Proyecto “Mujeres escritoras”: Carolina Coronado, el “Bécquer femenino”

CAROLINA CORONADO, EL “BÉCQUER FEMENINO”

Autoras: María de Miguel y Marina García (1º Bachillerato E)

INTRODUCCIÓN

La vida de Carolina Coronado transcurre en uno de los periodos históricos más convulsos de la historia de España: en poco menos de 100 años la política, economía y sociedad experimentaron grandes cambios atravesando desde el Antiguo Régimen hasta la historia contemporánea.

VIDA

Carolina Coronado Romero de Tejada nació en en el seno de una familia acomodada de Almendralejo (Badajoz), pero de ideología progresista, lo que provocó que su padre y su abuelo fueran perseguidos. Se ha especulado sobre la fecha de su nacimiento, ya que no hay demasiadas coincidencias a la hora de determinar el día, el mes y el año en el que comenzó la vida de la poetisa. Ángel Fernández de los Ríos biógrafo, sembró confusión al situarla en diciembre de 1823 y Ramón Gómez de la Serna dijo en agosto de 1821. Esta última parece ser la más acertada.

Carolina tuvo tres hermanas y cuatro hermanos de los cuales, a muchos de ellos dedicó varios poemas, especialmente a Emilio.

Tras mudarse a la capital (Badajoz) Carolina sería educada de la forma tradicional para las niñas de la época, pese a lo cual, ya desde pequeña mostró su interés por la literatura, y comienza a leer cualquier género u obra que puede conseguir. Además, se limita a aprender a escondidas el idioma del francés y a tocar el piano y el arpa, símbolo y afán de rebeldía. Por ello, ya a la temprana edad de diez años, desarrolla una extraordinaria creatividad idónea para componer versos con un lenguaje algo desaliñado e incluso con errores léxicos, pero espontáneo y cargado de sentimiento, motivado por amores imposibles, entre los cuales destaca la figura de Alberto, de quien se duda si realmente llegó a existir.

Durante los próximos años, va a tener que lidiar con muchos problemas; uno de ellos consecuencia de los pensamientos liberales de su familia; el encarcelamiento de su padre y el desprecio recibido hacia su madre que le hará manifestar dentro de ella una exaltación a las libertades humanas.

Posiblemente también contribuyese a su temperamento, romántico y pesimista, la afección de catalepsia crónica que padecía, llegando a “morir” (entrar en estado de coma) varias veces, lo que hizo que se obsesionase con la idea de poder ser enterrada en vida, hasta tal punto que embalsama el cadáver de su marido “Alberto” negándose a enterrarlo. Habiendo hecho voto de castidad tras la muerte de Alberto (fuese éste real o imaginario, ya que de él no aparecen documentos) lo anula al casarse en Madrid en 1852 con Justo Horacio Perry, secretario de la embajada de EE.UU.

La muerte de esta escritora revolucionaria se produjo el 15 de enero de 1911 en Lisboa, Portugal.

OBRAS

Desde el punto de vista temático, su obra es muy diversa: la contemplación e interpretación subjetivas de la naturaleza, el amor, la religión, el compromiso cívico, social e incluso político, y sobre todo el feminismo, que es uno de los motivos más personales y constantes en su obra. Su obra poética es merecedora de ser conocida, por el “polimorfismo” (variedad) en la métrica, y uso de los adjetivos y “sinestesias” (sensación variada de una localización).

 Poesía

Referentes

De claro estilo romántico, consigue unas composiciones con una gran carga de sensualidad, muy próximas al naturalismo, como en su poema más conocido: El amor de los amores; que escribirá en Sierra Jarilla tras la muerte de “Alberto”

Carolina Coronado se dedica ya desde muy joven no sólo a la composición de sus propios versos, sino a la lectura de importantes autores, en los que ella se apoya y se inspira autodidácticamente. Le apasiona la lectura de Tarso, Petrarca y Lamartine y tradujo sus obras italianas al español. A parte, tenía páginas favoritas de la obra de Santa Teresa, Fray Luis de León, Garcilaso, San Juan de la Cruz, Menéndez Valdez y otros, aprendiendo de todos ellos.

