Lectura del segundo trimestre: Zaragoza de Benito Pérez Galdós

Defensa del reducto del Pilar de Federico Jiménez Nicanor (Museo de Zaragoza)(cpfvizar.blogia.com)

Nuestra lectura del 2º trimestre es uno de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, el titulado Zaragoza. Para facilitar la lectura he preparado un material que, espero, os ayudará a entender y apreciar mejor la novela que estáis leyendo.

BENITO PÉREZ GALDÓS: EL AUTOR
Nació en Las Palmas de Gran Canaria dentro de una familia acomodada. A los diecinueve años marchó a Madrid a estudiar Derecho, pero abandonó los estudios para dedicarse al periodismo y a la literatura. En 1870 publica su primera novela y en 1871 dirige ya un periódico madrileño. A partir de 1873, cuando comienza la primera serie de Episodios Nacionales, se dedica casi en exclusiva a la literatura. Su calidad literaria y su laborioso trabajo lo convierten en el autor más importante de su tiempo.
 Concluidas las dos series iniciales de Episodios, que había alternado con sus primeras novelas, comienza en los años ochenta su proyecto literario más ambicioso, las Novelas españolas contemporáneas. Pese a los apoyos de Menéndez Pelayo y de Valera, fracasa su candidatura  a la Real Academia a principios de 1889, pues su actitud liberal y anticlerical se ve con reticencias entre los conservadores. No obstante, resulta finalmente elegido a mediados de ese mismo año.
En la última década del XIX, prosigue su actividad como novelista, aunque emprende también con bastante éxito su carrera como autor teatral. En 1897 lee su importante discurso de ingreso en la Real Academia: La sociedad presente como materia novelable. A finales de siglo comienza la tercera serie de los Episodios Nacionales. Ya en el siglo XX, continúa con su actividad teatral y con la redacción de sucesivos episodios. La situación política española lleva también a Galdós a pronunciarse a favor de un cambio en la política, cada vez más conservadora, de la Monarquía y, finalmente, a colocarse del lado de los republicanos, en cuyas filas es elegido diputado en 1907. En 1909 es co-presidente de la Conjunción Republicano-Socialista junto a Pablo Iglesias. Ese mismo año vuelve a ser elegido diputado.
Sus  últimos años son difíciles. En 1912 fracasa su candidatura al Premio Nobel por la oposición beligerante de los conservadores españoles. Con su salud ya quebrantada, se ve obligado a dictar sus últimas obras porque se está quedando ciego. Postrado por la enfermedad y agobiado por las dificultades económicas, muere en Madrid en 1920.

LOS EPISODIOS NACIONALES

Las series

Son cuarenta y seis relatos, escritos entre 1873 y 1912, y distribuidos en cinco series, cada una de diez episodios, menos la última, inacabada, que tiene seis.
SERIE PRIMERA: Abarca los últimos años del reinado de Carlos IV, la guerra de la Independencia y el nacimiento del liberalismo español. Las diez novelas de esta serie, entre las que se encuentra nuestra lectura, son: Trafalgar, La Corte de Carlos IV, El 19 de marzo y el 2 de mayo, Bailén, Napoleón en Chamartín, Zaragoza, Gerona, Cádiz, Juan Martín El Empecinado, La Batalla de los Arapiles
SERIE SEGUNDA: Abarca el reinado de Fernando VII, los años del Trienio Liberal y la Década Ominosa. Las diez novelas de esta serie son: El equipaje del rey José, Memorias de un cortesano de 1815, La segunda casaca, El grande Oriente,  7 de julio, Los  cien mil hijos de san Luis, El terror de 1824, Un voluntario realista, Los apostólicos, Un faccioso más y algunos frailes menos.
SERIE TERCERA: Abarca desde la primera guerra carlista hasta el principio del reinado de Isabel II. Las diez novelas de esta serie son: Zumalacárregui, Mendizábal, De Oñate a La Granja, Luchana, La campaña del Maestrazgo, La estafeta romántica,Vergara, Montes de Oca, Los Ayacuchos, Bodas reales.
SERIE CUARTA: Narra el reinado de Isabel II y la revolución de 1868. Las diez novelas de esta serie son: Las tormentas del 48, Narváez, Los duendes de la camarilla, La Revolución de julio, O’Donnell, Aita Tettauen, Carlos VI en la Rápita,La vuelta al mundo en la Numancia, Prim, La de los tristes destinos.
SERIE QUINTA: Se ocupa de la Primera República y la Restauración. Esta serie, inacabada, sólo tiene  seis novelas: España sin rey, España trágica, Amadeo I, La Primera República, De Cartago a Sagunto, Cánovas

