Comentario de texto de La Regenta de Leopoldo Alas, “Clarín”

Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y garrulo de las despedidas y los preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince al frisar con los treinta.

No tenía valor, ni aun deseo de mandar a don Álvaro que se callase, que se reportase, que mirase quién era ella. “Bastante lo miraba, bastante se contenía para lo mucho que aseguraba sentir y sentiría de fijo”.

“No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. Y Ana, encendida la mejilla, cerca de la cual hablaba el presidente del Casino, no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística, ni siquiera en que había maridos y magistrales en el mundo. Se sentía caer en un abismo de flotres. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo.

Para lo único que le quedaba un poco de conciencia, fuera de lo presente, era para comparar las delicias que estaba gozando con las que había encontrado en la meditación religiosa. En esta última había un esfuerzo doloroso, una frialdad abstracta, y en rigor, algo enfermizo, una exaltación malsana; y en lo que estaba pasando ahora ella era pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer, salud, fuerza, nada de abstracción, nada de tener que figurarse algo ausente, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva, sin trascender a nada más que la esperanza de que durase eternamente. “No, por allí no se iba a la locura”.

Don Álvaro estaba elocuente; no pedía nada, ni siquiera una respuesta; es más, lloraba, sin llorar, por supuesto, “de pura gratitud, sólo porque le oían”. “¡Había callado tanto tiempo! ¿Que había mil preocupaciones, millones de obstáculos que se oponían a su felicidad? Ya lo sabía él; pero él no pedía más que lástima, y la dicha de que le dejaran hablar, de hacerse oír y de no ser tenido por un libertino vulgar,  necio, que era lo que el vulgo estúpido había querido hacer de él.”

INTRODUCCIÓN
El fragmento pertenece al capítulo 28 de La Regenta de Clarín. Mientras que en los primeros se nos describe la situación y los personajes, a partir del capítulo 15 se desarrollan los acontecimientos en un periodo de tres años. Esta escena se produce en “El Vivero”, la casa de campo de los marqueses de Vegallana, adonde había ido a pasar el día lo más granado de la aristocracia de Vetusta y en donde les había sorprendido una tormenta. Entre los invitados están Ana Ozores (la Regenta) y don Álvaro Mesía. Éste último aprovecha la ocasión para declararle su amor decididamente.
ANÁLISIS
El tema del fragmento es la declaración de amor de don Álvaro a la Regenta, la emoción contenida de ésta y el miedo a los propios sentimientos.
En cuanto a la estructura podemos señalar tres partes:
a) En el primer párrafo, el narrador describe una escena, el ruido, los preparativos de un viaje y una secreta conversación entre dos personas, que no es otra cosa que una declaración de amor de don Álvaro a la Regenta.
b) Los tres párrafos siguientes describen los sentimientos que esa declaración despiertan en la Regenta.
c) El último párrafo refleja las palabras y la actitud de don Álvaro al declararse.
Se trata de un fragmento escrito en una prosa llena de matices y estilos narrativos. No falta la ternura, la emoción ni la ironía. El fragmento es una reproducción de un monólogo interior de Ana Ozores, la Regenta, ella no le contesta con palabras a don Álvaro, todo lo que sabemos nos lo cuenta el narrador. El autor describe una escena emotiva desde el punto de vista de un narrador omnisciente que lo sabe todo acerca de los personajes; realiza una introspección en el alma de la protagonista, reproduciendo sus pensamientos en estilo directo: “No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. En estilo indirecto: “…Ana no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística…”. Y en estilo indirecto libre: “No, por allí no se iba a la locura”.
Reproduce asimismo las palabras de don Álvaro en distintos estilos narrativos y con un matiz irónico que hacen dudar al lector de su sinceridad.
Dentro del realismo, la escena aporta todos los ingredientes de observación y verosimilitud de una narración: descripción de una situación (preparativos de una marcha, confusión, ruido, rapidez..), una tormenta de verano (gotas de lluvia, truenos…) y la conversación íntima al margen de la realidad de dos personajes (la Regenta y Álvaro Mesía).
Esta separación entre lo que sucede fuera y dentro de los personajes está resaltada con maestría por el autor: frente al ruido exterior, el murmullo del amor, frente a la confusión externa, la emoción interna y contenida de la Regenta que le hace sentir por primera vez algo que se parece al placer, a la felicidad.
Lo que sucede en este fragmento es de importancia capital para el desarrollo de la obra; hasta el momento, don Álvaro había extendido las redes para la conquista de la Regenta, pero ella, por miedo, refugiándose en un misticismo agobiante y no del todo sincero, había podido resistirse a unos sentimientos que cada vez se parecían más al amor. En esta escena reconoce internamente el placer que le produce la proximidad de don Álvaro. A partir de este momento, todo va a cambiar. El adulterio se va a consumar y con él el desenlace trágico de la obra.
La maestría de Clarín se demuestra en la introspección que hace del alma de los personajes, sobre todo de la Regenta. Aparece como una mujer cercana a los treinta que nunca había sido amada con pasión, que quería olvidarse de todo lo que la había tenido atada: un matrimonio sin amor, unas relaciones místicas con su confesor que ejercía una clara influencia sobre su alma, que reconoce por primera vez la dicha y el placer de ese momento. Don Álvaro se nos muestra respetuoso y apasionado, y ante todo humilde, sereno, pero hay algo en sus palabras que nos hacen dudar de su sinceridad, de la verdad de su amor hacia la Regenta. Clarín jugará con esa ambigüedad a lo largo de toda la obra. No se parece en nada al conquistador audaz que se nos ha presentado en los primeros capítulos.
En cuanto a la forma lingüística sobresalen las frases cortas y la enumeración de elementos en aquellos momentos en los que el narrador quiere transmitir emoción: “En lo que estaba pasando ahora ella pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer…”
Al mismo tiempo resalta la repetición de formas verbales u otros elementos en forma de anáfora: “bastante lo miraba, bastante se contenía…” Aparecen también oraciones yuxtapuestas con la misma estructura para transmitir esa sensación de emoción, de desasosiego interno.
El léxico es culto y elaborado; cada adjetivo y sustantivo tiene un sentido preciso: “esfuerzo doloroso, frialdad abstracta, exaltación malsana, rigor enfermizo…” referido a la meditación religiosa, frente al amor que es “salud, placer, fuerza, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva”. Aparecen cultismos como “eufemismos, mística, tangible, trascender, elocuente, libertino, vulgo…”, junto con algunas palabras propias de un registro más cotidiano: “garrulo, estrépito, estúpido…”
Destaca, por otra parte, la aparición de expresiones connotativas de un lenguaje poético, figurado y literario para describir el temor de Ana, lo más destacado es: “se sentía caer en un abismo de flores. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo”. Se trata de un juego de palabras centrado en la palabra “caer” que tiene connotaciones negativas: “caer en pecado”, “caer en un abismo”. Pero el juego literario se establece cuando el abismo es de flores; es decir, lo negativo del abismo desaparece ante la fragancia y el placer de las flores: un abismo maravilloso, es una paradoja en el sentido o una sinestesia en la forma, dos palabras que no pueden utilizarse juntas porque sus significados se oponen.
Lo mismo ocurre con “caer el cielo”, es igualmente una paradoja, un sinsentido lleno de connotaciones poéticas: caer presupone un vacío, un hundimiento, pero al cielo se sube, no se cae. Ana es consciente de que su amor por don Álvaro es una caída en el vacío, un pecado, pero para ella esa caída es el paraíso, es la felicidad.
Hay que destacar también la ironía del autor al narrar las palabras de don Álvaro, lo que, como hemos visto ya, nos hace dudar de su sinceridad: “lloraba, sin llorar por supuesto”, “de pura gratitud sólo porque le oían”. Esa actitud humilde y considerada del mayor conquistador de Vetusta provoca ciertas reticencias un tanto sarcásticas; el lector dudará hasta el último momento de verdadero sentimiento de Mesía hacia la Regenta.
CONCLUSIÓN
El texto, en cuanto a su contenido, constituye una escena clave para el desarrollo de la obra: la caída de la Regenta en los brazos del conquistador. En cuanto a la forma es una muestra ejemplar de la utilización de las más variadas técnicas narrativas y de la exploración del alma de los personajes: sus contradicciones, sus emociones y sentimientos. En este sentido es un reflejo de la técnica realista de observación y descripción de ambientes y profundización de los personajes. Por último, la riqueza de léxico, la habilidad en la construcción de oraciones y la fina ironía hacen de Clarín uno de los mejores prosistas del siglo XIX.
[Fuentes:  Texto adaptado de: Alonso Fernández Santos et al., Literatura 2º, Vitoria: Magisterio Casals, 1992; Imagen: http://www.lacomunidad.elpais.com]
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Leopoldo Alas, “Clarín”

Leopoldo Alas, que utilizó el nombre literario de “Clarín”,  nació en Zamora, pero casi toda su vida transcurrió en Oviedo, de cuya Universidad fue catedrático, primero de derecho humano y después de derecho natural. Clarín fue un hombre enfermizo y de carácter retraído, llevó una vida gris y monótona, dedicado exclusivamente al estudio, a su actividad de escritor y a la docencia. Sin embargo, tuvo la extraordinaria personalidad de un intelectual nato, lúcido e inteligente, inquieto e independiente y agudamente crítico.

El programa de TVE  El arte de vivir dedicó uno de sus capítulos a la vida y la obra de Leopoldo Alas, Clarín. Pinchad en la imagen y lo podréis ver:

La obra de Clarín

desconciertos3.blogspot.com

Clarín cultivó la crítica, el ensayo, la novela y el cuento. Fue uno de los críticos más influyentes y temidos de finales del siglo XIX. Escribió cientos de artículos sobre las tendencias literarias, los autores y las obras del momento, con los que pretendía formar estética y moralmente al lector. Era un hombre extraordinariamente culto y gran conocedor de la literatura y de la filosofía europeas de la época.  Sus artículos, publicados en periódicos y revistas, fueron recogidos en varios libros: Solos de Clarín (1881), Ensayos y revistas (1892) o Palique (1893).

En cuanto a su obra narrativa, confluyen en ella diversas influencias: ciertos elementos del naturalismo, como la observación y la interdependencia entre fisiología y psicología, y la religiosidad de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX, con un cristianismo que propugna la tolerancia.

Su obra narrativa abarca unos sesenta cuentos, algunas novelas cortas y dos novelas extensas. Clarín es uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XIX español. Dos líneas fundamentales caracterizan su producción cuentística: una cordial, de ternura para con los seres humildes y débiles, víctimas de la vida, y otra satírica y crítica. Más que cuentos de intriga, lo son de personajes.


Buscad en la biblioteca del centro (o en cualquier otra) los cuentos de Clarín. Valen la pena. Los que los prefieran en edición digital, no tienen más que clicar sobre los enlaces:

La producción novelística de Clarín está constituida solo por dos obras La Regenta (1884-1885) y Su único hijo (1891)

La Regenta, tedio y lujuria

La obra magna de Leopoldo Alas, Clarín, es La Regenta que, con Fortunata y Jacinta, constituyen las mejores novelas del XIX español. La Regenta relata la vida de Vetusta (Oviedo), una ciudad provinciana, moralmente opresiva e indiferente a la modernidad. Teniendo como fondo la sociedad de la Restauración, la novela une dos grandes temas abordados  por la novela decimonónica: el del adulterio femenino (tratado en Madame Bovary, de Flaubert o en Ana Kareninna, de León Tolstoi) y el del sacerdote enamorado (tratado en Pepita Jiménez y Doña Luz de Juan Valera o en Tormento de Galdós).

La novela narra la insatisfacción y la destrucción de su protagonista, Ana Ozores, una hermosa joven que, casada con el anciano regente Víctor Quintana, se encuentra en el centro del deseo de don Álvaro Mesía —donjuán oficial, decadente y provinciano— y del ambicioso Magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Ana cede ante el primero, y el adulterio provoca el escándalo y la sorda repulsa de la hipócrita sociedad de Vetusta.

La innovación formal, el lenguaje irónico, el detallismo naturalista y una gran profundidad en el análisis psicológico de los personajes constituyen algunos de los aspectos más logrados de La Regenta.

Las reacciones contra La Regenta

Azorín, en su libro Andando y pensando, nos cuenta cómo se recibió La Regenta cuando se publicó el primer volumen en 1885:

En 1885 apareció el primer volumen de La Regenta. Y fechada el 25 de abril del indicado año de 1885, el obispo de Oviedo publicó una pastoral en que se decía, entre otras cosas lo siguiente: “No hace muchos días en que recibieron todos los alumnos de una cátedra de Oviedo como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas, sin que las autoridades académicas ni los compañeros del profesorado —tan puntillosos en otras cosas— tuvieran una palabra de protesta contra ese salteador de honras ajenas.”