Textos

Su obra poética está recogida en Poesías (1843), una serie de variados poemas a los que se empezó a dedicar con diez años.

Los primeros poemas que se conocen, todas de claro espíritu romántico, tienen como fuente de inspiración Sierra Jarilla, dónde escribirá Salvatierra de los Barros y Amor de los Amores, una de sus obras cumbre. Otros escenarios de inspiración van a ser Bótuoa y un largo viaje que emprende con su padre por Europa, que le hará escribir Del Tajo al Rin. Hay testimonio de que gracias a diversos contactos de la escritora –como don Manuel Romero Falcón, quien revisó y corrigió sus escritos- compuso obras en ese tiempo reconocidas. Es el caso de A la Palma (1839) cuyo poema escribió con quince años, y fue publicada en el periódico madrileño El Piloto.

A la Palma logrará su reconocimiento en Madrid no sólo por su gran calidad literaria, sino también por su belleza. Muchos de los románticos de la época empiezan a idolatrarla, es el caso de José de Espronceda; con un poema llamado  A Carolina Coronado después de leída su composición de A la PalmaA la Palma le seguirá una continuación, 

Admiradora de la poetisa griega Safo, compone “Los Cantos a Safo” y “el Salto de Léucades”, Carolina no quiere solo recordar a una poetisa griega sino, utilizarla para expresar la inteligencia y belleza de la mujer, en una constante riña por demostrar la nulidad, entre la mujer convencional y la creadora, dando a conocer el talento innovador e invencible ante la fémina vacía, que sucumbe el hombre.

Sus versos son corregidos entre 1840 y1843 por Juan Eugenio Hartzenbusch y ese mismo año se publica en Madrid su primera colección de poemas, dedicados a su tío Pedro Romero, que siempre la alentó.

Leer/oír poemas de Carolina Coronado

“A la mariposa”, leído por Carmen Feito Maeso

(www.palabravirtual.com)
Bien hayan, mariposa,
las bellas alas como el aire leves,
que inquieta y vagarosa
entre las flores mueves,
ostentando tu púrpura preciosa.
De blanda primavera
bien haya la callada y fiel vecina,
la dulce compañera
del alba cristalina,
perdida entre la flor de la pradera.
Ligera y afanosa
el prado mide tu inseguro vuelo,
ya huyendo temblorosa,
ya con ansioso anhelo
en las flores vagando codiciosa.
Bien haya el purpurino,
el vaporoso polvo de tus alas,
que al aire de contino
puro y luciente exhalas
al abrirte en sus ámbitos camino.
¡Ay! goza, mariposa,
la pasajera vida de dulzura,
que vuela presurosa:
goza allá tu ventura,
revolando en la siesta silenciosa.
Apura de las flores
el empapado cáliz que te ofrecen,
y apura tus amores;
que ya en la noche acrecen
del otoño los vientos destructores.
Y eres frágil y bella,
y tu belleza el cierzo descolora.
Si sañudo atropella
tu gala seductora,
ni aun de tu forma quedará la huella.

¡Ay! Transportad mi corazón al cielo, leído por Carmen Feito Maeso

¡Ay! ¡Transportad mi corazón al cielo!
Ángeles peregrinos que habitáis
las moradas divinas del Oriente
y que mecidos sobre el claro ambiente
por los espacios del mortal vagáis.
A vosotros un alma enamorada
os pide sin cesar en su lamento
alas, para cruzar del firmamento
la senda de los aires azulada.
Veladme con la niebla temerosa
que por la noche ciega a los mortales,
y en vuestros puros brazos fraternales
llevadme allá donde mi bien reposa.
Conducidme hasta el sol donde se asienta
bajo el dosel de reluciente oro
el bien querido por quien tanto lloro,
genio de la pasión que me atormenta.
¡Ay! Transportad mi corazón al cielo,
y si os place después darme castigo,
destrozadme en los aires y bendigo
vuestra piedad y mi dichoso vuelo.
 