Intención y finalidad

Galdós acomete la tarea de mostrar a sus contemporáneos los momentos culminantes de un pasado todavía muy próximo y cuyo conocimiento juzga imprescindible para comprender el presente y orientar el futuro. Están concebidas como “medio de educación pública”.
En todos los casos, los Episodios Nacionales intentan narrar los hechos tal y como fueron, pues habría sido una necedad falsearlos en una obra que pretendía contar el pasado con fines didácticos. Con todo, Galdós inserta siempre el discurso historiográfico en el marco de una amena trama novelesca a fin de “poner a la Historia en zapatillas”, según declaró en cierta ocasión. Bajo la apariencia novelesca, que los hace más amenos sin perder profundidad, encontramos una cabal interpretación de la historia de España, abordada desde la perspectiva del hombre de la calle que, como Araceli, Monsalud o Calpena, se convierte en testigo de excepción. Junto a los hombres célebres, los protagonistas anónimos. Galdós quiere “exponer la historia oficial y privada, la grande y la pequeña historia en su paralelismo, en sus interferencias y en sus mutuas relaciones dialécticas”[1]. Y es que para Galdós la Historia no es sólo un conjunto de batallas, bodas reales y alianzas entre países sino que abarca también lo que Unamuno llamará más tarde la “intrahistoria”: el vivir y sentir cotidiano de los hombres y mujeres sin voz. A su entender, entreverar la Historia grande y la menuda es el único modo eficaz de retratar el alma de una nación, por eso en los Episodios los reyes como Carlos IV conviven con personajes creados por la pluma de Galdós y por eso las figuras históricas como Pi y Margall o Leopoldo O’Donnell se nos presentan en sus hechos más cotidianos: bebiendo cerveza o leyendo novelas por entregas en su alcoba conyugal.
Todo ello, con el deseo de llegar al conocimiento cabal de la esencia de España y de hacer una crítica constructiva. Hay un análisis de la escisión que sufre el país en dos bloques irreductibles: los que se aferran a los valores tradiciones y los que miran hacia adelante. Sin embargo, la lección que nos ofrece Galdós es que en medio de los antagonismos, de los extremismos radicales, se avanza hacia el progreso, progreso indisolublemente ligado a los ideales de la patria, paz, libertad y orden. Hay en los Episodios Nacionales una exaltación del papel de la clase media y una denuncia de la inutilidad histórica de la aristocracia y de la maleabilidad e inconsistencia del pueblo, exaltación y denuncia que se identifican con la exaltación de una España moderna y liberal y la condena de una España absolutista y estancada.
Dado que la creación de los Episodios duró más de treinta años, es inevitable que el ciclo refleje una cierta evolución en las ideas políticas de su autor. A cada año que pasaba, Galdós miraba a su país con menos esperanzas, por lo que el patriotismo utópico de la primera serie acabó dando paso a la pluma desolada y sarcástica de la quinta. Entrado el siglo XX, el escritor llegó a comparar la vida de su país con una mala comedia, declaró que España le parecía un ejército y no un pueblo y sentenció que la historia nacional era una sucesión de luchas estériles en las que la ignorancia vencía siempre al progreso. En consecuencia, el pensamiento de Galdós se hizo cada vez más radical: si en las dos primeras series de los Episodios había atribuido a la clase media el deber de renovar España, desde la tercera propugnó que era el pueblo llano y no la ociosa burguesía quien debía tomar de una vez para siempre las riendas de la Historia.