Las palabras citadas —especialmente las postreras —eran un poco fuertes. Con fecha 11 de mayo del indicado año, los alumnos de Derecho Romano, la cátedra de Clarín, publicaron espontáneamente una rectificación. No era cierto que Alas hubiera repartido en clase, ni fuera de clase, ejemplares de su novela a los alumnos. No hubo tal reparto —decían los discípulos de Clarín—, “ni aun escuchando de sus labios frase alguna que pudiera referirse al contenido de dicha obra”.

La contestación de Clarín

Leopoldo Alas escribió una larga carta al obispo de Oviedo. “Si no fuera tal vez falta de respeto —dice Alas—, entraría yo aquí ahora en pasmarme de que una personalidad tan ilustrada como el obispo de Oviedo, que tan bien debe de conocer el corazón humano y el comercio de libros en España, haya podido creer que un autor de novelas, que de venderlas vive (y si no come de eso, por menos cena), había de volverse loco hasta el punto de regalar ejemplares de su obra a todos los estudiantes de un cátedra.

Por lo demás —dice—, yo creo que mi novela es moral, porque es sátira de malas costumbres, sin necesidad de aludir a nadie directamente. Ni para bien ni para mal aludo a nadie. Así, por ejemplo, entre mi obispo don Fortunato Camoirán y el actual obispo de Oviedo nadie podrá ver ni el más lejano parecido. Usía, ilustrísimo, usa coche; mi don Fortunato no lo tiene; Camoirán gasta los zapatos remendados, y usía ilustrísima calza bien… Pues si bajamos algo más en jerarquía, encuentro que mi don Fermín de Pas, canónigo y provisor, no se parece a ningún señor canónigo de Oviedo, pues yo atribuyo a mi héroe imaginario unos vicios que aquí nadie tiene y un talento que tendrán muchos prebendos de aquí, pero no en el grado superior, casi genio, que yo me complazco en atribuir al hijo de mi fantasía.”

¿Qué pensáis? ¿Tenía razón el obispo de Oviedo y Clarín era un “salteador de honras ajenas”? ¿La Regenta es un libro “saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas”? Me temo que no os queda más remedio que leerla.

Leer, oír, ver La Regenta.

 Como siempre, os recomiendo que visitéis la biblioteca y localicéis los ejemplares de La Regenta para echarle un vistazo y, si os convence, leerla. Los que deseen una lectura digital pueden hacer clic en la imagen:

Si lo vuestro es escuchar, pinchando en el dibujo podéis oír algunos fragmentos de la novela. 

En 1995 RTVE realizó una serie basada en La Regenta, dirigida por Fernando Méndez-Leite y protagonizada por Aitana Sánchez Gijón, Carmelo Gómez, Juan Luis Galiardo y Héctor Alterio. La serie se puede ver íntegramente online en la página web de RTVE. Pinchad en la imagen y estaréis dentro:

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]
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Comentario de texto de La desheredada de Galdós

Galdós lee su obra en el salón del doctor Tolosa Latour

Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la Prensa; eran también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tal alta posición para dar gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos investigadores le decían: “Somos la envidia que te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”.
Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra, es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras faraónicas.
Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer, despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales, arzobispos, archipámpanos, y después… ¡ah!, después tenía que echar miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre las manos, y así pasaba algunas horas, oyendo el sordo incesante resbalar del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil, sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se escapaban las cifras huyendo y desapareciendo en menudas partículas del metal líquido por los intersticios de tul del pensamiento? Era preciso pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, con sus graciosas crías, los 75 céntimos.
INTRODUCCIÓN
El fragmento que vamos a comentar pertenece a La desheredada, una novela de Benito Pérez Galdós perteneciente al grupo de novelas que él mismo denominó “Novelas españolas contemporáneas”. Estas obras reflejan fielmente la sociedad del momento, y son continuas las referencias a los hechos políticos contemporáneos a la vez que va creando un universo novelesco que reaparecerá en casi todos los títulos.
ANÁLISIS
El tema que subyace en el fragmento es la crítica a la clase política y a la burocracia, por medio de un loco al que observamos en el manicomio. Tras recibir, imaginariamente, a varias personalidades, se dispone a contar una importante suma de dinero; pero al llegar a millares de pesetas, cree que éstas se han convertido en partículas que se filtran por su cerebro.
Este texto se puede dividir en tres partes, que coinciden con cada párrafo: la primera parte introduce al personaje y tenemos así conocimiento de su locura. La segunda es un inciso del narrador para reflexionar sobre las actitudes de los locos, al tiempo que conocemos el espacio vital de Rufete. La tercera parte narra la febril actividad del loco.
En la primera parte la  introducción de Rufete en el discurso es brusca. De inmediato sabemos que está loco y que vive en el manicomio; también suponemos que cree pertenecer al gobierno. El narrador introduce en tercera persona al personaje en el inicio del discurso, pero poco a po va a cambiar esa forma narrativa por el estilo indirecto libre. Para ello se sirve de la sinonimia parcial: los loqueros son funcionarios, y éstos son odiados por el protagonista, quien acto seguido los identifica con otros elementos políticos (oposición, minoría, prensa) por medio del narrador. Esto permite al narrador —tras una enumeración paralelística de los problemas del país: “eran también el país que le vigilaba, le preguntaba por el comercio… por el crédito muerto…”— dar la palabra al personaje, pero no de forma directa, sino a través del ya aludido estilo indirecto libre (“Pero ya le pondría él… ). El cambio de un agente a otro no es brusco sino paulatino. En cierta medida también ha cambiado el léxico: Rufete, en su locura, utiliza formas coloquiales para referirse a los graves problemas que le afectan como jefe de gobierno; al cambiar de hablante —aunque sea siempre por medio del narrador— varía la expresión (formas coloquiales: “las peras a cuarto…”; personificaciones “señor país” o expresiones familiares: “señores tiesos”) para que sea evidente que el autor ya no narra lo que ve el personaje sino que recoge sus pensamientos. La siguiente enumeración, también paralelística (“que en todo querían meterse, que todo lo querían saber”) muestra la indignación del loco, el pensamiento fluido de Rufete ante la actitud de los loqueros, lo que culmina con la expresión “eminentísimo”, resumen de la fiebre por los tratamientos que sufren los poderosos. Galdós sigue reflejando el pensamiento de Rufete, pero a la vez imprime en las palabras de Galdós un sello de ironía: “espantajos” denomina el loco a sus cuidadores, a sus funcionarios; “espantajos” son, por aquella igualdad que antes se comentaba, los poderes públicos.
El narrador ha asumido plenamente al personaje, conoce perfectamente lo que piensa y lo que le ocurre: es un autor omnisciente que presenta como objetivo el pensamiento subjetivo de Rufete, y por medio de la paradoja “te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”  eleva la condición individual de Rufete a idea general: el poder, por medio de las más sucias artimañas, encumbra a sus criaturas.
En la segunda parte, el narrador omnisciente interviene expresando sus opiniones, para lo que utiliza las formas verbales de presente. A modo de inciso, y por medio de una metáfora (“los habitantes del corral”), expresa la manía de los locos por poseer un lugar. Enumera, mediante el asíndeton y el paralelismo sintáctico (“de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra”), los sitios preferidos, todos ellos humildes y poco atractivos. La estructura nominal, identificativa, da pie  a la introducción de un juicio de valor del novelista: el vocablo “simpatía”, con el sentido de ‘acto agradable’, expresa el reflejo de la realidad desvirtuada a la que el loco intenta asirse en su desorden mental, en la “región de tinieblas en que vive su espíritu”. Con estas palabras Galdós inunda de ternura hacia estos seres desvalidos la caricatura despiadada de la sociedad que era hasta entonces el fragmento.
Después de la idea general sobre los locos, el narrador vuelve a repetir los conceptos “pared, ángulo, mancha de sombra” para comentar cuáles corresponden a Rufete. Mediante la dispersión de los términos, Galdós ejemplifica en su protagonista la aseveración antes realizada.
El “ángulo del patio” se transforma gracias a una simbolización: la metáfora aposicional evita el verbo copulativo y se añaden las imágenes paralelísticas: “tribuna de sus discursos, trono de su poder…” al término real “ángulo del patio”. Mediante este procedimiento, la identificacion entre realidad e imagen se produce gradual pero inequívocamente. En cierta medida la elección del lugar tendría su lógica, pues la pared imitaba una muralla egipcia, majestuosa, poderosa. El uso de los gerundios (“cayéndose, manchando”) da a la acción un tono de continuidad que aclara la idea de cotidianeidad del proceso de degradación de la pared y, con ella, de Rufete.
La tercera parte, la más extensa, hace hincapié en el estado mental del enfermo. La acción externa da paso a la acción interna. Para la acción externa el novelista se sirve de la descripción, para la interna recobra el estilo indirecto libre. Rufete comienza con sus audiencias y desfilan elevados personajes (“secretarios, generales…”) que representan los principales estamentos de la sociedad decimonónica. La enumeración finaliza con los “archipámpanos”, los personajes de más alta dignidad para Rufete porque son los únicos imaginarios, con lo cual Galdós recalca nuevamente su locura.
La exclamación (“¡ah!”) indica que Rufete se siente satisfecho porque, tras las obligaciones menores, se dispone a firmar los documentos. Para incidir en lo pesado del esfuerzo se utiliza la fórmula gradual de elevar la cantidad del numeral (“miles… millones, billones, cuatrillones…”) repitiendo el complemento partitivo “de firmas” en el primero y el último de lo miembros.
El narrador se sitúa de nuevo en la posición de espectador y describe los movimientos de Rufete (“se sentaba, cruzaba, hundía, pasaba”. La última frase añade la referencia a una de las locuras de Rufete: cree que tiene una gota de mercurio en la cabeza. De contar firmas, el loco pasa a contar dinero y de nuevo el narrador comenta los sentimientos que Rufete le produce al referirse a él como “el infeliz”. Siente piedad hacia su personaje porque es un marginado, y porque la locura ha surgido en él a causa de su celo en el trabajo. Ésta es la razón por la que cuenta incansablemente la cantidad exacta.
Galdós recurre otra vez al estilo indirecto libre porque vuelve a entrar en los pensamientos del protagonista, ahora de manera más firme que en los casos anteriores, pues esta última utilización se acerca considerablemente a la técnica del monólogo interior tan utilizada en la novela del siglo XX. Ahora el discurrir es más lógico porque nos hallamos inmersos en la cabeza de Rufete; de ahí la identificación de las pesetas con las partículas de mercurio (“metal líquido”), a través del cerebro (“intersticios del tul del pensamiento”). El proceso lingüístico de identificación es complejo, pues el autor se basa en el uso de metáforas encadenadas: las cifras se convierten en partículas gracias a los gerundios que hacen subordinar esta segunda afirmación a la primera, más lógica. El contenido semántico de estas formas verbales (“huyendo, desapareciendo”) indica la transformación de algo abstracto (“cifras”) en algo concreto y físico (“partículas”). Para la identificación entre “el pensamiento =cerebro” y “una tela por donde se filtra un líquido= mercurio”, se sirve de otro tipo de metáforas: “tul del pensamiento”. El último paso del proceso de Rufete es sencillo: si el pensamiento es el tul, con “pensar fuerte” se conseguirá “espesar la tela” y por tanto, no se filtrarán las pesetas, que además se desarrollan y multiplican teniendo descendencia. Rufete identifica los céntimos con las “graciosas crías” de las pesetas.
CONCLUSIÓN
Procediendo de lo general a lo particular, Galdós inicia su parlamento con una crítica a los poderes de su tiempo encarnados en los habitantes de un manicomio para, finalmente, fijar su atención sobre el personaje de Rufete. Este encarna la figura del jefe de gobierno, por una parte, dentro de esa sociedad alegórica que el novelista nos pretende mostrar; y, por otra, el producto real de la misma: un loco que sueña con la contabilidad. Además de presentarnos como espectador al protagonista, el escritor se sirve del estilo indirecto libre para dar paso a los pensamientos de aquel, pero —como suele ocurrir con el narrador omnisciente— no resiste la tentación de opinar él mismo sobre el asunto. El fragmento es, por tanto, un excelente ejemplo de las técnicas narrativas más modernas, utilizadas por un cuidadoso escritor realista.
[Fuente: Gala Blasco Aparicio, Comentario de texto 18: Benito Pérez Galdós, La desheredada, Estella, Cénlit, 1992]

 

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Benito Pérez Galdós (1843-1920)

Billete de mil pesetas con la imagen de Benito Pérez Galdós

En la década de los 90, los autores lograron superar el dualismo prerrealista y el exceso de moralización. Las obras ganan en objetividad y calidad tanto en la descripción de personajes como de ambientes. Su visión de la realidad es más abierta y sin prejuicios ideológicos tan claros. Todas las características del realismo de las que hemos hablado en clase se consolidan en este periodo en el que se publican las mejores muestras del género.

