: “será del caso que las mujeres cultiven su entendimiento sin perjuicio de sus obligaciones: lo primero, porque puede conducir para hacer más suave y agradable el yugo del matrimonio: lo segundo, para desempeñar completamente el respetable cargo de madres de familia, y lo tercero, por la utilidad y ventaja que resulta de la instrucción en todas las edades de la vida.”

En el orden de lo social una mujer ilustrada que pone su entendimiento al servicio de su Patria es más preciada que una mujer ignorante que sólo se ocupa en cosas vanas, además su ilustración es útil no sólo a ella sino a los que frecuenta, que pueden encontrar en su trato “la satisfacción y contento que produce la instrucción y civilidad.”

Enseñanza a mujeres de clases altas

Cuando Josefa Amar se refiere a la educación de las mujeres, habla de un grupo en particular, las de clase alta, no a las de clase común. Estas mujeres hallan la felicidad en el matrimonio con que el marido se aplique al trabajo y encuentre apoyo en ellas. La ilustración y el cultivo del entendimiento servirán a aquella mujer que pretenda casarse con un hombre también culto de manera que entre ellos haya armonía. En este contexto, Rousseau también opina que es importante para un hombre que tenga educación casarse con una mujer que se cultive, de manera de poder mantener con ella un diálogo coherente y que pueda también guiar sabiamente a sus hijos, pero sin embargo dice “preferiría cien veces más una joven sencilla y vulgarmente educada, que una joven sabia y espiritual, que llegase a establecer en mi casa un tribunal de literatura del que se hará la presidenta. Una mujer de esa clase es la plaga de su marido.”

Aquí debemos marcar la gran diferencia de Josefa Amar con el pensamiento de Rousseau. Éste sostiene que la desigualdad que existe entre hombres y mujeres no es una institución humana, “en todo cuanto no corresponde al sexo – dice – la mujer… posee los mismos órganos, las mismas necesidades, las mismas facultades… y en cualquier relación en que se les considere, no difieren entre sí en nada importante. En todo lo que se relaciona al sexo, la mujer y el hombre tienen en todo relaciones y en todo diferencias” , por lo tanto, esta ‘injusta desigualdad’ no es obra del prejuicio sino de la razón y, justificándola entonces en función de esta diferencia de sexos, de carácter y de temperamento deduce de ello que hombres y mujeres no deben recibir el mismo tipo de educación.

LA EDUCACIÓN FÍSICA EN EL DISCURSO DE JOSEFA AMAR Y BORBÓN

Sobre el Discurso

Josefa Amar se encuentra dentro de la nueva línea de pensamiento que consideraba al niño como un infante, una versión imperfecta de persona, que debía corregirse.En este “clima de sensibilidad hacia la niñez como etapa necesitada de cuidados y acciones educativas específicas”  Josefa Amar escribe su Discurso, siguiendo la premisa de que “empieza la educación del hombre desde que nace; antes de hablar y antes de oír, ya se instruye”

Plantea la necesidad de escribir este libro argumentando que son pocos quienes tratan sobre educación femenina y no lo hacen profundamente, y además que no existía en castellano “una obra que comprenda los dos puntos esenciales en la educación, como son la parte física y moral”.

El Discurso se divide en dos partes, que tratan la primera sobre la educación física y la segunda sobre la moral. Comienza el mismo diciendo que estas dos constituyen la ‘perfecta educación’. “La primera, por la relación que tiene con la robustez del cuerpo y sus funciones, que es de tanta importancia para el curso de la vida; y la segunda, porque se dirige a ordenar el entendimiento y las costumbres, que es el único medio de adquirir una constante y verdadera felicidad.”

Contenidos del Discurso

La educación física para el logro de la salud

De la sanidad y del buen régimen del cuerpo depende la salud del organismo, y de esta depende que el individuo pueda logra la tan preciada felicidad. “Nuestra máquina está de tal suerte organizada en todas sus partes, que cuando alguna padece, las otras no pueden ejercer libremente sus funciones, y éste es uno de los motivos para que se procure y estime la salud.”

Locke también inicia su obra educativa con palabras similares: “un espíritu sano en un cuerpo sano es una descripción breve pero completa de un estado feliz en este mundo”. Por ello indicará en su Discurso las prácticas necesarias desde la concepción misma, para lograr el buen desarrollo de la persona dando consejos a medida que los niños y las niñas van creciendo.