Fuentes

Para elaborar el entramado histórico de sus Episodios, Galdós recurrió a fuentes historiográficas, que a veces reproducía casi al pie de la letra, pero que casi siempre resumía o amplificaba. Hinterhäuser ha estudiado este tema. Afirma que Galdós utilizaba para cada episodio un libro básico de consulta. Así, por ejemplo, para Zaragoza se valió de la Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón (1830) de Agustín Alcaide Ibieca.
En algunas ocasiones, acudía además a testigos vivos: para la cuarta serie, por ejemplo, se entrevistó con la mismísima Isabel II, a quien visitó en Parías en 1902. “Te contaré muchas cosas”, le prometió aquella reina destronada, “unas para que las escribas, otras para que las sepas”.
A Galdós le preocupaba mucho ambientar bien sus novelas, así que con frecuencia les pedía a sus amigos croquis de las ciudades en que vivían sus personajes, visitaba el lugar de la acción, se inspiraba en cuadros de tema histórico o recurría a sus propias experiencias para evocar ciertos sucesos, como hizo con la revolución de 1808.

Estructura y técnica narrativa

Los Episodios Nacionales no deben ser considerados como libros independientes, sino como una gigantesca “novela por entregas” en la que se seleccionan los sucesos de mayor interés unidos por una línea argumental.
En las dos primeras series está estructura unitaria resulta evidente. La presencia de un protagonista común en los diez capítulos de cada una sirve para trabar todas aquellas peripecias en las que participa. Eso da lugar a algunas inverosimilitudes y desajustes, pero a cambio crea la impresión de un todo compacto. En las series restantes se pierde cada vez más la unidad al disminuir la importancia del protagonista o desaparecer.
Montesinos[2] nos habla de que Galdós, a la hora de redactar los Episodios, partía de un plan muy vago, es decir, que el texto se iba forjando a medida que salía de su manso. Partiendo de unos sucesos concretos que quería narrar, iba adaptando a ellos una trama muy flexible que, en ningún caso, debía convertirse en una cortapisa. Así lo manifiesta el propio autor cuando, a propósito de Amadeo I dice: “Ahora estoy preparando el cañamazo, es decir, el tinglado histórico […]. Una vez abocetado el fondo histórico y político de la novela, inventaré la intriga”. La redacción se hacía a una velocidad de vértigo para que fueran saliendo a la luz sin demora.
Por otro lado, el autor apoyó a menudo la trama novelesca de sus Episodios en recursos propios del costumbrismo y del folletín, dos géneros muy en boga en su época. Los escritores costumbristas retrataban la realidad que veían a su alrededor con todo detalle, una estrategia que Galdós aplicó a la España de antaño, con lo que creó un costumbrismo histórico que le permitió anclar los sucesos del pasado en la vida cotidiana de cada época. Para ello, leyó sin descanso memorias, epistolarios, periódicos, comedias y sainetes que reflejaban con tino la vida española de otros tiempos y que le enseñaron cómo vestían los españoles de 1805 o qué solían comer los de 1830.
Por lo que se refiere al folletín o novela por entregas, era un género de gran éxito desde mediados del siglo XIX. En los primeros años de su carrera, Galdós lo había denostado por considerar que estragaba los gustos del público, pero pronto comprendió que las técnicas del folletín podían serle de gran utilidad para la difusión de sus ideas políticas. Por eso en las dos primeras series de los Episodios abundan los tópicos de la novela por entregas, con las que Galdós intenta atrapar la atención de sus lectores. Del género proceden el gusto por los duelos, los amores contrariados, los raptos y los finales felices, así como el uso del suspense y el misterio, el tono melodramático de algunas escenas, la distinción tajante entre héroes y villanos, la acumulación de aventuras, los cambios bruscos de fortuna que sufren los protagonistas, las exageraciones del estilo o el hábito de interrumpir la acción en momentos culminantes de la trama. Y es que los folletines solían dejar en vilo a sus lectores al final de cada entrega, prometiéndoles sucesos emocionantes a fin de que compraran la siguiente. Galdós empleó el mismo ardid en la última página de casi todos los Episodios de la primera serie, que en el fondo no es más que una larga novela publicada en diez entregas.
La primera serie está escrita en forma autobiográfica. Galdós decía que esta técnica “tienen por sí mucho atractivo y favorece la unidad; pero imponen cierta rigidez de procedimiento y pone mil trabas a las narraciones largas”. En los textos sucesivos la alternará con el narrador en tercera persona y con las cartas.
En lo que se refiere a la creación de personajes, Galdós hace un retrato íntegro que abarca tanto en el aspecto externo (rasgos físicos e indumentaria) como el psicológico y moral. Además, emite un juicio sobre su significación. Los personajes ficticios reaparecen una y otra vez en los diversos episodios de las cinco series, rasgos que apreciamos también en las novelas. La finalidad es la misma: reforzar la idea que que nos hallamos ante un mundo real y compacto. A partir de la tercera serie se incorporan incluso algunos de sus personajes de otras novelas: Estupiñá, Francisco Bringas, Ido del Sagrario… al igual que en aquellas, abundan los entes de ficción con nombre simbólico.
Se ha reprochado a Galdós el excesivo celo descriptivo y la frecuencia con que interviene en el relato haciendo prolijas disquisiciones no siempre pertinentes. Mucho menos graves son algunas inexactitudes, predominantemente topográficas, que no perjudican al corpus general. Tampoco tiene mayor relieve el hecho de que no haya una perfecta correspondencia entre la cronología de los hechos reales y la de la ficción.