Benito Pérez Galdós es el autor más destacado del realismo español; un hombre abierto al progreso y con una idea crítica del patriotismo; concibió su obra narrativa como un medio para abordar los problemas de su tiempo: anhelos, inquietudes o frustraciones. Reflejó las estructuras sociales del momento, sobre todo la clase media en un ambiente urbano, Madrid; ahondó en realidades políticas y sociales a través de sus personajes y sus conflictos. Su obra constituye una verdadera crónica del siglo XIX español.

Para aquellos que quieran saber más, como siempre la página de autor de la Biblioteca Virtual Cervantes nos aporta innumerables datos sobre su vida y su obra:

 Benito Pérez Galdós es el novelista más popular, más leído, más prolífico y más dotado de su época: un gigante que cubre con su obra cien años de la historia de España. Cuando llegó a Madrid en 1862 a estudiar Leyes, la ciudad “se le metió por los ojos”, absorbiendo toda su atención.

En Memorias de un desmemoriado, Galdós explica cómo “en aquella época de graves sucesos políticos”, que desemboca en la revolución que derroca a Isabel II, “respirando la densa atmósfera revolucionaria creía yo que mis ensayos dramáticos traerían otra revolución más honda en la esfera literaria”.

Ateneo de Madrid

En estos años, de gran vitalidad, inquietud y curiosidad, Galdós vive en los cafés, en el viejo Ateneo y en el casino; pasea, observa y escucha al pueblo de Madrid, y viaja por España y Europa. En 1867 visita París y su Exposición Universal, y conoce las obras de los grandes novelistas, Dickens, Balzac, Stendhal y Flaubert. A su regreso a Madrid, entre 1865 y 1868, se dedica al periodismo y comienza a escribir La sombra y El audaz, que publica por entregas en la Revista de España.

La Revolución de 1868 y la Constitución del 69 representan la esperanza de una España democrática y liberal, pero los turbulentos acontecimientos e inestabilidad política que le siguen impulsan a Galdós a escribir La Fontana de Oro (1870), primera de sus novelas que supone una advertencia pública.

En los años que van desde 1873, en que comienza a escribir los Episodios Nacionales, hasta 1881, fecha de La desheredada, la primera de sus novelas contemporáneas, Galdós cree que es la clase media la que debe llevar a cabo la transformación política y social del país; y dirige sus esfuerzos, tanto en los Episodios como en sus novelas de carácter o de tesis (Doña Perfecta, Gloria, Marianela o La familia de León Roch), a luchar contra la intolerancia y el despotismo que, en su opinión, afectan a toda la vida nacional  e impiden la convivencia entre los españoles.

Entre 1873 y 1879 escribe dos series de diez episodios cada una (veinte novelas), a las que traslada los problemas de la situación política que está viviendo.

En sus novelas contemporáneas, Galdós inventa un mundo ficticio en el que refleja la realidad de la época y donde Madrid adquiere un papel protagonista. A través de los barrios madrileños, sus calles, plazas, iglesias, comercios y habitantes, el autor canario ofrece su visión de la España de la época.

Su realismo se enriquece con la creación de personajes más complejos que, en un momento histórico y en una situación social determinados, expresan sus sueños, sus fantasías, sus recuerdos y deciden según sus conciencias. Incorpora, además, elementos naturalistas: las causas biológicas y, especialmente, sociohistóricas de la conducta de los personajes; pero, finalmente, estos actúan movidos por sus valores.

La serie de novelas contemporáneas de Galdós se encuentran en prácticamente todas las bibliotecas (incluidas, sí, las de vuestras casas, echad un vistazo a las estanterías de libros si no me creéis), pero   para aquellos que deseen leerlas en versión digital, aquí están:

Tras Restauración de Alfonso XII (1874), Galdós deja de hablar de libertad y de tolerancia y comienza a hablar de justicia social. En las puertas del siglo XX, desengañado de la clase media, con los ojos puestos en el pueblo y en la única salvación del mundo por el amor y la fraternidad universal, escribe Galdós sus obras espiritualistas: Ángel Guerra, Nazarín, Misericordia y El caballero encantado.

El triunfo de Electra (1901) en el Teatro Español coincide con el malestar social y se interpreta como un arma política.  Como la Generación del 98, Galdós quiere que España se transforme en un país nuevo, moderno y europeo. En 1910 se queda definitivamente ciego y, debido a su pensamiento radical, los grupos reaccionarios en el poder se oponen a que le concedan el Premio Nobel. En enero de 1920 muere.

La Biblioteca Virtual Cervantes nos ofrece este vídeo titulado Puzzle Galdós:

 

Antes de comenzar a reproducir los vídeos, es conveniente conocer la estructura del Puzzle Galdós. Básicamente, ofrece una primera división que permite decidir por dónde comenzar a construir el PuzzlePaisaje VitalEn torno a la obraInvestigación y Galdosistas que, a su vez, se va subdividiendo en otras piezas. Cada una de estas secciones da paso a los diferentes vídeos, en los que intervienen prestigiosos especialistas galdosianos, así como la sobrina-nieta de Don Benito. Así, la estructura general del Puzzle es la siguiente:

Paisaje vital: infancia en Las Palmas. Retrato familiar y social. Santander. Madrid. Epistolario. Los últimos años. Galdós en el recuerdo.

En torno a la obra: presencia de la obra de Galdós en el mundo. La obra. La psicología femenina. Las lectoras y Galdós.

Investigación: los Anales Galdosianos. Los investigadores ante la obra de Galdós. Los estudiantes ante la obra de Galdós. Pedro Ortiz-Armengol, una vida con Galdós. Galdós y el cine.

Galdosistas: Ser galdosista. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Galdós.

ACTIVIDADES SOBRE GALDÓS

Estos ejercicios sobre la novela realista, elaborados por la Junta de Extremadura, nos pueden servir para repasar o trabajar la teoría sobre novela realista, así como las figuras de Benito Pérez Galdós o Clarín:

También podéis intentar estas otras actividades sobre el realismo, incluye una serie de cuestiones sobre un fragmento de Misericordia de Galdós.

Estas otras actividades sobre el realismo, un poco más complicadas (pero poco), pueden ayudaros a repasar el tema.

La web Desocupado lector ofrece muchos ejercicios sobre el tema:

También podéis intentar todos estos test:

Si ya habéis estudiado la teoría sobre Benito Pérez Galdós, estáis en condiciones de contestar estos ejercicios de opciones sobre Galdós.

VIAJAR CON GALDÓS

La Casa-museo de Benito Pérez Galdos en Las Palmas de Gran Canaria

Si visitáis Las Palmas, no perdáis ocasión de visitar la casa-museo de Benito Pérez Galdós. Pinchad en la imagen y estaréis dentro de la página web:

El suplemento El Viajero de El País nos invita a redescubrir Madrid de la mano de Galdós.

OÍMOS SOBRE GALDÓS

El programa de RNE Fin de siglo dedicó este programa al escritor canario. Pinchad en la imagen para oírlo:

El exquisito programa de RNE, Verbo sonoro, nos ofrece una lectura de Una industria que vive de la muerte, episodio musical del cólera, un relato breve de Galdós que podéis leer haciendo clic sobre el título y escuchar acompañado de una excelente selección musical haciendo clic sobre el logo:

AL CINE CON GALDÓS

Muchas obras de Galdós han sido llevadas al cine o a la televisión. A continuación, os indico algunas de las más interesantes:

Una de las primeras adaptaciones al cine de una novela de Galdós fue una versión de El abuelo, dirigida en 1912 por Domingo Ceret, con el título La duda. En 1925, se realizó una nueva versión de esta novela,  ya con el título de El abuelo, dirigida en esta ocasión por José Buchs. Más tarde, en  1972, el director Rafael Gil dirigió una nueva versión, con el mismo título. La última adaptación de El abuelo la realizó José Luis Garci en 1998.

Marianela ha sido llevada tres veces al cine. La primera vez en 1940, dirigida por Benito Perojo. La segunda vez en 1955, dirigida por Julio Porter. La última versión de esta novela se realizó en 1972, dirigida por Angelino Fons, con la cantante Rocío Durcal como protagonista.

Doña Perfecta también ha tenido varias adaptaciones cinematográficas. En 195o, Alejandro Galindo dirigió la primera versión y en 1977, César Fernández Ardavín dirigió la segunda versión, interpretada por Julia Gutiérrez Caba.

El genial director aragonés Luis Buñuel llevó al cine dos novelas de Benito Pérez Galdós. En 1958 dirigió Nazarín, protagonizada por Francisco Rabal y en 1969, Tristana, interpretada por Catherine Deneuve y Fernando Rey. Ambas son dos excelentes películas, así que no perdáis la ocasión de ver cualquiera de ellas o mejor, las dos. Os incluyo el trailer de Tristana para hacer boca:

La obra maestra de Galdós, Fortunata y Jacinta, tiene una versión cinematográfica, dirigida en 1969 por Angelino Fons y protagonizada por Emma Penella y una famosísima versión televisiva, dirigida por Mario Camus. En RTVE a la carta se puede ver la serie completa. Pinchad en la imagen:

En 1952 se realizó una adaptación cinematográfica de Misericordia, realizada por Zacarías Gómez Urquiza. Años más tarde, en 1974, RTVE realizó también esta  excelente adaptación para la televisión. Podéis verla aquí y, creedme, merece la pena:

La loca de la casa tiene dos versiones: una de 1926, dirigida por Luis R. Alonso y otra de 1950, dirigida por Juan Bustillo Oro. Por último, La mujer ajena fue llevada al cine por el mismo director en 1954.

[Fuentes: Literatura española 2, Madrid, Alhambra Longman, 1989; Lengua castellana y literatura-2, Barcelona, Vicens Vives, 2009; Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Zaragoza, Edelvives, 2008; Lengua y literatura 2º Bachillerato, Madrid, Oxford, 2003; Literatura española 2º, Vitoria, Magisterio Casals, 1993 y los blogs y referencias citados.]
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Rosalía de Castro (1837-1885)

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Rosalía de Castro es la figura más importante de las letras gallegas y, junto con Gustavo Adolfo Bécquer, la cima de la lírica española del siglo XIX. La obra de Rosalía de Castro se inscribe dentro de la reivindicación de la cultura y las lenguas vernáculas que nació unida al pensamiento nacionalista romántico.

Esta tendencia, que impulsó diversos movimientos de recuperación lingüística y cultural en las comunidades con lengua propia, dio lugar en Galicia al Rexurdimento, el resurgimiento de la literatura en gallego.

En esta época se caracteriza también por la importancia que adquieren las mujeres en el panorama literario; además de Rosalía de Castro, cabe citar a las poetas Gertrudis Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado.

Una naturaleza frágil y una vida llena de desgracias

descarga (1).jpegRosalía de Castro nació en Santiago de Compostela en 1837.  El hecho de ser hija ilegítima constituyó para ella un motivo de incurable amargura. En efecto, Rosalía de Castro sufrió los prejuicios de la sociedad conservadora de la época, porque era hija de madre soltera y de padre sacerdote. Fue registrada como “hija de padres desconocidos”. De niña se crió con la familia paterna, y siendo ya adolescente se fue a vivir con su madre, a quien la unió un entrañable cariño hasta su muerte. A los diecinueve años se marchó a Madrid, donde conoció a Eulogio Florentino Sanz, el traductor de Heine, y a Bécquer.  En 1858 se casó con Manuel Murguía, quien se convertiría en difusor de su obra, pero su matrimonio fue poco feliz, padeció una salud delicada, afrontó carencias económicas; tuvo siete hijos, pero vivió la dolorosa experiencia de la muerte de dos de ello. Rosalía murió en Padrón, tras una larga y dolorosa enfermedad.

Si estáis interesados/as de conocer más sobre la vida de esta gran escritora podéis ver este programa de RTVE titulado Mujeres en la historia:

El programa de RTVE Geografías de lo imaginario nos propone un recorrido por la vida y la obra de Rosalía de Castro visitanto la casa-museo de la autora.

Y para aquellos que incluso esto os resulta largo, podéis ver este vídeo de la Practicopedia:

http://practicopedia.lainformacion.com/videoservices/entuweb?id=16724&id_video=336986982&width=669&height=360&time=&OAS_path=resto

Además de su producción poética, también fue autora de obras narrativas, de artículos y de la Carta a Eduarda, considerada un verdadero manifiesto feminista.

Obra poética

La producción poética de Rosalía de Castro, expresión de una situación de bilingüismo, se desarrolla fundamentalmente en tres libros, dos de ellos escritos en gallego: Cantares galegos (1863), que refleja la cultura popular de Galicia y las injusticias sociales, y Follas novas (1880), en la que conviven los temas sociales con textos de marcado intimismo; y uno en castellano: En las orillas del Sar (1884), en el que la autora canta al desengaño y la decepción producidas por el paso del tiempo y la proximidad de la muerte.

