¡Hasta pronto!

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Durante el curso 2016- 2017 este blog permanecerá en “hibernación”, a la espera de que en otros cursos me vuelva a corresponder la docencia de grupos de 1º de Bachillerato. El blog permanecerá abierto para todos aquellos que deseen consultarlo para estudiar o preparar sus clases (citando siempre la fuente, claro). Aquellos que quieran saber qué estoy haciendo ahora con los alumnos del IES Miguel Catalán sólo tienen que pinchar en los enlaces del blog de los chicos y chicas de 3º de ESO. También puede interesaros consultar el blog de la biblioteca del IES Miguel Catalán, cuyo proyecto coordino. Hasta pronto

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¡Felices vacaciones!

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¡Otro curso más que se acaba! Vosotros, los alumnos, habéis acabado el día 24, los profes nos quedamos un poco más. Como otros años, este curso ha sido para mí estupendo; he disfrutado muchísimo trabajando y estudiando con vosotros. Tengo la suerte de tener uno de los mejores trabajos del mundo y la doble suerte de que este trabajo me guste tanto. Me encanta ayudaros a aprender, a mejorar, ver cómo poco a poco os vais convirtiendo en personas estupendas… Lo dicho: el mejor trabajo del mundo.

Yo seguiré por aquí (también descansaré, claro) preparando algunas cosillas para el curso que viene (ya me conocéis, siempre ando metida en miles de planes y proyectos) y haciéndoos algunas sugerencias de lectura (también podéis consultar las que hago desde el blog de la biblioteca). Os deseo a todos unas muy felices vacaciones, llenas de aventuras y lecturas. Os espero a todos en septiembre. No faltéis ni uno.

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Comentario de un texto de Leopoldo Alas, Clarín: La Regenta

Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y garrulo de las despedidas y los preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince al frisar con los treinta.

No tenía valor, ni aun deseo de mandar a don Álvaro que se callase, que se reportase, que mirase quién era ella. “Bastante lo miraba, bastante se contenía para lo mucho que aseguraba sentir y sentiría de fijo”.

“No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. Y Ana, encendida la mejilla, cerca de la cual hablaba el presidente del Casino, no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística, ni siquiera en que había maridos y magistrales en el mundo. Se sentía caer en un abismo de flotres. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo.

Para lo único que le quedaba un poco de conciencia, fuera de lo presente, era para comparar las delicias que estaba gozando con las que había encontrado en la meditación religiosa. En esta última había un esfuerzo doloroso, una frialdad abstracta, y en rigor, algo enfermizo, una exaltación malsana; y en lo que estaba pasando ahora ella era pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer, salud, fuerza, nada de abstracción, nada de tener que figurarse algo ausente, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva, sin trascender a nada más que la esperanza de que durase eternamente. “No, por allí no se iba a la locura”.

Don Álvaro estaba elocuente; no pedía nada, ni siquiera una respuesta; es más, lloraba, sin llorar, por supuesto, “de pura gratitud, sólo porque le oían”. “¡Había callado tanto tiempo! ¿Que había mil preocupaciones, millones de obstáculos que se oponían a su felicidad? Ya lo sabía él; pero él no pedía más que lástima, y la dicha de que le dejaran hablar, de hacerse oír y de no ser tenido por un libertino vulgar,  necio, que era lo que el vulgo estúpido había querido hacer de él.”

INTRODUCCIÓN
El fragmento pertenece al capítulo 28 de La Regenta de Clarín. Mientras que en los primeros se nos describe la situación y los personajes, a partir del capítulo 15 se desarrollan los acontecimientos en un periodo de tres años. Esta escena se produce en “El Vivero”, la casa de campo de los marqueses de Vegallana, adonde había ido a pasar el día lo más granado de la aristocracia de Vetusta y en donde les había sorprendido una tormenta. Entre los invitados están Ana Ozores (la Regenta) y don Álvaro Mesía. Éste último aprovecha la ocasión para declararle su amor decididamente.
ANÁLISIS
El tema del fragmento es la declaración de amor de don Álvaro a la Regenta, la emoción contenida de ésta y el miedo a los propios sentimientos.
En cuanto a la estructura podemos señalar tres partes:
a) En el primer párrafo, el narrador describe una escena, el ruido, los preparativos de un viaje y una secreta conversación entre dos personas, que no es otra cosa que una declaración de amor de don Álvaro a la Regenta.
b) Los tres párrafos siguientes describen los sentimientos que esa declaración despiertan en la Regenta.
c) El último párrafo refleja las palabras y la actitud de don Álvaro al declararse.
Se trata de un fragmento escrito en una prosa llena de matices y estilos narrativos. No falta la ternura, la emoción ni la ironía. El fragmento es una reproducción de un monólogo interior de Ana Ozores, la Regenta, ella no le contesta con palabras a don Álvaro, todo lo que sabemos nos lo cuenta el narrador. El autor describe una escena emotiva desde el punto de vista de un narrador omnisciente que lo sabe todo acerca de los personajes; realiza una introspección en el alma de la protagonista, reproduciendo sus pensamientos en estilo directo: “No, que no calle, que hable toda la vida”, decía el alma entera. En estilo indirecto: “…Ana no pensaba en tal instante ni en que ella era casada, ni en que había sido mística…”. Y en estilo indirecto libre: “No, por allí no se iba a la locura”.
Reproduce asimismo las palabras de don Álvaro en distintos estilos narrativos y con un matiz irónico que hacen dudar al lector de su sinceridad.
Dentro del realismo, la escena aporta todos los ingredientes de observación y verosimilitud de una narración: descripción de una situación (preparativos de una marcha, confusión, ruido, rapidez..), una tormenta de verano (gotas de lluvia, truenos…) y la conversación íntima al margen de la realidad de dos personajes (la Regenta y Álvaro Mesía).
Esta separación entre lo que sucede fuera y dentro de los personajes está resaltada con maestría por el autor: frente al ruido exterior, el murmullo del amor, frente a la confusión externa, la emoción interna y contenida de la Regenta que le hace sentir por primera vez algo que se parece al placer, a la felicidad.
Lo que sucede en este fragmento es de importancia capital para el desarrollo de la obra; hasta el momento, don Álvaro había extendido las redes para la conquista de la Regenta, pero ella, por miedo, refugiándose en un misticismo agobiante y no del todo sincero, había podido resistirse a unos sentimientos que cada vez se parecían más al amor. En esta escena reconoce internamente el placer que le produce la proximidad de don Álvaro. A partir de este momento, todo va a cambiar. El adulterio se va a consumar y con él el desenlace trágico de la obra.
La maestría de Clarín se demuestra en la introspección que hace del alma de los personajes, sobre todo de la Regenta. Aparece como una mujer cercana a los treinta que nunca había sido amada con pasión, que quería olvidarse de todo lo que la había tenido atada: un matrimonio sin amor, unas relaciones místicas con su confesor que ejercía una clara influencia sobre su alma, que reconoce por primera vez la dicha y el placer de ese momento. Don Álvaro se nos muestra respetuoso y apasionado, y ante todo humilde, sereno, pero hay algo en sus palabras que nos hacen dudar de su sinceridad, de la verdad de su amor hacia la Regenta. Clarín jugará con esa ambigüedad a lo largo de toda la obra. No se parece en nada al conquistador audaz que se nos ha presentado en los primeros capítulos.
En cuanto a la forma lingüística sobresalen las frases cortas y la enumeración de elementos en aquellos momentos en los que el narrador quiere transmitir emoción: “En lo que estaba pasando ahora ella pasiva, no había esfuerzo, no había frialdad, no había más que placer…”
Al mismo tiempo resalta la repetición de formas verbales u otros elementos en forma de anáfora: “bastante lo miraba, bastante se contenía…” Aparecen también oraciones yuxtapuestas con la misma estructura para transmitir esa sensación de emoción, de desasosiego interno.
El léxico es culto y elaborado; cada adjetivo y sustantivo tiene un sentido preciso: “esfuerzo doloroso, frialdad abstracta, exaltación malsana, rigor enfermizo…” referido a la meditación religiosa, frente al amor que es “salud, placer, fuerza, delicia positiva, tangible, inmediata, dicha sin reserva”. Aparecen cultismos como “eufemismos, mística, tangible, trascender, elocuente, libertino, vulgo…”, junto con algunas palabras propias de un registro más cotidiano: “garrulo, estrépito, estúpido…”
Destaca, por otra parte, la aparición de expresiones connotativas de un lenguaje poético, figurado y literario para describir el temor de Ana, lo más destacado es: “se sentía caer en un abismo de flores. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo”. Se trata de un juego de palabras centrado en la palabra “caer” que tiene connotaciones negativas: “caer en pecado”, “caer en un abismo”. Pero el juego literario se establece cuando el abismo es de flores; es decir, lo negativo del abismo desaparece ante la fragancia y el placer de las flores: un abismo maravilloso, es una paradoja en el sentido o una sinestesia en la forma, dos palabras que no pueden utilizarse juntas porque sus significados se oponen.
Lo mismo ocurre con “caer el cielo”, es igualmente una paradoja, un sinsentido lleno de connotaciones poéticas: caer presupone un vacío, un hundimiento, pero al cielo se sube, no se cae. Ana es consciente de que su amor por don Álvaro es una caída en el vacío, un pecado, pero para ella esa caída es el paraíso, es la felicidad.
Hay que destacar también la ironía del autor al narrar las palabras de don Álvaro, lo que, como hemos visto ya, nos hace dudar de su sinceridad: “lloraba, sin llorar por supuesto”, “de pura gratitud sólo porque le oían”. Esa actitud humilde y considerada del mayor conquistador de Vetusta provoca ciertas reticencias un tanto sarcásticas; el lector dudará hasta el último momento de verdadero sentimiento de Mesía hacia la Regenta.
CONCLUSIÓN
El texto, en cuanto a su contenido, constituye una escena clave para el desarrollo de la obra: la caída de la Regenta en los brazos del conquistador. En cuanto a la forma es una muestra ejemplar de la utilización de las más variadas técnicas narrativas y de la exploración del alma de los personajes: sus contradicciones, sus emociones y sentimientos. En este sentido es un reflejo de la técnica realista de observación y descripción de ambientes y profundización de los personajes. Por último, la riqueza de léxico, la habilidad en la construcción de oraciones y la fina ironía hacen de Clarín uno de los mejores prosistas del siglo XIX.
[Fuentes:  Texto adaptado de: Alonso Fernández Santos et al., Literatura 2º, Vitoria: Magisterio Casals, 1992; Imagen: http://www.lacomunidad.elpais.com]
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Leopoldo Alas, “Clarín” (1852-1901)