Sobre la concepción, el parto y la lactancia

Comienza su libro refiriéndose a las consideraciones que debía tener la mujer embarazada. Da consejos a padres y madres para evitar enfermedades. Recomienda un tipo determinado de alimentos para la mujer en este estado y desdeñar el alcohol. Se refiere a los ritmos en la alimentación y en el dormir, pide que no utilicen cotillas y enumera los efectos que producen en la madre y el niño.

En los siguientes dos capítulos trata sobre el parto, recomienda el parto natural dejando la intervención humana sólo para aquellos casos ‘extraordinarios’ que así lo requieran, señalando además que es perjudicial adelantarlo.

Andrés de Islas, Castas (revistabicentenario.com.mx)

También se refiere a la lactancia. En aquella época se aconsejaba a las madres no amamantar a sus hijos durante los tres primeros días de nacidos, ya que existía la creencia de que el calostro era nocivo para una buena digestión. Era importante que las madres amamantasen a sus niños ya que se suponía que a través de la leche la madre transmitía, además de los nutrientes necesarios para el buen desarrollo del niño, características de personalidad. Se creía además que la leche les resultaba más beneficiosa a los niños que a las niñas. Era primordial entonces, que si la madre no podía proporcionar el alimento suficiente se buscase una buena aya, con la personalidad y el temperamento adecuados, que pudiera igualmente transmitir buenas cualidades a los recién nacidos. Los ilustrados se manifiestan contra esta costumbre que se iba volviendo cada vez más común, exponiendo los beneficios que derivan de la crianza materna. En esta línea, Rousseau habla de la importancia del vínculo de amor entre la madre y el hijo, que se refuerza con el amamantamiento. Josefa Amar también llama la atención a las madres recordándoles que ‘por naturaleza’ están llamadas a criar ellas a sus hijos: “El mismo Criador, que por su sabia providencia ha dispuesto que la mujer concibiese y pariese, le ha dado los medios e instrumentos para alimentar su prole sin que en este punto se advierta la menor diferencia entre una mujer de baja esfera y la señora más ilustre y distinguida. Si consideramos que ésta ha sido una máxima inviolable de todas las naciones, se conocerá su respetable origen.” Pero como contempla también la posibilidad de la necesidad de un aya, advierte sobre las características que esta deberá tener, tanto física como moralmente. Se refiere también a las ‘calidades’ de la leche y a cómo mejorarlas.

Cuidados físicos para el niño de pecho

Habla sobre los cuidados del niño de pecho. Se manifiesta contraria a la costumbre de fajar a los niños, perjudicial para ellos y cómoda para las amas ya que así los niños no pueden moverse.

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Ésta era una costumbre muy arraigada, en la que se ponía al niño en posición fetal fajándolo con vendas largas a una tabla lisa. También se le ataba la cabeza con un círculo para que el cráneo tomara forma alargada. “Los brazos se liberaban en general después de tres o cuatro semanas de vida, el cuerpo entero entre los nueve meses y el año.”Rousseau denunciaba esta práctica: “Apenas ha salido el niño del vientre de su madre, y apenas disfruta la facultad de mover y extender sus miembros, cuando le ponen nuevas ataduras. Le fajan, le acuestan con la cabeza fija, estiradas las piernas y colgando los brazos; le envuelven con vendas y fajas de todo género, que no dejan mudar de situación; y no es poca dicha si no le han apretado de manera que le estorben la respiración”.Proponía, por el contrario, que lo dejen “dilatar sus miembros para sacarlos del entorpecimiento en que han estado tanto tiempo recogidos en un envoltorio.”

En los capítulos siguientes Josefa Amar recomienda someter a los niños a baños fríos, a la exposición al aire libre, a fríos moderados, a no demasiada luz ni calor, proporcionarles fricciones con aceite, no apresurarse a enseñarles a andar y no utilizar andadores. Habla sobre la dentición y la debilidad que sufren en ese momento. Se refiere también al período de destete, que normalmente se realizaba untando los pezones con mostaza cuando al niño le salín los dientes.

En el capítulo posterior del libro explica  las distintas enfermedades de los niños, recomendando tratamientos para cada una de ellas.