Cantares galegos

a0dd90_cantares_gallegos.jpgRosalía de Castro reconoció haberse inspirado en El libro de los cantares (1852), del escritor vizcaíno Antonio de Trueba, para escribir sus Cantares galegos (1863), obra en la que se recogen las costumbres, las tradiciones y el paisaje de Galicia. En el prólogo, la escritora declara su intención poética “guiada solo por aquellos cantares, aquellas palabras cariñosas y aquellos giros nunca olvidados que tan dulcemente resonaron en mis oídos desde la cuna”; exalta su tierra y su lengua y critica el olvido y menosprecio de otras provincias, sobre todo de Castilla: “todo esto me atrevía a cantar en este libro para decir, una vez siquiera, y aunque sea torpemente, a los que sin razón ni conocimiento alguno nos desprecian, que nuestra tierra es digna de alabanzas, que nuestra lengua no es aquella que bastardean y chapurrean torpemente en las más ilustradísimas provincias”.

Los poemas primero y último funcionan como prólogo y epílogo en boca de una muchacha campesina que canta a su tierra (Cantarte hei, Galicia, / na lengua gallega,/ consolo dos males/ alivio das penas); en los restantes textos, monologados o dialogados, se expresan personajes populares, representantes de la Galicia campesina, aunque hay algunas composiciones de carácter subjetivo, incluso autobiográfico.

Los temas son el amor, las costumbres y tradiciones, las fiestas y el paisaje dela tierra. Hay también poesías de temas sociales: el drama de la emigración, la dureza de la vida campesina, la marginación y el abandono de Galicia. La poetisa se apoya en cantares populares, y predominan el ritmo y la métrica tradicionales y los recursos propios de la poesía popular (repeticiones, paralelismos, políptoton y derivación).

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Follas novas (1880)

Fue escrito en la localidad vallisoletana de Simancas, donde en aquel momento residía su marido, nombrado director del Archivo General del Reino de España. En un principio, Rosalía de Castro pensó hacer una continuación del libro anterior, pero  en este libro muestra un espíritu poético diferente, que ahonda en los sentimientos y que tiene frecuentemente por horizonte la frontera del propio ser.

Follas novas significa en la poesía de Rosalía un estallido de dolor mucho más violento. La melancolía, apuntada en su primer libro, inunda todo su ser y el del pueblo que la rodea. Se podría sintetizar el libro en dos grandes panoramas temáticos: por una parte los propios sentimientos de angustia y muerte, por otra, el desgarramiento social que produce la emigración, y la injusticia en que vive el pueblo gallego. Hay, por fin, que señalar en este libro una fuerte carga simbólica.

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En las orillas del Sar (1884)

Está escrito en castellano y publicado poco antes de su muerte. Con este libro se convierte en la mejor poetisa de la literatura española. De él dice Alonso Montero que es un “tratado de desolación” y se pregunta “¿Quién en el siglo XIX, en nuestra península, escribió versos más desazonantes, más desolados, de más radical abatimiento?”

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Temas

En la poesía de Rosalía sobresalen los temas del dolor y la soledad, tratados desde una visión pesimista de la vida. El dolor vital, que impregna todos los aspectos de la vida, se une al desengaño, al rechazo y al cansancio de vivir.

La soledad es una constante en el enfrentamiento cotidiano con la vida y, sobre todo, en el encuentro con la muerte, que significa el fin del sufrimiento, el descanso al que conduce el paso del tiempo.

El otro gran tema es Galicia: sus paisajes, costumbres, lengua, creencias, personajes… La autora dedica especial atención a cuestiones sociales, como la emigración, resultado de la miseria de las zonas rurales, que ocasiona la vida dura de la mujer gallega, convertida en sostén de la familia.

Otros motivos de reflexión son la creación poética y el amor, que no suele traer felicidad, sino sufrimiento, ya que es motivo de desconfianza.

Estilo

En el estilo de la poesía de esta escritora gallega predominan el lirismo contenido y la sobriedad. Hay que destacar la reiteración de ciertos rasgos, algunos de los cuales se intensifican al final de su obra.

Entre ellos sobresalen los recursos de repetición  (de palabras o versos, anáforas y paralelismos), que recuerdan características de la poesía popular y, además de su función rítmica, sirven para remarcar ciertas ideas.

También son importantes los contrastes (de personajes, de paisajes, situaciones, sentimientos) y las comparaciones para conseguir una mayor claridad en el texto. En la época de madurez cobran importancia los símbolos, como el clavo (el dolor), el hueco que deja el clavo (la soledad y el vacío del alma), la fuente (la vida opuesta a la muerte) y el camino (la vida como trayectoria).

ACTIVIDADES INTERACTIVAS SOBRE ROSALÍA DE CASTRO

Para saber más…

El Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya ha elaborado este material que repasa todo: la vida y la obra de la escritora. Ya sabéis, pinchad en la imagen.Sin título

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos ofrece, como siempre, información completa y fiable. Podéis consultar allí datos sobre la biografía de la autora, el catálogo de sus obras, estudios sobre su obra, una fonoteca con audios de sus poemas y enlaces a diversos aspectos de su vida y su obra:

Rosalía

La Fundación e Casa Museo Rosalía de Castro os ofrece también información sobre su vida y su obra en gallego. La Fundación gestiona las visitas de la casa de Rosalía de Castro. Para saber más, pinchad en la imagen:

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El aire que respiró Rosalía (El País, 8 de abril de 2016)

Si queremos saber más sobre los lugares donde vivió Rosalía de Castro podemos leer este artículo de El País (8-abril- 2016) donde se comenta la exposición de Xurxo Lobato sobre los lugares en los que vivió  la escritora

Las cartas de Rosalía al alcance de todos (El País, 24 de febrero de 2014)

El Consello da Cultura digitalizó en 2014 dieciséis misivas de “enorme valor” escritas por la autora gallega para que sea mejor conocida por el público.

Rosalía de Castro sigue escribiendo (El País, 16 de enero de 2014)

La Academia Galega presentó unos poemas inéditos de la autora. Poco después se descubrió que algunos de estos poemas ya habían sido publicados. Puedes leer la historia aquí.

¿Rosalía o Gala?

1330459485_695830_1330461600_noticia_normalRamón Torrado, estudioso de la poeta, localizó en febrero de 2012 un retrato de la escritora en el archivo de la Real Academia, puedes leer la noticia aquí. También esta vez hubo discrepancias y este artículo de El País nos informa de que la Real Academia Galega defendió que la fotografía publicada en el diario es en realidad un retrato de

 

 

 

 

Oír los poemas de Rosalía de Castro

Un disco-libro, publicado en 2013, recopila composiciones del siglo XX sobre Cantares Galegos para conmemorar el 150º aniversario de su publicación.

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Podéis oír la versión de Amancio Prada del poema Adios rios, adiós fontes:

Luz Casal y Carlos Núñez pusieron música al poema de Rosalía de Castro, Negra sombra:

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Comentario de la Rima XLI de Bécquer

 
 

Rima XLI

Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o abatirme!…
¡No pudo ser!
 
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén.
¡Tenías que romperte o que arrancarme!…
¡No pudo ser!
 
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No pudo ser!
 
 

Introducción

El poema que vamos a comentar pertenece al libro Rimas del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Bécquer es un poeta lírico de la segunda mitad del siglo XIX, que cultiva el intimismo en plena época realista.

Dentro de la ordenación de los poemas de Bécquer que realizaron los amigos del poeta en la edición de 1871, esta rima pertenecería al grupo de poemas que hablan, en tono angustiado, del desengaño amoroso.

Análisis

El poema está compuesto por tres estrofas formadas por tres versos endecasílabos y un pentasílabo que se repite. El verso pentasílabo actúa como un pie quebrado y funciona como estribillo. En él se resume la idea esencial, la conclusión tajante de lo que se expresa en el resto del poema.

El texto muestra el gusto de Bécquer por la asonancia, que amortigua la sonoridad y da al poema un tono más íntimo. En este caso, sin embargo, en la mayoría de los versos (salvo el 6º) se repite también la única consonante.

Buscando también difuminar el ritmo, se puede observar la presencia de encabalgamiento en todos los versos. La pausa final separa palabras estrechamente relacionadas, que forman una clara unidad sintáctica: alta/torre, enhiesta/roca, acostumbrados/uno a… el otro a…

La estructura del poema aparece muy marcada. Toda ella está puesta al servicio del tema central: la incompatibilidad de caracteres que separa a los amantes.

La primera y la segunda estrofa guardan un perfecto paralelismo, reforzado por una doble anáfora: “Tú eras el… y yo… / ¡Tenías que… o…!.” No sólo se repite la misma estructura verso a verso, sino también el significado, aunque se empleen imágenes distintas. En ambas se contrapone la actitud de la amada y el poeta en idénticos términos.

La última estrofa, aunque difiere en su composición, se pliega también a ese contraste que determina la forma del poema. Predomina en ella los versos bimembres:hermosa tú / yo altivo”; “uno a arrollar/ el otro a no ceder”; “la senda estrecha/ inevitable el choque“. La contraposición que antes se desarrollaba en dos versos, se concentra ahora en uno, indicando con ello la mayor intensidad de la confrontación que concluye con el expresivo sustantivo “choque”, que resume todo el poema.

El lenguaje de Bécquer es culto, pero fácilmente comprensible. De hecho, el único término que puede suponer cierta dificultad es el adjetivo “enhiesta” (elevada, derecha, firme).

Los adjetivos  (“alta, enhiesta, hermosa, altivo, acostumbrados, estrecha, inevitable“), no son superfluos, sino que contribuyen decisivamente a dotar de expresividad al poema y caracterizan perfectamente a los personajes enfrentados.

El recurso del encabalgamiento, como se ha dicho antes, proporciona fluidez al verso. En la última estrofa la economía lingüística llega al máximo pues se producen numerosas elipsis verbales, recurriendo a oraciones nominales.

El poema entero es un apóstrofe, pues el autor habla de su amada y se dirige a ella como si estuviera presente. El texto es intensamente emotivo ya que el poeta recuerda las razones por las que fracasó su relación amorosa, por ello aparecen frecuentes exclamaciones que se concentran al final de cada estrofa.

Como se ha dicho, el poeta recuerda vivencias pertenecientes al pasado. Predomina, por ello, el pretérito imperfecto de indicativo, que da cierta idea de continuidad. Hay que destacar, no obstante, que Bécquer utiliza el pretérito imperfecto cuando habla de su amada: “eras” mientras que recurre al presente cuando habla de sí mismo: “desafía, aguarda”. Parece indicar con ello la continuidad de su actitud en el presente con respecto a la relación. El pretérito perfecto simple del estribillo muestra de forma puntual un proceso consumado; transmite la sensación de algo decisivo e irrevocable.

Destaca también que el poeta especifica a cada paso el pronombre personal sujeto (“tú/ yo”), aunque sea innecesario desde el punto de vista gramatical. Evidentemente, con esa repetición enfática intenta recalcar mucho más el enfrentamiento entre uno y otro.

La naturaleza y actitud de los amantes se refleja primero mediante metáforas tomadas en su mayoría del mundo natural: el huracán y el océano (la amada); la torre y la roca (el poeta). Establece entre ellas una antítesis: huracán / torre  y océano/roca. Hay que destacar, en este sentido, la selección de términos. Bécquer elige dos fenómenos devastadores de la naturaleza (el huracán y el océano) para representar la capacidad destructiva de su amada, su fuerza y su intensidad. Refuerza esta imagen de poder expresándola con una única palabra que lo dice todo por sí misma, mientras que los términos  que lo simbolizan a él (la torre y la roca) están acompañados por una proposición subordinada adjetiva cada una (que desafía su poder y que firme aguarda su vaivén), que explican la resistencia que opone ante la violencia de ella.

La antítesis se da también en “hermosa tú, yo altivo” y en las dos alternativas que metafóricamente se le presentan a ella: estrellarte / abatirme; romperte/ arrancarme. La violencia de las opciones queda reforzada en la aliteración de la r. En definitiva, como se resume el verso 10, lo que entra en contraste es el afán combativo de ella (arrollar) y la resistencia al embate de él (no ceder).

En el verso 11 hallamos nuevas metáforas “la senda estrecha, inevitable el choque”; la segunda viene a ser consecuencia de la primera. Entre estas dos unidades paralelas se produce un quiasmo puesto que se cruzan sustantivos y adjetivos:

senda               estrecha

inevitable        choque

Precisamente, la clave del poema es la personalidad de los amantes que, como hemos visto, son irreconciliables. La amada aparece como una fuerza activa que arremete violentamente y sólo se satisface con arrollar y destruir; en cambio, el poeta se mantiene pasivo, concentrando toda su energía en la resistencia. Uno y otra aparecen poderosos,  inquebrantables, pero sus energías son de signo opuesto. Por eso no caben juntos en la misma senda.