El amor de los amores ( I y II), leído por Nuria Espert

                               I
¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti ¡dulce amor mío!
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?…
A ti, sin nombre para mí en la tierra
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro, que no pueda ningún hombre
confundirlo, al cruzar por esta sierra?
¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de ti, que me lamento sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?
Aquí estoy aguardando en una peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿por qué no ha de venir, si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?
¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor, y acacias olorosas,
y cayendo en el agua blancas rosas,
y entre la espuma lirios virginales?
Y ¿por qué de mi vista has de esconderte;
por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo!
¿Quién nos ha de mirar por estas vegas
como vengas al pie de las encinas,
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?
Pero si quieres esperar la luna,
escondida estaré entre la zarza-rosa,
y si vienes con planta cautelosa
no nos podrá sentir paloma alguna.
Y no temas si alguna se despierta,
que si te logro ver, de gozo muero,
y aunque después le cante al mundo entero,
¿qué han de decir los vivos de una muerta?
         
                         II
Como lirio del sol descolorido
ya de tanto llorar tengo el semblante,
y cuando venga mi gallardo amante,
se pondrá al contemplarlo entristecido.
Siempre en pos de mi amor voy por la tierra
y creyendo encontrarle en las alturas,
con el naciente sol trepo a la sierra;
con la noche desciendo a las llanuras.
Y hallo al hambriento lobo en mi camino
y al toro que me mira y que me espera;
en vano grita el pobre campesino:
“no cruces por la noche la ribera”.
En la sierra de rocas erizada,
del valle entre los árboles y flores,
en la ribera sola y apartada
he esperado “al amor de mis amores”.
A cada instante lavo mis mejillas
del claro manantial en la corriente,
y le vuelvo a esperar más impaciente
cruzando con afán las dos orillas.
A la gruta te llaman mis amores;
mira que ya se va la primavera
y se marchitan las lozanas flores
que traje para ti de la ribera.
Si estás entre las zarzas escondido
y por verme llorar no me respondes,
ya sabes que he llorado y he gemido,
y yo no sé, mi amor, por qué te escondes.
Tú pensarás, tal vez, que desdeñosa
por no enlazar mi mano con tu mano
huiré, si te me acercas, por el llano
y a los pastores llamaré medrosa.
Pero te engañas, porque yo te quiero
con delirio tan ciego y tan ardiente,
que un beso te iba a dar sobre la frente
cuando me dieras el adiós postrero.
 

El amor de los amores (III y IV), leído por Carmen Feito Maeso

III
Dejaba apenas la inocente cuna
cuando una hermosa noche en la pradera
los juegos suspendí por ver la luna
y en sus rayos te vi, la vez primera.
Otra tarde después, cruzando el monte,
vi venir la tormenta de repente,
y por segunda vez, más vivamente
alumbró tu mirada el horizonte.
Quise luego embarcarme por el río,
y hallé que el son del agua que gemía
como la luz, mi corazón hería
y dejaba temblando el pecho mío.
Me acordé de la luna y la centella
y entonces conocí que eran iguales
lo que sentí escuchando a los raudales,
lo que sentí mirando a la luz bella.
Vago, sin forma, sin color, sin nombre,
espíritu de luz y agua formado,
tú de mi corazón eras amado
sin recordar en tu figura al hombre.
Ángel eres, tal vez, a quien no veo
ni lograré, jamás, ver en la tierra,
pero sin verte en tu existencia creo,
y en adorarte mi placer se encierra.
Por eso entre los vientos bramadores
salgo a cantar por el desierto valle,
pues aunque en el desierto no te halle,
ya sé que escuchas mi canción de amores
Y ¿quién sabe si al fin tu luz errante
desciende con el rayo de la luna,
y tan sola otra vez, tan sola una,
volveré a contemplar tu faz amante?
Mas, si no te he de ver, la selva dejo,
abandono por siempre estos lugares,
y peregrina voy hasta los mares.
A ver si te retratas en su espejo.
 