PRIMERA SERIE: ZARAGOZA

Por confesión del propio autor sabemos que empezó a redactar la primera serie en 1872, aunque el primer episodio está fechado en 1873. Los títulos de los diez que la integran son: Trafalgar, La corte de Carlos IV, El 19 de marzo y el 2 de mayo, Bailén, Napoleón en Chamartín, Zaragoza, Gerona, Cádiz, Juan Martín el Empecinado y La batalla de los Arapiles. Todos ellos se publicaron entre 1873 y 1875.
A excepción de Gerona, todos los episodios siguen las andanzas aventureras y amorosas del muchacho Gabriel de Araceli a través de la España dominada en principio por Francia y luego en la guerra de la Independencia, desde la batalla de Trafalgar hasta la derrota de los ejércitos franceses (1805–1814).
Así pues, vemos que arranca de un momento clave de la historia española del siglo XIX, la derrota de de Trafalgar en 1805, para desarrollar luego los principales avatares de la guerra de la Independencia, hasta el momento en que las tropas napoleónicas son expulsadas de España en 1814. Estos primeros episodios no alcanzan, como ya hemos dicho, el grado de madurez que tienen las series posteriores, pero es evidente que el tema es el más adecuado para atraer el interés del público; de ahí la predilección que han gozado. Entre ellos están los que se han hecho más célebres, como Zaragoza, Trafalgar o Gerona. Predomina la nota heroica y el enardecimiento patriótico frente al invasor.
El primer episodio tiene carácter de introducción. Con la sugestiva pintura de la Corte de Carlos IV, que se nos muestra en sus más íntimos entresijos, entramos ya en los preliminares de la guerra y en la agonía del antiguo régimen.
Fundamental en esta primera parte es el concepto de patria.  Araceli, que se ve invadido por un profundo sentimiento patriótico, se percata de que los verdaderos representantes de aquella no son los que ostentan el poder y rigen sus destinos con probada ineficacia, sino el pueblo que se lanza a la lucha contra el invasor. Los ideales personales se olvidan para hacer frente a un enemigo común.
Va a ser el propio Gabriel Araceli quien nos cuente sus memorias, desde una vejez tranquila y acomodada. Esta estructura autobiográfica se ha puesto en relación con la novela picaresca.  Hay un personaje que sirve de enlace entre las diversas escenas por el mero hecho de participar en ellas.  Aunque pueda parecer inverosímil, Gabriel está presente en todos los episodios, salvo en el de Gerona, ya que la acción es simultánea a la de Zaragoza.
Araceli es un evidente ejemplo de ascensión social. Nace en el seno de una humildísima familia gaditana y, tras una serie de peripecias y de servir a varios amos, irá mejorando de condición gracias a su esfuerzo e inteligencia. Él mismo comienza su relato equiparándose al Buscón, y se congratula de haber evolucionado de forma muy distinta. Como dice Montesinos, el protagonista es “capaz de honor” y esto altera los postulados de la novela picaresca.
La redención del pícaro, de que habla Casalduero, la exaltación del hombre que se hace a sí mismo, viene a simbolizar el progreso y el protagonismo de la clase media. Gabriel “se transforma en el héroe del futuro, el héroe burgués, cuyo heroísmo radica sobre el imperativo del deber, la voluntad del trabajo, la rectitud de la conciencia y el amor, valores que le hacen triunfar socialmente”. El ideal galdosiano de orden y progreso aparece encomendado a la mesocracia.