El empleo reiterado de la forma perifrástica “tenías que” subraya la idea de que la disyuntiva se presentaba como algo ineludible; no había otra salida. Los puntos suspensivos dejan la frase en el aire; queda sugerida la conclusión que de forma inequívoca se desprende de lo dicho. Lo mismo ocurre con el verso 11. Acto seguido, el estribillo “¡No pudo ser!” la formulará con toda precisión y rotundidad.

Conclusión

Nos encontramos ante un poema intimista cuyo autor rememora el proceso de ruptura con su amada, situado en un momento ya lejano. Verso a verso analiza las causas de ese desencuentro, que vienen a reducirse a una sola: el choque inevitable entre dos temperamentos demasiado fuertes, incapaces de ceder un ápice. No hay lamentos ni reproches, sólo la rotunda corroboración de una evidencia: “¡No pudo ser!”.

[Fuentes: Texto adaptado de:  Gustavo Adolfo Bécquer, Rima XLI, comentario de Milagros Rodríguez Cáceres, Comentarios de texto literarios, Estella, Cénlit ediciones, 1992. Imagen: Fotografía de Guillaume Plisson, Faro abatido por las olas, dadaisforever.wordpress.com]

 

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Las Rimas de Bécquer

 

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Imagen Portada Gustavo Adolfo Bécquer (Biblioteca Virtual Cervantes)

La producción lírica de Gustavo Adolfo Bécquer representa una proporción escasa respecto de su obra en prosa; sin embargo, su poesía ha marcado la trayectoria de la lírica moderna.

Si bien es cierto que su poesía expresa sentimientos y reflexiones producidas por la experiencia vital, los textos de Bécquer no surgen como un proceso de catarsis, no tienen carácter autobiográfico. El sentimiento descrito no coincide con el momento de elaboración del poema. El autor se encargó de hacer explícito este punto en su Carta II:

Por lo que mí me toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas, ligeras y ardientes, hijas de la sensación, duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria, hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu los evoca, y tienden sus alas transparentes que bullen con su zumbido extraño, y cruzan otra vez a mis ojos como en una visión luminosa y magnífica. 

Las Rimas son setenta y nueva poemas breves, de los cuales solo quince se publicaron en vida del autor. Bécquer preparó un manuscrito de las Rimas para el ministro González Bravo, quien se había comprometido a publicarlas, pero ese original desapareció durante los tumultos acaecidos en 1868. Posteriormente, el autor reprodujo los textos de memoria, sin un orden determinado, en un volumen que tituló Libro de los gorriones, bajo el epígrafe “Poesías que recuerdo del libro perdido”.

Tras la muerte del poeta, sus amigos Casado del Alisal, Nombela, Campillo, Rodríguez Correa y Augusto Ferrán prepararon una edición de las Rimas, publicada en 1871, en la que los poemas aparecían ordenados en cuatro grupos:

Rimas I a XI: la poesía y lo inefable

El tema de estos poemas es la reflexión sobre la creación poética y sus motivos básicos: el amor, el misterio, etc. La poesía se capta en el mundo exterior: en la naturaleza, en la mujer. La poesía es revivir la emoción inesperada, sobre todo, por la mujer que enamora al poeta. Pero no es sencillo encontrar la expresión precisa para transmitir ideas y sentimientos.

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Rimas IX a XXIX: anhelo del amor idealizado: alegría y esperanza

El principal tema es un amor ilusionado y apasionado que aparece junto al de la belleza femenina. Al principio la mujer amada parece intangible, delicada y angelical, produce tan hermosos sentimientos que no es alcanzable porque no es real. No hay más contacto que el de las miradas y los suspiros.

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Rima XXX a LI: amor desengañado

El amor sigue siendo el tema fundamental, pero en estas rimas se presenta un amor desengañado, poetizado con melancolía y en ocasiones con ira. Cuando se alcanza el goce con una mujer real, llega demasiado pronto la ruptura, abandono y desengaño por una amante.

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Rimas LII en adelante: angustia de la soledad, desesperanza del olvido, la muerte.

Están presentes otros temas románticos como la angustia, la desesperanza, el dolor de la existencia, el olvido, la soledad y la muerte. Cuando el artista presiente la muerte, se suele aferrar a la vida por medio del amor; pero, como el amor ya no existe, sublima el dolor amoroso en la poesía para conferir sentido a la vida. Cuando el recuerdo amoroso es dolor —el dolor amargo del amor ausente— y se hace irresistible, en el Romanticismo, solo cabe la muerte para liberarse.diapositiva066.jpg

En 1914 se dio a conocer el manuscrito del Libro de los gorriones (preparado por el autor en 1868), que cuestionaba el ordenamiento de la edición de 1871 e incluía tres rimas más (77 a 79). En las ediciones posteriores de las Rimas, los poemas llevan un número romano (el de la edición de 1871) y otro arábigo (el del Libro de los gorriones).

Temas poéticos

Los núcleos temáticos de la poesía de Bécquer están relacionados en muchos casos con el ordenamiento que sus amigos realizaron de las Rimas.

Poesía y creación poética

Para Bécquer, la poesía existe en la vida misma, es inherente al mundo que nos rodea. El poeta trata de captarla y transmitirla por medio del poema.

La poesía es sentimiento que, en Bécquer, se identifica con los femenino. Ese sujeto femenino significa a veces lo ideal, aquello que se busca, pero no se puede lograr. La sensibilidad que Bécquer considera propia de la mujer puede también manifestarse en el poeta, que tratará de plasmarla en sus versos.

El lenguaje es insuficiente para transmitir esa poesía: hay que seleccionar y elaborar. Construir un poema significa un arduo trabajo sobre la lengua. En la Rima 42 (III) Bécquer expresa la lucha entre la inspiración y razón.

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Amor, desengaño amoroso y decepción

El amor, relacionado con la poesía, la naturaleza y Dios, es el tema central de las Rimas; es un ideal inalcanzable, y la amada, un ser inaccesible, “intangible”.

Si bien algunos poemas manifiestan un sentimiento optimista, la mayoría transmite el fracaso de la experiencia amorosa, el “desengaño”. La decepción se manifiesta, unas veces, con ironía, crueldad y sarcasmo, y otras, con la angustia más profunda y la desesperación sin límites del yo poético.

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Soledad y muerte

La soledad es un sentimiento consustancial al yo lírico romántico, para el que la naturaleza, aun en su aspecto más agresivo, puede constituir un refugio. El individuo se siente solo en la inmensidad del mundo y no encuentra respuestas para los interrogantes vitales (¿De dónde vengo?; ¿Adónde voy?). La soledad se intensifica frente al enigma de la muerte y queda simbolizada en la tumba abandonada, que ya todos ignoran.

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El sueño y la naturaleza

La realidad se percibe como una integración de lo racional y lo soñado; existe una fusión entre mundo y sueño. Los sueños permiten la expresión del espíritu y la fantasía, en ellos se presentan zonas y seres misteriosos, desconocidos, de un mundo de visiones que enriquece la percepción del universo.

Aunque la naturaleza es a veces un marco impasible e indiferente, en muchas de las poesías de Bécquer es expresión de los sentimientos del yo lírico, quien busca la integración en el mundo natural. En general se presenta en constante movimiento, y las imágenes relacionadas con la luz y el aire adquieren especial importancia.

El estilo de Bécquer

En la poesía de Bécquer se percibe una cuidada elaboración y la búsqueda en sucesivas correcciones de formas adecuadas.

Formas dialogadas

Una gran parte de las rimas está estructura desde la presencia explícita o implícita del emisor (yo) que apela al receptor (tú). Sin embargo,  en la mayoría de los poemas, el diálogo no se produce porque el tú suele hallarse ausente del contexto de la comunicación.

Entre los sujetos amorosos puede haber unión, aspiraciones de fusión o bien disyunción, que señala la imposibilidad del amor.

La relación entre el tú y el yo puede alcanzar, en la Rimas, un plano simbólico, en el que el tú/mujer se identifica con la poesía, el yo/hombre, con el poeta.

Bimembraciones y paralelismos

El ritmo, tan importante en la poesía de Bécquer, suele evidenciarse en la presencia de bimembraciones, establecidas con distintas clases de palabras (adjetivos, verbos, sustantivos: huérfano y pobre; riza y empuja; luz y oro) o sintagmas (soy incorpórea, soy intangible). Estas bimembraciones, frecuentemente antitéticas (lágrimas y risas), se unen al paralelismo. En ocasiones, ambos recursos se convierten en la estructura misma del poema, que se organiza en conjuntos dominados por la antítesis.

Métrica

En la poesía de Bécquer predominan la asonancia y la mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos, aunque también cultiva formas tradicionales. A veces utiliza la estrofa de pie quebrado o combina versos de desigual número de sílabas.

La distribución de los acentos en el verso y los paralelismos y las anáforas como elementos ordenadores del poema son los elementos fundamentales del ritmo poético becqueriano. El abundante uso del encabalgamiento acercan su verso a la prosa y le confiere mayor naturalidad.

ACTIVIDADES INTERACTIVAS SOBRE LAS RIMAS DE BÉCQUER

Mientras trabajas puedes escuchar el Nocturno Op.9 nº 1 de Fredéric Chopin, uno de los compositores favoritos de Bécquer:

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También se trabaja  esta rima en las actividades de Eduxunta. Haced click aquí.

Estas otras actividades del CNICE también os ofrecen la oportunidad de trabajar la Rima LIII:

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Rosa María Riutort os ofrece estas actividades sobre la Rima LII

Belén Otero ha desarrollado esta actividad en Educaplay. Se llama Una historia de amor: Rimas y consiste en mirar las imágenes que os propone y relacionarlas con una rima del poeta Gustavo Adolfo Bécquer para crear una secuencia de amor.

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La misma autora os propone que ordenéis la Rima XXIII:

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También podéis probar a completar la Rima XXVIII:

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En este LIM  Manuel Guerrero ha seleccionado ocho Rimas de Bécquer. Cada rima ha sido recitada por el actor colombiano Fabio Camero y aparece acompañada de un fondo musical y una animación powerpoint. Se pretende así hacer más atractiva la presentación de éstas y conseguir captar el interés de los alumnos por la lírica de Bécquer:

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Gigante y extraño… Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

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Se considera a Bécquer un poeta posromántico, pues su obra se enmarca en la segunda mitad del siglo XIX y encierra una concepción de la creación literaria que podría ser el umbral de la lírica moderna: la poesía no refleja la realidad, sino que es un realidad en sí misma, “el arte por el arte”. Seguramente por eso Bécquer llegó a ser un poeta de referencia en muchos creadores posteriores, como los simbolistas o los modernistas.

Como dice la excelente profesora Soraya Sádaba en la biografía de Bécquer que aparece en la página que la Biblioteca Virtual Cervantes le dedica “Adentrarse en la vida y obra de Gustavo Adolfo Bécquer supone iniciar un viaje por un mundo de luces y sombras, donde al final lo que queda es la sensación de haber presenciado la historia de un hombre, que como tal, está sujeto a múltiples contradicciones.

Iniciaremos, pues, ese interesante viaje para conocer un poco más de la vida y la obra de nuestro poeta.

Una infancia sevillana llena de libros, música y pintura

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Gustavo Adolfo Bécquer nació el 17 de febrero de 1836 en Sevilla, fruto del matrimonio de su padre, el pintor José Domínguez Bécquer y su madre Joaquina Bastida. Pronto murió su padre, en 1841.

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Palacio de San Telmo en Sevilla (Antiguo Colegio de Náutrica)

En 1846 Bécquer entró en el Colegio de Náutica de San Telmo, donde recibe clases de Francisco Rodríguez Zapata, discípulo de Alberto Lista. Al año siguiente, fallece también su madre y son adoptados por sus tíos, que se hicieron cargo de los siete sobrinos.

Ese mismo año, la reina Isabel II suprime el colegio de San Telmo y Gustavo Adolfo se fue a vivir con su madrina Manuela Monnehay Moreno, una joven de origen francés y acomodada comerciante, cuyos medios y sensibilidad literaria le permitían disponer de una mediana pero selecta biblioteca poética. En esta biblioteca empezó Gustavo Adolfo a aficionarse a la lectura.

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Alberto Lista

Bécquer tuvo acceso, gracias a su madrina, a la obra de los autores más relevantes del siglo anterior y del Romanticismo europeo.  Por otro lado, una de las figuras clave en el proceso de aprendizaje literario del joven poeta será, como hemos señalado antes, Alberto Lista,  prestigioso representante de las bellas letras sevillanas. Bécquer entrará en contacto con el maestro a través de su obra Ensayos literarios y críticos y de su discípulo, Francisco Rodríguez Zapata. Con tan sólo doce años de edad, Bécquer compone la Oda a la muerte de don Alberto Lista, en la cual sigue los preceptos clasicistas que éste le enseñó.