Leopoldo Alas, que utilizó el nombre literario de “Clarín”,  nació en Zamora, pero casi toda su vida transcurrió en Oviedo, de cuya Universidad fue catedrático, primero de derecho humano y después de derecho natural. Clarín fue un hombre enfermizo y de carácter retraído, llevó una vida gris y monótona, dedicado exclusivamente al estudio, a su actividad de escritor y a la docencia. Sin embargo, tuvo la extraordinaria personalidad de un intelectual nato, lúcido e inteligente, inquieto e independiente y agudamente crítico.

El programa de TVE  El arte de vivir dedicó uno de sus capítulos a la vida y la obra de Leopoldo Alas, Clarín. Pinchad en la imagen y lo podréis ver:

La obra de Clarín

desconciertos3.blogspot.com

Clarín cultivó la crítica, el ensayo, la novela y el cuento. Fue uno de los críticos más influyentes y temidos de finales del siglo XIX. Escribió cientos de artículos sobre las tendencias literarias, los autores y las obras del momento, con los que pretendía formar estética y moralmente al lector. Era un hombre extraordinariamente culto y gran conocedor de la literatura y de la filosofía europeas de la época.  Sus artículos, publicados en periódicos y revistas, fueron recogidos en varios libros: Solos de Clarín (1881), Ensayos y revistas (1892) o Palique (1893).

En cuanto a su obra narrativa, confluyen en ella diversas influencias: ciertos elementos del naturalismo, como la observación y la interdependencia entre fisiología y psicología, y la religiosidad de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX, con un cristianismo que propugna la tolerancia.

Su obra narrativa abarca unos sesenta cuentos, algunas novelas cortas y dos novelas extensas. Clarín es uno de los mejores escritores de cuentos del siglo XIX español. Dos líneas fundamentales caracterizan su producción cuentística: una cordial, de ternura para con los seres humildes y débiles, víctimas de la vida, y otra satírica y crítica. Más que cuentos de intriga, lo son de personajes.


Buscad en la biblioteca del centro (o en cualquier otra) los cuentos de Clarín. Valen la pena. Los que los prefieran en edición digital, no tienen más que clicar sobre los enlaces:

La producción novelística de Clarín está constituida solo por dos obras La Regenta (1884-1885) y Su único hijo (1891)

La Regenta, tedio y lujuria

La obra magna de Leopoldo Alas, Clarín, es La Regenta que, con Fortunata y Jacinta, constituyen las mejores novelas del XIX español. La Regenta relata la vida de Vetusta (Oviedo), una ciudad provinciana, moralmente opresiva e indiferente a la modernidad. Teniendo como fondo la sociedad de la Restauración, la novela une dos grandes temas abordados  por la novela decimonónica: el del adulterio femenino (tratado en Madame Bovary, de Flaubert o en Ana Kareninna, de León Tolstoi) y el del sacerdote enamorado (tratado en Pepita Jiménez y Doña Luz de Juan Valera o en Tormento de Galdós).

La novela narra la insatisfacción y la destrucción de su protagonista, Ana Ozores, una hermosa joven que, casada con el anciano regente Víctor Quintana, se encuentra en el centro del deseo de don Álvaro Mesía —donjuán oficial, decadente y provinciano— y del ambicioso Magistral de la catedral, don Fermín de Pas. Ana cede ante el primero, y el adulterio provoca el escándalo y la sorda repulsa de la hipócrita sociedad de Vetusta.

La innovación formal, el lenguaje irónico, el detallismo naturalista y una gran profundidad en el análisis psicológico de los personajes constituyen algunos de los aspectos más logrados de La Regenta.

Las reacciones contra La Regenta

Azorín, en su libro Andando y pensando, nos cuenta cómo se recibió La Regenta cuando se publicó el primer volumen en 1885:

En 1885 apareció el primer volumen de La Regenta. Y fechada el 25 de abril del indicado año de 1885, el obispo de Oviedo publicó una pastoral en que se decía, entre otras cosas lo siguiente: “No hace muchos días en que recibieron todos los alumnos de una cátedra de Oviedo como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas, sin que las autoridades académicas ni los compañeros del profesorado —tan puntillosos en otras cosas— tuvieran una palabra de protesta contra ese salteador de honras ajenas.”

Las palabras citadas —especialmente las postreras —eran un poco fuertes. Con fecha 11 de mayo del indicado año, los alumnos de Derecho Romano, la cátedra de Clarín, publicaron espontáneamente una rectificación. No era cierto que Alas hubiera repartido en clase, ni fuera de clase, ejemplares de su novela a los alumnos. No hubo tal reparto —decían los discípulos de Clarín—, “ni aun escuchando de sus labios frase alguna que pudiera referirse al contenido de dicha obra”.