IV
He venido a escuchar los amadores
por ver si entre sus ecos logro oírte,
porque te quiero hablar para decirte
que eres siempre el amor de mis amores.
Tu ya sabes, mi bien, que yo te adoro
desde que tienen vida mis entrañas,
y vertiendo por ti mares de lloro
me cansé de esperarte en las montañas.
La gruta que formé para el estío
la arrebató la ráfaga de octubre…
¿qué he de hacer allí sola al pie del río
que todo el valle con sus aguas cubre?
Y ¡oh Dios! quién sabe si de ti me alejo
conforme el valle solitario huyo,
si no suena jamás un eco tuyo
ni brilla de tus ojos un reflejo.
Por la tierra ¡ay de mí! desconocida,
como el Gévora, acaso, arrebatada
dejo mi bosque y a la mar airada
a impulso de este amor corro atrevida.
Mas si te encuentro a orilla de los mares
cesaron para siempre mis temores
porque puedo decirte en mis cantares
que tú eres el amor de mis amores.
 

El amor de los amores (V y VI), leído por Carmen Feito Maeso

VAquí tu barca está sobre la arena:
desierta miro la extensión marina:
te llamo sin censar con tu bocina
y no pareces a calmar mi pena.
Aquí estoy en la barca triste y sola
aguardando a mi amado noche y día;
llega a mis pies la espuma de la ola,
y huye otra vez, cual la esperanza mía.
¡Blanca y ligera espuma transparente,
ilusión, esperanza, desvarío,
como hielas mis pies con tu rocío
el desencanto hiela nuestra mente
!Tampoco es el mar a donde él mora,
ni en la tierra ni el mar mi amor existe:
¡Ay! dime si en la tierra te escondiste
o si dentro del mar estás ahora.
Porque es mucho dolor que siempre ignores
que yo te quiero ver, que yo te llamo
sólo para decirte que te amo,
¡que eres siempre el amor de mis amores!
 
VI
 
Pero te llamo yo, ¡dulce amor mío!
como si fueras tú mortal viviente,
cuando sólo eres luz, eres ambiente,
eres aroma, eres vapor del río.
Eres la sombra de la nube errante,
eres el son del árbol que se mueve,
y aunque a adorarte el corazón se atreve,
tú solo en la ilusión eres mi amante.
Hoy me engañas también como otras veces;
tú eres la imagen que el delirio crea,
fantasma del vapor que me rodea
que con el fuego de mi aliento creces.
Mi amor, el tierno amor por el que lloro
eres tan sólo tú ¡señor Dios mío!
Si te busco y te llamo, es desvarío
de lo mucho que sufro y que te adoro.
Yo nunca te veré, porque no tienes
ser humano, ni forma, ni presencia:
yo siempre te amaré, porque en esencia
a el alma mía como amante vienes.
Nunca en tu frente sellará mi boca
el beso que al ambiente le regalo;
siempre el suspiro que a tu amor exhalo
vendrá a quebrarse en la insensible roca.
Pero cansada de penar la vida,
cuando se apague el fuego del sentido,
por el amor tan puro que he tenido
tú me darás la gloria prometida.
Y entonces al ceñir la eterna palma,
que ciñen tus esposas en el cielo,
el beso celestial, que darte anhelo,
llena de gloria te dará mi alma.
 
Sierra de Jarilla, 1849
 
 