Desde muy joven Bécquer eligió su camino literario: quería insertarse en la línea de los poetas del sentimiento como Garcilaso, Herrera y Rioja, a quienes leyó junto a otros modelos como Lamartine, Musset, Byron… con estas guías comenzó a escribir. Todos los temas (el amor, la muerte, la inspiración…) que aparecen más tarde en su obra ya se intuía en unas reflexiones que el poeta hace en el libro de cuentas de su padre. Del mismo modo, especifica cómo para el artista todas las bellas artes son simples manifestaciones de un único sentimiento:

«El ángel de las ilusiones nos conduce sobre sus doradas alas a un mundo desconocido, a esa región que tanto halaga nuestros sueños de juventud (…) Entre la niñez y los primeros sentimientos del amor hay una edad incomprensible para nosotros (…) Qué edad más hermosa que la juventud, que esa edad en que el hombre en el estado casi de una inocencia envidiable (…) La poesía, la música, la pintura, las bellas artes, todo lo más hermoso y más perfecto es hijo de este entusiasmo.»

(«Meditación», Libro de cuentas).

Inició también entonces sus en los talleres de Antonio Cabral Bejarano, y más tarde en el de su tío paterno Joaquín Domínguez Bécquer, quien le pronosticó: «Tú no serás nunca un buen pintor, sino un mal literato», aunque le estimuló a los estudios y le pagó los de latín.  Pese a la opinión de su tío, nuestro poeta también hubiera destacado enla pintura: baste ver los dibujos que Bécquer hizo en su Libro de cuentas.

Otra de las destrezas becquerianas fue la música. Bécquer conocía muy bien la ópera y la zarzuela. Menciona con frecuencia a compositores italianos (Donizetti, Bellini, Rossini, Verdi) en sus artículos; en el álbum de Julia Espín realizó varios dibujos inspirados en la ópera Lucia de Lammemoor y escribió una zarzuela junto con su amigo Luis García Luna. Su amigo Julio Nombela comentó que Bécquer sabía de memoria y tarareaba constantemente numerosas óperas.

«Yo no sé la música; pero le tengo tanta afición que, aun sin entenderla, suelo coger a veces la partitura de una ópera y me paso las horas muertas hojeando sus páginas.»

(«El Miserere», El Contemporáneo, 17-abril-1862).

Pese a estas palabras, sabemos, gracias a los recuerdos de familiares y amigos del poeta, que Bécquer tocaba un poco el piano y la guitarra. Estos dos instrumentos simbolizan las dos corrientes musicales que más inspiraron al poeta: la música clásica y la música popular andaluza.

Desde la juventud del sevillano, los cantares y las coplas del pueblo estarán presentes en su obra, si bien, será gracias a su contacto en Madrid con Augusto Ferrán cuando su preocupación por lo popular tomará tintes más ideológicos, de preocupación social por el pueblo y sus manifestaciones.

La música estará presente continuamente en su obra, íntimamente ligada con la naturaleza y con las teorías neoplatónicas de la armonía del cosmos heredadas de la escuela poética sevillana. De este modo, su pasión por la melodía forma parte de su proceso de composición literaria. Esta conjunción de música, naturaleza y poesía se encuentra muy bien reflejada en la leyenda  El miserere, donde el protagonista, que es un músico, y por extensión, la representación del artista en general, trata de encontrar la obra máxima ayudándose de la inspiración que le ofrece la naturaleza:

«mi único pensamiento fue hallar una forma musical tan magnífica, tan sublime, que bastase a contener el grandioso himno de dolor del Rey Profeta (…) La música sonaba al compás de sus voces: aquella música era el rumor distante del trueno que, desvanecida la tempestad, se alejaba murmurando; era el zumbido del aire que gemía en la concavidad del monte (…) Todo esto era la música y algo más que no puede explicarse ni apenas concebirse (…) el músico que la presenciaba, absorto y aterrado, creía estar fuera del mundo real, vivir en esa región fantástica del sueño en que todas las cosas se revisten de formas extrañas y fenomenales.»

(«El Miserere», El Contemporáneo, 17-abril-1862).

Si tras leer este fragmento acudimos a la Introducción sinfónica o a las rimas iniciales según la edición de los amigos de Bécquer, notaremos cierta continuidad en las ideas expuestas, así como en el vocabulario utilizado.

Viaje a Madrid en busca de fortuna literaria

Bécquer hubiera podido seguir una carrera literaria en Sevilla, pero el joven poeta consideraba que la ciudad le condenaba a ser un poeta menor, y por ello, con diecisiete años, sin el permiso de su madrina y con la compañía de dos amigos (Narciso Campillo y Julio Nombela) marcha a Madrid en octubre de 1854. Allí se instala en una modesta pensión y ofrece sus poemas a distintos editores que los rechazan.

la-vida-de-gustavo-adolfo-becquer.jpgAgotados todos los ahorros, Bécquer, junto a sus amigos se dedican a escribir biografías de diputados para Gabriel Hugelman, intentan crear un periódico, pero durante el siglo XIX las publicaciones periódicas son abundantes y muchas nacen para fallecer en su primer número. Así pues, el nombre de Bécquer aparecerá vinculado a revistas como La España Musical y LiterariaEl MundoEl Porvenir o el Álbum de Señoritas y Correo de la Moda. De esta manera, el poeta se va haciendo un hueco en el panorama artístico madrileño.

Es un periodo de escasas publicaciones literarias y estrecheces económicas, que se verán parcialmente superadas con la llegada de su hermano Valeriano a Madrid. Valeriano volverá a Sevilla al cabo de un año y Bécquer vivirá cierto alivio cuando escribe, bajo seudónimo, una serie de obras teatrales; realiza una adaptación de Nuestra Señora de París que titula Esmeralda y estrena la zarzuela La novia y el pantalón en colaboración con su amigo Luis García Luna.

Su círculo de amistades aumenta cuando conoce al que será uno de sus mejores amigos y uno de los que mejor entendió la relevancia de la poesía becqueriana en el conjunto de las letras hispánicas: el cubano Ramón Rodríguez Correa. Bécquer entró junto a él como escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, trabajo que le permitió respirar económicamente. Pero poco le dura la dicha a Gustavo Adolfo, pues es despedido por desperdiciar el tiempo de sus compañeros con dibujos de los personajes de Hamlet.

Historia de los templos de España: su gran proyecto fallido

En junio de 1857 Bécquer emprende su gran proyecto: la Historia de los templos de España. El empeño requiere de la colaboración de historiadores, expertos en arte y en literatura. Bécquer se basaba en su conocida afición a la arquitectura, en la corriente de evocación y recuperación románticas de las ruinas del pasado, muy en la línea de Chateaubriand, así  como en la importancia de la religión en su concepción vital y poética.

A principios de 1857 sale a la luz la primera entrega de la Historia de los templos, con la protección de la reina Isabel II. Las sucesivas entregas van apareciendo con cierto retraso hasta que en noviembre de 1858 quiebra la empresa editorial. No solo quiebra la empresa, Bécquer también cae enfermo, presa del agotamiento.

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Entretanto, el interés de Bécquer por la temática y la cultura hindú se plasmará en la publicación en La Crónica (29-30 de mayo) a modo de folletín de  El caudillo de las manos rojas. Los temas orientales ofrecían a los escritores románticos la representación de lo exótico y lo sensual. En El caudillo de las manos rojas, la India se presenta como un lugar rebosante de color, donde el contacto entre el mundo real y el mundo de las visiones es más cercano, y donde las pasiones que dirigen el destino de los hombres son torbellinos que rompen los remansos de paz.

A partir de entonces la presencia de Bécquer en el horizonte literario se acentúa con la aparición de dos artículos en La época; la escritura en colaboración con su amigo Luis García de una zarzuela y un sainete y la publicación de la “Imitación de Byron” en El nene: “Tu pupila es azul” que refleja la progresiva evolución de Bécquer de la poesía de corte neoclásico a una vena intimista:

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A este respecto, ha de tenerse en cuenta que el ambiente poético madrileño estaba sometido a un proceso de cambio de sensibilidad, sobre todo en los últimos años de la década de los cincuenta. Poco a poco se va abandonando la poesía más épica y retórica, las palabras grandilocuentes y los versos ornamentales, para dar paso a una poesía sencilla, que traslada al papel las inquietudes más personales del poeta a través del uso de metros popular.

Música, mujer, poesía, amor… 

Estos años reflejan un Bécquer joven e ilusionado que está en un punto álgido de creación tanto en prosa como en verso. Siente que por fin ha encontrado el camino poético y que no está solo en dicha empresa. Frecuenta los salones del músico Joaquín Espín y Guillén, donde conoce a las dos hermanas que tanta influencia tuvieron en él: Josefina y Julia Espín. Practica el galanteo propio de estos lugares, y en los álbumes de las Espín dejará una serie de estupendos dibujos y rimas autógrafas:

Rima XVI

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Rima XX

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Y la que sería la Rima XXVII:

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ferran_augusto.jpgUn alma gemela: Augusto Ferrán

Otro de los acontecimientos relevantes en la vida de Gustavo Adolfo es su encuentro con Augusto Ferrán Forniés, que tras pasar una temporada en Alemania realizando traducciones, regresa a Madrid. Prácticamente almas gemelas, comparten similar forma de ver la vida y un gran amor por los cantares andaluces y en general por cualquier manifestación de lo popular (cuentos, leyendas, romances…). La reseña que hace Bécquer al libro de cantares de Ferrán titulado La Soledad, será junto a la Introducción Sinfónica, las Cartas literarias a una mujerDesde mi celda y algunas de sus rimas, la teorización más concreta y evidente de su manera de entender la poesía.

Bécquer en plena forma: la época de El Contemporáneo

La productividad becqueriana alcanza en estos años cotas muy altas: compone piezas teatrales, colabora en varias revistas, unas veces con leyendas (La cruz del diablo), y otras con poesías, pero, sin embargo, casi ninguna de estas actividades le reportan ningún beneficio económico por lo cual esta sigue siendo una época de penuria.

Parte de sus problemas económicos se resuelven cuando entra a formar parte de la plantilla de El Contemporáneo (1860), diario de carácter conservador dirigido por José Luis Albareda y puesto en marcha por el político Luis González Bravo. El periódico le permite, además, encontrar el vehículo perfecto para la difusión de sus escritos. De este modo, ya en el primer número aparece incluida la primera de las Cartas literarias a una mujer, y continuará la serie con tres cartas más hasta 1861. Estos son los años clave en la obra del poeta, pues publica textos (Cartas literarias a una mujer, reseña de La Soledad de Augusto Ferrán) en los que expone cuáles son sus ideas acerca de la poesía y la excepcional labor del poeta:

«Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua, que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura.
Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía.
La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo.
La segunda carece de medida absoluta, adquiere las proporciones de la imaginación que impresiona: puede llamare la poesía de los poetas.»

(«Introducción sinfónica», Manuscrito del Libro de los gorriones).

También publica en El Contemporáneo algunas de sus mejores leyendas y relatos: La ajorca de oroLa creaciónEl monte de las ánimas¡Es raro!Los ojos verdes y Maese Pérez, el organista, así como su poema A ella («Por una mirada, un mundo»).

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En otro periódico, El Correo de la Moda, aparece su rima Al amanecer :

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El matrimonio con Casta Esteban

En este período de tanta fecundidad literaria, Bécquer también encontró de alguna manera el amor, o por lo menos cierta estabilidad familiar a través de su matrimonio con Casta Esteban Navarro, una sencilla y bella muchacha de la burguesía rural soriana, e hija de Francisco Esteban, médico de Bécquer especializado en enfermedades venéreas.

La mayor parte de los estudiosos del poeta consideran que Casta no supo comprender un espíritu tan delicado como el de Bécquer. Sea cual fuera su relación real, el caso es que la pareja tuvo su primer hijo en 1862. Bécquer continúa trabajando en El Contemporáneo donde publica numerosos relatos como El muerto al hoyoEl rayo de luna, El aderezo de esmeraldas, El miserereEl Cristo de la CalaveraTres fechas o La venta de los gatos y artículos donde da muestra de su excelente prosa.

Pero ahora nuestro autor tiene una familia que mantener y el trabajo en El Contemporáneo no es suficiente, de manera que tiene que recurrir a otras fuentes de ingreso, como la zarzuela.

El año 1863 es especialmente prolífico para Bécquer, ya que el número de artículos y relatos publicados en El Contemporáneo se incrementa (Historia de una mariposa y de una arañaUn lance pesadoUn boceto del naturalLa perezaLa mujer a la modaLos bailes de trajesLa leyenda del judío erranteEntre sueños…). Además, continúa con la publicación de sus leyendas en La América (El gnomoLa cueva de la moraLa promesaLa corza blancaEl beso) y de otros textos en diversos periódicos de la época como La Gaceta Literaria (¡Duerme!ApólogoLa ridiculez), La España Literaria (en la que su nombre figura como colaborador) o incluso en un proyecto de novelas para la «Biblioteca hispano-americana» de La Época.