La contestación de Clarín

Leopoldo Alas escribió una larga carta al obispo de Oviedo. “Si no fuera tal vez falta de respeto —dice Alas—, entraría yo aquí ahora en pasmarme de que una personalidad tan ilustrada como el obispo de Oviedo, que tan bien debe de conocer el corazón humano y el comercio de libros en España, haya podido creer que un autor de novelas, que de venderlas vive (y si no come de eso, por menos cena), había de volverse loco hasta el punto de regalar ejemplares de su obra a todos los estudiantes de un cátedra.

Por lo demás —dice—, yo creo que mi novela es moral, porque es sátira de malas costumbres, sin necesidad de aludir a nadie directamente. Ni para bien ni para mal aludo a nadie. Así, por ejemplo, entre mi obispo don Fortunato Camoirán y el actual obispo de Oviedo nadie podrá ver ni el más lejano parecido. Usía, ilustrísimo, usa coche; mi don Fortunato no lo tiene; Camoirán gasta los zapatos remendados, y usía ilustrísima calza bien… Pues si bajamos algo más en jerarquía, encuentro que mi don Fermín de Pas, canónigo y provisor, no se parece a ningún señor canónigo de Oviedo, pues yo atribuyo a mi héroe imaginario unos vicios que aquí nadie tiene y un talento que tendrán muchos prebendos de aquí, pero no en el grado superior, casi genio, que yo me complazco en atribuir al hijo de mi fantasía.”

¿Qué pensáis? ¿Tenía razón el obispo de Oviedo y Clarín era un “salteador de honras ajenas”? ¿La Regenta es un libro “saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones imperiosas a respetabilísimas personas”? Me temo que no os queda más remedio que leerla.

Leer, oír, ver La Regenta.

 Como siempre, os recomiendo que visitéis la biblioteca y localicéis los ejemplares de La Regenta para echarle un vistazo y, si os convence, leerla. Los que deseen una lectura digital pueden hacer clic en la imagen:

Si lo vuestro es escuchar, pinchando en el dibujo podéis oír algunos fragmentos de la novela. 

En 1995 RTVE realizó una serie basada en La Regenta, dirigida por Fernando Méndez-Leite y protagonizada por Aitana Sánchez Gijón, Carmelo Gómez, Juan Luis Galiardo y Héctor Alterio. La serie se puede ver íntegramente online en la página web de RTVE. Pinchad en la imagen y estaréis dentro:

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]
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Comentario de texto de Benito Pérez Galdós: La desheredada