El cuidado de las niñas

Se refiere a los vestidos, hace una distinción entre niños y niñas ya que “es ésta una de las señales peculiares a cada uno.”  Se hace patente la influencia de Locke, que establece también la diferencia entre los dos sexos sólo cuando se refiere a la vestimenta. Al entrar en este tema, Josefa Amar aprovecha nuevamente para manifestarse en contra de la utilización de las cotillas, y de todo aquello que comprima el cuerpo. De los vestidos de las niñas dice que no han de ser ricos, por un lado para evitar el caro coste y por el otro para que las niñas puedan jugar libremente y así desarrollarse.

Invita a realizar actividades por la mañana temprano, cita a Doña Oliva de Sabuco, que recomienda gozar “de respirar el aire limpio y fresco de la mañana y aurora cuando viene huyendo de los rayos del sol antes que salga […] saliéndote al campo muy de mañana […]   y en el dicho campo hacer un moderado ejercicio.”

Para poder hacer esto las niñas deberán acostarse temprano, de manera de tener un sueño largo, que les permita reponer las fuerzas que han consumido durante el día. Además da recomendaciones acerca de cómo deben ser la cama y las compañías.

Finaliza esta primera parte recomendando mantener a las niñas siempre con la imaginación activa “y que puedan alternar inocentemente sus diversiones.”

LA EDUCACIÓN MORAL EN EL DISCURSO DE JOSEFA AMAR Y BORBÓN

Josefa Amar entendía la necesidad de una educación física para el mantenimiento de la salud y de la robustez del cuerpo. La educación moral, de la que trata en la parte segunda de su Discurso implica una educación del intelecto que permita la integración en la sociedad y a raíz de esto, el logro de la felicidad.

Sostiene que lo mejor para las niñas es no separarse de sus madres, ya que éstas son el modelo más fuerte que poseen. De ahí, entre otras, la importancia de los mayores en el cuidado de sus costumbres. Las lecciones de la economía, la modestia y la dedicación al hogar y a su marido, son las mejores que una madre puede dar a sus hijas reitera. Dentro de lo que se les debe enseñar, pone énfasis en el respeto y la obediencia a los padres.

Al inicio se ocupa de la primera infancia, y como en esta edad los niños no entienden todavía las palabras habla de la importancia de las expresiones y se refiere a la educación por el gesto del semblante. Esto es tan importante que aún cuando los niños estuvieran capacitados para comprender las palabras, estas deberían ir siempre acompañadas por gestos. Esto último se recomienda especialmente en la educación de las niñas, para quienes “la vergüenza es prenda recomendable […] que conviene fomentarla y mantenerla a cualquier precio.”

En esta segunda parte se refiere también a la importancia del tiempo bien distribuido y vuelve a plantear la necesidad de contemplar momentos de juegos junto con los de rezo y estudio.En cuanto a las tareas propias de las mujeres recomienda que cada niña se dedique a lo que tiene más afinidad.

La curiosidad como motor del aprendizaje

La ‘curiosidad’ de las mujeres es considerada por Josefa Amar como la manifestación del deseo de conocimiento. Fuertemente influenciada por Locke y Fenelon, a quienes cita, Josefa descubre en las preguntas de las niñas la disponibilidad para que se dé el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando un niño pregunta está dispuesto a aprender, por ello debe aprovecharse cada instante tanto para instruirlo en lo que le conviene como para conocer las inclinaciones del pequeño, conforme fueren las preguntas. Este es el único medio que los niños pequeños poseen para cultivar su entendimiento, de ahí la importancia de no reprimirlos.

A este respecto debe señalarse que Rousseau les niega esta posibilidad a las mujeres: “Si no se les debe permitir a los jóvenes preguntas indiscretas, con mucha más razón debe prohibírseles a las jóvenes, en las que la curiosidad satisfecha o mal eludida, tiene una consecuencia distinta…”  y propone por el contrario convertir las conversaciones con las muchachas en verdaderas lecciones de moral: “sin soportar sus interrogantes, yo quisiera que se las interrogase mucho a ellas mismas, que se tuviese cuidado de hacerlas conversar, que se las halagase para ejercitarlas a hablar fácilmente, para hacerlas vivas en la respuesta, para desliarles el espíritu y la lengua, mientras esto se pudiera hacer sin peligro. Estas conversaciones siempre desviadas en alegría, pero manejadas con arte y bien dirigidas, constituirían un entretenimiento encantador para esta edad, y podrían llevar a los corazones inocentes de estas jóvenes las primeras y pueda ser que las más útiles lecciones de moral que ellas tomarán en su vida, enseñándoles, bajo el atractivo del placer y de la variedad, a qué cualidades conceden verdaderamente su estimación los hombres, y en qué consiste la gloria y la felicidad de una mujer honrada.”