Rosa blanca, leído por Gemma Cuervo

La luz del día se apaga;
rosa blanca, sola y muda,
entre los álamos vaga
de la arboleda desnuda.
Y se desliza tan leve
que el pájaro, adormecido,
toma su andar por ruido
de hoja que la brisa mueve.
Ni para ver en su ocaso
al sol hermoso un instante
ha detenido su paso
indiferente y errante.
Ni de la noche llegada
a las tinieblas atiende,
ni objeto alguno suspende
su turbia incierta mirada.
y ni lágrimas ni acentos,
ni un suspiro mal ahogado
revelan los sufrimientos
de su espíritu apenado.
¡Tal vez de tantos gemidos
tiene el corazón postrado!
¡Tal vez sus ojos rendidos
están, de mal tan llorado!
Tal vez no hay un pensamiento
en su cabeza marchita,
y en brazos del desaliento
ni oye, ni ve, ni medita.
El poeta “suave rosa”
llamóla, muerto de amores…
¡El poeta es mariposa
que adula todas las flores!
Bella es la azucena pura,
dulce la aroma olorosa,
y la postrer hermosura
es siempre la más hermosa.
Viose en transparente espejo
linda la joven cabeza;
mas tal vez dio en su reflejo
su vanidad la belleza.
¿Y qué importa si es hermosa?
Sola, muda y abismada,
sólo busca la apartada
arboleda silenciosa.
Y allí, cuando debilita
su espíritu el sufrimiento,
en brazos del desaliento
ni oye, ni ve, ni medita.

El marido verdugo, leído por Carmen Feito Maeso

¿Teméis de ésa que puebla las montañas
Turba de brutos fiera el desenfreno?…
¡Más feroces dañinas alimañas
La madre sociedad nutre en su seno!
Bullen, de humanas formas revestidos,
Torpes vivientes entre humanos seres,
Que ceban el placer de sus sentidos
En el llanto infeliz de las mujeres.
No allá a las lides de su patria fueron
A exhalar de su ardor la inmensa llama;
Nunca enemiga lanza acometieron,
Que otra es la lid que su valor inflama.
Nunca el verdugo de inocente esposa
Con noble lauro coronó su frente:
¡Ella os dirá temblando y congojosa
Las gloriosas hazañas del valiente!
Ella os dirá que a veces siente el cuello
Por sus manos de bronce atarazado,
Y a veces el finísimo cabello
Por las garras del héroe arrebatado.
Que a veces sobre el seno transparente
Cárdenas huellas de sus dedos halla;
Que a veces brotan de su blanca frente
Sangre las venas que su esposo estalla.
Y que ¡ay! del tierno corazón llagado
Más sangre, más dolor la herida brota,
Que el delicado seno macerado,
Y que la vena de sus sienes rota…
Así hermosura y juventud al lado
Pierde de su verdugo; así envejece:
Así lirio suave y delicado
Junto al áspero cardo arraiga y crece.
Y así en humanas formas escondidos,
Cual bajo el agua del arroyo el cieno,
Torpes vivientes al amor uncidos
La madre sociedad nutre en su seno.
 

Estilo poético

Característico de los poetas románticos, creará su propio mundo, lleno de seres inventados, en los que unas veces querrá convertirse en tórtola y otras en una flor de Adelfa arrastrada por el río Gévora, o quizá ser una golondrina y viajar a la lejana África e incluso en otras, sentirse mecida por un soplo de Aquilón (viento del Norte).

Al igual que otros románticos, esconderá sus turbaciones y angustias en un espíritu inquieto, donde tras la sonrisa y gloria esconde un alma desgraciada, con contradicciones que la llenan de una pena, que ni ella misma acertara saber donde nace; y que expresa en muchos de sus versos.

Acerca del contenido de estos poemas, en muchos de ellos reflejará a la mujer y sus inquietudes en el filo de lo prohibido, y hace cuatro alusiones comparando a estas con  flores. A si cantará a la Amapola, la cual se afana por abrirse a los rayos del sol, que es la gloria que acaba siendo abrasada por unos minutos de esplendor; el Lirio, olvidado y escondido donde alcanza su vejes sin que nadie se percata de su belleza; el Girasol es como una encarnación de la escritora. Desvergonzada flor ansiosa de gloria, que desprecia las recatadas horas de la noche, a la espera creadora del sol, fuente de la vida.

La flor o mujer que posee más ambición, persiguiendo esplendor, pagará con la oscuridad y desprecio del astro. La mujer es una flor cuyo destino es la sumisión y la oscuridad del silencio.

Esta es la metáfora y composición más característica, dónde critica y  refleja su tensión ante la sociedad, y clama con sus versos sentimientos hacia ese marido, verdugo encarnación de una especie maligna que la sociedad alimenta.