Galdós lee su obra en el salón del doctor Tolosa Latour

Rufete huía maquinalmente de los loqueros, como si los odiara. Los funcionarios eran para él la oposición, la minoría, la Prensa; eran también el país que le vigilaba, le pedía cuentas, le preguntaba por el comercio abatido, por la industria en mantillas, por la agricultura rutinaria y pobre, por el crédito muerto. Pero ya le pondría él las peras a cuarto al señor país, representado en aquellos dos señores tiesos, que en todo querían meterse, que todo lo querían saber, como si él, el eminentísimo Rufete, estuviera en tal alta posición para dar gusto a tales espantajos. Le miraban atentos, y con sus ojos investigadores le decían: “Somos la envidia que te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”.
Todos los habitantes del corral tienen su sitio de preferencia. Esta atracción de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra, es un resto de la simpatía local que aquellos infelices llevan a la región de tinieblas en que vive su espíritu. Constantemente se agitaba Rufete en un ángulo del patio, tribuna de sus discursos, trono de su poder. La pared remedaba las murallas egipcias, porque el yeso cayéndose, y la lluvia, manchando, habían bosquejado allí mil figuras faraónicas.
Cuando Rufete se cansaba de andar, sentábase. Tenía mucho que hacer, despachar mil asuntos, oír a una turba de secretarios, generales, arzobispos, archipámpanos, y después… ¡ah!, después tenía que echar miles de firmas, millones, billones, cuatrillones de firmas. Se sentaba en el suelo, cruzaba los brazos sobre las rodillas, hundía la cara entre las manos, y así pasaba algunas horas, oyendo el sordo incesante resbalar del mercurio dentro de su cabeza. En aquella situación, el infeliz contaba los ciento sesenta y siete millones de pesetas. Esto era fácil, sí, muy fácil; lo terrible era el pico de aquella suma. ¿Por qué se escapaban las cifras huyendo y desapareciendo en menudas partículas del metal líquido por los intersticios de tul del pensamiento? Era preciso pensar fuerte y espesar la tela, para coger aquellas 233.412 pesetas, con sus graciosas crías, los 75 céntimos.
INTRODUCCIÓN
El fragmento que vamos a comentar pertenece a La desheredada, una novela de Benito Pérez Galdós perteneciente al grupo de novelas que él mismo denominó “Novelas españolas contemporáneas”. Estas obras reflejan fielmente la sociedad del momento, y son continuas las referencias a los hechos políticos contemporáneos a la vez que va creando un universo novelesco que reaparecerá en casi todos los títulos.
ANÁLISIS
El tema que subyace en el fragmento es la crítica a la clase política y a la burocracia, por medio de un loco al que observamos en el manicomio. Tras recibir, imaginariamente, a varias personalidades, se dispone a contar una importante suma de dinero; pero al llegar a millares de pesetas, cree que éstas se han convertido en partículas que se filtran por su cerebro.
Este texto se puede dividir en tres partes, que coinciden con cada párrafo: la primera parte introduce al personaje y tenemos así conocimiento de su locura. La segunda es un inciso del narrador para reflexionar sobre las actitudes de los locos, al tiempo que conocemos el espacio vital de Rufete. La tercera parte narra la febril actividad del loco.
En la primera parte la  introducción de Rufete en el discurso es brusca. De inmediato sabemos que está loco y que vive en el manicomio; también suponemos que cree pertenecer al gobierno. El narrador introduce en tercera persona al personaje en el inicio del discurso, pero poco a po va a cambiar esa forma narrativa por el estilo indirecto libre. Para ello se sirve de la sinonimia parcial: los loqueros son funcionarios, y éstos son odiados por el protagonista, quien acto seguido los identifica con otros elementos políticos (oposición, minoría, prensa) por medio del narrador. Esto permite al narrador —tras una enumeración paralelística de los problemas del país: “eran también el país que le vigilaba, le preguntaba por el comercio… por el crédito muerto…”— dar la palabra al personaje, pero no de forma directa, sino a través del ya aludido estilo indirecto libre (“Pero ya le pondría él… ). El cambio de un agente a otro no es brusco sino paulatino. En cierta medida también ha cambiado el léxico: Rufete, en su locura, utiliza formas coloquiales para referirse a los graves problemas que le afectan como jefe de gobierno; al cambiar de hablante —aunque sea siempre por medio del narrador— varía la expresión (formas coloquiales: “las peras a cuarto…”; personificaciones “señor país” o expresiones familiares: “señores tiesos”) para que sea evidente que el autor ya no narra lo que ve el personaje sino que recoge sus pensamientos. La siguiente enumeración, también paralelística (“que en todo querían meterse, que todo lo querían saber”) muestra la indignación del loco, el pensamiento fluido de Rufete ante la actitud de los loqueros, lo que culmina con la expresión “eminentísimo”, resumen de la fiebre por los tratamientos que sufren los poderosos. Galdós sigue reflejando el pensamiento de Rufete, pero a la vez imprime en las palabras de Galdós un sello de ironía: “espantajos” denomina el loco a sus cuidadores, a sus funcionarios; “espantajos” son, por aquella igualdad que antes se comentaba, los poderes públicos.
El narrador ha asumido plenamente al personaje, conoce perfectamente lo que piensa y lo que le ocurre: es un autor omnisciente que presenta como objetivo el pensamiento subjetivo de Rufete, y por medio de la paradoja “te mancha para bruñirte y te arrastra para encumbrarte”  eleva la condición individual de Rufete a idea general: el poder, por medio de las más sucias artimañas, encumbra a sus criaturas.
En la segunda parte, el narrador omnisciente interviene expresando sus opiniones, para lo que utiliza las formas verbales de presente. A modo de inciso, y por medio de una metáfora (“los habitantes del corral”), expresa la manía de los locos por poseer un lugar. Enumera, mediante el asíndeton y el paralelismo sintáctico (“de un trozo de pared, de un ángulo, de una mancha de sombra”), los sitios preferidos, todos ellos humildes y poco atractivos. La estructura nominal, identificativa, da pie  a la introducción de un juicio de valor del novelista: el vocablo “simpatía”, con el sentido de ‘acto agradable’, expresa el reflejo de la realidad desvirtuada a la que el loco intenta asirse en su desorden mental, en la “región de tinieblas en que vive su espíritu”. Con estas palabras Galdós inunda de ternura hacia estos seres desvalidos la caricatura despiadada de la sociedad que era hasta entonces el fragmento.
Después de la idea general sobre los locos, el narrador vuelve a repetir los conceptos “pared, ángulo, mancha de sombra” para comentar cuáles corresponden a Rufete. Mediante la dispersión de los términos, Galdós ejemplifica en su protagonista la aseveración antes realizada.
El “ángulo del patio” se transforma gracias a una simbolización: la metáfora aposicional evita el verbo copulativo y se añaden las imágenes paralelísticas: “tribuna de sus discursos, trono de su poder…” al término real “ángulo del patio”. Mediante este procedimiento, la identificacion entre realidad e imagen se produce gradual pero inequívocamente. En cierta medida la elección del lugar tendría su lógica, pues la pared imitaba una muralla egipcia, majestuosa, poderosa. El uso de los gerundios (“cayéndose, manchando”) da a la acción un tono de continuidad que aclara la idea de cotidianeidad del proceso de degradación de la pared y, con ella, de Rufete.
La tercera parte, la más extensa, hace hincapié en el estado mental del enfermo. La acción externa da paso a la acción interna. Para la acción externa el novelista se sirve de la descripción, para la interna recobra el estilo indirecto libre. Rufete comienza con sus audiencias y desfilan elevados personajes (“secretarios, generales…”) que representan los principales estamentos de la sociedad decimonónica. La enumeración finaliza con los “archipámpanos”, los personajes de más alta dignidad para Rufete porque son los únicos imaginarios, con lo cual Galdós recalca nuevamente su locura.
La exclamación (“¡ah!”) indica que Rufete se siente satisfecho porque, tras las obligaciones menores, se dispone a firmar los documentos. Para incidir en lo pesado del esfuerzo se utiliza la fórmula gradual de elevar la cantidad del numeral (“miles… millones, billones, cuatrillones…”) repitiendo el complemento partitivo “de firmas” en el primero y el último de lo miembros.
El narrador se sitúa de nuevo en la posición de espectador y describe los movimientos de Rufete (“se sentaba, cruzaba, hundía, pasaba”. La última frase añade la referencia a una de las locuras de Rufete: cree que tiene una gota de mercurio en la cabeza. De contar firmas, el loco pasa a contar dinero y de nuevo el narrador comenta los sentimientos que Rufete le produce al referirse a él como “el infeliz”. Siente piedad hacia su personaje porque es un marginado, y porque la locura ha surgido en él a causa de su celo en el trabajo. Ésta es la razón por la que cuenta incansablemente la cantidad exacta.
Galdós recurre otra vez al estilo indirecto libre porque vuelve a entrar en los pensamientos del protagonista, ahora de manera más firme que en los casos anteriores, pues esta última utilización se acerca considerablemente a la técnica del monólogo interior tan utilizada en la novela del siglo XX. Ahora el discurrir es más lógico porque nos hallamos inmersos en la cabeza de Rufete; de ahí la identificación de las pesetas con las partículas de mercurio (“metal líquido”), a través del cerebro (“intersticios del tul del pensamiento”). El proceso lingüístico de identificación es complejo, pues el autor se basa en el uso de metáforas encadenadas: las cifras se convierten en partículas gracias a los gerundios que hacen subordinar esta segunda afirmación a la primera, más lógica. El contenido semántico de estas formas verbales (“huyendo, desapareciendo”) indica la transformación de algo abstracto (“cifras”) en algo concreto y físico (“partículas”). Para la identificación entre “el pensamiento =cerebro” y “una tela por donde se filtra un líquido= mercurio”, se sirve de otro tipo de metáforas: “tul del pensamiento”. El último paso del proceso de Rufete es sencillo: si el pensamiento es el tul, con “pensar fuerte” se conseguirá “espesar la tela” y por tanto, no se filtrarán las pesetas, que además se desarrollan y multiplican teniendo descendencia. Rufete identifica los céntimos con las “graciosas crías” de las pesetas.
CONCLUSIÓN
Procediendo de lo general a lo particular, Galdós inicia su parlamento con una crítica a los poderes de su tiempo encarnados en los habitantes de un manicomio para, finalmente, fijar su atención sobre el personaje de Rufete. Este encarna la figura del jefe de gobierno, por una parte, dentro de esa sociedad alegórica que el novelista nos pretende mostrar; y, por otra, el producto real de la misma: un loco que sueña con la contabilidad. Además de presentarnos como espectador al protagonista, el escritor se sirve del estilo indirecto libre para dar paso a los pensamientos de aquel, pero —como suele ocurrir con el narrador omnisciente— no resiste la tentación de opinar él mismo sobre el asunto. El fragmento es, por tanto, un excelente ejemplo de las técnicas narrativas más modernas, utilizadas por un cuidadoso escritor realista.
[Fuente: Gala Blasco Aparicio, Comentario de texto 18: Benito Pérez Galdós, La desheredada, Estella, Cénlit, 1992]
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Benito Pérez Galdós (1834-1920)

Billete de mil pesetas con la imagen de Benito Pérez Galdós

En la década de los 90, los autores lograron superar el dualismo prerrealista y el exceso de moralización. Las obras ganan en objetividad y calidad tanto en la descripción de personajes como de ambientes. Su visión de la realidad es más abierta y sin prejuicios ideológicos tan claros. Todas las características del realismo de las que hemos hablado en clase se consolidan en este periodo en el que se publican las mejores muestras del género.

Benito Pérez Galdós es el autor más destacado del realismo español; un hombre abierto al progreso y con una idea crítica del patriotismo; concibió su obra narrativa como un medio para abordar los problemas de su tiempo: anhelos, inquietudes o frustraciones. Reflejó las estructuras sociales del momento, sobre todo la clase media en un ambiente urbano, Madrid; ahondó en realidades políticas y sociales a través de sus personajes y sus conflictos. Su obra constituye una verdadera crónica del siglo XIX español.

Ya hablamos de Galdós en la entrada dedicada a nuestra lectura del segundo trimestre, pero para aquellos que quieran saber más, como siempre la página de autor de la Biblioteca Virtual Cervantes nos aporta innumerables datos sobre su vida y su obra:

 Benito Pérez Galdós es el novelista más popular, más leído, más prolífico y más dotado de su época: un gigante que cubre con su obra cien años de la historia de España. Cuando llegó a Madrid en 1862 a estudiar Leyes, la ciudad “se le metió por los ojos”, absorbiendo toda su atención.