El ejemplo como elemento pedagógico

Como la madre es el modelo de las hijas, es especialmente en ella en quien recae la obligación de transmitirles buenos ejemplos. Josefa Amar llama a éstas ‘lecciones mudas’ y sostiene son las más importantes. Se manifiesta en contra de “una educación fundada en preceptos secos y rígidos que instruye poco, y hace aborrecible la sujeción”. Pone como ejemplo las lecciones de Doña Luisa de Padilla, dice: “tan persuadida estaba esta señora del influjo que tiene sobre las hijas la conducta y calidades de la madre, que instruyendo a su hijo en las circunstancias que debía mirar para la elección de mujer, le dice: «la primera información para casaros, sabida la igualdad de la sangre que importa mucho, sea de la virtud, valor y talento que hubiere en la madre de la persona en quien pusieres los ojos; porque casi siempre lo comunican a las hijas: y si estas partes tuviere la que buscáis, no reparéis en dote, etc».”

Sobre los preceptores, como así también los criados y todos aquellos con quienes tratarán los niños, debe asegurarse que observen una correcta conducta.

Importancia del estímulo en la enseñanza

Influenciada por Locke quien ya había señalado esta importancia en el ámbito educativo, Josefa vuelve sobre este punto pero refiriéndose específicamente a la educación de las mujeres. Ya en su Discurso reprochaba a los hombres de que no hubiera “un establecimiento público destinado para la instrucción de las mujeres, ni premio alguno que las aliente a esta empresa”.

Marca las diferencias entre las posibilidades con las que hombres y mujeres se encuentran ya desde niños. Aquellos oyen desde antes de aprender a leer que existen universidades, colegios, empleos para los que estudien, en cambio la mujer que quiera instruirse deberá hacerlo por sí misma, por la conveniencia que a ella le resulta “pues sabe que no puede aspirar a ninguna recompensa.”

En este contexto insiste a los Señores de la Junta General de la Real Sociedad Económica Matritense: “Señalen premios, y estímulos a las mujeres aplicadas y laboriosas: sea uno admitirlas a la Sociedad, y entonces es natural que procuren merecerlo. Mientras no se haga así, y se las considere como un miembro podrido, o separado del cuerpo Social, ¿qué progresos pueden hacer?”. El premio, dice “es el estímulo más universal y poderoso que se conoce para mover todas nuestras acciones” , de ahí la necesidad de darle algún lugar en la sociedad a aquellas mujeres que quieren dedicarse seriamente al estudio.

MUJERES EN LA HISTORIA

El programa de RTVE “Mujeres en la historia” dedicó uno de sus capítulos a La Ilustración y las mujeres, en él se estudió las figuras de María Josefa Alfonso Pimentel (condesa duquesa de Benavente), María Francisca de Sales Portocarrero (condesa de Montijo) y nuestra escritora, Josefa Amar y Borbón, pertenecientes al grupo de mujeres de la Ilustración que, como hemos visto,  empieza a romper moldes. Entran en sociedades y academias tradicionalmente masculinas, crean y dirigen salones literarios y políticos, protegen a los artistas y literatos más singulares de su época, y se preocupan de elevar el nivel cultural de la sociedad, en especial el de las mujeres. Si pincháis en la imagen, podréis ver el vídeo.

BIBLIOGRAFÍA

 

CONCLUSIÓN

Elegí esta escritora porque me le recomendaste y  es aragonesa, no pensé que me fuera a contribuir algo positivo, pero una vez terminado el trabajo y sabiendo el gran esfuerzo que Josefa Amar y Borbón hizo por reivindicar los derechos a la mujer e igualar su estatus con el masculino me ha dejado sin palabras. Me ha gustado mucho  contribuir a ‘sacar a la luz’ a esta mujer y su vida me ha parecido muy interesante, al igual que su sabiduría y su empeño por luchar. Como mujer me siento verdaderamente orgullosa de ella.

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