Los Bécquer en Veruela

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El hermano de Bécquer, Valeriano, separado de su mujer, viajó a Madrid y encontró a Gustavo Adolfo muy debilitado, por lo cual deciden viajar a Veruela para pasar el invierno en total reposo. Durante este período, los hermanos Bécquer recorrieron la zona del Moncayo, fijándose con atención en los paisajes, los pueblos y las costumbres de sus gentes para plasmarlo en sus cuadros Valeriano y en sus textos Gustavo Adolfo. Este último seguía participando como redactor para El Contemporáneo con el envío de las Cartas desde mi celda en las que se combina realidad y fantasía, recuerdos, pensamientos y ensoñaciones del paisaje. No obstante, Bécquer no se queda en la simple escritura impresionista, sino que constata con sus palabras el contraste entre la vida moderna y agitada de la capital, y la España más profunda y primitiva de los pueblos por los que no pasa el tiempo:

«al contemplar los destrozos causados por la ignorancia, el vandalismo o la envidia durante nuestras últimas guerras; al ver todo lo que en objetos dignos de estimación, en costumbres peculiares y primitivos recuerdos de otras épocas se ha extraviado y puesto en desuso de sesenta años a esta parte; lo que las exigencias de la nueva manera de ser social trastorna y desencaja; lo que las necesidades y las aspiraciones crecientes desechan u olvidan, un sentimiento de profundo dolor se apodera de mi alma, y no puedo menos de culpar el descuido o el desdén de os que a fines de siglo pasado pudieron aún recoger para transmitírnoslas íntegras las últimas palabras de la tradición nacional, estudiando detenidamente nuestra vieja España (…)»

(«Cuarta Carta. Cartas desde mi celda», El Contemporáneo, 23-abril-1861).

Bécquer y los vaivenes de la política

Ese verano, Bécquer ocupa el cargo de jefe de redactor de El Contemporáneo y, más adelante, en septiembre, se convierte en director del periódico. Gracias a su amistad con González Bravo, recién nombrado ministro de Gobernación,  Gustavo Adolfo consigue un puesto como fiscal de novelas en Madrid con un buen sueldo, aunque no le durará mucho, pues tras la caída del gabinete, Bécquer decide presentar su dimisión.

La situación económica de Bécquer es complicada a partir de este momento, ya que ya no tiene el sueldo de censor de novela y su participación en la prensa es más difusa (en este período participa en Los TiemposEl Museo Universal del que se convertirá en director y la revista satírica Gil Blas). Es lógico que la situación en el hogar no fuera la mejor, teniendo en cuenta que en septiembre nace el segundo hijo del matrimonio.

La fama de Bécquer se va acrecentando poco a poco a través de sus publicaciones en los periódicos. Así, a su labor más conocida como periodista, se le une su faceta de narrador de leyendas, que vuelven a publicarse de forma anónima en El Español entre el 29 de marzo y el 10 de mayo de 1866, y también en el Diario de Alcoy, periódico dirigido por su gran amigo Augusto Ferrán (Los ojos verdesLa ajorca de oroEl monte de las ánimas). Es muy posible que en estas fechas Gustavo Adolfo estuviera reuniendo sus rimas para editarlas en forma de libro. Según los testimonios de Narciso Campillo y Francisco de Laiglesia, González Bravo tenía en su poder el manuscrito de las Rimas, pero debido al tumulto originado por el movimiento revolucionario que destronó a Isabel II (18 septiembre 1868), el volumen se extravió.

Los cambios políticos le devuelven a Bécquer su cargo de fiscal de novelas; Bécquer se encuentra cada vez más débil y viaja a Bilbao para reponerse. Durante esta época descuida su tarea literaria, con la excepción de la Rima IX:

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El Libro de los gorriones

Tras la muerte su amigo Luis García Luna (25 diciembre 1867), Bécquer parece entender la importancia de tener reunidos sus poemas en la «colección de proyectos» Libro de los gorriones, manuscrito que más tarde utilizarán los amigos del escritor para preparar la edición de sus Obras en 1871 y que según Narciso Campillo, trabajó especialmente durante su estancia en Toledo en 1869.

Visitará Soria en algunas ocasiones junto con su hermano Valeriano para restaurar su salud, y también para alejarse temporalmente de Casta, que le había sido infiel. Parece ser que Emilio Eusebio, el tercer hijo de Bécquer nacido en diciembre, no era del poeta. Como consecuencia de las revueltas en la capital, los hermanos Bécquer deciden exiliarse a Toledo, ciudad que encandila a Gustavo Adolfo  lo cual tendrá su reflejo en algunas leyendas y artículos del poeta.

Unos años de grandes problemas económicos

Por otro lado, los comienzos del año 1869 fueron muy duros para los Bécquer desde el punto de vista económico, pues Valeriano ya no gozaba de la pensión del Gobierno y Gustavo Adolfo había perdido su fuente de ingresos como fiscal de novelas y como director de periódico. Ahora simplemente colabora de forma ocasional comentando los dibujos de su hermano para El Museo Universal (Los dos compadresSemana Santa en Toledo).

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 A pesar de ello, la participación de Bécquer en los primeros meses de 1870 en La Ilustración de Madrid, su vuelta a Madrid rodeado de su hermano, sus hijos y sus amigos (sobre todo Rodríguez Correa y Ferrán), hacen que este sea un período de felicidad . Una prueba del optimismo becqueriano del momento puede encontrarse en la publicación en La Ilustración de Madrid de la que será la rima V, siendo probablemente el anticipo a la posible publicación al completo de sus Rimas

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La muerte de Gustavo Adolfo Bécquer

Pero este período de alegría alcanza hasta el 23 de septiembre de 1870, fecha en la que fallece su hermano Valeriano. Traza una semblanza de su hermano en La Ilustración de Madrid por Rodríguez Correa. El poeta, necesitado de apoyo, se traslada con sus hijos y sus sobrinos a otra vivienda al lado del cubano.

En los meses siguientes, Bécquer sigue padeciendo necesidades económicas, pero esto no le impedirá seguir escribiendo. Es posible que por entonces redactara el texto Las hojas secas, que aparecerá en 1871 en el Almanaque literario de la Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig, así como también se convierte en director de El Entreacto, periódico cómico teatral donde se publica el inicio del relato becqueriano Una tragedia y un ángelHistoria de una zarzuela y una mujer.

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Pero el 10 de diciembre Gustavo Adolfo cae enfermo para fallecer el 22 de diciembre de 1870 junto a sus amigos y su esposa Casta. Con premonitorias palabras sobre la fugacidad y fragilidad de la vida, Bécquer parece anunciar cuál será su final:

«Lloro por mí. Lloro la vida que me huye (…) ¿Y por qué no has de vivir? (…) Porque es imposible. Cuando caigan secas esas hojas que murmuran armoniosas sobre nuestras cabezas, yo moriré también y el viento llevará algún día su polvo y el mío, ¿quién sabe adónde? (…) ¡Debíamos secarnos! ¡Debíamos morir y girar arrastradas por los remolinos del viento!.»

(«Las hojas secas», Almanaque Literario de la Biblioteca de Gaspar Roig, 1871).

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Es enterrado al día siguiente y el pintor Casado del Alisal propone al resto de los compañeros de Bécquer la edición de sus obras y de los dibujos de su hermano Valeriano con el fin de ayudar a sus respectivas familias. A través de un comunicado en la prensa, tratan de difundir el proyecto para ganar así colaboradores, mientras que Ramón Rodríguez Correa, Augusto Ferrán y Narciso Campillo inician la tarea de selección de los textos becquerianos repartidos por periódicos y revistas, tomando como base los poemas del Libro de los gorriones y ordenándolos en forma de cancionero.

De este modo, a finales del mes de julio de 1871 y por el precio de 28 reales, ven la luz los dos tomos de las Obras de Gustavo Adolfo D. Bécquer, precedidas por un prólogo de su gran valedor y amigo, Ramón Rodríguez Correa, y un grabado del poeta confeccionado por Severino, sobre un dibujo de Palmaroli. Este será el comienzo de la leyenda del poeta romántico que ha llegado hasta nuestros días, pero también de su realidad como iniciador de nuestra mejor poesía contemporánea.

 

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La literatura realista (2ª mitad del siglo XIX): apuntes y ppt.

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Durante los últimos años de la década de los cuarenta del siglo XIX se venía produciendo un progresivo afianzamiento de la burguesía que, cada vez con mayor fuerza, se habría de perfilar como la clase social dominante. La mentalidad pragmática y conservadora, característica de la clase burguesa, atempera la exaltación de los presupuestos y actitudes del liberalismo de principios del siglo XIX; y las posiciones políticas derivan hacia la moderación y el eclecticismo. Al mismo tiempo, y en lucha con este predominio de lo burgués, comienzan a desarrollarse los movimientos socio-políticos en defensa de las clases trabajadoras: socialismo, comunismo y anarquismo, con sus múltiples variantes.

El positivismo, el experimentalismo y otras corrientes filosóficas pragmáticas y cientifistas, que ya venían gestándose en la primera mitad del siglo, son predominantes y características de esta época, dejando relegado y soterrado el idealismo hegeliano —el gran sistema filosófico romántico—, pero ni superado ni agotado, puesto que en él se sustentan los grandes sistemas en que se basan los movimientos proletarios, como, por ejemplo, el marxismo.

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Agusto Comte

El positivismo del francés Augusto Comte (1798-1857) postula el análisis empírico de la realidad. Se trata de la implantación definitiva del método científico: el conocimiento se alcanza por medio de la observación, la experimentación de fenómenos y la comprobación según las leyes causales (esto es, causa-efecto) y el establecimiento de un sistema que relaciona los elementos. Esta preocupación por la realidad conduce al realismo literario. El escritor francés Stendhal (seudónimo de Henri Beyle) sentenció el cambio para la narrativa de la época: “La novela es un espejo paseado a lo largo del camino real”.

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Karl Marx

El materialismo histórico (Manifiesto Comunista, 1847, de Marx y Engels) postula que el hombre es un productor de bienes: las clases sociales son el resultado de las relaciones de producción; nacimientos y situaciones de vida distintos, bienes e intereses diferenciados crean clases sociales muy diversas y opuestas. La historia, según los materialista históricos, es una lucha constante entre clases sociales englobados en dos grandes sectores: los que tienen los medios de producción o el dinero (esto es, el capital) y los explotados (es decir, el proletariado).

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Charles Darwin

En el último tramo del siglo se extienden otras teorías científicas que repercuten en la visión del mundo: el evolucionismo y las leyes genéticas. Charles Darwin establece, desde 1859; sus teorías evolucionistas: en el ecosistema de la vida solo sobreviven las especies más fuertes y capacitadas para adaptarse al medio; se transmiten rasgos familiares. Todo ello, supone la base científica que da paso al Naturalismo literario.

Por ello los escritores realistas acuden a dos instrumentos: la novela como medio de representación del mundo contemporáneo, especialmente el urbano, y un ideal lingüístico basado en la sobriedad y el verismo. Así, la lengua literaria se define por la profundización en las posibilidades descriptivas del idioma y por la introducción del habla cotidiana en los diálogos.

Estos cambios sociales e ideológicos se reflejan y se dejan sentir, lógicamente, en la literatura. A partir de 1844, fecha del estreno de Don Juan Tenorio, de Zorrilla— por dar una fecha significativa—, se puede considerar terminado el auge o periodo culminante del Romanticismo español. Pero esto no quiere decir que tan importante movimiento literario, cultural e histórico esté agotado de manera definitiva. Se ha hablado de un “declinar de las tendencias románticas” a partir de 1849 —fecha de publicación de la novela, La Gaviota, de Fernán Caballero—e, incluso, de un acabamiento o finalización del Romanticismo, pero esto es inexacto; mejor habría que decir que, a partir de esta fecha, se produce un desarrollo paulatino y diversificado de las distintas facetas y aspectos latentes en el Romanticismo, que se formalizan en diversos géneros y con diversas tendencias.