En Memorias de un desmemoriado, Galdós explica cómo “en aquella época de graves sucesos políticos”, que desemboca en la revolución que derroca a Isabel II, “respirando la densa atmósfera revolucionaria creía yo que mis ensayos dramáticos traerían otra revolución más honda en la esfera literaria”.

Ateneo de Madrid

En estos años, de gran vitalidad, inquietud y curiosidad, Galdós vive en los cafés, en el viejo Ateneo y en el casino; pasea, observa y escucha al pueblo de Madrid, y viaja por España y Europa. En 1867 visita Parías y su Exposición Universal, y conoce las obras de los grandes novelistas, Dickens, Balzac, Stendhal y Flaubert. A su regreso a Madrid, entre 1865 y 1868, se dedica al periodismo y comienza a escribir La sombra y El audaz, que publica por entregas en la Revista de España.

La Revolución de 1868 y la Constitución del 69 representan la esperanza de una España democrática y liberal, pero los turbulentos acontecimientos e inestabilidad política que le siguen impulsan a Galdós a escribir La Fontana de Oro (1870), primera de sus novelas que supone una advertencia pública. Si os apetece leerla, haced clic en la portada de la novela.

En los años que van desde 1873, en que comienza a escribir los Episodios Nacionales, hasta 1881, fecha de La desheredada, la primera de sus novelas contemporáneas, Galdós cree que es la clase media la que debe llevar a cabo la transformación política y social del país; y dirige sus esfuerzos, tanto en los Episodios como en sus novelas de carácter o de tesis (Doña Perfecta, Gloria, Marianela o La familia de León Roch), a luchar contra la intolerancia y el despotismo que, en su opinión, afectan a toda la vida nacional  e impiden la convivencia entre los españoles.

Entre 1873 y 1879 escribe dos series de diez episodios cada una (veinte novelas), a las que traslada los problemas de la situación política que está viviendo.

En sus novelas contemporáneas, Galdós inventa un mundo ficticio en el que refleja la realidad de la época y donde Madrid adquiere un papel protagonista. A través de los barrios madrileños, sus calles, plazas, iglesias, comercios y habitantes, el autor canario ofrece su visión de la España de la época.

Su realismo se enriquece con la creación de personajes más complejos que, en un momento histórico y en una situación social determinados, expresan sus sueños, sus fantasías, sus recuerdos y deciden según sus conciencias. Incorpora, además, elementos naturalistas: las causas biológicas y, especialmente, sociohistóricas de la conducta de los personajes; pero, finalmente, estos actúan movidos por sus valores.

La serie de novelas contemporáneas de Galdós se encuentran en prácticamente todas las bibliotecas (incluidas, sí, las de vuestras casas, echad un vistazo a las estanterías de libros si no me creéis), pero   para aquellos que deseen leerlas en versión digital, aquí están:

Tras Restauración de Alfonso XII (1874), Galdós deja de hablar de libertad y de tolerancia y comienza a hablar de justicia social. En las puertas del siglo XX, desengañado de la clase media, con los ojos puestos en el pueblo y en la única salvación del mundo por el amor y la fraternidad universal, escribe Galdós sus obras espiritualistas: Ángel Guerra, Nazarín, Misericordia y El caballero encantado.

El triunfo de Electra (1901) en el Teatro Español coincide con el malestar social y se interpreta como un arma política. Si queréis leerla, pinchad en la imagen.  Como la Generación del 98, Galdós quiere que España se transforme en un país nuevo, moderno y europeo. En 1910 se queda definitivamente ciego y, debido a su pensamiento radical, los grupos reaccionarios en el poder se oponen a que le concedan el Premio Nobel. En enero de 1920 muere.

La Biblioteca Virtual Cervantes nos ofrece este vídeo titulado Puzzle Galdós:

 

Antes de comenzar a reproducir los vídeos, es conveniente conocer la estructura del Puzzle Galdós. Básicamente, ofrece una primera división que permite decidir por dónde comenzar a construir el PuzzlePaisaje VitalEn torno a la obraInvestigación y Galdosistas que, a su vez, se va subdividiendo en otras piezas. Cada una de estas secciones da paso a los diferentes vídeos, en los que intervienen prestigiosos especialistas galdosianos, así como la sobrina-nieta de Don Benito. Así, la estructura general del Puzzle es la siguiente:

Paisaje vital: infancia en Las Palmas. Retrato familiar y social. Santander. Madrid. Epistolario. Los últimos años. Galdós en el recuerdo.

En torno a la obra: presencia de la obra de Galdós en el mundo. La obra. La psicología femenina. Las lectoras y Galdós.

Investigación: los Anales Galdosianos. Los investigadores ante la obra de Galdós. Los estudiantes ante la obra de Galdós. Pedro Ortiz-Armengol, una vida con Galdós. Galdós y el cine.

Galdosistas: Ser galdosista. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Galdós.

ACTIVIDADES SOBRE GALDÓS

Estos ejercicios sobre la novela realista, elaboradas por la Junta de Extremadura, nos pueden servir para repasar o trabajar la teoría sobre novela realista, así como las figuras de Benito Pérez Galdós o Clarín:

También podéis intentar estas otras actividades sobre el realismo, incluye una serie de cuestiones sobre un fragmento de Misericordia de Galdós.

Estas otras actividades sobre el realismo, un poco más complicadas (pero poco), pueden ayudaros a repasar el tema.

La web Desocupado lector ofrece muchos ejercicios sobre el tema:

También podéis intentar todos estos test:

Si ya habéis estudiado la teoría sobre Benito Pérez Galdós, estáis en condiciones de contestar estos ejercicios de opciones sobre Galdós.

VIAJAR CON GALDÓS

La Casa-museo de Benito Pérez Galdos en Las Palmas de Gran Canaria

Si visitáis Las Palmas, no perdáis ocasión de visitar la casa-museo de Benito Pérez Galdós. Pinchad en la imagen y estaréis dentro de la página web:

El suplemento El Viajero de El País nos invita a redescubrir Madrid de la mano de Galdós.

OÍMOS SOBRE GALDÓS

El programa de RNE Fin de siglo dedicó este programa al escritor canario. Pinchad en la imagen para oírlo:

El exquisito programa de RNE, Verbo sonoro, nos ofrece una lectura de Una industria que vive de la muerte, episodio musical del cólera, un relato breve de Galdós que podéis leer haciendo clic sobre el título y escuchar acompañado de una excelente selección musical haciendo clic sobre el logo:

AL CINE CON GALDÓS

Muchas obras de Galdós han sido llevadas al cine o a la televisión. A continuación, os indico algunas de las más interesantes:

Una de las primeras adaptaciones al cine de una novela de Galdós fue una versión de El abuelo, dirigida en 1912 por Domingo Ceret, con el título La duda. En 1925, se realizó una nueva versión de esta novela,  ya con el título de El abuelo, dirigida en esta ocasión por José Buchs. Más tarde, en  1972, el director Rafael Gil dirigió una nueva versión, con el mismo título. La última adaptación de El abuelo la realizó José Luis Garci en 1998.

Marianela ha sido llevada tres veces al cine. La primera vez en 1940, dirigida por Benito Perojo. La segunda vez en 1955, dirigida por Julio Porter. La última versión de esta novela se realizó en 1972, dirigida por Angelino Fons, con la cantante Rocío Durcal como protagonista.