Prosa y teatro

En prosa escribió un total de quince novelas, algunos de ellas El oratorio de Isabel la Católica (1886) y Paquita y Adoración (1850), esta última es considerada por algunos críticos como la mejor de todas.

Biblioteca Virtual Cervantes

Paquita y Adoración se publicaron conjuntamente, pero mientras Paquita se ambienta en la corte portuguesa renacentista, Adoración tiene un desarrollo temporal más inmediato.
Paquita es una mujer sin voluntad, cuya vida tiene un final trágico; mientras que en Adoración, el personaje femenino de la novela, permite a la escritora reflexionar sobre la crueldad de las relaciones sociales y el peso de algunas modas y convencionalismos.

Obras teatrales como El cuadro de la esperanza (1846), la única que logró estrenar. Esta comedia de final feliz presenta dos personajes femeninos, Esperanza y Elena, con las que la autora introduce alguna reflexión sobre la condición y el destino femeninos. Esperanza, conseguirá el amor deseado, después del desafío que lanza su hermano: dos pintores enamorados de la joven, deberán retratarla y el que mejor lo haga conseguirá su triunfo, pero el destino se alía con Esperanza. Por otro lado, Elena enamorada en secreto de Buonarotti, el hermano de esperanza, finalmente consigue su propósito.

También escribió ensayos (como “Un paseo desde el Tajo al Rin, descansando en el Palacio de Cristal”, escrito en 1851) y varios artículos y cartas, algunas de ellas dedicadas a su ya mencionado gran maestro y apoyo Juan Eugenio Hartzenbusch (como “La voluntad demostrada de escribir la introducción”), en las cuales se quejaba de la falta de instrucción proporcionada por el resto de los maestros, que estaba orientada básicamente a lo que se denomina “cultura
del adorno”, y de dedicar gran parte de su tiempo a labores propias de su sexo. Se conservan un conjunto de 32 cartas dedicadas a él, entre los años 1840 y 1849.

Leer/ oír la prosa de Carolina Coronado

Podéis escuchar la lectura de la novela La Sigea de Carolina Coronado con  el tema Fantasy on Casta Diva from Norma (Bellini), Op. 70, de Thalber, interpretado por Sandrine Erdely-Sayo, como música de fondo. Pinchad en la imagen. Si preferís leer el texto, pinchad en el título.

UNA VALIENTE FÉMINA PARA LA REFORMA

El feminismo de Carolina es el testimonio de una mujer inteligente y sensible sobre las dificultades que vivían las mujeres en su época, especialmente si quieren dedicarse a actividades que no responden al papel que la sociedad les adjudica. Esta personalidad le acarreó muchas burlas y risas por parte de mujeres aristócratas e incluso por románticos del siglo, aunque se sostiene que en realidad se trataba de envidia.

Siendo ella revolucionaria, su residencia madrileña se hizo famosa por las tertulias literarias que en ella se realizaban, ya que sirvió como punto de encuentro para escritores progresistas y refugio de perseguidos. Sin embargo, este refugio clandestino, y su afinidad por la revolución, causarían que sufriese la censura de la época. Pese a ello, logró publicar algunas de sus obras en periódicos y revistas hasta lograr cierta fama, a la que también contribuyó su belleza física, que causó admiración en otros escritores románticos.

Así, Carolina Coronado, fue centro de atención de la prensa y revista feministas aparecidas en España en el siglo XIX abriendo una puerta al feminismo; y participó junto con otras escritoras a la difusión del sentimiento de libertad en las mujeres, cómo Gertrudis de Avellaneda.

Y a pesar de ser sumamente conocida durante su siglo y más tarde olvidada en el posterior, su memoria siempre estará presente, aunque sea solo en esta breve investigación.

EL CARNÉ DE CAROLINA

Con la finalidad de dar a conocer cómo Carolina Coronado se convirtió en una escritora respetada y admirada, la Biblioteca Nacional de España y el Museo del Romanticismo organizó  en el centenario de su muerte una serie de actividades conjuntas que forman parte de El carné de Carolina.

