Comentario de texto: El Quijote de Miguel de Cervantes

“En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote decía a voces:
-¡Tente, ladrón, maladrín[1], follón[2]; que aquí te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra[3]!
Y parecía que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:
– No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir[4] la pelea, o a ayudar a mi amo; aunque ya no será menester, porque, sin duda alguna, el gigante está ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y caída a un lado, que es tamaña[5] como un gran cuero de vino.
-Que me maten- dijo a esta sazón el ventero- si don Quijote, o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece sangre a este buen hombre.
Y con esto, entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don Quijote en el más extraño traje del mundo. Estaba en camisa, la cual no era nada cumplida, que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detrás tenía seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de vello y no nada limpias; tenía en la cabeza un bonetillo[6] colorado, grasiento, que era del ventero. En el brazo izquierdo tenía revuelta la manta de la cama, con quien tenía ojeriza Sancho, y él sabía bien el porqué[7], y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente estuviera peleando con algún gigante. Y es lo bueno que no tenía los ojos abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el gigante; que fue tan intensa la imaginación de la aventura que iba a fenecer, que le hizo soñar que ya había llegado al reino de Micomicón, y que ya estaba en la pelea con su enemigo. Y había dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino.
 
Presentación
El texto corresponde al núcleo inicial del capítulo 35 de la primera parte del Quijote de Miguel de Cervantes. Dicho capítulo, tras la aventura que va a ser comentada, se completa con el desenlace de la novela El curioso impertinente.
Análisis del contenido
En este fragmento se relata el acuchillamiento de los cueros o pellejos de vino como una aventura más de don Quijote. El tema es la locura del caballero y la constante disposición a la aventura.
Es un fragmento narrativo-descriptivo. Se trata de un breve relato en prosa, protagonizado por don Quijote, personaje de ficción. En ella se unen perfectamente los elementos de la narración y una pequeña descripción. Aparecen también componentes típicos del diálogo.
El texto se estructura en dos partes, en las que se va intensificando progresivamente el interés por lo narrado:
a) La primera parte, desde el comienzo hasta “a este buen hombre”,  ofrece el ambiente externo en el que la aventura se encuadra y las reacciones de los diversos personajes ante el núcleo del episodio: la batalla con los cueros de vino.
b) En la segunda parte, último párrafo, se describe la preparación de la batalla y la progresiva transformación de todo el entorno para adecuar la realidad a la ficción caballeresca.
 
Análisis de la forma
En la primera mitad del texto, el ambiente externo, se nos ofrece a través de un diálogo, con la acertada maestría de Cervantes. El narrador, progresivamente, va cediendo su voz a los personajes y ellos reflejan su peculiar visión de los acontecimientos. Existe, por lo tanto, una alternancia de emisores que gradúan los diversos puntos de vista. La sucesión es la siguiente: narrador-don Quijote-narrador-Sancho-narrador-ventero.
Con ello, el texto no necesita aclaraciones del narrador; la realidad se percibe por los pareceres de los personajes. Este vaivén de perspectivas tiene conexión con una adecuación lingüística precisa en los tiempos verbales: el narrador se expresa en pasado narrativo (“oyeron, dijo”), mientras que don Quijote o Sancho utilizan el imperativo (“tente, ha de valer, entren…” y el ventero se sitúa en el futuro con una perífrasis de posibilidad: “debe de ser”
Existe además una progresión ascendente en la información que los personajes aportan al lector. El mensaje se va concretando, desde lo ficticio a lo real, mediante una precisa gradación de los sustantivos. Don Quijote y Sancho se sitúan dentro de la ficción con sustantivos como “ladrón, malandrín, follón, el gigante, la sangre, la cabeza cortada…”, mientras que el ventero va a recolocar toda la ficción en el terreno de la realidad, haciendo corresponder la sangre ficticia con el vino y los cueros de vino con la cabeza cortada del gigante.
Sancho, quien cree que es necesario actuar urgentemente; utiliza para ello una acumulación de conjunciones (polisíndeton): “y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida; que yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y caída a un lado…”
Mientras, el narrador cervantino acentúa, oponiendo formas verbales, dos ideas que se hallan en todo El Quijote: la apariencia y la realidad; la imagen del parecer (“parecía que daba grandes cuchilladas” y el ser (“daba cuchilladas”).
La segunda parte del texto es un fragmento de mensajes acumulativos que, marcados de nuevo por polisíndeton (“ y con esto entró… y todos… y hallaron…” se podría estructurar siguiendo la tradicional división: introducción (primera oración), nudo (resto del texto) y conclusión (última oración).
El narrador completa  el prisma de perspectivas apuntado en la primera parte, y realiza una doble función: presenta al protagonista mediante un retrato físico (prosopografía) de carácter impresionista, siguiendo una doble progresión: se sirve de un pequeño juego narrativo, basándose en los aspectos físicos que contemplan los espectadores (ventero, Sancho, etc.) e intenta adecuar el relato a ese juego de elementos que perciben los sentidos.
Su resultado es una descripción que resalta la importancia de lo más llamativo. Se produce una progresión óptica de mayor a menor, desde la camisa, las piernas y la cabeza, pasando por las extremidades superiores hasta centrarse en los ojos.
Este fragmento ofrece una gran metáfora, que deja al texto dentro de la más pura ficción caballeresca. El “más extraño traje del mundo” es la armadura que con minuciosidad construye el arte de Cervantes para su personaje: cada objeto real se corresponde con un objeto imaginario. Así, el bonetillo sería el yelmo, la camisa la coraza y la manta que don Quijote lleva enrollada en el brazo sería el escudo.
Conclusión
El texto resalta, temáticamente, la lucha fantasía-realidad que ofrece El Quijote. En esta elaboración creadora se aprecia el dominio que Cervantes tenía de la ambientación espacial y cómo una perfecta gradación de recursos permite mantener o suscitar el interés.

[1] malandrín: maligno, perverso, bellaco.
[2] follón: fanfarrón.
[3] cimitarra: sable corto.
[4] despartir: apaciguar.
[5] tamaña: tan grande.
[6] bonetillo: gorro de dormir.
[7] Se refiere a que Sancho tenía ojeriza, manía, a la manta porque en otra aventura anterior había acabado manteado. Mantear a alguien es lanzar al aire entre varias personas, con una manta cogida por las orillas, a otra, que al caer sobre la manta vuelve a ser lanzada repetidas veces hacia arriba.
[Fuente: Alonso Fernández Santos, Antonio López Martínez, Pedro Lumbreras García, Azucena Pérez Tolón, Literatura 2º, Editorial Magisterio Casals, 1992. ]
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