Doña Perfecta también ha tenido varias adaptaciones cinematográficas. En 195o, Alejandro Galindo dirigió la primera versión y en 1977, César Fernández Ardavín dirigió la segunda versión, interpretada por Julia Gutiérrez Caba.

El genial director aragonés Luis Buñuel llevó al cine dos novelas de Benito Pérez Galdós. En 1958 dirigió Nazarín, protagonizada por Francisco Rabal y en 1969, Tristana, interpretada por Catherine Deneuve y Fernando Rey. Ambas son dos excelentes películas, así que no perdáis la ocasión de ver cualquiera de ellas o mejor, las dos. Os incluyo el trailer de Tristana para hacer boca:

La obra maestra de Galdós, Fortunata y Jacinta, tiene una versión cinematográfica, dirigida en 1969 por Angelino Fons y protagonizada por Emma Penella y una famosísima versión televisiva, dirigida por Mario Camus. En RTVE a la carta se puede ver la serie completa. Pinchad en la imagen:

En 1952 se realizó una adaptación cinematográfica de Misericordia, realizada por Zacarías Gómez Urquiza. Años más tarde, en 1974, RTVE realizó también esta  excelente adaptación para la televisión. Podéis verla aquí y, creedme, merece la pena:

La loca de la casa tiene dos versiones: una de 1926, dirigida por Luis R. Alonso y otra de 1950, dirigida por Juan Bustillo Oro. Por último, La mujer ajena fue llevada al cine por el mismo director en 1954.

[Fuentes: Literatura española 2, Madrid, Alhambra Longman, 1989; Lengua castellana y literatura-2, Barcelona, Vicens Vives, 2009; Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Zaragoza, Edelvives, 2008; Lengua y literatura 2º Bachillerato, Madrid, Oxford, 2003; Literatura española 2º, Vitoria, Magisterio Casals, 1993 y los blogs y referencias citados.]
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El realismo y el naturalismo: apuntes y ppt.

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Durante los últimos años de la década de los cuarenta del siglo XIX se venía produciendo un progresivo afianzamiento de la burguesía que, cada vez con mayor fuerza, se habría de perfilar como la clase social dominante. La mentalidad pragmática y conservadora, característica de la clase burguesa, atempera la exaltación de los presupuestos y actitudes del liberalismo de principios del siglo XIX; y las posiciones políticas derivan hacia la moderación y el eclecticismo. Al mismo tiempo, y en lucha con este predominio de lo burgués, comienzan a desarrollarse los movimientos socio-políticos en defensa de las clases trabajadoras: socialismo, comunismo y anarquismo, con sus múltiples variantes.

El positivismo, el experimentalismo y otras corrientes filosóficas pragmáticas y cientifistas, que ya venían gestándose en la primera mitad del siglo, son predominantes y características de esta época, dejando relegado y soterrado el idealismo hegeliano —el gran sistema filosófico romántico—, pero ni superado ni agotado, puesto que en él se sustentan los grandes sistemas en que se basan los movimientos proletarios, como, por ejemplo, el marxismo.

Estos cambios sociales e ideológicos se reflejan y se dejan sentir, lógicamente, en la literatura. A partir de 1844, fecha del estreno de Don Juan Tenorio, de Zorrilla— por dar una fecha significativa—, se puede considerar terminado el auge o periodo culminante del Romanticismo español. Pero esto no quiere decir que tan importante movimiento literario, cultural e histórico esté agotado de manera definitiva. Se ha hablado de un “declinar de las tendencias románticas” a partir de 1849 —fecha de publicación de la novela, La Gaviota, de Fernán Caballero—e, incluso, de un acabamiento o finalización del Romanticismo, pero esto es inexacto; mejor habría que decir que, a partir de esta fecha, se produce un desarrollo paulatino y diversificado de las distintas facetas y aspectos latentes en el Romanticismo, que se formalizan en diversos géneros y con diversas tendencias.

El realismo

albertineEn el Romanticismo los géneros característicos, como ya se ha visto, eran el drama en verso y la poesía narrativa, ambos de carácter histórico-legendario, y, en prosa, el cuadro de costumbres, este con frecuencia en forma de artículo periodístico, y la novela histórica. En esta nueva época literaria, la poesía pasa a un segundo plano ante el ímpetu de la prosa, el drama cede el puesto preponderante a los géneros narrativos, especialmente a la novela, y los temas históricos y legendarios, aunque no se abandonan del todo, quedan relegados ante la importancia de la problemática de la sociedad actual —el “aquí y el ahora”— y, en particular, del cerrado mundo burgués.

martineauEl realismo, pues, desarrolla ciertas facetas del Romanticismo, intensifica algunos de sus aspectos —sobre todo en la poesía y el drama—, prescinde de otros y, desde luego, innova. Así, en el cultivo de la novela realista — género de máxima importancia y predominante en esta época— , los escritores tratan de combatir el perspectivismo subjetivo y el individualismo romántico, tratando, por el contrario, de centrarse en lo concreto y actual; rechazan lo fantástico y maravilloso, pues les interesa, con preferencia, lo real, lo que, de hecho, sucede y acontece, y lo sentimental está intencionalmente frenado en este tipo de novela — aunque ocurre lo contrario en la mejor poesía de esta época (Bécquer y Rosalía de Castro)—; ya no interesa lo exótico y extravagante o, como era característico en el cuadro costumbrista romántico, lo específico y pintoresco, sino lo cotidiano, general y paradigmático; y, aunque nunca se abandonó del todo, el pasado no está en el punto de mira de los novelistas de este periodo, sino que la mirada del escritor se centra en la problemática más actual posible. Todos estos aspectos diferencian considerablemente la narrativa realista de la romántica.

realismo2-1Por otra parte, el cultivo del cuadro costumbrista romántico había adiestrado a los escritores en la observación detallista y pormenorizada de tipos y costumbres, de ambientes y particularidades específicas de las sociedad locales y regionales. Este carácter regionalista se mantiene en mayor o menor grado, e, incluso, en algunos casos, se intensifica en las novelas realistas en todas sus manifestaciones: desde los primeros autores —Fernán Caballero y Alarcón, todavía muy ligados al Romanticismo y auténticos costumbristas—, pasando por los más grandes representantes del género — Galdós, Clarín y Pardo Bazán—, hasta los últimos novelistas, ya a comienzos del siglo XX— Palacio Valdés y Blasco Ibáñez.

El naturalismo

97k/28/huty/7506/12A partir de la década de los ochenta aparece una nueva corriente novelística, procedente de Francia, que se llamó naturalismo. Este término, en principio, tiene el mismo significado que Realismo, pero, a partir de las novelas del francés Émile Zola, pasó a significar una particular tendencia o escuela del Realismo. El naturalismo francés, más que una tendencia literaria, es una concepción del hombre, que se manifiesta en un tipo de novela que pretende ser una obra científica en la que se estudia y analiza la realidad humana como producto del determinismo biológico y ambiental. Así, pues, para Zola, el hombre es un ser determinado por la herencia genética y sin salida posible. Los personajes de Zola son seres tarados física y psíquicamente, presentados con una minuciosidad analítica y determinista propia de un científico en su laboratorio. Además, los naturalistas llevan a sus últimas consecuencias los afanes de objetividad y observación pormenorizada de la realidad. El autor desaparece por completo tras el descarnado y crudo mundo novelesco por el que desfilan sus personajes-hormigas vistos con potente microscopio; asimismo, la reproducción del lenguaje, según clase, región, etc., es aún más minuciosa y precisa que en los realistas.

