La prosa del siglo XVIII: Diego de Torres Villarroel (1694-1769)

Retrato sobre tabla de Torres hacia 1760 [Fuente: Wikipedia]

No hemos podido dedicarle mucho tiempo en clase, pero merece la pena detenerse, aunque sea desde el blog, en la figura de este escritor del siglo XVIII. La página de autor de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos dice lo siguiente:

Diego de Torres Villarroel (1694-1770) fue el escritor más atractivo de la primera mitad del siglo XVIII español: original, complejo, dotado de un vitalismo desbordante de signo transgresor, gran dominador del lenguaje y autor de una producción amplísima, bajo cuya aparente dispersión o heterogeneidad subyace una profunda coherencia interior. Fue un espíritu moderno en lo sustancial, cuya vida y obra ejemplifican con máxima viveza la complejidad, luchas e incertidumbres de la encrucijada histórica que conduce a la modernidad.
 

Uno de los tópicos que circulan sobre Diego de Torres Villarroel es el de su carácter picaresco. Si leéis con atención su biografía confirmaréis la opinión de Marichal, quien afirma que su vida es la de un burgués que goza de una saludable posición y de la amistad de altas personalidades e intenta sacar el máximo provecho económico de sus libros.

Diego de Torres Villarroel nació en Salamanca en 1694. Su familia constituía una estirpe de libreros que culmina en su padre, Pedro de Torres. En 1706, tras los estudios elementales, va a estudiar latín bajo el pupilaje de Juan González de Dios, célebre maestro de la época; recibe las órdenes menores. En 1708 obtiene una beca para estudiar retórica en el Colegio trilingüe, donde permanecerá durante cinco años. Como era de esperar, su época de estudiante le proporciona abundante material para su obra.
Su primera aventura data de 1715, año en que se marcha a Portugal. Al regresar a la casa paterna, se ordena de subdiácono, si bien lo hace más por complacer a su padre que por auténtica vocación. Se enfrasca en la lectura de libros que despiertan su interés por la astrología y las matemáticas. En 1716-17 se matricula en la facultad de sagrados cánones. La publicación en 1718 de su primer Almanaque inicia para él una polémica etapa, en la que contará con muchos detractores. Obtiene el puesto de sustituto de la cátedra de matemáticas de Salamanca. 
Fue encarcelado a raíz de la participación en la controversia que sostenían jesuitas y dominicos en torno a la llamada “alternativa de cátedras”, es decir, la combinación de la doctrina jesuítica y la tomista, de la que Torres no era partidario, sino que defendía el predominio de esta última. Al ser declarado inocente se le nombra vicerrector, cargo que sólo ostenta quince días.
Acosado por la hostilidad del ambiente salmantino, a causa de sus publicaciones, se marcha a Madrid. Su vaticinio de la muerte de Luis I en el Almanaque de 1724 suscita nuevas polémicas en torno a él, que muchas veces se plasman en escritos a los que el interesado responde.
El discutido astrólogo regresa en 1726 a Salamanca para opositar a la cátedra de matemáticas. Su triunfo es rotundo y recibe un homenaje apoteósico por parte de los estudiantes, lo que demuestra la extraordinaria popularidad de que gozaba el Gran Piscator de Salamanca, seudónimo que empleaba en la publicación de los Almanaques y los Pronósticos.
Se ve envuelto en un lance de honor a causa de su amigo don Juan de Salazar. Tiene que huir a Francia y en 1732 es desterrado a Portugal, donde permanecerá dos años. Vuelve a Salamanca en 1734 y reanuda su quehacer docente y literario. En 1745 es ordenado prebístero. Sufre una grave enfermedad. Restablecida su salud, prosigue con su trabajo que le lleva muchas veces a Madrid a realizar diversas gestiones.
En 1750 pide la jubilación anticipada. A pesar de los obstáculos que ponen los catedráticos encargados de redactar el informe, sacando a relucir su irregularidad en el cumplimiento del deber y el escaso rigor científico de sus obras, el Real consejo le concede su petición en 1751. No obstante, no deja de estar vinculado con la universidad.
Esta situación le permite dedicarse con más ahínco a su producción literaria. Lleva a cabo la curiosa tarea de publicar sus obras completas, en catorce tomos, por suscripción popular, sistema que no conoce precedentes. Esto da buena prueba de la extraordinaria resonancia que habían alcanzado sus escritos. Muere en 1769.
[Fuente: Pedraza Jiménez, Felipe B.: Manual de literatura española, volumen V, Siglo XVIII, Cenlit ediciones, 1991 (adaptación)].

Si os ha interesado su vida, podéis consultar la página de autor de la Biblioteca Virtual Cervantes:

A aquellos  a los que os apetezca echarle un vistazo a la obra de Diego de Torres Villarroel  simplemente tenéis que pinchar aquí.

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