Zaragoza

Zaragoza de Benito Pérez Galdós recrea el episodio histórico de los  Sitios de Zaragoza, en concreto el segundo sitio de  Zaragoza. Los Sitios fueron dos  asedios sufridos por ciudad de Zaragoza durante la guerra de la Independencia. La plaza era clave para garantizar las comunicaciones del noreste y el abastecimiento de las tropas en Cataluña, así como para controlar Aragón. Por ello, tras la sublevación de la ciudad a causa de los sucesos del dos de mayo de 1808, se envió a un ejército a restablecer el control de la ciudad. Aunque las tropas francesas eran superiores en número y armamento, la ciudad resistió.
Sin embargo, a finales de año, los franceses regresaron en mayor número, reanudándose el sitio. A pesar de la feroz resistencia de la ciudad, inmortalizada por varios cronistas, la ciudad, diezmada por la guerra y las epidemias derivadas del sitio, capituló finalmente el 21 de febrero de 1809.
Toda la novela se estructura en torno a la figura de Gabriel de Araceli quien es narrador-testigo de los hechos históricos que se relatan. Al comienzo de la novela Araceli acaba de huir de Madrid, escapando de la represión francesa. En su huida llega a Zaragoza, acompañado de otros fugitivos, y termina alistándose como soldado en el Batallón de las Peñas de San Pedro para defender la ciudad en su segundo sitio.  La terrible experiencia de la guerra se entremezcla con las historias de otros personajes ficticios (Agustín de Montoria y Mariquilla Candiola, por ejemplo) y reales ( Palafox, Saint March, O’Neille, Butron, Renovales, Villacampa, San Genis, el padre Boggiero, el cura Sas, etc.)
Características de la novela
  • Verosimilitud.
  • Protagonistas individuales o colectivos: El protagonista de la novela es Gabriel de Araceli, pero el verdadero protagonista de la historia es el pueblo de Zaragoza.
  • Narración omnisciente: El narrador maneja por completo los hilos del relato: sabe lo que va a suceder, conoce hasta los más ocultos pensamientos de los personajes, interviene en la obra con juicios sobre hechos y personajes y con observaciones dirigidas al lector.
  • Didactismo: Es corriente que los autores pretendan con sus novelas ofrecer una lección moral o social.
  • Estructura lineal: Los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo, aunque no son extrañas las vueltas atrás para contar episodios pasados, pero éstas no interrumpen más que provisionalmente el hilo general de la narración.
  • Descripciones minuciosas: Las descripciones son extremadamente detalladas. Ello se relaciona con la obsesión de los escritores realistas por el dato exacto.
  • Aproximación del lenguaje al uso coloquial: El lenguaje narrativo, en coherencia con los presupuestos ideológicos, se aproxima a la lengua de la conversación, a la que se eleva a la categoría de lengua literaria. Los autores se esfuerzan por adecuar el lenguaje a la naturaleza de los personajes, que hablan con arreglo a su condición social, a su origen geográfico o a sus propias particularidades.
    La BIBLIOTECA ESCOLAR de nuestro centro os ofrece la posibilidad de tomar prestada Zaragoza, la novela de Galdós que tenéis que leer. Además de esta novela, la Biblioteca cuenta con una amplia colección de otras novelas de Galdós y otros autores del Realismo. Preguntad a los profesores encargados, estarán encantados de ayudaros.

[1] Hinterhäuser, Hans, Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, Madrid, Gredos, 1963, p. 108.
[2] Montesinos, J.F, Galdós, Madrid, Castalia, 1980, p. 84.
[Fuentes: SÁNCHEZ AGUILAR, Agustín (ed. lit)  de Trafalgar de Benito Pérez Galdós, Barcelona, Vicens Vives, 2004. PEDRAZA, Felipe: Manual de literatura española, Pamplona: Cénlit, 1980 (Volumen 7: El Realismo).
Imágenes: fotografía de Galdós (zonaliteratura.com); Episodios Nacionales (todocoleccion.net); sitio de Zaragoza (paseandohistoria.blogspot.com); portada del libro Historia de los sitios que pusieron a  Zaragoza… (openlibrary.com); retrato de Palafox (es.wikipedia.org) ]
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