En España, el naturalismo levantó grandes polémicas; y, aunque las obras de Zola se conocieron y leyeron en fechas tempranas, sin embargo, no fueron nunca del todo admitidas como modelos, dado el materialismo, el determinismo y las ideas socialistas subyacentes en la obra del gran escritor francés. En general, fueron violentamente rechazadas por los amplios sectores reaccionarios y alabadas o defendidas, solo en parte, por personas de talante abierto y progresista.

Aunque los mejores autores del realismo español fueron tildados de naturalistas y adictos a Zola, su “naturalismo” no pasó de ser una cierta aproximación a las técnicas de observación y experimentación que Zola puso de moda— como ya se ha visto—; pero se puede decir que, además, el naturalismo enseñó a los escritores españoles a perder el miedo de presentar los aspectos más crudos y, a veces, escabrosos de la realidad, como forma de denuncia de las lacras y miserias del pueblo, provocadas por la endémica injusticia social española.

emilia-pardo-bA pesar de que la primera persona que se atrevió a hablar de Zola y a defender su modo de novelar, públicamente y por escrito, fue Emilia Pardo Bazán en su obra La cuestión palpitante (1882-1883), serie de artículos más tarde recopilados en libro, sin embargo, la primera gran novela española de influjo naturalista es La desheredada (1881) de Pérez Galdós, a la que podrían añadirse El señorito Octavio (1881), de Palacio Valdés, y La tribuna (1882), de Pardo Bazán; y las de mayor calidad dentro de esta tendencia son La Regenta (1884-1885), de ‘Clarín’, y Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza (1886-7), ambas de Pardo Bazán. La influencia naturalista se mantuvo hasta finales del siglo XIX y principios del XX, en el último gran escritor realista, el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, e incluso se dejó sentir en escritores de postura ultraconservadora y, por tanto, totalmente contrarios a la ideología del naturalismo, como es el caso del santanderino José María de Pereda.

MATERIALES

  • Hay ya una copia de los apuntes en el aula de cada grupo, pero os dejo aquí una copia digital por si la queréis descargar:

La literatura realista 2015.2016

  • También podéis descargar la presentación de ppt. con la que vamos a trabajar en clase:

Realismo y naturalismo (2015-6)

O, si no queréis descargarla, la podéis ver aquí:

Y para terminar, un vídeo sobre el realismo (recordad que, con las nuevas normas de la RAE, se escribe con minúscula). En poco más de 3 minutos, un buen resumen de la corriente literaria:

[Fuentes: FERNÁNDEZ  SANTOS, Alonso [et al.] (1992), Literatura 2º, Barcelona: Magisterio Casals; ARROYO CANTÓN, Carlos [et al.] (2006), Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Madrid: Oxford; GARCÍA MADRAZO, Pilar [et al.], (2008) Lengua castellana y literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza: Edelvives. Proyecto Zoom;  MELÉNDEZ, Isabel [et al.], (1996) Lengua y literatura castellana 4º ESO,Madrid: ESLA; PASCUAL, José A. [et al.](2008) Lengua y literatura 1º Bachillerato, Madrid: Santillana.]
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Unidad 10: Las variedades de la lengua

habalrdescargaEl lenguaje es, como sabemos, la capacidad que tenemos los seres humanos para comunicarnos, y lo hacemos mediante diversos conjuntos de signos lingüísticos llamados lenguas. Por eso, cuando alguien me dice que soy profesora de lenguaje, siempre le digo que no: soy profesora de lengua, en concreto de lengua castellana.

En todo caso, sabemos que cuando hablamos la misma lengua no todos lo hacemos de la misma manera. Este uso varía de una manera notable, dependiendo en gran medida de distintos factores, como dónde tenga lugar la comunicación; quiénes sean los interlocutores y cuál sea su nivel cultural y social; o qué tipo de situación rodee dicho acto comunicativo. Todo esto da lugar a una gran diversidad lingüística.

OBJETIVOS

  • Conocer los principales factores de variación lingüística del castellano.
  • Tomar conciencia de la necesidad de una norma común a todas las variedades que asegure la unidad de la lengua, así como conocer los factores que condicionan dicha unidad.
  • Explicar fundamentadamente el concepto de la variedad lingüística.
  • Diferenciar y justificar los factores de diversificación lingüística (geográficos, sociales y funcionales).
  • Definir los conceptos de lengua, dialectos y habla local, señalando los criterios de diferenciación entre ellos.
  • Caracterizar la lengua culta y el código restringido en textos seleccionados.
  • Explicar el concepto de registro y los factores que lo determinan.
  • Caracterizar de manera fundamentada los textos orales, especialmente los conversacionales, frente a los escritos.
  • Valorar el respeto a las convenciones de la comunicación académica como criterio de calidad en el trabajo de clase.

MATERIALES

Contamos, como siempre, con unos apuntes, que podéis utilizar para preparar el examen. Están tremendamente resumidos, así que, no os quejéis.

UNIDAD 10

Podéis echarle un vistazo también a esta presentación:

Tema 10

También la puedes ver aquí:

 

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El nacimiento de un mito: Don Juan Tenorio de José Zorrilla

Zorrilla comenzó a escribir cuando triunfaban en el teatro García Gutiérrez, Hartzenbusch y Rodríguez Rubí. El éxito de Juan Dándolo (1839), escrito en colaboración con García Gutiérrez, le animó a estrenar ese mismo año Cada cual con su razón, que fue bien recibido, y Ganar perdiendo. El zapatero y el rey (1842) lo consagró definitivamente como autor teatral  y en sus Recuerdos del tiempo viejo escribía que “Desde aquella noche  quedé como un mal médico, con título y facultades para matar, por el dramaturgo más flamante de la romántica escuela, capaz de asesinar y de volver locos en la escena a cuantos reyes cayeran al alcance de mi pluma”(II, 1943:1755).

 Su producción teatral incluye un poco de todo:  alegorías circunstanciales, dramas bíblicos, dramas de enredo semejantes a veces a comedias de capa y espada, y dramas de asunto propiamente histórico.  En sus obras destacaba su capacidad verbal, que le permitía dar brillantez, movilidad y colorido a la escena. A esto se suma la creación de unos personajes leales, heroicos y nobles con los que el público se sentía identificado y que representaban además el ideal español.

Probablemente, el mayor logro de Zorrilla podría decirse que fue prolongar el teatro romántico hasta bien entrado el siglo. Publicó unas treinta obras teatrales, entre las que destacan  El zapatero y el rey (1840-1), El puñal del godo (1842), Sancho García (1846) y Traidor, inconfeso y mártir (1849), su obra más destacada después de Don Juan Tenorio. Para leerlas, pinchad en la imagen:

El zapatero y el rey

El puñal del godo

Traidor, inconfeso y mártir

Don Juan Tenorio (1844)

Don Juan Tenorio (1844), recreación de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, le condujo a la cima de la popularidad. La acción transcurre en Sevilla, hacia 1545, en los últimos años del reinado del emperador Carlos V. Don Juan lleva una vida disipada de duelos y amoríos. Con el fin de ganar una apuesta a don Luis Mejía, un contrincante de su calaña, rapta a doña Inés, de la que finalmente se enamora, pero mata al padre de la joven porque no lo acepta como yerno y debe huir. Cuando regresa, doña Inés ha muerto de amor.

En el panteón familiar de los Tenorio, don Juan se encuentra con el fantasma de su amada, que le pide que se arrepienta en un plazo que Dios le ha concedido para que ambos se salven. Don Juan se arrepiente, en una escena cargada de elementos fantásticos y sepulcrales.