El realismo

albertineEn el Romanticismo los géneros característicos, como ya se ha visto, eran el drama en verso y la poesía narrativa, ambos de carácter histórico-legendario, y, en prosa, el cuadro de costumbres, este con frecuencia en forma de artículo periodístico, y la novela histórica. En esta nueva época literaria, la poesía pasa a un segundo plano ante el ímpetu de la prosa, el drama cede el puesto preponderante a los géneros narrativos, especialmente a la novela, y los temas históricos y legendarios, aunque no se abandonan del todo, quedan relegados ante la importancia de la problemática de la sociedad actual —el “aquí y el ahora”— y, en particular, del cerrado mundo burgués.

martineauEl realismo, pues, desarrolla ciertas facetas del Romanticismo, intensifica algunos de sus aspectos —sobre todo en la poesía y el drama—, prescinde de otros y, desde luego, innova. Así, en el cultivo de la novela realista — género de máxima importancia y predominante en esta época— , los escritores tratan de combatir el perspectivismo subjetivo y el individualismo romántico, tratando, por el contrario, de centrarse en lo concreto y actual; rechazan lo fantástico y maravilloso, pues les interesa, con preferencia, lo real, lo que, de hecho, sucede y acontece, y lo sentimental está intencionalmente frenado en este tipo de novela — aunque ocurre lo contrario en la mejor poesía de esta época (Bécquer y Rosalía de Castro)—; ya no interesa lo exótico y extravagante o, como era característico en el cuadro costumbrista romántico, lo específico y pintoresco, sino lo cotidiano, general y paradigmático; y, aunque nunca se abandonó del todo, el pasado no está en el punto de mira de los novelistas de este periodo, sino que la mirada del escritor se centra en la problemática más actual posible. Todos estos aspectos diferencian considerablemente la narrativa realista de la romántica.

realismo2-1Por otra parte, el cultivo del cuadro costumbrista romántico había adiestrado a los escritores en la observación detallista y pormenorizada de tipos y costumbres, de ambientes y particularidades específicas de las sociedad locales y regionales. Este carácter regionalista se mantiene en mayor o menor grado, e, incluso, en algunos casos, se intensifica en las novelas realistas en todas sus manifestaciones: desde los primeros autores —Fernán Caballero y Alarcón, todavía muy ligados al Romanticismo y auténticos costumbristas—, pasando por los más grandes representantes del género — Galdós, Clarín y Pardo Bazán—, hasta los últimos novelistas, ya a comienzos del siglo XX— Palacio Valdés y Blasco Ibáñez.

Y para terminar, un vídeo sobre el Realismo. En poco más de 3 minutos, un buen resumen de la corriente literaria:

El naturalismo

97k/28/huty/7506/12A partir de la década de los ochenta aparece una nueva corriente novelística, procedente de Francia, que se llamó naturalismo. Este término, en principio, tiene el mismo significado que Realismo, pero, a partir de las novelas del francés Émile Zola, pasó a significar una particular tendencia o escuela del Realismo. El naturalismo francés, más que una tendencia literaria, es una concepción del hombre, que se manifiesta en un tipo de novela que pretende ser una obra científica en la que se estudia y analiza la realidad humana como producto del determinismo biológico y ambiental. Así, pues, para Zola, el hombre es un ser determinado por la herencia genética y sin salida posible. Los personajes de Zola son seres tarados física y psíquicamente, presentados con una minuciosidad analítica y determinista propia de un científico en su laboratorio. Además, los naturalistas llevan a sus últimas consecuencias los afanes de objetividad y observación pormenorizada de la realidad. El autor desaparece por completo tras el descarnado y crudo mundo novelesco por el que desfilan sus personajes-hormigas vistos con potente microscopio; asimismo, la reproducción del lenguaje, según clase, región, etc., es aún más minuciosa y precisa que en los realistas.

En España, el naturalismo levantó grandes polémicas; y, aunque las obras de Zola se conocieron y leyeron en fechas tempranas, sin embargo, no fueron nunca del todo admitidas como modelos, dado el materialismo, el determinismo y las ideas socialistas subyacentes en la obra del gran escritor francés. En general, fueron violentamente rechazadas por los amplios sectores reaccionarios y alabadas o defendidas, solo en parte, por personas de talante abierto y progresista.

Aunque los mejores autores del realismo español fueron tildados de naturalistas y adictos a Zola, su “naturalismo” no pasó de ser una cierta aproximación a las técnicas de observación y experimentación que Zola puso de moda— como ya se ha visto—; pero se puede decir que, además, el naturalismo enseñó a los escritores españoles a perder el miedo de presentar los aspectos más crudos y, a veces, escabrosos de la realidad, como forma de denuncia de las lacras y miserias del pueblo, provocadas por la endémica injusticia social española.

emilia-pardo-bA pesar de que la primera persona que se atrevió a hablar de Zola y a defender su modo de novelar, públicamente y por escrito, fue Emilia Pardo Bazán en su obra La cuestión palpitante (1882-1883), serie de artículos más tarde recopilados en libro, sin embargo, la primera gran novela española de influjo naturalista es La desheredada (1881) de Pérez Galdós, a la que podrían añadirse El señorito Octavio (1881), de Palacio Valdés, y La tribuna (1882), de Pardo Bazán; y las de mayor calidad dentro de esta tendencia son La Regenta (1884-1885), de ‘Clarín’, y Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza (1886-7), ambas de Pardo Bazán. La influencia naturalista se mantuvo hasta finales del siglo XIX y principios del XX, en el último gran escritor realista, el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, e incluso se dejó sentir en escritores de postura ultraconservadora y, por tanto, totalmente contrarios a la ideología del naturalismo, como es el caso del santanderino José María de Pereda.

MATERIALES

  • APUNTES: Como recordáis, sin duda, los apuntes de la Literatura del siglo XIX incluyen ya el Realismo y el Naturalismo. Por si acaso, os los incluyo:

LITERATURA SIGLO XIX (Curso 2017-2018)

  • PRESENTACIÓN: También podéis descargar la presentación de ppt. con la que vamos a trabajar en clase:

LA LITERATURA DE LA 2ª MITAD DEL SIGLO XIX (REALISMO)

  • TEXTOS: Una selección de textos para preparar el comentario del examen:

TEXTOS – LITERATURA SEGUNDA MITAD SIGLO XIX

 

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]

 

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Don Álvaro o la fuerza del sino de Ángel de Saavedra, duque de Rivas

El drama romántico se inició con el estreno de La conjuración de Venecia (1834), de Martínez de la Rosa; Macías (1834), de Larra, y Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), del duque de Rivas. El estreno de Don Álvaro o la fuerza del sino supuso el triunfo de la nueva estética en España, constituyéndose la obra en modelo de drama romántico.

¿Quién fue el duque de Rivas? Sin llegar a los extremos románticos de Espronceda, la biografía de Ángel de Saavedra tampoco está mal. Leedla.

Nació en una familia noble y se educó con los jesuitas. Enrolado en el ejército, luchó con los franceses. Con el retorno de Fernando VII fue condenado a muerte, se exilió a varios países de Europa y, por fin, se instaló en París. Regresó en 1834 (época en la que le pintaron el retrato que veis a la izquierda) y se dedicó a la literatura y a otras actividades culturales (académico, presidente del Ateneo), ya que había heredado el título nobiliario por el que se le conoce y una gran fortuna. En 1836 se vio obligado nuevamente a exiliarse, esta vez por un año. Hacia el final de su vida, además de ejercer su labor como diplomático, colaboró con muchas instituciones, entre ellas la Real Academia Española, de la que fue director.

Entre sus obras cabe destacar El moro expósito (1834), poema narrativo que desarrolla una leyenda tradicional; comedias como Tanto vales cuanto tienes (1840), y, sobre todo, los Romances históricos (1841), que tratan sobre episodios o personajes de relevancia en la historia española.

La Biblioteca Virtual Cervantes nos ofrece una página dedicada al autor. Pinchad en la imagen y podréis conocer más sobre la vida y la obra del duque de Rivas:

Su obra más conocida es, como hemos señalado antes, Don Álvaro o la fuerza del sino. El tema principal de esta obra es la fatalidad o el sino adverso que persigue a don Álvaro hasta destruirlo totalmente. La obra es una acumulación de casualidades contra las que nada puede hacer la voluntad del protagonista. Aparecen otros temas como el amor apasionado y puro, los convencionalismos sociales y un sentido desproporcionado del honor.

Don Álvaro responde a todas las características del héroe romántico: gallardo, valiente, generoso, apasionado, de origen desconocido y querido popularmente. Doña Leonor es también la amada dulce y víctima de una familia deshumanizada y convencional, que representa a los antagonistas de la obra; doña Leonor se debatirá entre los sentimientos familiares y los que le inspira don Álvaro. Los demás personajes son meras comparsas que acompañan a los personajes.

Este drama rompe con el estilo neoclásico. No sigue las tres unidades, ya que transcurre en varios años y en distintos lugares, y mezcla lo trágico y lo cómico. Intercala escenas en prosa con otras en verso, así como fragmentos de lenguaje retórico junto a otros en que se reproduce el habla popular. Su autor, el duque de Rivas, que fue dibujante y pintor, construye las escenas como cuadros, concediendo gran importancia  a los efectos de iluminación y sonido.

¿Queréis leerla? Muy fácil, haced clic en la imagen

¿Queréis ver la representación? Más fácil todavía, sólo tenéis que preparar las palomitas y darle al play. La obra viene precedida por una semblanza del autor y la obra (dos minutitos de nada). Sigue la representación de la obra. Es en blanco y negro, pero hemos quedado que eso no os importa, ¿no?

 

La ópera de Giuseppe Verdi, La forza del destino, está inspirada en la obra del duque de Rivas, con una escena adaptada de Wallensteins Lager de Friedrich Schiller. Fue representada por vez primera en el Teatro Bolshói de San Petersburgo, Rusia, el 10 de noviembre de 1862. A continuación, os incluyo la famosísima obertura:

Ésta es la escena final, llena de emoción romántica. Los subtítulos están en francés:

ACTIVIDADES

Podéis realizar las actividades que proponen en la web http://www.edu365cat pinchando en la imagen:

Aunque también incluye actividades de otros géneros y autores románticos, pueden resultaros útiles los ejercicios que ha preparado el profesor M. Santo.

Son interesantes también estas actividades propuestas desde Didactalia.

Estas actividades de Educarex repasan toda la literatura romántica. Haced clic en el teatro romántico para repasar esta parte. Cuidado, hay que permitir que vuestro ordenador ejecute el programa Flash:

El Romanticismo.jpg

Se repasa todo el Romanticismo con las actividades del infatigable Manuel Santo. Haced clic aquí

CURIOSIDADES

Como hemos dicho, el duque de Rivas escribió unos famosísimos Romances históricos, género, como sabéis, de gran éxito en el Romanticismo. Podéis oír la intensa lectura que el actor Adolfo Marsillac hizo del romance Un castellano leal. Ya sabéis haced clic en la imagen:

Para los cotillas irredentos (como yo) os ofrezco una imagen del palacio del duque de Rivas en Madrid. Está en la calle Duque de Rivas, 1 (como era de esperar). La información procede de la web http://www.madridhistorico.com.:

En el solar donde hoy se encuentra este palacio, que comprendía las casas 9 y 10 de la antigua manzana 160 de la Corte y teniendo por vecinas a las monjas del convento de la Concepción Jerónima, ya se encontraba en el siglo XVIII la residencia de la casa nobiliaria de Rivas, aunque entonces como marqueses, pues el título de duque no fue concedido hasta 1793.
La antigua residencia, que nada menos se remonta a 1499, era un típico caserón fortaleza con fachada renacentista y organizada al gusto castellano. Lindaba por una de sus fachadas con una plazuela de pequeñas dimensiones que finalizaba en los muros del convento y que tenía su mismo nombre, hoy desaparecida y reemplazada por la calle del Duque de Rivas.
El 6 de diciembre de 1835 el duque de Rivas leyó en los salones de este palacio el discurso inaugural del Ateneo Científico y Literario, que de nuevo comenzaba su andadura tras haber permanecido inactivo durante la última década del reinado de Fernando VII.
El palacio actual es producto de una profunda reforma del viejo caserón que el duque encargó en 1843 al arquitecto Francisco Javier Mariategui, en la que además se añadió un piso y se ampliaron las torres de los extremos hasta alcanzar la altura de la torre primitiva.
En 1875 adquirió el palacio Teobaldo de Saavedra Cueto Ramírez de Baquedano, intitulado como Marqués de Viana el 2 de julio de ese mismo año y pariente del Duque de Rivas. En 1890 al producirse el traslado de las monjas jerónimas a su nuevo edificio en la calle de Lista –hoy de José Ortega y Gasset- el viejo convento fue demolido y sus solares vendidos. Los terrenos donde estuvo la antigua huerta del convento fueron adquiridos por el Marqués de Viana para construir el jardín que le faltaba a su palacio.
En 1956 el palacio fue adquirido por el Ministerio de Asuntos Exteriores, que se encuentra en el vecino palacio de Santa Cruz, con la finalidad de instalar la residencia del ministro y de contar con salas elegantes y espaciosas donde celebrar recepciones oficiales.
[Fuentes: Santos Alonso Fernández, Antonio López Martínez, Pedro Lumbreras García, Azucena Pérez Tolón: Literatura 2º, Vitoria, Magisterio Casals, 1992; José A. Pascual, Alberto Blecua y otros, Lengua y Literatura, Serie Núcleo, 1º de Bachillerato, Madrid, Santillana, 2008; Carlos Arroyo, Perla Berlato, Mabel Mendoza: Lengua castellana y Literatura 2º , Proyecto Exedra, Madrid, Oxford, 2008. Imágenes Wikipedia, Biblioteca Virtual Cervantes.]

 

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