Acompañaron a esta exposición una serie de vídeos donde se hace un recorrido por la vida y la obra de esta escritora:

Pasajes de una vida

 

Manuales de instrucción

Entre la pluma y el dedal

La ágil pluma de Carolina Coronado 

ALGUNAS CURIOSIDADES SOBRE CAROLINA CORONADO

El programa de RNE Polvo eres dedicó un espacio a la escritora en el centenario de su muerte. Se comentan algunas excentricidades de Carolina Coronado. Pinchando en el logo las podéis descubrir:

La emisora de RNE en Badajoz preparó este programa en el que se recuerda la vida y la obra de esta escritora. Ya sabéis, pinchad en el logo:

¿TE ATREVES CON UN TEST?

Ahora ya sabes mucho de la vida y la obra de Carolina Coronado. Demuéstralo contestando este test.

BIBLIOGRAFÍA

PARA LOS/LAS QUE QUIERAN SABER MÁS…

La web http://www.bibliotecamiralles.org nos ofrece esta bibliografía para aquellos que deseéis aprender más sobre nuestra autora:

  • BLANCO CORUJO, Olivia (2007), “Contra tópicos y prejuicios: apuntes sobre La Sigea, de Carolina Coronado”, Revista de Estudios extremeños, 1, pp. 351-368. (Online).
  • BLANCO CORUJO, Olivia (2008), “Contra tópicos y prejuicios: apuntes sobre La Sigea, de Carolina Coronado”, Las mujeres entre la realidad y la ficción: una mirada feminista a la literatura española, coord. Gloria Ángeles Franco Rubio y Fina Llorca Antolín, Granada: Ediciones de la Universidad de Granada, pp. 97-112.
  • FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, María Amelia (2003), “El baile dislocado: psicocrítica de un silencio en la obra de Carolina Coronado”, Medicina y Literatura: Actas del III Simposio Interdisciplinar de Medicina y Literatura, Real Colegio de Médicos de la Provincia de Sevilla, 3, 4 y 5 de abril de 2003, coord. Esteban Torre, Sevilla: Padilla Libros, pp. 167-178.
  • GIL ALBARELLOS, Susana (2009), “Carolina Coronado: lectura de personajes literarios femeninos”, Vivir al margen. Mujer, poder e institución literaria. Edición de las Actas del II Congreso Imagen y Palabra de Mujer organizado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua (ILCyL), la Junta de Castilla y León y la Universidad de Valladolid en mayo 2006, Burgos.
  • MANSO AMARILLO, Fernando (2002), “Poesía, crítica y folletín en Carolina”Revista de Estudios Extremeños, LVIII, 3, pp. 756-844 (Resumen del autor).
  • MAYORAL DÍAZ, Marina (2008) “Autobiografía social en La Sigea“, Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, III Coloquio: Lectora, heroína, autora (La mujer en la literatura española del siglo XIX) (Barcelona, 23-25 de octubre de 2002), ed. V. Trueba, E. Rubio et al. Barcelona: Universitat de Barcelona, PPU, pp. 213-220.
  • PARTZSCH, Henriette, (2007) “Carolina Coronado: A LarraSeis siglos de poesía española escrita por mujeres. Pautas poéticas y revisiones críticas, ed. Dolores Romero López, Iztíar López Guil, Rita Catrina Imboden y Cristina Albizu Yeregui, Bern: Peter Lang, PP.240-260
  • PUJOL RUSSELL,  Sara, (2002), “Elementos metapoéticos en la poesía de Carolina Coronado”, Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, II Coloquio. La elaboración del canon en la literatura española del siglo XIX (Barcelona, 20-22 de octubre de 1999), Barcelona: Universitat de Barcelona, PPU, pp. 333-344. (También en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
  • ROLLE-RISSETO, Silvia, (2008) “Entre moderación y velada subversión: la imaginería y simbología en el ideario feminista de Carolina Coronado”, Nueva Revista del Pacífico, 53, pp. 207-219.
  • VEGA RODRÍGUEZ, Pilar, (2006), Carolina Coronado (1820-1911), Madrid: Ediciones del Orto.
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