El amor es, pues, el gran tema de Don Juan Tenorio, obra que en opinión de Julián Marías, “tanto contribuyó a crear el lenguaje y la retórica del amor”. Zorrilla ha sido muy leído en España y en Hispanoamérica hasta bien entrado el siglo XX, y su obra Don Juan Tenorio, representada desde 1844 hasta hoy. La tradición de representar este drama cada año el 1 de noviembre da idea de su popularidad. “En esta poesía, lírica o dramática —añade Marías—, han aprendido el lenguaje y las variedades del amor millones de personas”.

El programa de TVE ¿Te acuerdas? nos recuerda que antes de que Halloween pusiera de moda a fantasmas y zombies, aquí en España  había una representación teatral que nos abría las puertas del más allá cada víspera de ‘Todos los Santos’. Era el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, con una segunda parte repleta de apariciones y muertos vivientes.

Nieves Concostrina, en el programa Un día cualquiera de RNE, nos explica por qué la festividad de Todos los Santos no es lo mismo sin Don Juan Tenorio. Escuchadlo, el podcast está lleno datos curiosos. Ya sabéis, para oírlo, pinchad en el logo de Radio Nacional:

La obra se divide en dos partes: la primera de cuatro actos y la segunda de tres, separadas por cinco años. La acción de cada parte se desarrolla en una sola noche. Sin embargo, el aspecto más importante del tiempo dramático del Tenorio es el plazo del desenlace final.

La localización de la historia varía y se alternan espacios cerrados y abiertos. Entre los primeros se cuenta la hostería donde se inicia el drama, el convento, donde profesa Inés o la casa adonde la conduce don Juan. Entre los segundos, las calles y, sobre todo, el cementerio, donde se produce el desenlace.

El personaje de don Juan constituye un mito que ha sido recreado, en diversas formas artísticas, a lo largo de los siglos.

El don Juan creado por Tirso de Molina en plena época contrarreformista es el burlador de las mujeres que desafía al cielo mientras atropella las leyes divinas y humanas con el gesto altivo del: “¡Qué largo me lo fiáis!”. El Burlador se condena porque confía en que tendrá tiempo de arrepentirse de sus pecados antes de morir, lo que no sucede.

Cicognini (1606-1660), en Il convitato di pietra, y Molière, en su Don Juan, van transformando el personaje, iniciando el mito literario. Del libertino original, Molière hace un librepensador que rechaza las creencias y los miedos absurdos. El impío simula convertirse y este pecado le lleva al castigo eterno.

Mozart, en Don Giovanni, (1787), lleva a don Juan a la música, mezclando lo alegre con lo patético del personaje, en un contraste de vida y muerte en el que se funda la esencia misma del mito. Podéis ver la ópera íntegra, en una grabación de Joseph Losey:

El Don Juan romántico inglés, que el poeta Byron no llegó a terminar, exalta la libertad de la pasión. Pinchando en la imagen podéis leer la obra, en inglés, claro:

El Don Juan Tenorio de Zorrilla (1844), queriendo burlar a una novicia, encuentra en ella a la mujer angelical cuyo amor transforma su vida por completo, enamorándose él mismo. El impío romántico, arrepentido (como quiso y no pudo el Burlador barroco), se salva por el amor de doña Inés.

Podéis leer los ejemplares que se encuentran en la biblioteca del centro, o en cualquier otra biblioteca pública, o bien leer la versión digital del Centro Virtual Cervantes:

O bien podéis ver la representación teatral emitida por TVE, con la interpretación de Francisco Rabal y Concha Velasco:

A partir del Romanticismo, la figura de don Juan sigue transformándose en todas las literaturas, persistiendo la tradición del don Juan salvado. Son famosos el de Edmond Rostand, de La última noche de don Juan (1913), y el marqués de Bradomín de las Sonatas de Valle-Inclán, un don Juan “feo, católico y sentimental”. Talante de superhombre tiene el de Hombre y Superman (1901) de Bernard Shaw, un don Juan misógino y socialista, frente al “hombre absurdo” de Albert Camus, en El mito de Sísifo.

Os incluyo, para terminar, tres versiones de don Juan. La primera es una versión cinematográfica de 1922. Está hecha en serio, pero el doblaje con una dicción vertiginosa (¿respiran los actores?) hace de ella una versión cómica:

La siguiente es la película Amar y morir en Sevilla de Víctor Barrera, una de las últimas versiones cinematográficas de la obra. Está en español, con subtítulos en inglés, para que repaséis:

La última es para que os riáis: se trata del sketch de Les Luthiers titulado: Don Juan Tenorio o el convidado de piedra, una de dos. Disfrutadlo:

Pero no termina aquí la lista de donjuanes. Don Juan es un mito y los mitos no mueren.

[Fuentes: La mayor parte de este post procede del excelente libro Lengua castellana y Literatura 1º de Bachillerato, Zaragoza, Edelvives, 2008; Lengua castellana y Literatura, 2º Bachillerato, Madrid, Oxford, 2009. Las imágenes por orden de aparición: Francisco d’Andrade como Don Giovanni (es.m,wikipedia.com; las portadas de los libros proceden de la Biblioteca Virtual Cervantes y las páginas web de las editoriales.]

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¿No es verdad, ángel de amor…? José Zorrilla (1817-1893)

José Zorrilla, poeta y, a la vez, profundo observador de la historia de España y del carácter de sus gentes, es el más genial dramaturgo de la escena española en el siglo XIX, por su poderosa capacidad de teatralización y por la musicalidad y la elocuencia de su verso, fácil, brillante y desigual, pero siempre muy cerca del sentir español.

En palabras de Ricardo Navas, “este poeta nacional y sin dinero, famoso por sus recitales públicos, reacio a un ordenamiento, encarna con orgullo un espíritu independiente, crítico, libre y liberal”.

Nació en una familia absolutista, y su padre fue defensor de Fernando VII. Inició los estudios de Leyes, pero los abandonó para dedicarse a la literatura. Se dio a conocer con la lectura de un poema en el entierro de Larra. Vivió en Francia, donde trató con grandes figuras del Romanticismo, como Alejandro Dumas o George Sand, y también en México. Regresó definitivamente a España en 1866. En sus últimos años fue reconocido como una gran figura de nuestras letras.

La popularidad de Zorrilla, a más de cien años de su muerte, se debe, sobre todo, a su Don Juan Tenorio y a algunas de sus leyendas, como A buen juez , mejor testigo; Margarita la Tornera y El capitán Montoya, que dramatizan hechos memorables de la “España antigua”. Zorrilla es un extraordinario lírico y versificador, admirado por grandes poetas posteriores. “Millonario de sueños y de rimas”, le llamará Rubén Darío, y Azorín lo considera “el más grande poeta español del siglo XIX”.

Aquellos que queráis saber más sobre el autor, ya sabéis, la página de autor de la Biblioteca Virtual Cervantes resulta muy útil

¿Queréis leer algo de Zorrilla? Por supuesto, podéis acudir a la Biblioteca del centro donde os orientarán sobre las obras disponibles, pero si preferís acceder a la versión digital de sus obras, aquí van. Pinchad en las imágenes:

A buen juez, mejor testigo

Margarita, la tornera

El capitán Montoya

Si tenéis prevista una visita a Valladolid, podéis aprovechar para visitar la casa natal del poeta. Os incluyo un vídeo para los que, como yo, se sienten muy interesados en las casas de los escritores:

[Fuentes: Pilar García Madrazo, Carmen Moragón Gordón y José Manuel García Lamas:  Lengua castellana y Literatura 1º Bachillerato, Zaragoza, Edelvives, 2008. Imágenes por orden de aparición: Retrato de José Zorrilla (kalipedia.com); imagen de “A buen juez mejor testigo” (mitologiayleyendas.ning.com]; imagen de Margarita la tornera (flickr.com)]
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